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Biblia - Génesis (Capítulos 41-45)

 

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Libro del Génesis

Libros 41-45 

Los sueños del Faraón

41 1 Dos años después, el Faraón tuvo un sueño: él estaba de pie junto al Nilo, 2 cuando de pronto subieron del río siete vacas hermosas y robustas, que se pusieron a pastar entre los juncos. 3 Detrás de ella subieron otras siete vacas feas y escuálidas, que se pararon al lado de las primeras; 4 y las vacas feas y escuálidas se comieron a las siete vacas hermosas y robustas. En seguida el Faraón se despertó.

5 Luego volvió a dormirse y tuvo otro sueño: siete espigas grandes y lozanas salían de un mismo tallo. 6 Pero inmediatamente después brotaron otras siete espigas, delgadas y quemadas por el viento del este; 7 y las espigas delgadas devoraron a las siete espigas grandes y cargadas de granos. Cuando se despertó, el Faraón se dio cuenta de que había estado soñando.

8 A la mañana siguiente, el Faraón se sintió muy preocupado y mandó llamar a todos los magos y sabios de Egipto, para contarles sus sueños. Pero nadie se los pudo interpretar. 9 Entonces el copero mayor se dirigió al Faraón y le dijo: "Ahora reconozco mi negligencia. 10 En cierta oportunidad, el Faraón se irritó contra sus servidores, y me puso bajo custodia, junto con el panadero mayor, en la casa del capitán de guardias. 11 Él y yo tuvimos un sueño en el transcurso de una misma noche, cada sueño con su propio significado. 12 Con nosotros estaba un joven hebreo, un servidor del capitán de guardias; nosotros le contamos nuestros sueños, y él los interpretó, dando a cada uno su explicación. 13 Y todo sucedió como él lo había interpretado: yo fui restituido a mi cargo, mientras que el otro fue ahorcado".

La interpretación de los sueños del Faraón

14 El Faraón mandó llamar a José, que sin pérdida de tiempo fue sacado de la prisión. Este se afeitó, se cambió de ropa y compareció ante el Faraón. 15 El Faraón dijo a José: "He tenido un sueño que nadie puede interpretar. Pero me han informado que te basta oír un sueño para interpretarlo". 16 José respondió al Faraón: "No soy yo, sino Dios, el que dará al Faraón la respuesta conveniente".

17 Entonces el Faraón dijo a José: "Soñé que estaba parado a orilla del Nilo, 18 y de pronto subían del río siete vacas robustas y hermosas, que se pusieron a pastar entre los juncos. 19 Detrás de ellas subieron otras siete vacas, escuálidas, de aspecto horrible y esqueléticas, como nunca había visto en todo el territorio de Egipto. 20 Y las vacas escuálidas y feas devoraron a las otras siete vacas robustas. 21 Pero una vez que las comieron, nadie hubiera dicho que las tenían en su vientre, porque seguían tan horribles como antes. En seguida me desperté. 22 En el otro sueño, vi siete espigas hermosas y cargadas de granos, que brotaban de un mismo tallo. 23 Después de ellas brotaron otras siete espigas, marchitas, delgadas y quemadas por el viento del este, 24 que devoraron a las siete espigas hermosas. Yo he contado todo esto a los adivinos, pero ninguno me ha dado una explicación". 25 José dijo al Faraón: "El Faraón ha soñado una sola cosa, y así Dios le ha anunciado lo que está a punto de realizar. 26 Las siete vacas hermosas y las siete espigas lozanas representan siete años. Los dos sueños se tratan de lo mismo. 27 Y las siete vacas escuálidas y feas que subieron después de ellas son siete años, lo mismo que las siete espigas sin grano y quemadas por el viento del este. Estos serán siete años de hambre. 28 Es como lo acabo de decir al Faraón: Dios ha querido mostrarle lo que está a punto de realizar. 29 En los próximos siete años habrá en todo Egipto una gran abundancia. 30 Pero inmediatamente después, sobrevendrán siete años de hambre, durante los cuales en Egipto no quedará ni el recuerdo de aquella abundancia, porque el hambre asolará al país. 31 Entonces nadie sabrá lo que es la abundancia, a causa del hambre, que será muy intensa. 32 El hecho de que el Faraón haya tenido dos veces el mismo sueño, significa que este asunto ya está resuelto de parte de Dios y que él lo va a ejecutar de inmediato.

33 Por eso, es necesario que el Faraón busque un hombre prudente y sabio, y lo ponga al frente de todo Egipto. 34 Además, el Faraón deberá establecer inspectores en todo el país y exigir a los egipcios la quinta parte de las cosechas durante los siete años de abundancia. 35 Ellos reunirán los víveres que se cosechen en estos próximos siete años de prosperidad, y almacenarán el grano bajo la supervisión del Faraón, para tenerlo guardado en las ciudades. 36 Así el país tendrá una reserva de alimentos para los siete años de hambre que vendrán sobre Egipto, y no morirá de inanición".

La designación de José como primer ministro

37 La respuesta agradó al Faraón y a todos sus servidores. 38 Por eso el Faraón les dijo a estos: "¿Podemos encontrar otro hombre que tenga en igual medida el espíritu de Dios?". 39 Y dirigiéndose a José, le expresó: "Ya que Dios te ha hecho conocer todas estas cosas, no hay nadie que sea tan prudente y sabio como tú. 40 Por eso tú estarás al frente de mi palacio, y todo mi pueblo tendrá que acatar tus órdenes. Sólo por el trono real seré superior a ti". 41 Y el Faraón siguió diciendo a José: "Ahora mismo te pongo al frente de todo el territorio de Egipto". 42 En seguida se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de José; lo hizo vestir con ropa de lino fino y le colgó al cuello una cadena de oro. 43 Luego lo hizo subir a la mejor carroza después de la suya, e iban gritando delante de él: "¡Atención!". Así le dio autoridad sobre todo Egipto.

44 El Faraón dijo a José: "Yo soy el Faraón, pero nadie podrá mover una mano o un pie en todo el territorio de Egipto si tú no lo apruebas". 45 Luego impuso a José el nombre de Safnat Panéaj, y le dio por esposa a Asnat, la hija de Potifera, sacerdote de la ciudad de On. Y José fue a recorrer el país de Egipto. 46 Cuando se puso al servicio del Faraón, rey de Egipto, José tenía treinta años.

José se alejó de la presencia del Faraón e hizo un recorrido por todo el territorio de Egipto. 47 Durante los siete años de abundancia, la tierra produjo copiosamente, 48 y él reunió todos los víveres recogidos en esos siete años y los almacenó en las ciudades, depositando en cada una las cosechas de los campos vecinos. 49 De esa manera, José acumuló una enorme cantidad de cereales, tanto como la arena del mar, hasta tal punto que dejó de llevar un control, porque superaba toda medida.

Los hijos de José

50 Antes que comenzaran los años de hambre, José tuvo dos hijos, que le dio Asnat, la hija de Potifera, el sacerdote de On. 51 Al primero lo llamó Manasés, porque dijo: "Dios me ha hecho olvidar por completo mis penas y mi casa paterna". 52 Y al segundo le puso el nombre de Efraím, diciendo: "Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción".

53 Entonces terminaron los años en que Egipto gozó de abundancia, 54 y comenzaron los siete años de hambre, como José lo había anticipado. En todos los países se sufría hambre, pero en Egipto había alimentos. 55 Cuando también los egipcios y el pueblo sintieron hambre, y el pueblo pidió a gritos al Faraón que le diera de comer, este respondió: "Vayan a ver a José y hagan lo que él les diga". 56 Como el hambre se había extendido por todo el país, José abrió los graneros y distribuyó raciones a los egipcios, ya que el hambre se hacía cada vez más intensa. 57 Y de todas partes iban a Egipto a comprar cereales a José, porque el hambre asolaba toda la tierra.

El primer viaje de los hermanos de José a Egipto

42 1 Cuando Jacob se enteró de que en Egipto vendían cereales, preguntó a sus hijos: "¿Por qué se quedan ahí, mirándose unos a otros?". 2 Luego añadió: "He oído que en Egipto venden cereales. Vayan allí y compren algo para nosotros. Así podremos sobrevivir y no moriremos". 3 Entonces, diez de los hermanos de José bajaron a Egipto para abastecerse de cereales; 4 pero Jacob no dejó que Benjamín, el hermano de José fuera con ellos, por temor a que le sucediera una desgracia. 5 Así llegaron los hijos de Israel en medio de otra gente que también iba a procurarse víveres, porque en Canaán se pasaba hambre.

El primer encuentro de José con sus hermanos

6 José tenía plenos poderes sobre el país y distribuía raciones a toda la población. Sus hermanos se presentaron ante él y se postraron con el rostro en tierra. 7 Al verlos, él los reconoció en seguida, pero los trató como si fueran extraños y les habló duramente. "¿De dónde vienen?", les preguntó. Ellos respondieron: "Venimos de Canaán para abastecernos de víveres". 8 Y al reconocer a sus hermanos, sin que ellos lo reconocieran a él, 9 José se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos. Entonces les dijo: "Ustedes son espías, y han venido a observar las zonas desguarnecidas del país". 10 "No, señor", le respondieron. "Es verdad que tus servidores han venido a comprar víveres. 11Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, y además, personas honradas. No somos espías". 12 Pero él insistió: "No, ustedes han venido a observar las zonas desguarnecidas del país". 13 Ellos continuaron diciendo: "Nosotros, tus servidores, somos doce hermanos, hijos de un hombre que reside en Canaán. El menor está ahora con nuestro padre, y otro ya no vive". 14 Pero él volvió a insistir: "Ya les he dicho que ustedes son espías. 15 Por eso van a ser sometidos a una prueba: juro por el Faraón que ustedes no quedarán en libertad, mientras no venga aquí su hermano menor. 16 Envíen a uno de ustedes a buscar a su hermano, los demás quedarán prisioneros. Así será puesto a prueba lo que ustedes han afirmado, para comprobar si dicen la verdad. De lo contrario, no habrá ninguna duda de que ustedes son espías". 17 E inmediatamente, los puso bajo custodia durante tres días.

18 Al tercer día, José les dijo: "Si quieren salvar la vida, hagan lo que les digo, porque yo soy un hombre temeroso de Dios. 19 Para probar que ustedes son sinceros, uno de sus hermanos quedará como rehén en la prisión donde están bajo custodia, mientras el resto llevará los víveres, para aliviar el hambre de sus familias. 20 Después me traerán a su hermano menor. Así se pondrá de manifiesto que ustedes han dicho la verdad y no morirán". Ellos estuvieron de acuerdo.

21 Pero en seguida comenzaron a decirse unos a otros: "¡Verdaderamente estamos expiando lo que hicimos contra nuestro hermano! Porque nosotros vimos su angustia cuando nos pedía que tuviéramos compasión, y no quisimos escucharlo. Por eso nos sucede esta desgracia". 22 Rubén les respondió: "¿Acaso no les advertí que no cometieran ese delito contra el muchacho? Pero ustedes no quisieron hacer caso, y ahora se nos pide cuenta de su sangre". 23 Ellos ignoraban que José los entendía, porque antes habían hablado por medio de un intérprete. 24 José se alejó de ellos para llorar; y cuando estuvo en condiciones de hablarles nuevamente, separó a Simeón y ordenó que lo ataran a la vista de todos. 25 Después José mandó que les llenaran las bolsas con trigo y que repusieran el dinero en la bolsa de cada uno. También ordenó que les entregaran provisiones para el camino. Así se hizo. 26 Ellos cargaron sus asnos con los víveres y partieron.

La vuelta de los hermanos de José a Canaán

27 Cuando acamparon para pasar la noche, uno de ellos abrió la bolsa para dar de comer a su asno, y encontró el dinero junto a la abertura de la bolsa. 28 Entonces dijo a sus hermanos: "Me han devuelto el dinero. Está aquí, en mi bolsa". Ellos se quedaron pasmados y, temblando, se preguntaban unos a otros: "¿Por qué Dios nos habrá hecho esto?".

29 Al llegar a Canaán, relataron a su padre Jacob la aventura que habían tenido. 30 "El hombre que gobierna aquel país, le dijeron, nos habló duramente y nos acusó de haber entrado allí como espías. 31 Nosotros le aseguramos que éramos personas honradas y no espías. 32 También le dijimos que éramos doce hermanos, pero que uno ya no vivía, y que nuestro hermano menor estaba en ese momento en Canaán, al lado de nuestro padre. 33 El hombre que gobierna el país nos respondió: ‘Para demostrarme que ustedes son sinceros, dejen conmigo a uno de sus hermanos, mientras los demás llevan algo para aliviar el hambre de sus familias. 34 Luego tráiganme a su hermano menor, y así sabré que ustedes no son espías sino personas honradas. Entonces les devolveré a su hermano y podrán recorrer libremente el país’".

35 Cuando vaciaron las bolsas, cada uno encontró su dinero y, al verlo, ellos y su padre se llenaron de temor. 36 Entonces Jacob les dijo: "Ustedes me van a dejar sin hijos. Primero, perdí a José; después, a Simeón; y ahora quieren quitarme a Benjamín. ¡A mí tenían que pasarme todas estas cosas!". 37 Pero Rubén le respondió: "Podrás matar a mis dos hijos si no te lo traigo de vuelta. Déjalo bajo mi cuidado, y yo te lo devolveré sano y salvo". 38 Jacob insistió: "Mi hijo no irá con ustedes, porque su hermano ya murió y ahora queda él solo. Si le sucede una desgracia durante el viaje que van a realizar, ustedes me harán bajar a la tumba lleno de aflicción".

El segundo viaje de los hermanos de José a Egipto

43 1 El hambre continuaba asolando el país. 2 Y cuando se agotaron los víveres que habían traído de Egipto, su padre les dijo: "Regresen a Egipto a comprarnos un poco de comida". 3 Pero Judá le respondió: "Aquel hombre nos advirtió expresamente que no nos presentáramos delante de él, si nuestro hermano no nos acompañaba. 4 Si tú dejas partir a nuestro hermano con nosotros, bajaremos a comprarte comida; 5 pero si no lo dejas, no podremos ir, porque el hombre nos dijo: ‘No vengan a verme si su hermano no los acompaña’". 6 Entonces Israel dijo: "¿Por qué me han causado este dolor, diciendo a ese hombre que tenían otro hermano?". 7 Ellos respondieron: "Él comenzó a hacernos preguntas sobre nosotros y sobre nuestra familia. ‘El padre de ustedes ¿vive todavía? ¿Tienen otro hermano?’. Nosotros nos limitamos a responder a sus preguntas. ¿Cómo nos íbamos a imaginar que él nos diría: ‘Traigan aquí a su hermano’?".

8 Entonces Judá dijo a su padre Israel: "Envía al muchacho bajo mi responsabilidad, y ahora mismo nos pondremos en camino para poder sobrevivir. De lo contrario moriremos nosotros, tú y nuestros niños. 9 Yo respondo por él, y tendrás que pedirme cuentas a mí. Si no te lo traigo y lo pongo delante de tus ojos, seré culpable ante ti todo el resto de mi vida. 10 Ya estaríamos de vuelta dos veces, si no nos hubiéramos entretenido tanto". 11 Ya que tiene que ser así, continuó diciendo Israel, hagan lo siguiente: Pongan en sus equipajes los mejores productos del país, y regalen a aquel hombre un poco de bálsamo y un poco de miel, goma tragacanto, mirra, nueces y almendras. 12 Tomen además una doble cantidad de dinero, porque ustedes tendrán que restituir la suma que les pusieron junto a la abertura de la bolsa. Tal vez se trate de una equivocación. 13 Lleven también a su hermano, y vuelvan cuanto antes a ver a ese hombre. 14 Que el Dios Todopoderoso lo mueva a compadecerse de ustedes, y él les permita traer a su hermano, lo mismo que a Benjamín. Yo, por mi parte, si tengo que verme privado de mis hijos, estoy dispuesto a soportarlo".

15 Ellos recogieron los regalos, tomaron una doble cantidad de dinero, y bajaron a Egipto llevándose a Benjamín. En seguida fueron a presentarse delante de José, 16 y cuando este vio que venían con Benjamín, dijo a su mayordomo: "Lleva a estos hombres a casa. Mata un animal y prepáralo, porque hoy al mediodía comerán conmigo". 17 El mayordomo hizo lo que José le había ordenado y los condujo hasta la casa. 18 Pero ellos, al ser llevados a la casa de José, se llenaron de temor y dijeron: "Nos traen aquí a causa del dinero que fue puesto en nuestras bolsas la vez anterior. No es más que un pretexto para atacarnos y convertirnos en esclavos, junto con nuestros animales". 19 Entonces se acercaron al mayordomo de José y le hablaron a la entrada de la casa, 20 diciéndole: "Perdón, señor, nosotros ya estuvimos aquí una vez para abastecernos de víveres. 21 Pero cuando acampamos para pasar la noche, abrimos nuestras bolsas y resultó que el dinero de cada uno estaba junto a la abertura de su bolsa. Era exactamente la misma cantidad que habíamos pagado. Ahora tenemos esa suma aquí con nosotros, 22 y además hemos traído dinero para adquirir nuevas provisiones. No sabemos quién puso el dinero en nuestras bolsas". 23 Pero él respondió: "Quédense tranquilos, no teman. Su Dios y el Dios de su padre les puso ese dinero en las bolsas. La suma que ustedes pagaron está en mi poder". Y en seguida les presentó a Simeón. 24 El mayordomo introdujo a los hombres en la casa de José, les trajo agua para que se lavaran los pies y les dio pasto para los animales. 25 Ellos prepararon los regalos, esperando la llegada de José al mediodía, porque ya les había avisado que comería allí.

El segundo encuentro de José con sus hermanos

26 Cuando José entró en la casa, le presentaron los regalos que traían y se postraron ante él con el rostro en tierra. 27 José los saludó y les dijo: "El anciano padre de que me hablaron, ¿vive todavía? ¿Cómo está?". 28 "Nuestro padre, tu servidor, vive todavía y goza de buena salud", le respondieron; e inclinándose, se postraron. 29 Al levantar los ojos, José vio a Benjamín, el hijo de su misma madre, y preguntó: "¿Es este el hermano menor de que me habían hablado?". Y añadió: "Que Dios te favorezca, hijo mío".

30 José salió precipitadamente porque se conmovió a la vista de su hermano y no podía contener las lágrimas. Entró en una habitación y lloró. 31 Después se lavó la cara, volvió y, tratando de dominarse, ordenó que sirvieran la comida.

32 Sirvieron en mesas separadas a José, a sus hermanos, y a los egipcios que comían con él, porque los egipcios no pueden comer con los hebreos: es una abominación para ellos. 33 Cuando se sentaron frente a José, por orden de edad, de mayor a menor, sus hermanos se miraron con asombro unos a otros. 34 Él les hizo servir de su misma mesa, y la porción de Benjamín era varias veces mayor que la de los demás. Todos bebieron y se alegraron con él.

La última prueba de José a sus hermanos

44 1 Después José dio a su mayordomo esta orden: "Llena de víveres las bolsas de estos hombres, hasta que estén bien repletas, y antes de cerrarlas, coloca en ellas el dinero de cada uno. 2 En la bolsa del más joven, además del dinero que pagó por su ración, pondrás también mi copa de plata". El mayordomo hizo lo que José le había indicado, 3 y al día siguiente, apenas amaneció, hicieron salir a los hombres con sus asnos. 4 Ellos salieron de la ciudad, y cuando todavía no se habían alejado, José dijo a su mayordomo: "Corre ahora mismo detrás de esos hombres, y apenas los alcances, les dirás: ‘¿Por qué devuelven mal por bien, y por qué me han robado la copa de plata? 5 Esa es la copa que mi señor usa para beber y con la que consulta los presagios. Ustedes se han comportado pésimamente’".

6 Apenas los alcanzó, el mayordomo les repitió estas palabras. 7 Pero ellos respondieron: "¿Cómo puedes, señor, afirmar tales cosas? Lejos de nosotros comportarnos de esa manera. 8 Nosotros te trajimos de vuelta desde Canaán el dinero que encontramos en nuestras bolsas. ¿Cómo íbamos entonces a robar plata u oro de la casa de tu señor? 9 Si la copa se llega a encontrar en poder de alguno de nosotros, el que la tenga morirá, y todos los demás seremos tus esclavos". 10 "Está bien, respondió, que sea como ustedes dicen, pero mi esclavo será únicamente aquel en cuyo poder se encuentre la copa. Los demás quedarán libres de todo cargo". 11 Entonces ellos se apresuraron a bajar sus bolsas, y cada uno abrió la suya. 12 El mayordomo las registró, empezando por la del mayor y terminando por la del menor, y la copa fue hallada en la bolsa de Benjamín. 13 Al ver esto, ellos rasgaron sus vestiduras; luego volvieron a cargar sus asnos y regresaron a la ciudad.

14 Cuando Judá y sus hermanos entraron en la casa de José, este todavía se encontraba allí. Ellos se postraron ante él con el rostro en tierra, 15 y entonces José les preguntó: "¿Qué manera de proceder es esta? ¿Acaso ustedes ignoraban que un hombre como yo sabe recurrir a la adivinación?". 16 Judá respondió: "¿Qué podemos decirte, señor? ¿Qué excusa podemos alegar, o cómo vamos a probar nuestra inocencia? Es Dios el que ha puesto al descubierto nuestra maldad. Aquí nos tienes: somos tus esclavos, tanto nosotros como aquel en cuyo poder estaba la copa". 17 Pero José replicó: "¡Lejos de mí obrar de ese modo! Mi esclavo será solamente el que tenía la copa. Los demás podrán regresar tranquilamente a la casa de su padre".

La intervención de Judá en favor de Benjamín

18 Judá se acercó para decirle: "Permite, señor, que tu servidor diga una palabra en tu presencia, sin impacientarte conmigo, ya que tú y el Faraón son una misma cosa. 19 Tú nos preguntaste si nuestro padre vivía aún y si teníamos otro hermano. 20 Nosotros te respondimos: Tenemos un padre que ya es anciano, y un hermano menor, hijo de su vejez. El hermano de este último murió, y él es el único hijo de la madre de estos dos que ha quedado vivo; por eso nuestro padre siente por él un afecto muy especial. 21 Tú nos dijiste: ‘Tráiganlo aquí, porque lo quiero conocer’. 22 Y aunque nosotros te explicamos que el muchacho no podía dejar a su padre, porque si se alejaba de él, su padre moriría, 23 tú nos volviste a insistir: ‘Si no viene con ustedes su hermano menor, no serán admitidos nuevamente en mi presencia’. 24 Cuando regresamos a la casa de nuestro padre, tu servidor, le repetimos tus mismas palabras. 25 Pero un tiempo después, nuestro padre nos dijo: ‘Vayan otra vez a comprar algunos víveres’. 26 Nosotros respondimos: ‘Así no podemos ir. Lo haremos únicamente si nuestro hermano menor viene con nosotros, porque si él no nos acompaña, no podemos comparecer delante de aquel hombre’. 27 Nuestro padre, tu servidor, nos respondió: ‘Ustedes saben muy bien que mi esposa predilecta me dio dos hijos. 28 Uno se fue de mi lado; yo tuve que reconocer que las fieras lo habían despedazado, y no volví a verlo más. 29 Si ahora ustedes me quitan también a este, y le sucede una desgracia, me harán bajar a la tumba lleno de aflicción’. 30 Por eso, si me presento ante mi padre sin el muchacho, a quien él tanto quiere, 31 apenas vea que falta su hijo, morirá; y nosotros lo habremos hecho bajar a la tumba lleno de aflicción. 32 Además, yo me he hecho responsable del muchacho ante mi padre, diciendo: ‘Si no te lo devuelvo sano y salvo, seré culpable ante ti todo el resto de mi vida’. 33 Por eso, deja que yo me quede como esclavo tuyo en lugar del muchacho, y que él se vuelva con sus hermanos. 34 ¿Cómo podré regresar si el muchacho no me acompaña? Yo no quiero ver la desgracia que caerá sobre mi padre".

El desenlace de la historia de José

45 1 José ya no podía contener su emoción en presencia de la gente que lo asistía, y exclamó: "Hagan salir de aquí a toda la gente". Así, nadie permaneció con él mientras se daba a conocer a sus hermanos. 2 Sin embargo, sus sollozos eran tan fuertes que los oyeron los egipcios, y la noticia llegó hasta el palacio del Faraón.

3 José dijo a sus hermanos: "Yo soy José. ¿Es verdad que mi padre vive todavía?". Pero ellos no pudieron responderle, porque al verlo se habían quedado pasmados. 4 Entonces José volvió a decir a sus hermanos: "Acérquense un poco más". Y cuando ellos se acercaron, añadió: "Sí, yo soy José, el hermano de ustedes, el mismo que vendieron a los egipcios. 5 Ahora no se aflijan ni sientan remordimiento por haberme vendido. En realidad, ha sido Dios el que me envió aquí delante de ustedes para preservarles la vida. 6 Porque ya hace dos años que hay hambre en esta región, y en los próximos cinco años tampoco se recogerán cosechas de los cultivos. 7 Por eso Dios hizo que yo los precediera para dejarles un resto en la tierra y salvarles la vida, librándolos de una manera extraordinaria. 8 Ha sido Dios, y no ustedes, el que me envió aquí y me constituyó padre del Faraón, señor de todo su palacio y gobernador de Egipto. 9 Vuelvan cuanto antes a la casa de mi padre y díganle: ‘Así habla tu hijo José: Dios me ha constituido señor de todo Egipto. Ven ahora mismo a reunirte conmigo. 10 Tú vivirás en la región de Gosen, y estarás cerca de mí, junto con tus hijos y tus nietos, tus ovejas y tus vacas, y con todo lo que te pertenece. 11 Yo proveeré a tu subsistencia, porque el hambre durará todavía cinco años. De esa manera, ni tú ni tu familia ni nada de lo que te pertenece, pasarán necesidad’. 12 Ustedes son testigos, como lo es también mi hermano Benjamín, de que soy yo mismo el que les dice esto. 13 Informen a mi padre del alto cargo que ocupo en Egipto y de todo lo que han visto. Y tráiganlo aquí lo antes posible". 14 Luego estrechó entre sus brazos a su hermano Benjamín y se puso a llorar. También Benjamín lloró abrazado a él. 15 Después besó a todos sus hermanos y lloró mientras los abrazaba. Sólo entonces, sus hermanos atinaron a hablar con él.

16 Cuando en el palacio del Faraón se difundió la noticia de que habían llegado los hermanos de José, el Faraón y sus servidores vieron esto con buenos ojos. 17 El Faraón dijo a José: "Ordena a tus hermanos que carguen sus animales y vayan en seguida a la tierra de Canaán, 18 para traer aquí a su padre y a sus familias. Yo les daré lo mejor de Egipto, y ustedes vivirán de la fertilidad del suelo. 19 Además, ordénales que lleven de Egipto algunos carros para sus niños y sus mujeres, y para trasladar a su padre. 20 Diles que no se preocupen por las cosas que dejan, porque lo mejor de todo el territorio de Egipto será para ustedes".

21 Así lo hicieron los hijos de Israel. De acuerdo con la orden del Faraón, José les dio unos carros y les entregó provisiones para el camino. 22 Además, dio a cada uno de ellos un vestido nuevo, y a Benjamín le entregó trescientas monedas de plata y varios vestidos nuevos. 23 También envió a su padre diez asnos cargados con los mejores productos de Egipto, y diez asnas cargadas de cereales, de pan y de víveres para el viaje. 24 Y cuando despidió a sus hermanos antes que partieran, les recomendó: "Vayan tranquilos".

25 Ellos salieron de Egipto y llegaron a la tierra de Canaán, donde se encontraba su padre Jacob. 26 Cuando le anunciaron que José estaba vivo y era el gobernador de todo Egipto, Jacob no se conmovió, porque no les podía creer. 27 Entonces le repitieron todo lo que les había dicho José y, al ver los carros que le había enviado para transportarlo, su espíritu revivió. 28 Israel exclamó: "Ya es suficiente. ¡Mi hijo José vive todavía! Tengo que ir a verlo antes de morir".

Jacob y su familia en Egipto

46 1 Israel partió llevándose todos sus bienes. Cuando llegó a Berseba, ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. 2 Dios dijo a Israel en una visión nocturna: "¡Jacob, Jacob!". Él respondió: "Aquí estoy". 3 Dios continuó: "Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de bajar a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación. 4 Yo bajaré contigo a Egipto, y después yo mismo te haré volver; y las manos de José cerrarán tus ojos".

5 Cuando Jacob salió de Berseba, los hijos de Israel hicieron subir a su padre, junto con sus hijos y sus mujeres, en los carros que el Faraón había enviado para trasladarlos. 6 Ellos se llevaron también su ganado y las posesiones que habían adquirido en Canaán. Así llegaron a Egipto, Jacob y toda su familia 7 –sus hijos y sus nietos, sus hijas y sus nietas– porque él había llevado consigo a todos sus descendientes.

La familia de Jacob

8 Los nombres de los hijos de Israel –o sea, Jacob y sus hijos– que emigraron a Egipto son los siguientes: Rubén el primogénito de Jacob, 9 y los hijos de Rubén: Henoc, Palú, Jesrón y Carmí. 10 Los hijos de Simeón: Iemuel, Iamín, Ohad, Iaquín, Sójar y Saúl, el hijo de la cananea. 11 Los hijos de Leví: Gersón, Quehat y Merarí. 12 Los hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres y Zéraj. Er y Onán ya habían muerto en Canaán, y los hijos de Peres fueron Jesrón y Jamul. 13 Los hijos de Isacar: Tolá, Puvá, Iasub y Simrón. 14 Los hijos de Zabulón: Séred, Elón y Iajlel. 15 Estos son los hijos que Lía había dado a Jacob en Padán Arám, además de su hija Dina. Entre hombres y mujeres sumaban un total de treinta y tres personas.

16 Los hijos de Gad: Sifión, Jaguí, Suní, Esbón, Erí, Arodí y Arelí. 17 Los hijos de Aser: Imná, Isvá, Isví, Beriá, y también Séraj, hermana de aquellos. Los hijos de Beriá: Jéber y Malquiel. 18 Estos son los hijos de Zilpá, la esclava que Labán había dado a su hija Lía. De ella le nacieron a Jacob estas dieciséis personas.

19 Los hijos de Raquel, la esposa de Jacob: José y Benjamín. 20 En Egipto, José fue padre de Manasés y Efraím, los hijos que le dio Asnat, la hija de Potifera, sacerdote de la ciudad de On. 21 Los hijos de Benjamín: Belá, Béquer, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Mupím, Jupím y Ard. 22 Estos son los hijos de Raquel, que le nacieron a Jacob. En total, catorce personas.

23 El hijo de Dan: Jusím. 24 Los hijos de Neftalí: Iajsel, Guní, Iéser y Silém. 25 Estos son los descendientes de Bilhá, la esclava que Labán había dado a su hija Raquel. De ella le nacieron a Jacob estas siete personas.

26 Toda la familia de Jacob que emigró a Egipto –sus propios descendientes, sin contar a las mujeres de sus hijos– sumaban un total de sesenta y seis personas. 27 Incluyendo a José y a los dos hijos que este tuvo en Egipto, toda la familia de Jacob, cuando emigró a Egipto, sumaba un total de setenta personas.

El encuentro de Jacob con José

28 Israel hizo que Judá se le adelantara y fuera a ver a José, para anunciarle su llegada a Gosen. Cuando llegaron a la región de Gosen, 29 José hizo enganchar su carruaje y subió hasta allí para encontrarse con su padre Israel. Apenas este apareció ante él, José lo estrechó entre sus brazos, y lloró un largo rato, abrazado a su padre. 30 Entonces Israel dijo a José: "Ahora sí que puedo morir, porque he vuelto a ver tu rostro y que vives todavía". 31 Después José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: "Yo iré a informar al Faraón y le diré: ‘Mis hermanos y la familia de mi padre, que antes estaban en Canaán, han venido a reunirse conmigo. 32 Ellos son pastores, y ya hace mucho tiempo que se dedican a cuidar el ganado. Ahora han traído sus ovejas, sus vacas y todo lo que poseen’. 33 Por eso, cuando el Faraón los llame y les pregunte de qué se ocupan, 34 ustedes responderán: ‘Tus servidores, desde su juventud hasta ahora, se han dedicado a cuidar el ganado, lo mismo que sus antepasados’. Así ustedes podrán establecerse en la región de Gosen, porque los egipcios sienten abominación por todos los pastores".

La entrevista de los hijos de Jacob con el Faraón

47 1 Luego José fue a informar al Faraón, diciendo: "Mi padre y mis hermanos vinieron de Canaán con sus ovejas, sus vacas y todo lo que poseen, y ahora están en la región de Gosen". 2 Además, él se había hecho acompañar por algunos de sus hermanos y se los presentó al Faraón. 3 Este les preguntó: "Y ustedes, ¿de qué se ocupan?". "Somos pastores, como también lo fueron nuestros antepasados", respondieron ellos. 4 Y añadieron: "Hemos venido a residir en este país, porque en Canaán no hay pastos para nuestros rebaños, ya que el país está asolado por el hambre. Por eso te rogamos que nos dejes permanecer en la región de Gosen". 5a El Faraón dijo a José: 6b "Pueden establecerse en la región de Gosen. Y si te consta que entre ellos hay gente capaz, encomiéndales el cuidado de mis propios rebaños".

Otro relato del establecimiento de los hebreos en Egipto

5b Jacob y sus hijos llegaron a Egipto, donde estaba José; y cuando el Faraón, rey de Egipto, se enteró de la noticia, dijo a José: "Tu padre y tus hermanos vinieron a reunirse contigo. 6a El territorio de Egipto está a tu disposición: instala a tu padre y a tus hermanos en las mejores tierras". 7 José hizo venir a su padre Jacob y se lo presentó al Faraón. Jacob saludó respetuosamente al Faraón, 8 y este le preguntó: "¿Cuántos años tienes?". 9 Jacob respondió al Faraón: "Los años que se me han concedido suman ya ciento treinta. Pocos y desdichados han sido estos años de mi vida, y ni siquiera se acercan a los que fueron concedidos a mis padres". 10 Luego Jacob volvió a saludar al Faraón y salió de allí. 11 José instaló a su padre y a sus hermanos, dándoles una propiedad en Egipto, en las mejores tierras –en la región de Ramsés– como el Faraón lo había dispuesto. 12 Y también proveyó al sostenimiento de su padre, de sus hermanos, y de toda la familia de su padre, según las necesidades de cada uno.

La habilidad administrativa de José

13 Como la escasez era muy grande, en ningún país había alimentos, y tanto Egipto como Canaán estaban exhaustos por el hambre. 14 Así José pudo recaudar todo el dinero que circulaba en Egipto y en Canaán, como pago por los víveres que compraban, y guardó ese dinero en el palacio del Faraón. 15 Y cuando ya no hubo más dinero ni en Egipto ni en Canaán, los egipcios acudieron en masa a José para decirle: "Danos de comer. ¿Por qué tendremos que morir ante tus propios ojos, por falta de dinero?". 16 José respondió: "Si ya no hay más dinero, entreguen su ganado y yo les daré pan a cambio de él". 17 Ellos trajeron sus animales a José, y él les dio pan a cambio de caballos, ovejas, vacas y asnos. Y durante aquel año los abasteció de víveres a cambio de todos sus animales.

18 Pero pasó ese año, y al año siguiente vinieron otra vez y dijeron a José: "Ya se ha terminado todo el dinero y los animales te pertenecen. No podemos ocultarte que no queda nada a tu disposición, fuera de nuestras personas y nuestras tierras. 19 Pero ¿por qué tendremos que morir ante tus propios ojos, nosotros y nuestras tierras? Aduéñate de nosotros y de nuestras tierras a cambio de pan. Así el Faraón será dueño de nosotros y de nuestras tierras. Danos solamente semilla para que podamos sobrevivir. De lo contrario, nosotros moriremos, y el suelo se convertirá en un desierto". 20 De esa manera, José adquirió para el Faraón todas las tierras de Egipto, porque los egipcios, acosados por el hambre, vendieron cada uno su campo. La tierra pasó a ser propiedad del Faraón, 21 y el pueblo quedó sometido a servidumbre de un extremo al otro del territorio egipcio. 22 Los únicos terrenos que José no compró fueron los que pertenecían a los sacerdotes, porque a ellos el Faraón les había asignado una ración fija de alimentos; como vivían de la ración que les daba el Faraón, no tuvieron que vender sus tierras.

23 Entonces José dijo al pueblo: "Ahora ustedes y sus tierras pertenecen al Faraón, porque yo los he comprado. Aquí tienen semilla para sembrar esas tierras. 24 Pero cuando llegue la cosecha, ustedes deberán entregar al Faraón una quinta parte de los productos, y conservarán las cuatro partes restantes para sembrar la tierra, para alimentarse ustedes y sus familias, y para dar de comer a los niños". 25 Ellos exclamaron: "Tú nos salvaste la vida. Te agradecemos que nos hayas puesto al servicio del Faraón". 26 Entonces José promulgó una ley agraria en Egipto –que todavía hoy está en vigencia– por la cual una quinta parte de las cosechas corresponde al Faraón. Sólo las tierras de los sacerdotes no pasaron a ser propiedad del Faraón.

La última voluntad de Jacob

27 Los israelitas se establecieron en Egipto, en la región de Gosen, y allí adquirieron propiedades, tuvieron muchos hijos y llegaron a ser muy numerosos. 28 Jacob vivió diecisiete años en Egipto, y en total vivió ciento cuarenta y siete años. 29 Cuando estaba a punto de morir, llamó a su hijo José y le dijo: "Si realmente me tienes afecto, coloca tu mano debajo de mi muslo, como prueba de tu constante lealtad hacia mí, y no me entierres en Egipto. 30 Cuando vaya a descansar junto con mis padres, sácame de Egipto y entiérrame en su sepulcro". José respondió: "Haré lo que dices". 31 Pero su padre insistió: "Júramelo". Él se lo juró, e Israel se reclinó sobre la cabecera de su lecho.

La bendición de Efraím y Manasés

48 1 Después de estos acontecimientos, José recibió esta noticia: "Tu padre está enfermo". Entonces llevó a sus dos hijos, Manasés y Efraím, 2 y se hizo anunciar a su padre: "Tu hijo José ha venido a verte". Israel, haciendo un esfuerzo, se sentó en su lecho, 3 y dijo a José: "El Dios Todopoderoso se me apareció, en Luz, en la tierra de Canaán, y me bendijo, 4 diciendo: ‘Yo te haré fecundo y numeroso, haré nacer de ti una asamblea de pueblos, y daré esta tierra a tu descendencia después de ti, en posesión perpetua’. 5 Ahora bien, los dos hijos que tuviste en Egipto antes que yo viniera a reunirme contigo, serán mis hijos. Efraím y Manasés serán míos, como lo son Rubén y Simeón. 6 Los que nacieron después de ellos, en cambio, serán tuyos, y serán llamados con el nombre de sus hermanos para recibir su herencia. 7 Yo quiero que así sea, porque a mi regreso de Padán, mientras íbamos por la tierra de Canaán, a poca distancia de Efratá, se me murió tu madre Raquel, y yo la sepulté allí, junto al camino de Efratá, es decir, de Belén".

8 Al ver a los hijos de José, Israel preguntó: "Y estos, ¿quiénes son?". 9 "Son mis hijos, los que Dios me dio aquí", respondió José a su padre. Este añadió: "Acércamelos, para que yo los bendiga". 10 José los puso junto a Israel, que ya no veía, porque sus ojos se habían debilitado a causa de su edad avanzada, y él los besó y los abrazó. 11 Luego Israel dijo a José: "Yo pensaba que nunca más volvería a ver tu rostro, y ahora Dios me permite ver también tu descendencia". 12 José los retiró de las rodillas de Israel y se inclinó profundamente; 13 después los tomó a los dos, a Efraím con su mano derecha, para que estuviera a la izquierda de Israel, y a Manasés con su mano izquierda, para que estuviera a la derecha de Israel, y se los presentó. 14 Pero Israel, entrecruzando sus manos, puso la derecha sobre la cabeza de Efraím, que era el menor, y la izquierda sobre la cabeza de Manasés, aunque este era el primogénito, 15 y los bendijo, diciendo:

"El Dios en cuya presencia

caminaron mis padres, Abraham e Isaac,

el Dios que fue mi pastor,

desde mi nacimiento hasta el día de hoy,

16 el ángel que me rescató de todo mal,

bendiga a estos jóvenes,

para que en ellos sobreviva mi nombre

y el de mis padres, Abraham e Isaac,

y lleguen a ser una gran multitudsobre la tierra".

17 Cuando José advirtió que su padre tenía puesta la mano derecha sobre la cabeza de Efraím, no le pareció bien. Entonces tomó la mano de su padre para pasarla de la cabeza de Efraím a la de Manasés, 18 y dijo a su padre: "Así no, padre, porque el primogénito es el otro; coloca tu mano derecha sobre su cabeza". 19 Pero su padre se resistió con estas palabras: "Ya lo sé, hijo mío, ya lo sé. También de él nacerá un pueblo, y también él será grande. Pero su hermano menor lo aventajará, y de él descenderán naciones enteras". 20 Y aquel día pronunció sobre ellos esta bendición:

"Por ti Israel pronunciará esta bendición:

¡Que Dios te haga como Efraímy Manasés!".

Y puso a Efraím delante de Manasés.

21 Finalmente, Israel dijo a José: "Yo estoy a punto de morir, pero Dios estará con ustedes y los hará volver a la tierra de sus padres. 22 Yo, por mi parte, te doy una franja de tierra más que a tus hermanos, la que arrebaté a los amorreos con mi espada y con mi arco".

El testamento de Jacob

49 1 Jacob llamó a sus hijos y les habló en estos términos: "Reú-nanse, para que yo les anuncie lo que les va a suceder en el futuro:

2 Reúnanse y escuchen, hijos de Jacob,

oigan a Israel, su padre.

3 ¡Tú, Rubén, mi primogénito,

mi fuerza y el primer fruto de mi vigor,

el primero en dignidad,y el primero en poder!

4 Desbordado como las aguas,ya no tendrás la primacía,

porque subiste al lecho de tu padre,

y, al subir, lo profanaste.

5 Simeón y Leví son hermanos,

sus cuchillos son instrumentos de violencia.

6 Que yo no entre en sus reuniones,

ni me una a su asamblea,

porque en su ira mataron hombres

y mutilaron toros por capricho.

7 Maldita sea su ira tan violenta

y su furor tan feroz.

Yo los repartiré en el país de Jacob

y los dispersaré en Israel.

8 A ti, Judá, te alabarán tus hermanos,

tomarás a tus enemigos por la nuca

y los hijos de tu padre se postrarán ante ti.

9 Judá es un cachorro de león.

–¡Has vuelto de la matanza, hijo mío!–

Se recuesta, se tiende como un león,como una leona:

¿quién lo hará levantar?

10 El cetro no se apartará de Judá

ni el bastón de mando de entre sus piernas,

hasta que llegue aquel a quien le pertenece

y a quien los pueblos deben obediencia.

11 Él ata su asno a una vid,

su asno de pura raza a la cepamás escogida;

lava su ropa en el vino

y su manto en la sangre de las uvas.

12 Sus ojos están oscurecidos por el vino,

y sus dientes blanqueados por la leche.

13 Zabulón habitará en la ribera del mar,

que servirá de puerto a las naves,

y sus fronteras llegarán hasta Sidón.

14 Isacar en un asno vigoroso,

recostado entre sus alforjas.

15 Al ver que el lugar de reposo es bueno

y el país muy agradable,

doblega sus espaldas a la carga

y se somete a un trabajo servil.

16 Dan juzgará a su pueblo

como una de las tribus de Israel.

17 Él es una serpiente junto al camino,

una víbora junto al sendero,

que muerde los talones del caballo,

y así el jinete cae de espaldas.

18 ¡Señor, yo espero tu salvación!

19 Bandas de salteadores asaltarán a Gad,

pero él, a su vez, los asaltará por detrás.

20 Aser tendrá comidas deliciosas

y ofrecerá manjares de reyes.

21 Neftalí es una cierva suelta,

que da hermosos cervatillos.

22 José es un potro salvaje,

un potro salvaje junto a una fuente,

un asno salvaje sobre una ladera.

23 Los arqueros lo hostigaron,

le arrojaron flechas, lo acosaron.

24 Pero los arcos permanecieron rígidos

y se aflojaron los brazos de los arqueros

por el poder del Fuerte de Jacob,

por el nombre del Pastor, la Roca de Israel;

25 por el Dios de tu padre, que te socorre,

por el Dios Todopoderoso,que te da sus bendiciones:

bendiciones desde lo alto del cielo,

bendiciones del océano que se extiende por debajo,

bendiciones de los pechos y del seno materno,

26 bendiciones de las espigas y las flores,

bendiciones de las montañas seculares,

delicias de las colinas eternas.

¡Que desciendan sobre la cabeza de José,

sobre la frente del consagradoentre sus hermanos!

27 Benjamín es un lobo rapaz:

por la mañana devora la presa,

y a la tarde divide los despojos".

28 Todas estas eran las tribus de Israel –doce en total– y esto es lo que su padre dijo de ellas cuando las bendijo, dándole a cada una su bendición.

La muerte de Jacob

29 Luego les dio esta orden: "Yo estoy a punto de ir a reunirme con los míos. Entiérrenme junto con mis padres, en la caverna que está en el campo de Efrón, el hitita, 30 en el campo de Macpelá, frente a Mamré, en la tierra de Canaán, el campo que Abraham compró a Efrón, el hitita, para tenerlo como sepulcro familiar. 31 Allí fueron enterrados Abraham y Sara, su esposa; allí fueron enterrados Isaac y Rebeca, su esposa; y allí también sepulté a Lía. 32 Ese campo y la caverna que hay en él fueron comprados a los hititas".

33 Cuando Jacob terminó de dar esta orden a sus hijos, recogió sus pies en el lecho, expiró y fue a reunirse con los suyos.

Los funerales de Jacob

50 1 Entonces José se echó sobre el rostro de su padre, lo cubrió de lágrimas y lo besó. 2 Después dio a los médicos que estaban a su servicio la orden de embalsamar a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel. 3 Esto les llevó cuarenta días, porque ese es el tiempo que dura el embalsamamiento.

Los egipcios estuvieron de duelo por él durante setenta días. 4 Una vez transcurrido ese período, José se dirigió a la corte del Faraón en estos términos: "Por favor, presenten al Faraón el siguiente pedido: 5 En una oportunidad mi padre me dijo, obligándome bajo juramento: ‘Cuando yo muera, asegúrate de que me entierren en la tumba que me hice preparar en el país de Canaán’. ¿Puedo ir a sepultar a mi padre y luego regresar?". 6 El Faraón respondió: "Ve a sepultar a tu padre, como él te lo hizo prometer bajo juramento".

7 José partió entonces para ir a sepultar a su padre, y con él fueron todos los servidores del Faraón, los ancianos de su palacio y todos los ancianos de Egipto, 8 lo mismo que la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. En la región de Gosen dejaron únicamente a los niños y el ganado. 9 También fueron con él carros de guerra y jinetes, de manera que se formó un cortejo imponente.

10 Al llegar a Goren Haatad, que está al otro lado del Jordán, celebraron las exequias con gran solemnidad, y José estuvo de duelo por su padre durante siete días. 11 Los cananeos, habitantes del país, al ver los funerales de Goren Haatad, dijeron: "Este es un funeral solemne de los egipcios". Por eso aquel lugar, que se encuentra al otro lado del Jordán, se llamó Abel Misraim.

12 Los hijos de Jacob hicieron con él todo lo que les había mandado: 13 lo trasladaron a Canaán y lo sepultaron en el campo de Macpelá, frente a Mamré, el campo que Abraham había comprado a Efrón, el hitita, para tenerlo como sepulcro familiar. 14 Y después de sepultar a su padre, José regresó a Egipto en compañía de sus hermanos y de todos los que habían ido a dar sepultura a su padre.

El temor de los hermanos de José

15 Al ver que su padre había muerto, los hermanos de José se dijeron: "¿Y si José nos guarda rencor y nos devuelve todo el mal que le hicimos?". 16 Por eso le enviaron este mensaje: "Antes de morir, tu padre dejó esta orden: 17 ‘Díganle a José: Perdona el crimen y el pecado de tus hermanos, que te hicieron tanto mal. Por eso, perdona el crimen de los servidores del Dios de tu padre’". Al oír estas palabras, José se puso a llorar.

La promesa de José a sus hermanos

18 Luego sus hermanos fueron personalmente, se postraron ante él y le dijeron: "Aquí nos tienes: somos tus esclavos". 19 Pero José les respondió: "No tengan miedo. ¿Acaso yo puedo hacer las veces de Dios? 20 El designio de Dios ha transformado en bien el mal que ustedes pensaron hacerme, a fin de cumplir lo que hoy se realiza: salvar la vida a un pueblo numeroso. 21 Por eso, no teman. Yo velaré por ustedes y por las personas que están a su cargo". Y los reconfortó, hablándoles afectuosamente.

La muerte de José

22 José permaneció en Egipto junto con la familia de su padre, y vivió ciento diez años. 23 Así pudo ver a los hijos de Efraím hasta la tercera generación; y los hijos de Maquir, hijo de Manasés, también nacieron sobre las rodillas de José. 24 Finalmente, José dijo a sus hermanos: "Yo estoy a punto de morir, pero Dios los visitará y los llevará de este país a la tierra que prometió con un juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob". 25 Luego hizo prestar un juramento a los hijos de Israel, diciéndoles: "Cuando Dios los visite, lleven de aquí mis restos".

26 José murió a la edad de ciento diez años. Fue embalsamado y colocado en un sarcófago, en Egipto.  

Fin del Libro del Génesis

 

COMENTARIOS AL LIBRO DEL GENESIS

1 26-27. "Hagamos al hombre": el término "hombre" corresponde a la palabra hebrea "adám", que tiene un significado genérico y designa a toda la especie humana. Aquí no se habla de una pareja –"un" hombre y "una" mujer, como en los capítulos 2 y 3– sino de toda la especie humana: es la humanidad como tal la que ha sido creada a imagen de Dios. El plural "hagamos" indica una deliberación de Dios, que pone de relieve la importancia de la obra que él va a realizar.

2 7. El texto hebreo utiliza aquí dos expresiones semejantes "adám" y "adamá" –que significan respectivamente "hombre" y "suelo"– para poner de relieve la estrecha relación que existe entre el hombre y el medio donde habita.

8. El hombre es mortal por naturaleza y debe retornar al suelo de donde fue sacado (3. l9). Pero Dios, gratuitamente, lo introdujo en "el jardín de Edén", símbolo de la amistad divina, y le concedió el acceso al "árbol de la vida", símbolo de la inmortalidad (v. 9). El mandamiento impuesto por Dios muestra que la amistad con él y el don de la inmortalidad estaban condicionados por la respuesta libre del hombre.

9. "El árbol del conocimiento del bien y del mal": la realidad representada por este símbolo no puede ser simplemente el discernimiento moral –prerrogativa que Dios no niega al hombre– sino la facultad de decidir por sí mismo lo que es bueno y malo, independientemente de Dios. Al desobedecer el mandato divino, el hombre reivindica para sí una autonomía que no se conforma con su condición de criatura y usurpa un privilegio exclusivo de Dios.

18-22. La inferioridad social de la mujer era un hecho aceptado en la antigüedad. El relato bíblico, en cambio, muestra que este hecho no responde a la intención original del Creador, sino que es una imperfección introducida en el mundo por el pecado. La mujer ha sido formada "del" hombre; ella es la única ayuda adecuada a él; es "hueso de sus huesos y carne de su carne". Todas estas imágenes indican que el hombre y la mujer participan de un mismo destino y de una misma condición, y explican la íntima relación que los une y que se funda en el atractivo mutuo.

3 Si el mundo ha sido creado por Dios, y él solo puede querer el bien de sus criaturas, ¿cómo es que la tierra se ha convertido en un "valle de lágrimas"? El siguiente relato arroja un rayo de luz sobre esta inquietante pregunta. En él se explica que todas las penalidades y miserias que afligen a los hombres no corresponden al designio original de Dios. La situación actual de la humanidad es consecuencia del pecado de "Adán", nombre genérico que designa, a la vez, al primer hombre y a toda la humanidad representada en él. Al transgredir el mandamiento divino, el hombre se privó voluntariamente de los dones que Dios le ofrecía. Y como consecuencia de su pretensión de ser igual a Dios, lo único que experimentó fue su propia "desnudez", es decir, su indigencia absoluta.

Pero Dios no abandona a la humanidad pecadora. Por eso, a la "maldición" que pesa sobre la tierra a causa del pecado, el Génesis opone la "bendición", que alcanzará finalmente a todos los hombres, por medio de Abraham y de su descendencia (12. 1-4). Esta descendencia es Cristo, el nuevo Adán, gracias a quien, allí "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rom. 5. 20).

1. EI culto de la "serpiente" estaba extendido por todo el Oriente antiguo. Por su forma y su comportamiento singulares, este animal tenía un simbolismo polivalente: se lo asociaba tanto a las fuerzas de la vida y la fecundidad, como a las representaciones del caos y de la muerte, del misterio y de la ciencia oculta. El texto bíblico describe a la serpiente como un ser hostil a Dios, a quien acusa de mentira y envidia (vs. 4-5), y hostil también al hombre, a quien seduce deliberadamente e induce a transgredir el mandato divino. Además, pone de relieve la "astucia" de la serpiente, y la presenta como conocedora de la propiedad misteriosa escondida en el fruto del árbol. Estos indicios hacen suponer que el autor del relato tiene en vista ciertas formas de adivinación y de magia practicadas en Canaán, y asociadas con la serpiente, símbolo de la sabiduría y de los poderes ocultos. Al condenar a la serpiente, se condena la religión cananea, que pretendía conseguir con esas prácticas una sabiduría sobrehumana. La reflexión posterior identificará a la serpiente con el "demonio" (Sab. 2.24; Jn. 8.44) y con Satanás (Apoc. 12.9;20. 2).

15. La enemistad puesta por Dios entre los dos culpables –la mujer y la serpiente seductora– proseguirá entre la descendencia de una y otra. El linaje de la mujer es toda la especie humana en lucha contra los poderes del mal, que intentarán precipitarla en la ruina. El texto deja entrever una victoria final del hombre, que aplastará la cabeza de la serpiente. Por eso la tradición cristiana ha dado a este texto el nombre de "Protoevangelio", o sea, primer anuncio de la salvación.

20. El nombre "Eva", en hebreo, tiene cierta semejanza con el verbo que significa "vivir".

4 El episodio relatado en los vs. 1-16 supone una civilización ya evolucionada: la vida pastoril se opone a la agricultura (v. 2); ya se ofrecen sacrificios a Dios (vs. 3-4); existen otros hombres que pueden matar a Caín (v. 14) y los miembros de su propia tribu podrán vengarlo (v. 15). Estos indicios muestran que el episodio de Caín y Abel no debe ser interpretado como un hecho "histórico", que tuvo por actores a los hijos del primer hombre, sino como un "ejemplo arquetípico", que pone de manifiesto los efectos de la desobediencia narrada en el capítulo anterior: después del pecado del hombre contra Dios, se desencadena la lucha del hombre contra el hombre, y a causa de este primer crimen la muerte hace su entrada violenta en el mundo. El crimen de Caín no escapa a la justicia divina (vs. 9-12), pero Dios le dirige una advertencia antes de su falta, y la pena es atemperada por la misericordia: la marca que recibe Caín es una señal que lo protege.

23-24. Este canto, denominado habitualmente "canto de la espada", ha sido compuesto para gloria de Lamec, un héroe del desierto. Su presencia en este lugar atestigua la ferocidad siempre en aumento de los descendientes de Caín y muestra como el pecado va extendiendo su dominación sobre el mundo. El número "setenta y siete" indica que la venganza es ilimitada. En contraposición con esta actitud, la ley del talión (Éx. 21.23-25; Lev. 24. 19-20; Deut. 19. 21), al imponer un castigo igual a la ofensa, reduce la venganza a sus justos límites. El Apóstol Pedro, en cambio, recibirá de Jesús la orden de perdonar "setenta veces siete" (Mt. 18. 22).

25. "Adán", nombre propio del primer hombre, corresponde al hebreo "Adám", que significa "hombre". Ver notas 1. 26-27; 2. 7.

26. "El Señor": siguiendo una costumbre judía, algunas versiones antiguas y modernas de la Biblia sustituyen con esta expresión el nombre del Dios de Israel, que en el texto hebreo aparece solamente con sus cuatro consonantes: YHWH. Hacia el siglo IV a.C., los judíos dejaron de pronunciar ese nombre y lo sustituyeron por Adonai, "el Señor". De allí que sea difícil saber cómo se lo pronunciaba realmente aunque varios indicios sugieren que la pronunciación correcta es Yahvé. Según las tradiciones "elohísta" (Éx. 3. 13-15) y "sacerdotal" (Éx. 6. 2-3), este nombre divino fue revelado por primera vez a Moisés. En cambio, para la tradición "yahvista" –a la que pertenece este versículo– ya era conocido e invocado desde los orígenes de la humanidad. Esto último indicaría que el nombre Yahvé tiene un origen preisraelita.

5 Esta lista genealógica atribuye una longevidad extraordinaria a los primeros patriarcas, según la antigua creencia de que la duración de la vida humana había disminuido en el transcurso de las edades. Esta disminución estaba relacionada con el progreso del mal, porque una vida larga es una bendición de Dios (Prov. 10. 27). El patriarca Henoc (v. 22) presenta un caso particular: de él se dice que vivió menos tiempo, pero sus años forman una cifra perfecta –365– que son los días del año solar. La mención de su muerte es reemplazada por la de su misteriosa desaparición. Ver Heb. 11. 5.

6 1-4. EI relato bíblico retoma una leyenda popular, que habla de unos seres sobrehumanos llamados "gigantes". Antiguamente se creía que esos gigantes habían existido alguna vez sobre la tierra, y su origen se explicaba por la unión de seres celestiales (los "hijos de Dios") con mujeres terrenas (las "hijas de los hombres"). Sin pronunciarse sobre la realidad histórica de este relato mitológico, el autor inspirado se vale de él para ilustrar –como podría hacerlo una parábola– la corrupción creciente de la humanidad. Esta intención aparece de manera explícita en los versículos siguientes (5-6), que expresan el pesar de Dios por la incontenible expansión del pecado en el mundo.

17. El relato del "Diluvio" combina dos tradiciones paralelas, originariamente independientes: una "sacerdotal", y otra "yahvista". Al combinar las dos tradiciones el redactor definitivo respetó esos testimonios recibidos del pasado, sin tratar de eliminar algunas incongruencias en los detalles. Según la tradición "yahvista", por ejemplo, Noé introduce en el arca siete parejas de animales puros y una de impuros; la tradición "sacerdotal", en cambio, menciona una pareja de cada especie. Hay varias narraciones babilónicas del diluvio que presentan sorprendentes analogías con el relato bíblico.

En ellas se conserva el recuerdo de una gran inundación acontecida en la región del Tigris y del Éufrates, que la imaginación popular elevó a las proporciones de un cataclismo universal. A pesar de esas semejanzas, el texto bíblico aparece despojado de todo rasgo politeístico y cargado de un hondo contenido moral: el "Diluvio" simboliza el juicio de Dios sobre el mundo pecador y la salvación concedida a los justos, representados por Noé. Según el Nuevo Testamento, Noé y su familia son una figura de los salvados a través de las aguas del Bautismo (1 Ped. 3. 20-21).

9 4-5. Según la concepción de los antiguos hebreos, "la vida de toda carne es su sangre" (Lev. 17. 11, 14; Deut. 12. 23). En esta concepción se funda la importancia primordial de la sangre en el ritual de los sacrificios y en la realización de las alianzas (Éx. 24. 8). Como la vida pertenece exclusivamente a Dios, al hombre le está prohibido comer la sangre y Dios mismo vengará todo derramamiento de sangre humana.

18-27. Los tres hijos de Noé representan en este relato "yahvista" a las tres grandes familias en que los antiguos hebreos dividían el mundo habitado. El punto esencial del relato es la bendición de Sem y la maldición de Canaán. El primero es el antepasado de Israel; el segundo personifica a los habitantes de Palestina, que fueron despojados y subyugados por los israelitas. La maldición alcanza a una cultura, cuya religión era para los israelitas sinónimo de corrupción e inmoralidad.

10 Aunque tiene la forma de una lista genealógica, este capítulo no se ocupa de individuos sino de pueblos agrupados por afinidades históricas y geográficas. Los descendientes de Jafet pueblan el Asia Menor y las islas del Mediterráneo. Los descendientes de Cam se encuentran en las regiones meridionales: Arabia, Etiopía y Egipto. Canaán es asociado a estos últimos, en recuerdo de la dominación egipcia sobre la región de ese mismo nombre. Los antepasados de los hebreos son mencionados entre los descendientes de Sem, junto con los elamitas, los asirios y los arameos. La lista afirma la unidad del género humano, dividida en grupos nacionales a partir de un tronco común. El cuadro se completa en 11. 10-32, con la genealogía de Abraham: al situar al patriarca en este vasto contexto histórico y geográfico, se indica que el pueblo nacido de él está llamado a realizar un designio que abarca a todas las naciones de la tierra.

11 4. "Para perpetuar nuestro nombre": esta es una expresión del orgullo humano, que pretende darse a sí mismo el honor y la gloria que corresponden al nombre de Dios (Sal. 115. 1). En contraposición con el capítulo anterior, la "parábola" de la torre de Babel presenta la variedad de las lenguas y la dispersión de los pueblos con una visión pesimista; ellas son el castigo divino a la pretensión de eregir una civilización fundada en la autoexaltación del hombre y en el olvido de Dios. El milagro de las lenguas en Pentecostés (Hech. 2. 5-12) es el reverso de la confusión provocada en Babel.

12 6. La "encina de Moré" era un árbol sagrado que estaba en las cercanías de Siquém.

11-20. Esta anécdota se vuelve a repetir, con ligeras variantes de circunstancias y de personas, en 20. 1-14 y en 26. 6-11.

14 Esta narración presenta algunas características que le asignan un lugar aparte dentro del Pentateuco y tal vez de toda la Biblia. El relato carece del tono familiar propio de las otras tradiciones patriarcales; su estilo es impersonal, y Abraham –que es llamado "el hebreo"– protagoniza un episodio de proyecciones internacionales.

17-20. Según la costumbre de Canaán, el rey era también el responsable supremo del culto. Por eso Melquisedec era al mismo tiempo "rey de Salém" (Jerusalén) y "sacerdote de Dios, el Altísimo", una divinidad venerada en Canaán. Melquisedec honró a Abraham con un banquete (v. 18), y esta comida en común parece haber sellado una alianza. La indicación de 2 Sam. 18. 18 permite ubicar el "valle del Rey" en las proximidades de Jerusalén. El Nuevo Testamento presentará a Melquisedec como figura de Cristo, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza (Heb. 7).

15 9-10. Aquí se describen los preparativos para un rito imprecatorio muy antiguo, cuyo significado se aclara en Jer. 34. 18; cuando se pronunciaba un juramento solemne, la persona pasaba entre los animales partidos por la mitad, y reclamaba para sí la misma suerte de esas víctimas si faltaba a su palabra. Así el Señor ratifica con un juramento la promesa hecha a Abraham, de darle una descendencia numerosa (vs. 1-6) y la tierra de Canaán (vs. 7-18).

18. "Desde el Torrente de Egipto hasta el Gran Río": estos son los límites ideales de la Tierra prometida (Jos. 1. 4), que de hecho, nunca fueron ocupados totalmente por los israelitas.

16 2. Según las costumbres de la época, una mujer estéril podía dar una sirvienta a su esposo y reconocer como propios a los hijos nacidos de esa unión. Lo mismo que hace Sara lo harán más tarde Raquel (30. 1-6) y Lía (30. 9-13), las esposas de Jacob.

7. En los textos bíblicos más antiguos, el "Ángel del Señor" (22. 11; Éx. 3. 2) o el "Ángel de Dios" (21. 17; 31. 11; Éx. 14. 19) no es un ángel creado, distinto de Dios, sino Dios mismo que se manifiesta a los hombres de manera visible. El v. 13 señala explícitamente esta identificación.

17 Según este relato "sacerdotal", la alianza sella las promesas de Dios a Abraham (v. 8), pero esta vez la iniciativa divina exige una respuesta humana. Además de la fidelidad a Dios y de la perfección moral, se impone a Abraham una prescripción de carácter positivo: la circuncisión (vs. 9-14).

1. "Dios Todopoderoso", en hebreo "EI Saddai": este es un antiguo nombre de Dios, frecuente en los relatos "sacerdotales" de la historia patriarcal (28. 3; 35. 11; 43. 14; 48. 3; 49. 25; Éx. 6. 3), que los israelitas tomaron probablemente de la tradición de los pueblos semitas. La traducción "Dios Todopoderoso" se apoya en algunas versiones antiguas. Entre los autores modernos, algunos piensan que su sentido probable es "Dios de las montañas".

5. El "nombre", en la mentalidad antigua, no era una simple designación exterior, sino que determinaba de alguna manera la naturaleza íntima del ser o la persona que lo llevaba (2. 20). Un cambio de nombre implica, por eso mismo, un cambio de función o de destino.

10-14. La circuncisión o corte del prepucio es una práctica muy antigua, realizada generalmente como rito de iniciación a la pubertad o al matrimonio. En el Antiguo Oriente, era observada por varios pueblos vecinos de Israel, entre ellos los egipcios, los edomitas, los amonitas, los moabitas y algunos otros pueblos nómadas (Jer. 9. 25). Los filisteos y los habitantes preisraelitas de Canaán la ignoraban. En Israel, se practicó como rito de incorporación al Pueblo de Dios, y debía llevarse como una señal de adhesión a la alianza (v. 13).

18 En este relato, Abraham aparece como el "amigo de Dios", que conversa familiarmente con él y lo recibe como huésped. Con ocasión de su visita, Dios renueva su promesa (v. 10), lo cual provoca la risa de Sara (v. 12), como antes había provocado la de Abraham ( 17. 17). Esta risa explica el nombre de Isaac, cuyo significado es: "que (Dios) sonría", "que se muestre favorable".

19 Este antiguo texto recuerda un cataclismo ocurrido en la región meridional del Mar Muerto, que provocó la destrucción de Sodoma, Gomorra y otras ciudades vecinas (10. 19; 14. 2). La destrucción de estas ciudades quedó como modelo arquetípico del juicio de Dios sobre el pecado (Deut. 29. 22; Is. 1. 9; Jer. 49. 18; Am. 4. 11).

26. El folklore israelita explica con esta leyenda la forma de una roca o de una formación salina, situada al sudoeste del Mar Muerto.

30-38. Este relato utiliza probablemente una tradición de los moabitas y amonitas, que en su forma original no constituía un vituperio sino un motivo de orgullo: ellos podían gloriarse de un origen, que mostraba la heroica decisión de sus madres y aseguraba la pureza de su raza. En efecto, convencidas de que su padre y ellas eran los únicos sobrevivientes, y llevadas por el deseo de ser madres y de perpetuar la raza, las hijas de Lot emplean el único recurso disponible. Y de hecho, no se avergüenzan del origen de sus hijos, sino que lo dejan consignado en sus nombres: mediante una etimología popular, los nombres de Moab y Ben Amí (Amón) se explican respectivamente como "salido del padre" e "hijo de mi pariente". Como la legislación israelita condena severamente las relaciones incestuosas (Lev. 18), este motivo de gloria se convierte en una burla mordaz contra los dos pueblos enemigos.

22 Dios pone a prueba una vez más la fe de Abraham, al exigirle el sacrificio de su hijo Isaac. El episodio narrado parece haber sido originariamente el relato de fundación de un santuario israelita. Según una tradición posterior, Moria es la colina donde fue erigido el Templo de Jerusalén (2 Crón. 3. 1 ). Además, el texto implica la condenación de los sacrificios de niños que eran comunes entre los pueblos vecinos a Israel (Deut. 12. 31), y que incluso los israelitas practicaron ocasionalmente (2 Rey. 3. 27; 16. 3; 21. 6; 23. 10). Los textos legislativos y proféticos ratifican esta condena. Ver nota Jc. 11. 30-31.

23 Mediante la adquisición de un sepulcro familiar, Abraham obtiene un título de propiedad y un derecho de ciudadanía en Canaán. Junto con el nacimiento de Isaac, este es el primer paso hacia el cumplimiento de la promesa ( 12. 7; 13. 15; 15. 7).

24 2. "Coloca tu mano debajo de mi muslo": este es un gesto simbólico que confiere mayor solemnidad al juramento. El contacto con las partes genitales parece implicar la amenaza de esterilidad o la pérdida de la descendencia, si se quebrantaba el juramento.

25 23. La lucha de los niños en el seno materno explica la hostilidad de dos pueblos hermanos: los edomitas, descendientes de Esaú, y los israelitas, descendientes de Jacob. Los edomitas fueron sometidos por David (2 Sam. 8.13-14) y sólo varios siglos después pudieron liberarse definitivamente (2 Rey. 8.20-22).

26. Esta es una explicación popular, que asocia el nombre de Jacob a la palabra hebrea que significa "talón".

30. "Comida rojiza": el texto hebreo encierra un juego de palabras entre "Adóm", que significa rojo, y Esaú, padre de Edóm.

34. Según la legislación israelita –que en este punto coincide con otros antiguos códigos orientales– el primogénito tenía derecho a una doble parte de la herencia paterna (Deut. 21. 15-17).

28 1-3. Según el relato precedente, Jacob huye a Mesopotamia para librarse de la venganza de Esaú. Este texto "sacerdotal", en cambio, ignora por completo el episodio anterior, y explica la partida como la orden que dio Isaac a su hijo de buscar una esposa de su propia familia. En la queja de Rebeca (27. 46) y en la actitud de Esaú (vs. 6-9) se puede entrever una preocupación característica del período postexílico: el repudio de los matrimonios con mujeres paganas, fundado principalmente en motivos religiosos. Ver Esd. 9; Neh. 13. 23-27.

29 25. La esposa iba cubierta con un velo durante toda la ceremonia nupcial, que concluía cuando ya era de noche: de allí la posibilidad del engaño.

32. La rivalidad de Lía y Raquel sirve para explicar los nombres de los hijos de Jacob. El significado de estas etimologías populares es a veces oscuro.

30 3. "Que dé a luz sobre mis rodillas": este es un expresivo gesto de adopción. Al recibir sobre sus rodillas al hijo de su esclava, la esposa estéril lo tomaba como suyo y luego le ponía un nombre (v. 6). Ver nota 16. 2.

14. La "mandrágora" era una planta que según las creencias antiguas poseía virtudes afrodisíacas y favorecía la fecundidad. El término hebreo que la designa tiene la misma raíz que la palabra "amor". La creencia se funda en la forma del tubérculo de esa planta, que parece un tronco humano.

25-43. De esta manera, el folklore israelita describe el honrado desquite de Jacob sobre el astuto y codicioso Labán. Jacob exige como única paga las ovejas negras y las cabras moteadas, porque estos animales son raros (v. 32). Pero después se vale de un recurso "mágico" para multiplicarlas, y así acrecentar sus riquezas (vs. 37-43). A través de este relato popular, se manifiesta la acción de Dios que protege y bendice a Jacob.

31 19. Los "ídolos familiares" eran pequeñas estatuas, a veces con figura humana, que se usaban para la adivinación. Labán los llama sus "dioses" (v. 30). Según el uso mesopotámico, estos ídolos domésticos pasaban al heredero principal, y su posesión era un título hereditario. De allí el empeño de Labán por recuperarlos.

39. El pastor quedaba libre de toda deuda si presentaba los restos del animal devorado por las fieras (Éx. 22. 12).

42. "EI Terror de Isaac": este es otro de los nombres con que se designa a Dios en la historia de los Patriarcas. Ver nota 17. 1.

32 25-33. Este extraño relato explica el origen del nombre "Israel", cuyo significado real parece ser "que Dios prevalezca", pero que aquí se pone en relación con la fortaleza de Jacob en su lucha cuerpo a cuerpo con Dios. El autor "yahvista" ha construido su relato sobre la base de un antiguo cuento popular y, al aplicarlo al antepasado de Israel, le da un contenido nuevo: Jacob es puesto a prueba, pero lucha con Dios hasta arrancarle una bendición (v. 27). Esa bendición es el cambio de nombre (vs. 28-29) y, gracias a ella, Dios tendrá que conceder su favor a todos los que en adelante lleven el nombre de "Israel". Ver nota 17. 5.

34 Esta narración presenta un cuadro muy vivido de las relaciones entre los primeros israelitas y sus vecinos cananeos. El rapto y la violación (v. 2), la propuesta de matrimonio y los intentos de negociación (vs. 6-19), el saqueo de la ciudad y la matanza (vs. 25-29), muestran el carácter inestable de esas relaciones. Los hijos de Jacob –que el relato describe como pastores seminómadas– se avenían a veces a un acuerdo para obtener ventajas; otras, en cambio, hacían incursiones contra los habitantes de la ciudad y se entregaban al pillaje.

35 1-2. El viaje de Jacob a Betel tiene todas las características de una peregrinación al lugar donde Dios se le había aparecido (28. 10-22). De allí las purificaciones rituales y el cambio de ropa, acciones simbólicas mediante las cuales el peregrino se presentaba renovado delante de Dios.

4. Estos aros se usaban como amuletos en las fiestas religiosas paganas. Ver Os. 2. 15.

37 5. "José tuvo un sueño": los sueños desempeñan un papel muy importante en toda la historia de José. Estos sueños no son revelaciones en las que Dios habla directamente –como en los casos de Abimélec (20.3), de Jacob (28. 12-15;31. 11-13) y de Labán (31. 24)– sino premoniciones o presagios, y Dios concede a José la sabiduría necesaria para interpretarlos.

17. "Dotán" era una ciudad situada en la llanura de lzreel, a un día de camino al norte de Siquém.

25-36. La incongruencia de esta narración se debe a la yuxtaposición de dos tradiciones diversas: una "elohista" y otra "yahvista". Según la primera, Rubén consigue que José sea arrojado a una cisterna, y unos negociantes madianitas pasan sin ser vistos, lo sacan de allí y lo llevan a Egipto. Según la otra tradición, Judá propone a sus hermanos que lo vendan a una caravana de ismaelitas que van de paso hacia Egipto.

38 8-10. "Para cumplir con tus deberes de cuñado": Judá se refiere a la "ley del levirato", que prescribía el matrimonio con la viuda del propio hermano, si este moría sin tener hijos. Así se evitaba que el nombre del difunto desapareciera de su pueblo –ya que los hijos del segundo matrimonio pertenecían legalmente al hermano fallecido– y también se impedía que el patrimonio saliera de la familia. Ver Deut. 25. 5-10.

14. Tamar "se cubrió con un velo", como lo hacían las prostitutas en Canaán. Su conducta enfrentaba las reglas de la moral vigente y ponía en peligro su vida. Pero como estaba motivada por un deber de fidelidad hacia su esposo, terminó mereciendo el elogio de su suegro (v. 26).

44 5. "La copa con la que consulta los presagios": la adivinación por medio de líquidos es una práctica bien atestiguada en el Antiguo Oriente, especialmente en Babilonia. El sonido o los movimientos del agua al caer en la copa, o la figura que formaban las gotas de aceite derramadas sobre el agua, eran interpretadas como signos o presagios. De allí que la importancia del recipiente que llevaban los hermanos de José, fuera mayor que su valor material.

46 34. "Los egipcios sienten abominación por todos los pastores": esta aclaración –que fue añadida al relato original– evoca el odio de los egipcios hacia un grupo de invasores denominados Hicsos, nombre que significa "pastores".

49 El "testamento de Jacob" incluye un conjunto de oráculos con características diversas: algunos aluden a hechos pasados (vs. 4, 6); otros son predicciones del futuro; pero en general, describen la situación de las tribus israelitas ya establecidas en Canaán. La preeminencia asignada a Judá y las bendiciones concedidas a la casa de José (Efraím y Manasés), reflejan una época en que esas tribus desempeñaban un papel destacado en la vida nacional. Esto indica que el poema, en su forma definitiva, no es anterior al reino de David, aunque contiene elementos mucho más antiguos. El carácter arcaico del texto, sumado a su estilo poético, hace que su interpretación resulte extremadamente difícil.

10. "Hasta que llegue aquel a quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia": esta es la traducción probable de una frase enigmática, interpretada generalmente en sentido mesiánico. Judá es la tribu del rey David. La dinastía davídica ejercerá la realeza -simbolizada en el "cetro" y el "bastón de mando"- hasta que llegue un rey ideal, que extenderá su dominio sobre los pueblos. Estos le prestarán obediencia, y entonces habrá una paz y una abundancia sin precedentes. Según una antigua interpretación judía, revalorizada por algunos exégetas modernos, el texto debería traducirse: "hasta que le sea presentado el tributo y los pueblos le rindan homenaje".  

 

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