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Libro del Génesis Comentarios COMENTARIOS AL LIBRO DEL GENESIS 1 26-27. "Hagamos al hombre": el término
"hombre" corresponde a la palabra hebrea "adám",
que tiene un significado genérico y designa a toda la especie humana.
Aquí no se habla de una pareja –"un" hombre y
"una" mujer, como en los capítulos 2 y 3– sino de toda la
especie humana: es la humanidad como tal la que ha sido creada a
imagen de Dios. El plural "hagamos" indica una deliberación
de Dios, que pone de relieve la importancia de la obra que él va a
realizar. 2 7. El texto hebreo utiliza aquí dos
expresiones semejantes "adám" y "adamá" –que
significan respectivamente "hombre" y "suelo"–
para poner de relieve la estrecha relación que existe entre el hombre
y el medio donde habita. 8. El hombre es mortal por naturaleza
y debe retornar al suelo de donde fue sacado (3. l9). Pero Dios,
gratuitamente, lo introdujo en "el jardín de Edén", símbolo
de la amistad divina, y le concedió el acceso al "árbol de la
vida", símbolo de la inmortalidad (v. 9). El mandamiento
impuesto por Dios muestra que la amistad con él y el don de la
inmortalidad estaban condicionados por la respuesta libre del hombre. 9. "El árbol del conocimiento
del bien y del mal": la realidad representada por este símbolo
no puede ser simplemente el discernimiento moral –prerrogativa que
Dios no niega al hombre– sino la facultad de decidir por sí mismo
lo que es bueno y malo, independientemente de Dios. Al desobedecer el
mandato divino, el hombre reivindica para sí una autonomía que no se
conforma con su condición de criatura y usurpa un privilegio
exclusivo de Dios. 18-22. La inferioridad social de la mujer
era un hecho aceptado en la antigüedad. El relato bíblico, en
cambio, muestra que este hecho no responde a la intención original
del Creador, sino que es una imperfección introducida en el mundo por
el pecado. La mujer ha sido formada "del" hombre; ella es la
única ayuda adecuada a él; es "hueso de sus huesos y carne de
su carne". Todas estas imágenes indican que el hombre y la mujer
participan de un mismo destino y de una misma condición, y explican
la íntima relación que los une y que se funda en el atractivo mutuo. 3 Si el mundo ha sido creado por Dios, y él solo puede
querer el bien de sus criaturas, ¿cómo es que la tierra se ha
convertido en un "valle de lágrimas"? El siguiente relato
arroja un rayo de luz sobre esta inquietante pregunta. En él se
explica que todas las penalidades y miserias que afligen a los hombres
no corresponden al designio original de Dios. La situación actual de
la humanidad es consecuencia del pecado de "Adán", nombre
genérico que designa, a la vez, al primer hombre y a toda la
humanidad representada en él. Al transgredir el mandamiento divino,
el hombre se privó voluntariamente de los dones que Dios le ofrecía.
Y como consecuencia de su pretensión de ser igual a Dios, lo único
que experimentó fue su propia "desnudez", es decir, su
indigencia absoluta. Pero Dios no abandona a la humanidad pecadora. Por
eso, a la "maldición" que pesa sobre la tierra a causa del
pecado, el Génesis opone la "bendición", que alcanzará
finalmente a todos los hombres, por medio de Abraham y de su
descendencia (12. 1-4). Esta descendencia es Cristo, el nuevo Adán,
gracias a quien, allí "donde abundó el pecado, sobreabundó la
gracia" (Rom. 5. 20). 1. EI culto de la
"serpiente" estaba extendido por todo el Oriente antiguo.
Por su forma y su comportamiento singulares, este animal tenía un
simbolismo polivalente: se lo asociaba tanto a las fuerzas de la vida
y la fecundidad, como a las representaciones del caos y de la muerte,
del misterio y de la ciencia oculta. El texto bíblico describe a la
serpiente como un ser hostil a Dios, a quien acusa de mentira y
envidia (vs. 4-5), y hostil también al hombre, a quien seduce
deliberadamente e induce a transgredir el mandato divino. Además,
pone de relieve la "astucia" de la serpiente, y la presenta
como conocedora de la propiedad misteriosa escondida en el fruto del
árbol. Estos indicios hacen suponer que el autor del relato tiene en
vista ciertas formas de adivinación y de magia practicadas en Canaán,
y asociadas con la serpiente, símbolo de la sabiduría y de los
poderes ocultos. Al condenar a la serpiente, se condena la religión
cananea, que pretendía conseguir con esas prácticas una sabiduría
sobrehumana. La reflexión posterior identificará a la serpiente con
el "demonio" (Sab. 2.24; Jn. 8.44) y con Satanás (Apoc.
12.9;20. 2). 15. La enemistad puesta por Dios entre
los dos culpables –la mujer y la serpiente seductora– proseguirá
entre la descendencia de una y otra. El linaje de la mujer es toda la
especie humana en lucha contra los poderes del mal, que intentarán
precipitarla en la ruina. El texto deja entrever una victoria final
del hombre, que aplastará la cabeza de la serpiente. Por eso la
tradición cristiana ha dado a este texto el nombre de
"Protoevangelio", o sea, primer anuncio de la salvación. 20. El nombre "Eva", en
hebreo, tiene cierta semejanza con el verbo que significa
"vivir". 4 El episodio relatado en los vs. 1-16 supone una
civilización ya evolucionada: la vida pastoril se opone a la
agricultura (v. 2); ya se ofrecen sacrificios a Dios (vs. 3-4);
existen otros hombres que pueden matar a Caín (v. 14) y los miembros
de su propia tribu podrán vengarlo (v. 15). Estos indicios muestran
que el episodio de Caín y Abel no debe ser interpretado como un hecho
"histórico", que tuvo por actores a los hijos del primer
hombre, sino como un "ejemplo arquetípico", que pone de
manifiesto los efectos de la desobediencia narrada en el capítulo
anterior: después del pecado del hombre contra Dios, se desencadena
la lucha del hombre contra el hombre, y a causa de este primer crimen
la muerte hace su entrada violenta en el mundo. El crimen de Caín no
escapa a la justicia divina (vs. 9-12), pero Dios le dirige una
advertencia antes de su falta, y la pena es atemperada por la
misericordia: la marca que recibe Caín es una señal que lo protege. 23-24. Este canto, denominado
habitualmente "canto de la espada", ha sido compuesto para
gloria de Lamec, un héroe del desierto. Su presencia en este lugar
atestigua la ferocidad siempre en aumento de los descendientes de Caín
y muestra como el pecado va extendiendo su dominación sobre el mundo.
El número "setenta y siete" indica que la venganza es
ilimitada. En contraposición con esta actitud, la ley del talión (Éx.
21.23-25; Lev. 24. 19-20; Deut. 19. 21), al imponer un castigo igual a
la ofensa, reduce la venganza a sus justos límites. El Apóstol
Pedro, en cambio, recibirá de Jesús la orden de perdonar
"setenta veces siete" (Mt. 18. 22). 25. "Adán", nombre propio
del primer hombre, corresponde al hebreo "Adám", que
significa "hombre". Ver notas 1. 26-27; 2. 7. 26. "El Señor": siguiendo
una costumbre judía, algunas versiones antiguas y modernas de 5 Esta lista genealógica atribuye una longevidad
extraordinaria a los primeros patriarcas, según la antigua creencia
de que la duración de la vida humana había disminuido en el
transcurso de las edades. Esta disminución estaba relacionada con el
progreso del mal, porque una vida larga es una bendición de Dios
(Prov. 10. 27). El patriarca Henoc (v. 22) presenta un caso
particular: de él se dice que vivió menos tiempo, pero sus años
forman una cifra perfecta –365– que son los días del año solar.
La mención de su muerte es reemplazada por la de su misteriosa
desaparición. Ver Heb. 11. 5. 6 1-4. EI relato bíblico retoma una leyenda
popular, que habla de unos seres sobrehumanos llamados
"gigantes". Antiguamente se creía que esos gigantes habían
existido alguna vez sobre la tierra, y su origen se explicaba por la
unión de seres celestiales (los "hijos de Dios") con
mujeres terrenas (las "hijas de los hombres"). Sin
pronunciarse sobre la realidad histórica de este relato mitológico,
el autor inspirado se vale de él para ilustrar –como podría
hacerlo una parábola– la corrupción creciente de la humanidad.
Esta intención aparece de manera explícita en los versículos
siguientes (5-6), que expresan el pesar de Dios por la incontenible
expansión del pecado en el mundo. 17. El relato del "Diluvio"
combina dos tradiciones paralelas, originariamente independientes: una
"sacerdotal", y otra "yahvista". Al combinar las
dos tradiciones el redactor definitivo respetó esos testimonios
recibidos del pasado, sin tratar de eliminar algunas incongruencias en
los detalles. Según la tradición "yahvista", por ejemplo,
Noé introduce en el arca siete parejas de animales puros y una de
impuros; la tradición "sacerdotal", en cambio, menciona una
pareja de cada especie. Hay varias narraciones babilónicas del
diluvio que presentan sorprendentes analogías con el relato bíblico.
En ellas se conserva el recuerdo de una gran inundación
acontecida en la región del Tigris y del Éufrates, que la imaginación
popular elevó a las proporciones de un cataclismo universal. A pesar
de esas semejanzas, el texto bíblico aparece despojado de todo rasgo
politeístico y cargado de un hondo contenido moral: el
"Diluvio" simboliza el juicio de Dios sobre el mundo pecador
y la salvación concedida a los justos, representados por Noé. Según
el Nuevo Testamento, Noé y su familia son una figura de los salvados
a través de las aguas del Bautismo (1 Ped. 3. 20-21). 9 4-5. Según la concepción de los antiguos
hebreos, "la vida de toda carne es su sangre" (Lev. 17. 11,
14; Deut. 12. 23). En esta concepción se funda la importancia
primordial de la sangre en el ritual de los sacrificios y en la
realización de las alianzas (Éx. 24. 8). Como la vida pertenece
exclusivamente a Dios, al hombre le está prohibido comer la sangre y
Dios mismo vengará todo derramamiento de sangre humana. 18-27. Los tres hijos de Noé representan
en este relato "yahvista" a las tres grandes familias en que
los antiguos hebreos dividían el mundo habitado. El punto esencial
del relato es la bendición de Sem y la maldición de Canaán. El
primero es el antepasado de Israel; el segundo personifica a los
habitantes de Palestina, que fueron despojados y subyugados por los
israelitas. La maldición alcanza a una cultura, cuya religión era
para los israelitas sinónimo de corrupción e inmoralidad. 10 Aunque tiene la forma de una lista
genealógica, este capítulo no se ocupa de individuos sino de pueblos
agrupados por afinidades históricas y geográficas. Los descendientes
de Jafet pueblan el Asia Menor y las islas del Mediterráneo. Los
descendientes de Cam se encuentran en las regiones meridionales:
Arabia, Etiopía y Egipto. Canaán es asociado a estos últimos, en
recuerdo de la dominación egipcia sobre la región de ese mismo
nombre. Los antepasados de los hebreos son mencionados entre los
descendientes de Sem, junto con los elamitas, los asirios y los
arameos. La lista afirma la unidad del género humano, dividida en
grupos nacionales a partir de un tronco común. El cuadro se completa
en 11. 10-32, con la genealogía de Abraham: al situar al patriarca en
este vasto contexto histórico y geográfico, se indica que el pueblo
nacido de él está llamado a realizar un designio que abarca a todas
las naciones de la tierra. 11 4. "Para perpetuar nuestro
nombre": esta es una expresión del orgullo humano, que pretende
darse a sí mismo el honor y la gloria que corresponden al nombre de
Dios (Sal. 115. 1). En contraposición con el capítulo anterior, la
"parábola" de la torre de Babel presenta la variedad de las
lenguas y la dispersión de los pueblos con una visión pesimista;
ellas son el castigo divino a la pretensión de eregir una civilización
fundada en la autoexaltación del hombre y en el olvido de Dios. El
milagro de las lenguas en Pentecostés (Hech. 2. 5-12) es el reverso
de la confusión provocada en Babel. 12 6. La "encina de Moré"
era un árbol sagrado que estaba en las cercanías de Siquém. 11-20. Esta anécdota se vuelve a repetir,
con ligeras variantes de circunstancias y de personas, en 20. 1-14 y
en 26. 6-11. 14 Esta narración presenta algunas
características que le asignan un lugar aparte dentro del Pentateuco
y tal vez de toda 17-20. Según la costumbre de Canaán, el
rey era también el responsable supremo del culto. Por eso Melquisedec
era al mismo tiempo "rey de Salém" (Jerusalén) y
"sacerdote de Dios, el Altísimo", una divinidad venerada en
Canaán. Melquisedec honró a Abraham con un banquete (v. 18), y esta
comida en común parece haber sellado una alianza. La indicación de 2
Sam. 18. 18 permite ubicar el "valle del Rey" en las
proximidades de Jerusalén. El Nuevo Testamento presentará a
Melquisedec como figura de Cristo, Sumo Sacerdote de 15 9-10. Aquí se describen
los preparativos para un rito imprecatorio muy antiguo, cuyo
significado se aclara en Jer. 34. 18; cuando se pronunciaba un
juramento solemne, la persona pasaba entre los animales partidos por
la mitad, y reclamaba para sí la misma suerte de esas víctimas si
faltaba a su palabra. Así el Señor ratifica con un juramento la
promesa hecha a Abraham, de darle una descendencia numerosa (vs. 1-6)
y la tierra de Canaán (vs. 7-18). 18. "Desde el Torrente de Egipto
hasta el Gran Río": estos son los límites ideales de 16 2. Según las costumbres de
la época, una mujer estéril podía dar una sirvienta a su esposo y
reconocer como propios a los hijos nacidos de esa unión. Lo mismo que
hace Sara lo harán más tarde Raquel (30. 1-6) y Lía (30. 9-13), las
esposas de Jacob. 7. En los textos bíblicos más
antiguos, el "Ángel del Señor" (22. 11; Éx. 3. 2) o el
"Ángel de Dios" (21. 17; 31. 11; Éx. 14. 19) no es un ángel
creado, distinto de Dios, sino Dios mismo que se manifiesta a los
hombres de manera visible. El v. 13 señala explícitamente esta
identificación. 17 Según este relato
"sacerdotal", la alianza sella las promesas de Dios a
Abraham (v. 8), pero esta vez la iniciativa divina exige una respuesta
humana. Además de la fidelidad a Dios y de la perfección moral, se
impone a Abraham una prescripción de carácter positivo: la
circuncisión (vs. 9-14). 1. "Dios Todopoderoso", en
hebreo "EI Saddai": este es un antiguo nombre de Dios,
frecuente en los relatos "sacerdotales" de la historia
patriarcal (28. 3; 35. 11; 43. 14; 48. 3; 49. 25; Éx. 6. 3), que los
israelitas tomaron probablemente de la tradición de los pueblos
semitas. La traducción "Dios Todopoderoso" se apoya en
algunas versiones antiguas. Entre los autores modernos, algunos
piensan que su sentido probable es "Dios de las montañas". 5. El "nombre", en la
mentalidad antigua, no era una simple designación exterior, sino que
determinaba de alguna manera la naturaleza íntima del ser o la
persona que lo llevaba (2. 20). Un cambio de nombre implica, por eso
mismo, un cambio de función o de destino. 10-14. La circuncisión o corte del
prepucio es una práctica muy antigua, realizada generalmente como
rito de iniciación a la pubertad o al matrimonio. En el Antiguo
Oriente, era observada por varios pueblos vecinos de Israel, entre
ellos los egipcios, los edomitas, los amonitas, los moabitas y algunos
otros pueblos nómadas (Jer. 9. 25). Los filisteos y los habitantes
preisraelitas de Canaán la ignoraban. En Israel, se practicó como
rito de incorporación al Pueblo de Dios, y debía llevarse como una
señal de adhesión a la alianza (v. 13). 18 En este relato, Abraham aparece
como el "amigo de Dios", que conversa familiarmente con él
y lo recibe como huésped. Con ocasión de su visita, Dios renueva su
promesa (v. 10), lo cual provoca la risa de Sara (v. 12), como antes
había provocado la de Abraham ( 17. 17). Esta risa explica el nombre
de Isaac, cuyo significado es: "que (Dios) sonría",
"que se muestre favorable". 19 Este antiguo texto recuerda un
cataclismo ocurrido en la región meridional del Mar Muerto, que
provocó la destrucción de Sodoma, Gomorra y otras ciudades vecinas
(10. 19; 14. 2). La destrucción de estas ciudades quedó como modelo
arquetípico del juicio de Dios sobre el pecado (Deut. 29. 22; Is. 1. 9; Jer. 49. 18; Am. 4. 11). 26. El folklore israelita explica con
esta leyenda la forma de una roca o de una formación salina, situada
al sudoeste del Mar Muerto. 30-38. Este relato utiliza probablemente
una tradición de los moabitas y amonitas, que en su forma original no
constituía un vituperio sino un motivo de orgullo: ellos podían
gloriarse de un origen, que mostraba la heroica decisión de sus
madres y aseguraba la pureza de su raza. En efecto, convencidas de que
su padre y ellas eran los únicos sobrevivientes, y llevadas por el
deseo de ser madres y de perpetuar la raza, las hijas de Lot emplean
el único recurso disponible. Y de hecho, no se avergüenzan del
origen de sus hijos, sino que lo dejan consignado en sus nombres:
mediante una etimología popular, los nombres de Moab y Ben Amí (Amón)
se explican respectivamente como "salido del padre" e
"hijo de mi pariente". Como la legislación israelita
condena severamente las relaciones incestuosas (Lev. 18), este motivo
de gloria se convierte en una burla mordaz contra los dos pueblos
enemigos. 22 Dios pone a prueba una vez más la
fe de Abraham, al exigirle el sacrificio de su hijo Isaac. El episodio
narrado parece haber sido originariamente el relato de fundación de
un santuario israelita. Según una tradición posterior, Moria es la
colina donde fue erigido el Templo de Jerusalén (2 Crón. 3. 1 ).
Además, el texto implica la condenación de los sacrificios de niños
que eran comunes entre los pueblos vecinos a Israel (Deut. 12. 31), y
que incluso los israelitas practicaron ocasionalmente (2 Rey. 3. 27;
16. 3; 21. 6; 23. 10). Los textos legislativos y proféticos ratifican
esta condena. Ver nota Jc. 11. 30-31. 23 Mediante la adquisición de un
sepulcro familiar, Abraham obtiene un título de propiedad y un
derecho de ciudadanía en Canaán. Junto con el nacimiento de Isaac,
este es el primer paso hacia el cumplimiento de la promesa ( 12. 7;
13. 15; 15. 7). 24 2. "Coloca tu mano debajo de mi
muslo": este es un gesto simbólico que confiere mayor solemnidad
al juramento. El contacto con las partes genitales parece implicar la
amenaza de esterilidad o la pérdida de la descendencia, si se
quebrantaba el juramento. 25 23. La lucha de los niños en el seno
materno explica la hostilidad de dos pueblos hermanos: los edomitas,
descendientes de Esaú, y los israelitas, descendientes de Jacob. Los
edomitas fueron sometidos por David (2 Sam. 8.13-14) y sólo varios
siglos después pudieron liberarse definitivamente (2 Rey. 8.20-22). 26. Esta es una explicación popular,
que asocia el nombre de Jacob a la palabra hebrea que significa
"talón". 30. "Comida rojiza": el
texto hebreo encierra un juego de palabras entre "Adóm",
que significa rojo, y Esaú, padre de Edóm. 34. Según la legislación israelita
–que en este punto coincide con otros antiguos códigos
orientales– el primogénito tenía derecho a una doble parte de la
herencia paterna (Deut. 21. 15-17). 28 1-3. Según el relato
precedente, Jacob huye a Mesopotamia para librarse de la venganza de
Esaú. Este texto "sacerdotal", en cambio, ignora por
completo el episodio anterior, y explica la partida como la orden que
dio Isaac a su hijo de buscar una esposa de su propia familia. En la
queja de Rebeca (27. 46) y en la actitud de Esaú (vs. 6-9) se puede
entrever una preocupación característica del período postexílico:
el repudio de los matrimonios con mujeres paganas, fundado
principalmente en motivos religiosos. Ver Esd. 9; Neh. 13. 23-27. 29 25. La esposa iba cubierta con un velo
durante toda la ceremonia nupcial, que concluía cuando ya era de
noche: de allí la posibilidad del engaño. 32. La rivalidad de Lía y Raquel
sirve para explicar los nombres de los hijos de Jacob. El significado
de estas etimologías populares es a veces oscuro. 30 3. "Que dé a luz
sobre mis rodillas": este es un expresivo gesto de adopción. Al
recibir sobre sus rodillas al hijo de su esclava, la esposa estéril
lo tomaba como suyo y luego le ponía un nombre (v. 6). Ver nota 16.
2. 14. La "mandrágora" era una
planta que según las creencias antiguas poseía virtudes afrodisíacas
y favorecía la fecundidad. El término hebreo que la designa tiene la
misma raíz que la palabra "amor". La creencia se funda en
la forma del tubérculo de esa planta, que parece un tronco humano. 25-43. De esta manera, el folklore
israelita describe el honrado desquite de Jacob sobre el astuto y
codicioso Labán. Jacob exige como única paga las ovejas negras y las
cabras moteadas, porque estos animales son raros (v. 32). Pero después
se vale de un recurso "mágico" para multiplicarlas, y así
acrecentar sus riquezas (vs. 37-43). A través de este relato popular,
se manifiesta la acción de Dios que protege y bendice a Jacob. 31 19. Los "ídolos
familiares" eran pequeñas estatuas, a veces con figura humana,
que se usaban para la adivinación. Labán los llama sus
"dioses" (v. 30). Según el uso mesopotámico, estos ídolos
domésticos pasaban al heredero principal, y su posesión era un título
hereditario. De allí el empeño de Labán por recuperarlos. 39. El pastor quedaba libre de toda
deuda si presentaba los restos del animal devorado por las fieras (Éx.
22. 12). 42. "EI Terror de Isaac":
este es otro de los nombres con que se designa a Dios en la historia
de los Patriarcas. Ver nota 17. 1. 32 25-33. Este extraño relato
explica el origen del nombre "Israel", cuyo significado real
parece ser "que Dios prevalezca", pero que aquí se pone en
relación con la fortaleza de Jacob en su lucha cuerpo a cuerpo con
Dios. El autor "yahvista" ha construido su relato sobre la
base de un antiguo cuento popular y, al aplicarlo al antepasado de
Israel, le da un contenido nuevo: Jacob es puesto a prueba, pero lucha
con Dios hasta arrancarle una bendición (v. 27). Esa bendición es el
cambio de nombre (vs. 28-29) y, gracias a ella, Dios tendrá que
conceder su favor a todos los que en adelante lleven el nombre de
"Israel". Ver nota 17. 5. 34 Esta narración presenta un cuadro
muy vivido de las relaciones entre los primeros israelitas y sus
vecinos cananeos. El rapto y la violación (v. 2), la propuesta de
matrimonio y los intentos de negociación (vs. 6-19), el saqueo de la
ciudad y la matanza (vs. 25-29), muestran el carácter inestable de
esas relaciones. Los hijos de Jacob –que el relato describe como
pastores seminómadas– se avenían a veces a un acuerdo para obtener
ventajas; otras, en cambio, hacían incursiones contra los habitantes
de la ciudad y se entregaban al pillaje. 35 1-2. El viaje de Jacob a
Betel tiene todas las características de una peregrinación al lugar
donde Dios se le había aparecido (28. 10-22). De allí las
purificaciones rituales y el cambio de ropa, acciones simbólicas
mediante las cuales el peregrino se presentaba renovado delante de
Dios. 4. Estos aros se usaban como amuletos
en las fiestas religiosas paganas. Ver Os. 2. 15. 37 5. "José tuvo un sueño":
los sueños desempeñan un papel muy importante en toda la historia de
José. Estos sueños no son revelaciones en las que Dios habla
directamente –como en los casos de Abimélec (20.3), de Jacob (28.
12-15;31. 11-13) y de Labán (31. 24)– sino premoniciones o
presagios, y Dios concede a José la sabiduría necesaria para
interpretarlos. 17. "Dotán" era una ciudad
situada en la llanura de lzreel, a un día de camino al norte de Siquém. 25-36. La incongruencia de esta narración
se debe a la yuxtaposición de dos tradiciones diversas: una
"elohista" y otra "yahvista". Según la primera,
Rubén consigue que José sea arrojado a una cisterna, y unos
negociantes madianitas pasan sin ser vistos, lo sacan de allí y lo
llevan a Egipto. Según la otra tradición, Judá propone a sus
hermanos que lo vendan a una caravana de ismaelitas que van de paso
hacia Egipto. 38 8-10. "Para cumplir con tus deberes
de cuñado": Judá se refiere a la "ley del levirato",
que prescribía el matrimonio con la viuda del propio hermano, si este
moría sin tener hijos. Así se evitaba que el nombre del difunto
desapareciera de su pueblo –ya que los hijos del segundo matrimonio
pertenecían legalmente al hermano fallecido– y también se impedía
que el patrimonio saliera de la familia. Ver Deut. 25. 5-10. 14. Tamar "se cubrió con un
velo", como lo hacían las prostitutas en Canaán. Su conducta
enfrentaba las reglas de la moral vigente y ponía en peligro su vida.
Pero como estaba motivada por un deber de fidelidad hacia su esposo,
terminó mereciendo el elogio de su suegro (v. 26). 44 5. "La copa con la que consulta
los presagios": la adivinación por medio de líquidos es una práctica
bien atestiguada en el Antiguo Oriente, especialmente en Babilonia. El
sonido o los movimientos del agua al caer en la copa, o la figura que
formaban las gotas de aceite derramadas sobre el agua, eran
interpretadas como signos o presagios. De allí que la importancia del
recipiente que llevaban los hermanos de José, fuera mayor que su
valor material. 46 34. "Los egipcios sienten
abominación por todos los pastores": esta aclaración –que fue
añadida al relato original– evoca el odio de los egipcios hacia un
grupo de invasores denominados Hicsos, nombre que significa
"pastores". 49 El "testamento de Jacob"
incluye un conjunto de oráculos con características diversas:
algunos aluden a hechos pasados (vs. 4, 6); otros son predicciones del
futuro; pero en general, describen la situación de las tribus
israelitas ya establecidas en Canaán. La preeminencia asignada a Judá
y las bendiciones concedidas a la casa de José (Efraím y Manasés),
reflejan una época en que esas tribus desempeñaban un papel
destacado en la vida nacional. Esto indica que el poema, en su forma
definitiva, no es anterior al reino de David, aunque contiene
elementos mucho más antiguos. El carácter arcaico del texto, sumado
a su estilo poético, hace que su interpretación resulte
extremadamente difícil. 10. "Hasta que llegue aquel a
quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia": esta
es la traducción probable de una frase enigmática, interpretada
generalmente en sentido mesiánico. Judá es la tribu del rey David.
La dinastía davídica ejercerá la realeza -simbolizada en el
"cetro" y el "bastón de mando"- hasta que llegue
un rey ideal, que extenderá su dominio sobre los pueblos. Estos le
prestarán obediencia, y entonces habrá una paz y una abundancia sin
precedentes. Según una antigua interpretación judía, revalorizada
por algunos exégetas modernos, el texto debería traducirse:
"hasta que le sea presentado el tributo y los pueblos le rindan
homenaje".
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