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Libro del Exodo Capítulos
6-10
6 1 El Señor le respondió: "¡Ahora verás lo
que haré al Faraón! Tendrá que dejarlos partir por la fuerza, e
incluso, se verá obligado a expulsarlos de su país". Otro
relato de la vocación de Moisés 2 Dios habló a Moisés y le dijo: "Yo soy el Señor.
3 Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como el Dios
Todopoderoso, pero no me di a conocer a ellos con mi nombre ‘el Señor’.
4También establecí mi alianza con ellos, para darles la tierra de
Canaán, esa tierra donde ellos residieron como extranjeros. 5 Y
cuando escuché los gemidos de los israelitas, esclavizados por los
egipcios, me acordé de mi alianza. 6 Por eso, anuncia esto a los
israelitas: Yo soy el Señor. Yo los libraré de los trabajos forzados
que les imponen los egipcios, los salvaré de la esclavitud a que
ellos los someten, y los rescataré con el poder de mi brazo,
infligiendo severos y justos castigos. 7 Haré de ustedes mi Pueblo y
yo seré su Dios. Así tendrán que reconocer que soy yo, el Señor,
el que los libró de los trabajos forzados de Egipto. 8 Después los
introduciré en la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob,
y se la daré en posesión. Yo soy el Señor". 9Moisés refirió
estas palabras a los israelitas, pero ellos no quisieron escucharlo,
porque estaban desalentados a causa de la dura servidumbre. 10 Entonces el Señor dijo a Moisés: 11"Preséntate
al Faraón, el rey de Egipto, y dile que deje partir de su país a los
israelitas". 12 Moisés se excusó ante el Señor, diciendo:
"Si los israelitas no quisieron escucharme, ¿cómo me va a
escuchar el Faraón, a mí que no tengo facilidad de palabra?".
13 Pero el Señor habló a Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para
los israelitas y para el Faraón, rey de Egipto, a fin de hacer salir
de Egipto a los israelitas. La
genealogía de Moisés y Aarón 14 Los jefes de las familias de Israel fueron los
siguientes: Los hijos de Rubén, el primogénito de Israel, fueron
Henoc, Palú, Jesrón y Carmí. Estos son los clanes de Rubén. 15 Los hijos de Simeón fueron Iemuel, Iamín, Ohad,
Iaquín, Sójar y Saúl, el hijo de la cananea. Estos son los clanes
de Simeón. 16 Los nombres de los hijos de Leví, con sus
descendientes, fueron estos: Gersón, Quehat y Merarí. Leví vivió
ciento treinta y siete años. 17 Los hijos de Gersón fueron Libní y
Simei con sus clanes. 18 Los hijos de Quehat fueron Amrám, Isar, Hebrón
y Uziel. Quehat vivió ciento treinta y tres años. 19 Los hijos de
Merarí fueron Majlí y Musí. Estos son los clanes de Leví con sus
descendientes. 20 Amrám se casó con Ioquébed, su tía, y de ella
le nacieron Aarón y Moisés. Amrám vivió ciento treinta y siete años. 21 Los hijos de Isar fueron Coré, Néfeg y Zicrí; 22
y los hijos de Uziel, fueron Misael, Elsafán y Sitrí. 23 Aarón se casó con Eliseba, hija de Aminadab y
hermana de Najsón; de ella le nacieron Nadab, Abihú, Eleazar e
Itamar. 24 Los hijos de Coré fueron Asir, Elcaná y Abiasaf.
Estos son los clanes de los coreítas. 25 Eleazar, hijo de Aarón, se casó con una de las
hijas de Putiel, que fue madre de Pinjás. Estos son los jefes de las familias levíticas, con
sus respectivos clanes. 26 Moisés y Aarón son los mismos que recibieron del
Señor la orden de sacar de Egipto a los israelitas, distribuidos en
grupos. 27 Ellos fueron los que hablaron al Faraón, el rey de Egipto,
para hacer salir a los israelitas. Son los mismos Moisés y Aarón. La misión
de Moisés y Aarón 28 El día en que el Señor habló a Moisés en
Egipto, 29 le dijo: "Yo soy el Señor. Repite al Faraón, el rey
de Egipto, todo lo que yo te diga". 30 Pero Moisés puso al Señor
este pretexto: "Yo tengo dificultad para hablar. ¿Cómo me va a
escuchar el Faraón?".
7 1 El Señor dijo a Moisés: "Yo hago de ti un
dios para el Faraón, y Aarón, tu hermano, será tu profeta. 2 Tú le
comunicarás todo lo que yo te mande, y él hablará al Faraón, para
que deje salir de su país a los israelitas. 3Pero yo endureceré el
corazón del Faraón, y así podré multiplicar mis signos y mis
prodigios en Egipto. 4 El Faraón se resistirá a escucharlos, pero yo
descargaré mi mano sobre Egipto, y haré salir de allí a los
israelitas –mi ejército y mi pueblo– infligiendo severos y justos
castigos. 5 Y cuando extienda mi mano sobre Egipto para hacer salir de
allí a los israelitas, los egipcios tendrán que reconocer que yo soy
el Señor". 6 Moisés y Aarón realizaron exactamente lo que el
Señor les había ordenado. 7 Cuando se entrevistaron con el Faraón,
Moisés tenía ochenta años, y Aarón, ochenta y tres. Aarón
y los magos de Egipto 8 El Señor dijo a Moisés y a Aarón: 9"Cuando
el Faraón les pida que hagan un prodigio, tú le dirás a Aarón:
‘Toma tu cayado y arrójalo delante del Faraón; y el cayado se
convertirá en una serpiente’". 10 Moisés y Aarón se
presentaron entonces ante el Faraón e hicieron todo lo que el Señor
les había ordenado. Aarón arrojó su cayado delante del Faraón y de
sus servidores, y el cayado se transformó en una serpiente. 11 El
Faraón, a su vez, convocó a los sabios y hechiceros; y los magos de
Egipto, valiéndose de sus artes secretas, hicieron otro tanto. 12
Cada uno arrojó su bastón, y estos se transformaron en serpientes;
pero el de Aarón devoró a todos los demás. La
primera plaga: el agua convertida en sangre 14 El Señor dijo a Moisés: "El Faraón está
obstinado y se resiste a dejar partir al pueblo. 15 Preséntate ante
él mañana temprano, cuando salga para ir al río; espéralo a la
orilla del Nilo, sosteniendo en tu mano el bastón que se transformó
en serpiente, 16 y háblale en estos términos: ‘El Señor, el Dios
de los hebreos, me envió a decirte: Deja que mi pueblo vaya a
rendirme culto en el desierto. Pero tú no has querido obedecer. 17
Por eso dice el Señor: Ahora te demostraré que soy el Señor. Yo
golpearé las aguas del Nilo con el bastón que tengo en la mano, y
las aguas se convertirán en sangre. 18 Los peces que hay en el Nilo
morirán, y el río dará un olor tan pestilente que los egipcios no
podrán beber sus aguas’". 19 Luego el Señor dijo a Moisés: "Da esta orden
a Aarón: ‘Toma tu bastón y extiende tu mano sobre las aguas de
Egipto –sobre sus ríos y sus canales, sus pantanos y todos sus depósitos
de agua– y que estas se conviertan en sangre a lo largo de todo
Egipto, incluso las que están en recipientes de madera y de
piedra’". 20 Moisés y Aarón hicieron lo que el Señor les había
ordenado. Él levantó su bastón y golpeó las aguas del Nilo, a la
vista del Faraón y de todos sus servidores. Y toda el agua del Nilo
se convirtió en sangre. 21 Los peces del Nilo murieron, y el río dio
un olor tan pestilente, que los egipcios ya no pudieron beber sus
aguas. Entonces hubo sangre en todo el territorio de Egipto. 22 Pero
los magos egipcios, valiéndose de sus artes secretas, hicieron lo
mismo. Por eso el Faraón persistió en su obstinación y no los
escuchó, como el Señor lo había predicho. 23 Y dándose vuelta,
regresó a su palacio sin atribuir mayor importancia a lo que había
sucedido. 24 Mientras tanto, los egipcios se pusieron a cavar en los
alrededores del Nilo, en busca de agua potable, porque no podían
beber el agua del río. 25 Así pasaron siete días después que el Señor
golpeó las aguas del Nilo. La
segunda plaga: las ranas 26 El Señor dijo a Moisés: "Preséntate ante el
Faraón y dile: ‘Así habla el Señor: Deja que mi pueblo vaya a
rendirme culto. 27 Porque si te niegas a dejarlo partir, haré que tu
territorio quede totalmente plagado de ranas. 28El Nilo estará
atestado de ranas, que subirán e invadirán tu palacio, tu dormitorio
y hasta tu mismo lecho; se meterán en las casas de tus servidores y
en las de tu pueblo, en tus hornos y utensilios de cocina. 29 Y llegarán
incluso a trepar sobre ti, sobre tus servidores y sobre tu
pueblo’".
8 1 Luego el Señor dijo a Moisés: "Da esta orden
a Aarón: ‘Extiende tu mano y tu bastón sobre los ríos, los
canales y los pantanos, para que las ranas invadan el territorio de
Egipto’". 2Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto,
y las ranas subieron hasta cubrir el país. 3 Pero los magos de
Egipto, valiéndose de sus artes secretas, hicieron otro tanto y
atrajeron una invasión de ranas sobre el territorio de Egipto. 4 El Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón y les
dijo: "Rueguen al Señor que aleje las ranas de mí y de mis súbditos,
y yo me comprometo a dejar que el pueblo vaya a ofrecer sacrificios al
Señor". 5 Moisés respondió al Faraón: "Dígnate
indicarme el momento en que debo rogar por ti, por tus servidores y
por tu pueblo para que las ranas se aparten de ti y de tus casas, y
queden solamente en el Nilo". 6 "Mañana", dijo el Faraón.
Entonces Moisés añadió: "Que suceda conforme a tus palabras.
Así sabrás que no hay nadie como el Señor, nuestro Dios. 7 Las
ranas se apartarán de ti, de tus casas, de tus servidores y de tu
pueblo, y quedarán únicamente en el Nilo". 8 Cuando Moisés y
Aarón se separaron del Faraón, Moisés rogó al Señor para que
alejara las ranas con que había castigado al Faraón, 9 y el Señor
accedió al pedido de Moisés. Las ranas quedaron muertas en las
casas, en los patios y en los campos. 10Las juntaron en grandes
montones, y se extendió por todas partes un olor pestilente. 11 Pero
el Faraón, al ver que la situación mejoraba, se obstinó y no escuchó
a Moisés y a Aarón, como el Señor lo había predicho. La
tercera plaga: los mosquitos 12 El Señor dijo a Moisés: "Da esta orden a Aarón:
‘Extiende tu bastón y golpea el polvo del suelo, para que se
transforme en mosquitos a lo largo de todo Egipto’". 13 Aarón
extendió la mano empuñando su bastón, golpeó el polvo del suelo, y
en seguida, nubes de mosquitos se lanzaron contra la gente y los
animales. Todo el polvo del suelo se transformó en mosquitos, a lo
largo de todo el país. 14 Los magos intentaron producir mosquitos,
valiéndose de sus artes secretas, pero no lo consiguieron. Los
mosquitos atacaron a hombres y animales. 15 Entonces dijeron al Faraón:
"Aquí está el dedo de Dios". A pesar de esto, el Faraón
persistió en su obstinación y no los escuchó, como el Señor lo había
predicho. La
cuarta plaga: los tábanos 16 El Señor dijo a Moisés: "Mañana temprano,
cuando el Faraón salga para ir al río, preséntate ante él y dile:
‘Así habla el Señor: Deja que mi pueblo vaya a rendirme culto. 17
Porque si te niegas a dejarlo partir, yo enviaré contra ti, contra
tus servidores, tu pueblo y tus casas, una invasión de tábanos. Las
casas de los egipcios y el suelo donde ellos habitan quedarán
atestados de tábanos. 18Pero al mismo tiempo, haré una excepción
con la región de Gosen, donde reside mi pueblo. Allí no habrá tábanos,
para que sepas que yo, el Señor, estoy en medio de este país. 19 Yo
haré una distinción entre mi pueblo y el tuyo. Este signo sucederá
mañana’". 20 Así lo hizo el Señor, y una gran cantidad de tábanos
se precipitó sobre el palacio del Faraón y sobre las casas de sus
servidores; y todo el territorio de Egipto fue devastado por los tábanos.
21Entonces el Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo:
"Pueden ir a ofrecer sacrificios a su Dios, pero que sea dentro
del país". 22 Moisés respondió: "Eso no puede ser. Porque
los sacrificios que nosotros ofreceremos al Señor, nuestro Dios, son
una abominación para los egipcios. Y si nos ven ofrecer sacrificios
que ellos consideran abominables, nos matarán a pedradas. 23Haremos
una marcha de tres días por el desierto, y allí ofreceremos
sacrificios al Señor, nuestro Dios, conforme a lo que él nos
diga". 24 El Faraón dijo: "Les permitiré que vayan a
ofrecer sacrificios al Señor, su Dios, en el desierto, con tal de que
no se alejen demasiado. De paso, rueguen por mí". 25 "En
cuanto salga, respondió Moisés, rogaré al Señor, y mañana los tábanos
se apartarán de ti, de tus servidores y de tu pueblo; pero deja de
una vez por todas de burlarte de nosotros, y no impidas que el pueblo
vaya a ofrecer sacrificios al Señor". 26 Luego Moisés se alejó
de la presencia del Faraón, y oró al Señor. 27El Señor hizo lo que
Moisés le había pedido, y los tábanos se apartaron del Faraón, de
sus servidores y de su pueblo. No quedó ni siquiera uno. 28 Pero a
pesar de eso, el Faraón se obstinó una vez más, y no dejó partir
al pueblo.
La
quinta plaga: la mortandad del ganado 9 1 El Señor dijo a Moisés: "Ve a presentarte
ante el Faraón y dile: ‘Así habla el Señor, el Dios de los
hebreos: Deja que mi pueblo salga a rendirme culto. 2 Porque si te
resistes a dejarlo partir y sigues reteniéndolo, 3 la mano del Señor
enviará una peste mortífera contra el ganado que está en los
campos: contra los caballos, los asnos, los camellos, los bueyes y el
ganado menor. 4 Pero el Señor hará una distinción entre el ganado
de Israel y el de Egipto, de manera que no morirá ni uno solo de los
animales que pertenecen a Israel’". 5 Y el Señor fijó un
plazo, diciendo: "Mañana cumpliré esta amenaza contra el país".
6En efecto, al día siguiente el Señor cumplió su palabra y entonces
murió todo el ganado de Egipto. A los israelitas, en cambio, no se
les murió ni un solo animal. 7 Y cuando el Faraón ordenó que
hicieran un recuento, se comprobó que los israelitas no habían
perdido ni una sola cabeza de ganado. A pesar de eso, el Faraón se
obstinó y no dejó partir al pueblo. La
sexta plaga: las úlceras 8 El Señor dijo a Moisés y a Aarón: "Recojan
unos puñados del hollín que se forma en los hornos, y que Moisés lo
arroje hacia el cielo, en la presencia del Faraón. 9 Ese hollín se
convertirá en un polvo que se expandirá por todo el territorio de
Egipto y producirá úlceras purulentas en los hombres y en los
animales". 10 Ellos recogieron el hollín y se presentaron ante
el Faraón. Moisés lo arrojó hacia el cielo, y tanto los hombres
como los animales se cubrieron de úlceras. 11 Los magos no pudieron
enfrentarse con Moisés a causa de las úlceras que les habían salido
como a todos los demás egipcios. 12 Pero el Señor endureció el
corazón del Faraón, y él no los escuchó, como el Señor había
predicho a Moisés. La séptima
plaga: el granizo 13 Luego el Señor dijo a Moisés: "Mañana bien
temprano preséntate al Faraón y dile: ‘Así habla el Señor, el
Dios de los hebreos: Deja que mi pueblo salga a rendirme culto. 14
Porque esta vez estoy dispuesto a enviar todas mis plagas contra ti,
contra tus servidores y contra todo tu pueblo, para que sepas que no
hay nadie como yo en toda la tierra. 15 Si yo hubiera extendido mi
mano y enviado una peste contra ti y contra tu pueblo, ya habrías
desaparecido de la tierra. 16 Pero preferí dejarte con vida, para
mostrarte mi poder y para que mi Nombre sea pregonado por toda la
tierra. 17 ¡Y todavía tienes la audacia de oponerte a mi pueblo para
impedir su partida! 18 Pero mañana, a esta misma hora, haré caer
sobre Egipto una terrible granizada, como no la hubo desde su fundación
hasta el presente. 19 Por eso, ordena que pongan bajo techo tu ganado
y todo lo que tengas al aire libre, porque todo lo que esté al aire
libre y no se encuentre bajo techo –sea hombre o animal– morirá víctima
del granizo’". 20 Algunos servidores del Faraón, atemorizados
por la palabra del Señor, pusieron bajo techo a sus esclavos y su
ganado; 21 pero otros no hicieron caso de esta amenaza y dejaron en el
campo a sus esclavos y su ganado. 22 Entonces el Señor dijo a Moisés: "Extiende
tu mano hacia el cielo, y que caiga el granizo sobre la gente, los
animales y la vegetación que crece en los campos, en todo el
territorio de Egipto". 23 Moisés extendió su bastón hacia el
cielo, y el Señor envió truenos y granizo. Cayeron rayos sobre la
tierra, y el Señor hizo llover granizo sobre Egipto. 24 El granizo y
el fuego que formaba remolinos en medio de él, se precipitaron con
tal violencia, que nunca hubo en Egipto nada semejante desde que
comenzó a ser una nación. 25 El granizo mató a todos los hombres y
animales que se encontraban al aire libre en el territorio de Egipto,
arrasó toda la vegetación de los campos y destrozó todos los árboles.
26 Sólo se libró del granizo la región de Gosen, donde habitaban
los israelitas. 27 El Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y
les dijo: "Esta vez debo confesar mi pecado. El Señor tiene razón,
mientras que yo y mi pueblo estamos equivocados. 28 Rueguen al Señor
que haga cesar los truenos y el granizo, y yo los dejaré partir. Ya
no tendrán que permanecer aquí más tiempo". 29 Moisés
respondió: "Apenas salga de la ciudad, extenderé mis manos al
Señor, y cesarán los truenos y no habrá más granizo, para que
sepas que la tierra pertenece al Señor. 30 Sin embargo, yo sé muy
bien que ni tú ni tus servidores temen todavía al Señor Dios".
31 En aquella oportunidad fueron destruidos el lino y la cebada,
porque la cebada ya había echado espigas, y el lino estaba florecido.
32 El trigo y la espelta, en cambio, como son tardíos, escaparon a la
destrucción. 33 Después que se alejó del Faraón, Moisés salió
de la ciudad y extendió sus manos al Señor. Entonces cesaron los
truenos y el granizo, y no cayó más lluvia sobre la tierra. 34 Pero
cuando el Faraón vio que la lluvia, el granizo y los truenos habían
cesado, reincidió en su pecado y endureció su corazón, lo mismo que
sus servidores. 35 El Faraón se obstinó y no dejó partir a los
israelitas, como el Señor lo había predicho por medio de Moisés.
La
octava plaga: las langostas 10 1 El Señor dijo a Moisés:
"Ve a presentarte delante del Faraón, porque yo mismo hice que
se obstinaran, él y sus servidores, a fin de realizar estos signos en
medio de ellos. 2 Así podrás contar a tus hijos y a tus nietos con
qué rigor traté a los egipcios y qué signos realicé entre ellos, y
ustedes sabrán que yo soy el Señor". 3 Moisés y Aarón se
presentaron ante el Faraón y le dijeron: "Así habla el Señor,
el Dios de los hebreos: ‘¿Hasta cuando te resistirás a humillarte
delante de mí? Deja que mi pueblo salga a rendirme culto. 4Porque si
te niegas a dejarlo partir, mañana enviaré contra tu país una
invasión de langostas. 5 Ellas cubrirán de tal manera la superficie
del suelo, que nadie lo podrá ver. Devorarán el resto que se salvó
del granizo y acabarán con todos los árboles que crecen en los
campos. 6 Invadirán tus palacios, las residencias de tus servidores y
las casas de todos los egipcios. Tus padres y tus abuelos nunca
experimentaron una cosa igual, desde que se instalaron en el país
hasta el día de hoy’". Y dándose vuelta, Moisés se alejó de
la presencia del Faraón. 7 Los servidores del Faraón le dijeron:
"¿Hasta cuándo este hombre será un peligro para nosotros? Deja
que esa gente salga a rendir culto al Señor su Dios. ¿O todavía no
te has dado cuenta de que Egipto está al borde de la ruina?". 8 Moisés y Aarón fueron conducidos nuevamente a la
presencia del Faraón, y este les anunció: "Pueden ir a rendir
culto al Señor. Pero antes especifiquen quiénes son los que van a
ir". 9 Moisés le respondió: "Iremos con nuestros jóvenes
y nuestros ancianos, con nuestros hijos y nuestras hijas, con nuestras
ovejas y nuestras vacas, porque celebraremos una fiesta en honor del
Señor". 10 "¡Que el Señor esté con ustedes, así como yo
los dejo partir con sus familias!", replicó el Faraón.
"Sean testigos ustedes mismos de su mala fe. 11¡Así no! Que
vayan los hombres solos a rendir culto al Señor, ya que eso
pretenden". Y en seguida los echaron de la presencia del Faraón. 12 El Señor dijo a Moisés: "Extiende tu mano
sobre el territorio de Egipto, para que las langostas invadan el país
y devoren toda la vegetación que dejó el granizo". 13 Moisés
extendió su bastón sobre el territorio de Egipto, y el Señor envió
sobre el país el viento del este, que sopló todo aquel día y toda
la noche. Cuando llegó la mañana, el viento ya había traído las
langostas. 14 Las langostas invadieron todo el país y se
abatieron sobre el territorio de Egipto en una cantidad tal, que nunca
se había visto una invasión semejante, y nunca más volvería a
verse. 15Cubrieron la superficie de todo el país, de manera que este
quedó a oscuras; devoraron toda la vegetación y todos los frutos de
los árboles que se habían salvado del granizo; y en todo el
territorio de Egipto no quedó ni siquiera una brizna de verdor en los
árboles y en las plantas del campo. 16 El Faraón hizo venir de inmediato a Moisés y Aarón,
y les dijo: "He pecado contra el Señor, su Dios, y contra
ustedes. 17 Por eso, perdona una vez más mi pecado, y rueguen al Señor,
su Dios, para que al menos aparte de mí esta plaga mortífera".
18 Moisés se alejó de la presencia del Faraón y oró al Señor.
19Entonces el Señor cambió la dirección del viento, que comenzó a
soplar desde el oeste. Y lo hizo con tanta fuerza, que barrió con las
langostas y las precipitó en el Mar Rojo. Así no quedó ni una sola
langosta en el territorio de Egipto. 20 Pero el Señor endureció el
corazón del Faraón, y él no dejó partir a los israelitas. La
novena plaga: las tinieblas 21 El Señor dijo a Moisés: "Extiende tu mano
hacia el cielo, para que Egipto se cubra de una oscuridad tan densa
que se pueda palpar". 22 Moisés extendió su mano hacia el
cielo, y una profunda oscuridad cubrió todo el territorio de Egipto
durante tres días. 23 Todo ese tiempo estuvieron sin verse unos a
otros y sin que nadie pudiera moverse de su sitio. Pero en las
viviendas de los israelitas había luz. 24 Luego el Faraón llamó a Moisés y le dijo:
"Vayan a rendir culto al Señor. Podrán acompañarlos sus
familias, pero quedarán aquí sus ovejas y sus vacas". 25 Moisés
replicó: "Entonces tú nos tendrás que dar las víctimas para
los sacrificios y holocaustos que ofreceremos al Señor, nuestro Dios.
26 ¡No! También nuestro ganado vendrá con nosotros. Ni un solo
animal quedará aquí, porque nosotros queremos tomar de lo nuestro
para rendir culto al Señor, nuestro Dios. Por otra parte, hasta que
no lleguemos al lugar señalado, no sabremos cómo rendirle
culto". 27 El Señor endureció el corazón del Faraón, y él no
quiso dejarlos partir. 28 El Faraón dijo a Moisés: "¡Fuera de
aquí! Y no te atrevas a comparecer otra vez en mi presencia, porque
apenas lo hagas, morirás". 29Moisés respondió: "Tú mismo
lo has dicho. No te volveré a ver".
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