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Libro del Génesis Libros 36-40 La descendencia de Esaú en Canaán 36 1 La descendencia de Esaú –es
decir, de Edóm– es la siguiente: 2 Esaú tomó sus esposas de entre
las mujeres cananeas: a Adá, hija de Elón, el hitita; a Oholibamá,
hija de Aná, que a su vez era hijo de Sibeón, el jivita; 3 y a
Basmat, hija de Ismael y hermana de Nebaiot. 4 Adá fue madre de
Elifaz; Basmat, madre de Reuel 5 y Oholibamá, madre de Ieús, Ialam y
Coré. Estos son los hijos que Esaú tuvo en Canaán. La emigración de Esaú a Seír 6 Después Esaú tomó a sus mujeres, a sus hijos e
hijas, y a toda su servidumbre, su ganado, todos sus animales, y todos
sus bienes que había adquirido en Canaán, y emigró a Seír, lejos
de su hermano Jacob. 7 Los dos tenían, en efecto, demasiadas
posesiones para poder vivir juntos, y el territorio donde residían no
daba abasto para tanto ganado. 8 Así Esaú se estableció en la montaña
de Seír. Esaú es Edóm. La descendencia de Esaú en Seír 9 Esta es la descendencia de Esaú, padre de Edóm, en
la montaña de Seír. 10 Los nombres de sus hijos son los siguientes:
Elifaz, hijo de Adá, mujer de Esaú, y Reuel, hijo de Basmat, mujer
de Esaú. 11 Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefó,
Gaetám y Quenaz. 12 Elifaz, el hijo de Esaú, también tuvo una
esclava, Timná, que fue madre de Amalec. Estos son los descendientes
de Adá, la mujer de Esaú. 13 Los hijos de Reuel fueron: Nájat, Zéraj, Samá y
Mizá. Estos son los descendientes de Basmat, la mujer de Esaú. 14 Y los hijos de la otra esposa de Esaú, Oholibamá,
hija de Aná, el hijo de Sibeón, fueron Ieús, Ialam y Coré. Los clanes de los edomitas 15 Los clanes de los hijos de Esaú son los
siguientes: Los hijos de Elifaz, el primogénito de Esaú, fueron
los clanes de Temán, Omar, Sefó, Quenaz, 16 Coré, Gaetám y Amalec.
Estos son los clanes de Elifaz en el país de Edóm, los que
descienden de Adá. 17 Los hijos de Reuel, hijo de Esaú, fueron los
clanes de Nájat, Zéraj, Samá y Mizá. Estos son los clanes de Reuel
en el país de Edóm, los que descienden de Basmat. 18 Los hijos de Oholibamá, esposa de Esaú, fueron
los clanes de Ieús, Ialam y Coré. Estos son los clanes de Oholibamá,
hija de Aná, mujer de Esaú. 19 Estos son los hijos de Esaú –es decir, de Edóm–
con sus respectivos clanes. Los descendientes de Seír 20 Los hijos de Seír, el hurrita, que vivían en
aquella región son los siguientes: Lotán, Sobal, Sibeón, Aná, 21
Disón, Eser y Disán. Estos son los clanes de los hurritas, hijos de
Seír, en el país de Edóm. 22 Los hijos de Lotán fueron Jorí y Hemám, y la
hermana de Lotán fue Timná. 23 Los hijos de Sobal fueron Alván, Manájat,
Ebal, Sefó y Onám. 24 Los hijos de Sibeón: Aiá y Aná. Este es el
mismo Aná que encontró las aguas termales en el desierto, mientras
apacentaba los rebaños de su padre Sibeón. 25 Los hijos de Aná
fueron Disón y Oholibamá, hija de Aná. 26 Los hijos de Disón
fueron Jemdám, Esbán, Itrán y Querán. 27 Los hijos de Eser fueron
Bilhán, Zaaván y Acán. 28 Los hijos de Disán fueron Us y Arán. 29 Los clanes de los hurritas fueron Lotán, Sobal,
Sibeón, Aná, 30 Disón, Eser y Disán. Estos son, uno por uno los
clanes de los hurritas en el territorio de Seír. Los reyes de Edóm 31 Los reyes que reinaron en el país de Edóm antes
que ningún rey reinara sobre los israelitas son los siguientes: 32 Belá, hijo de Beor, reinó en Edóm, y el nombre
de su ciudad era Dinhabá. 33 Cuando murió Belá, lo sucedió Iobab,
hijo de Zéraj, de Bosrá. 34 Cuando murió Iobab, lo sucedió Jusám,
del país de los temanitas. 35 Cuando murió Jusám, lo sucedió
Hadad, hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab;
el nombre de su ciudad era Avit. 36 Cuando murió Hadad, lo sucedió
Samlá, de Masrecá. 37 Cuando murió Samlá, lo sucedió Saúl, de
Rejobot del Río. 38 Cuando murió Saúl, lo sucedió Baal Janán,
hijo de Acbor. 39 Cuando murió Baal Janán, hijo de Acbor, lo sucedió
Hadad; el nombre de su ciudad era Pau, y el nombre de su mujer,
Mehetabel, hija de Matred, que a su vez era hija de Mezahab. Otra lista de clanes de los edomitas 40 Los clanes de Esaú –cada uno con sus familias,
sus localidades y sus nombres– son los siguientes: Timná, Alvá, Iétet,
41 Oholibamá, Elá, Pinón, 42 Quenaz, Temán, Mibsar, 43 Magdiel e
Irám. Estos son los clanes de Edóm que residen en sus propios
territorios. Esaú es el padre de Edóm. 37 1 Mientras tanto, Jacob estaba
instalado en el territorio donde su padre había residido como
extranjero, en la tierra de Canaán. 2 Esta es la historia de Jacob. La historia de José se
distingue considerablemente de los relatos anteriores. La narración
tiene ahora una trama mucho más compleja y elaborada. Ya no está
compuesta de escenas breves, más o menos independientes unas de
otras, sino que presenta una sucesión dramática. Cada nuevo episodio
presupone todas las etapas anteriores y prepara el desenlace final.
Además, hay una mayor variedad de personajes y situaciones, que
manifiestan una notable maestría en el arte de narrar. El relato tiene como
protagonista a José, el primer hijo de Raquel (30. 22-24) y el
preferido de su padre Jacob (37.3). Víctima de la envidia de sus
hermanos, es llevado de Canaán a Egipto. Pero Dios está con él
cuando es vendido como esclavo y acusado injustamente, y lo eleva a la
más alta dignidad, para que pueda salvar un día a toda su familia
asediada por el hambre. De esta manera, el Señor va preparando
secretamente el nacimiento de su Pueblo elegido. Con la llegada de
Jacob y sus hijos a Egipto, se cierra la etapa de la historia
patriarcal, que sirve de preludio a la epopeya del Éxodo. José es presentado como el
ideal del hombre sabio y prudente, y toda su vida encierra una lección
de sabiduría. Aquí no hay intervenciones espectaculares del Señor:
José no habla familiarmente con Dios como lo habían hecho Abraham,
Isaac y Jacob; tampoco recibe una nueva revelación o una confirmación
de Los sueños de José José tenía diecisiete años, y apacentaba el rebaño,
ayudando a sus hermanos, los hijos de Bilhá y Zilpá, las mujeres de
su padre. En cierta ocasión, refirió a Jacob lo mal que se hablaba
de ellos. 3 Israel amaba a José más que a ningún otro de sus
hijos, porque era el hijo de su vejez, y le mandó hacer una túnica
de mangas largas. 4 Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a
ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el
saludo. 5 Una vez, José tuvo un sueño y lo contó a sus
hermanos. 6 "Oigan el sueño que tuve", les dijo. 7
"Nosotros estábamos en el campo atando gavillas. De pronto, mi
gavilla se alzó y se mantuvo erguida, mientras que la de ustedes
formaban un círculo alrededor de la mía y se inclinaban ante
ella". 8 Sus hermanos le preguntaron: "¿Acaso pretendes
reinar sobre nosotros y tenernos bajo tu dominio?". Y lo odiaron
más todavía por lo que contaba acerca de sus sueños. 9 Después
tuvo otro sueño, y también lo contó a sus hermanos. "Tuve otro
sueño, les dijo. El sol, la luna y once estrellas se postraban
delante de mi". 10 Pero cuando se lo contó a su padre, este lo
reprendió diciéndole: "¿Que significa ese sueño que has
tenido? ¿Acaso yo, tu madre y tus hermanos vendremos a postrarnos en
tierra delante de ti?". 11 Y sus hermanos le tenían envidia,
pero su padre reflexionaba sobre todas estas cosas. José atacado por sus hermanos 12 Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquém
para apacentar el rebaño de su padre. 13 Entonces Israel dijo a José:
"Tus hermanos están con el rebaño en Siquém. Quiero que vayas
a verlos". "Está bien", respondió él. 14 Su padre añadió:
"Ve a ver cómo les va a tus hermanos y al rebaño, y tráeme
noticias". Y lo envió desde el valle de Hebrón. Cuando José llegó a Siquém, 15 un hombre lo encontró
dando vueltas por el campo y le preguntó: "¿Qué estás
buscando?". 16 Él le respondió: "Busco a mis hermanos. ¿Puedes
decirme dónde están apacentando el rebaño?". 17 "Se han
ido de aquí, repuso el hombre, porque les oí decir: ‘Vamos a Dotán’".
José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán. 18 Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se
acercara, ya se habían confabulado para darle muerte. 19 "Ahí
viene ese soñador", se dijeron unos a otros. 20 "¿Por qué
no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después
diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan
sus sueños!". 21 Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo
diciendo: "No atentemos contra su vida". 22 Y agregó:
"No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá
afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él". En
realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su
padre sano y salvo. 23 Apenas José llegó al lugar donde estaban sus
hermanos, estos lo despojaron de su túnica –la túnica de mangas
largas que llevaba puesta–, 24 lo tomaron y lo arrojaron a la
cisterna, que estaba completamente vacía. 25 Luego se sentaron a
comer. José llevado a Egipto De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana
de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una
carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto. 26
Entonces Judá dijo a sus hermanos: "¿Qué ganamos asesinando a
nuestro hermano y ocultando su sangre? 27 En lugar de atentar contra
su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano,
nuestra propia carne". Y sus hermanos estuvieron de acuerdo. 28 Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas
pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo
vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de planta, y José fue
llevado a Egipto. 29 Cuando Rubén volvió a la cisterna y se dio
cuenta de que José había desaparecido, desgarró su ropa, 30 y
regresando a donde estaban sus hermanos, dijo: "El muchacho ha
desaparecido. ¿Dónde iré yo ahora?". 31 Entonces tomaron la túnica de José, degollaron un
cabrito, y empaparon la túnica con sangre. 32 Después enviaron a su
padre la túnica de mangas largas, junto con este mensaje: "Hemos
encontrado esto. Fíjate bien si es la túnica de tu hijo, o no".
33 Este, al reconocerla, exclamó: "¡Es la túnica de mi hijo!
Un animal salvaje lo ha devorado. ¡José ha sido presa de las
fieras!". 34 Jacob desgarró sus vestiduras, se vistió de luto y
estuvo mucho tiempo de duelo por su hijo. 35 Sus hijos y sus hijas venían
a consolarlo, pero él rehusaba todo consuelo, diciendo: "No. Voy
a bajar enlutado a donde está mi hijo, a la morada de los
muertos". Y continuaba lamentándose. 36 Pero entretanto, en Egipto, los madianitas lo habían
vendido a Putifar, un funcionario del Faraón, capitán de guardias. Judá y Tamar 38 1 Por aquel tiempo, Judá se alejó
de sus hermanos y entró en amistad con un hombre de Adulám llamado
Jirá. 2 Allí conoció a la hija de un cananeo llamado Súa, y después
de tomarla por esposa, se unió con ella. 3 Ella concibió y dio a luz
un hijo, y él lo llamó Er. 4 Luego concibió nuevamente, y tuvo otro
hijo, al que llamó Onán. 5 Después volvió a tener otro hijo, y le
puso el nombre de Selá. Cuando ella dio a luz, estaba en Quezib. 6 Más tarde, Judá casó a Er, su hijo mayor, con una
mujer llamada Tamar. 7 Er desagradó al Señor, y el Señor lo hizo
morir. 8 Judá dijo entonces a Onán: "Únete a la viuda de Er,
para cumplir con tus deberes de cuñado y asegurar una descendencia a
tu hermano". 9 Pero Onán, sabiendo que la descendencia no le
pertenecería, cada vez que se unía con ella, derramaba el semen en
la tierra para evitar que su hermano tuviera una descendencia. 10 Su
manera de proceder desagradó al Señor, que lo hizo morir también a
él. 11 Entonces Judá dijo a su nuera Tamar: "Vive como una
viuda en la casa de tu padre, hasta que crezca mi hijo Selá",
porque temía que este corriera la misma suerte que sus hermanos. Por
eso Tamar se fue a vivir a la casa de su padre. 12 Mucho tiempo después, murió la esposa de Judá,
la hija de Súa. Una vez concluido el duelo, Judá se dirigió hacia
Timná en compañía de su amigo Jirá, el adulamita, porque allí
esquilaban sus ovejas. 13 Tamar fue informada de que su suegro se
dirigía hacia Timná, donde estaban esquilando su rebaño. 14 Y como
veía que Selá ya era grande, y sin embargo, no se lo habían dado
como esposo, se quitó su ropa de viuda, se cubrió con un velo para
no ser reconocida, y se sentó a la entrada de Enaim, sobre el camino
a Timná. 15 Como tenía la cara tapada, al verla, Judá pensó que
era una prostituta. 16 Entonces se apartó del camino y fue hacia ella
para decirle: "Deja que me acueste contigo", ignorando que
se trataba de su nuera. Ella le respondió: "¿Qué me darás por
acostarte conmigo?". 17 "Te enviaré un chivito de mi rebaño",
le aseguró él. "De acuerdo, continuó ella, con tal que me
dejes algo como prenda hasta que me lo envíes". 18 Él le
preguntó: "¿Qué debo dejarte?". "Tu sello con su
cordón y el bastón que llevas en la mano", le respondió. Él
se los entregó y se acostó con ella, dejándola embarazada. 19
Inmediatamente, ella se retiró, se quitó el velo que la cubría, y
volvió a ponerse su ropa de viuda. 20 Cuando Judá le envió el chivito por medio de su
amigo, el adulamita, para rescatar la prenda que había quedado en
manos de la mujer, este no pudo encontrarla. 21 Entonces preguntó a
la gente del lugar: "¿Dónde está esa prostituta que se sentaba
en Enaim, al borde del camino?". Ellos le respondieron: "Allí
nunca hubo una prostituta". 22 Él regresó y dijo a Judá:
"No la pude encontrar. Además, la gente del lugar me aseguró
que allí nunca hubo una prostituta". 23 Judá replicó:
"Que se quede con todo, porque de lo contrario nos pondremos en
ridículo. Yo cumplí mandándole el cabrito, y tú no la
encontraste". 24 Unos tres meses más tarde, notificaron a Judá:
"Tu nuera Tamar se ha prostituido, y en una de sus andanzas quedó
embarazada". Entonces Judá exclamó: "Sáquenla afuera y quémenla
viva". 25 Pero cuando la iban a sacar, ella mandó decir a su
suegro: "Estas cosas pertenecen al hombre que me dejó
embarazada. Averigua quién es el dueño de este sello, este cordón y
ese bastón". 26 Al reconocerlos, Judá declaró: "Ella es más
justa que yo, porque yo no le di a mi hijo Selá". Y no volvió a
tener relaciones con ella. Los hijos de Tamar 27 Llegado el momento del parto, resultó que en su
seno había mellizos. 28 Mientras daba a luz, uno de ellos extendió
su mano, y la partera le ató en ella un hilo escarlata, diciendo:
"Este ha sido el primero en salir". 29 Pero luego retiró su
mano, y el otro salió antes. Entonces ella dijo: "¡Cómo te has
abierto una brecha!". Por eso fue llamado Peres. 30 Después salió
su hermano, con el hilo escarlata, y por eso lo llamaron Zéraj. José, mayordomo de Putifar 39 1 Cuando José fue llevado a
Egipto, Putifar –un egipcio que era funcionario del Faraón, capitán
de guardias– lo compró a los ismaelitas que lo habían llevado allí.
2 Pero como el Señor estaba con José, la suerte lo favoreció, y
quedó en la casa de su patrón, el egipcio. 3 Al ver que el Señor
estaba con él y hacía prosperar todas las obras que realizaba, 4 su
patrón lo miró con buenos ojos y lo nombró su mayordomo, poniéndolo
al frente de su casa y confiándole la administración de todos sus
bienes. José y la mujer de Putifar Como José era apuesto y de buena presencia, 7 después
de un tiempo, la esposa de su patrón fijó sus ojos en él y le dijo:
"Acuéstate conmigo". 8 Pero él se negó y respondió a la
mujer: "Teniéndome a mí, mi patrón ya no piensa en los asuntos
de su casa, porque me ha confiado todo lo que posee. 9 Él mismo no
ejerce más autoridad que yo en esta casa, y no me ha impuesto ninguna
restricción, fuera del respeto que te es debido, ya que eres su
esposa. ¿Cómo entonces voy a cometer un delito tan grave y a pecar
contra Dios?". 10 Y por más que ella lo instigaba día tras día,
él no accedió a acostarse con ella y a ser su amante. 11 Pero un día, José entró en la casa para cumplir
con sus obligaciones, en el preciso momento en que todo el personal de
servicio se encontraba ausente. 12 Entonces ella lo tomó de la ropa y
le insistió: "Acuéstate conmigo". Pero él huyó, dejando
su manto en las manos de la mujer, y se alejó de allí. 13 Cuando
ella vio que José había dejado el manto entre sus manos y se había
escapado, 14 llamó a sus servidores y les dijo: "¡Miren! Mi
marido nos ha traído un hebreo, sólo para que se ría de nosotros.
Él intentó acostarse conmigo, pero yo grité lo más fuerte que
pude. 15 Y cuando me oyó gritar pidiendo auxilio, dejó su manto a mi
lado y se escapó". El arresto de José 16 Ella guardó el manto de José hasta que regresó
su marido, 17 y entonces le contó la misma historia: "El esclavo
hebreo que nos trajiste se ha burlado de mí y pretendió violarme. 18
Pero cuando yo grité pidiendo auxilio, él dejó su manto a mi lado y
se escapó". 19 Al oír las palabras de su mujer: "Tu
esclavo me hizo esto y esto", su patrón se enfureció, 20 hizo
detener a José, y lo puso en la cárcel donde estaban recluidos los
prisioneros del rey. Así fue a parar a la cárcel. 21 Pero el Señor estaba con José y le mostró su
bondad, haciendo que se ganara la simpatía del jefe de los
carceleros. 22 Este confió a José todos los presos que había en la
cárcel, y él dirigía todo lo que allí se hacía. 23 El jefe de los
carceleros no vigilaba absolutamente nada de lo que había confiado a
José, porque el Señor estaba con él y hacía prosperar todo lo que
él realizaba. Los sueños de los funcionarios del Faraón 40 1 Después de estos
acontecimientos, el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron
a su señor. 2 El Faraón se irritó contra sus dos funcionarios –el
copero mayor y el panadero mayor– 3 y los hizo poner bajo custodia
en la casa del capitán de guardias, en la misma cárcel donde estaba
preso José. 4 El capitán de guardias encargó a José que se ocupara
de servirlos, y así estuvieron arrestados durante un tiempo. 5 Una vez, mientras estaban presos en la cárcel, el
copero y el panadero del rey de Egipto tuvieron un sueño en el
transcurso de una misma noche, cada sueño con su significado propio. 9 El copero relató su sueño a José. "Yo soñé,
le dijo que delante de mí había una vid, 10 y en ella, tres
sarmientos. Apenas la vid dio brotes, salieron sus flores y maduraron
las uvas en los racimos. 11 La copa del faraón estaba en mi mano: yo
tomé las uvas, las exprimí en esa copa, y la puse en la mano del
Faraón". 12 José le dijo: "La interpretación es la
siguiente: los tres racimos representan tres días. 13 Dentro de tres
días, el Faraón te indultará, te restituirá a tu cargo, y tú
pondrás la copa en su mano, como acostumbrabas a hacerlo antes,
cuando eras su copero. 14 Y cuando mejore tu suerte, si todavía
recuerdas que yo estuve aquí contigo, no dejes de hacerme este favor:
háblale de mí al Faraón, y trata de sacarme de este lugar. 15
Porque yo fui traído por la fuerza del país de los hebreos, y aquí
no hice nada para que me pusieran en la cárcel". 16 El panadero mayor, al ver con qué acierto había
interpretado el sueño, dijo a José: "Yo, por mi parte, soñé
que tenía sobre mi cabeza tres canastas de mimbre. 17 En la canasta más
elevada, había de todos los productos de panadería que come el Faraón,
y los pájaros comían de esa canasta que estaba encima de mi
cabeza". 18 José le respondió: "La interpretación es la
siguiente: las tres canastas representan tres días. 19 Dentro de tres
días el Faraón te hará decapitar, te colgará de un poste, y los pájaros
comerán tu carne". 20 Efectivamente, al tercer día se festejaba el cumpleaños del Faraón, y este agasajó con un banquete a todos sus servidores. Entonces reconsideró las causas del copero mayor y del panadero mayor en medio de sus servidores, 21y restituyó en su cargo al copero mayor, de manera que este volvió a poner la copa en la mano del Faraón; 22 en cambio, mandó colgar al panadero mayor, conforme a la interpretación que les había dado José. 23 Sin embargo, el copero mayor ya no pensó más en José, sino que se olvidó de él.
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