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Libro de Daniel

 

El libro que lleva el nombre de DANIEL fue escrito hacia el 165 a. C., cuando el rey Antíoco IV Epífanes pretendió helenizar por la fuerza al Pueblo judío, obligándolo a abandonar la Ley de Moisés y a practicar el culto pagano difundido en todo el Imperio seléucida. Su autor vivió en tiempos de la insurrección de los Macabeos. Pero, a diferencia de estos, él no apela a la resistencia armada contra el opresor extranjero, sino que espera y anuncia una intervención extraordinaria del Señor, que es capaz de salvar a su Pueblo incluso de la muerte.

Con toda propiedad, este Libro puede ser llamado el "Apocalipsis" del Antiguo Testamento. Como el que figura al final del Nuevo Testamento, también el Apocalipsis de Daniel contiene una interpretación religiosa de la historia universal y un mensaje de esperanza para el Pueblo de Dios perseguido a causa de su fe. Además, ambos Libros tienen la misma forma de expresión literaria -el estilo "apocalíptico", muy difundido en el Judaísmo a partir del siglo ll a. C.- cuyo rasgo más notorio es la profusión de imágenes sorprendentes, de alegorías casi siempre enigmáticas y de visiones simbólicas.

La obra se divide en dos partes bastante diversas. La primera (caps. 1 - 6), de carácter narrativo, relata seis episodios de la vida de Daniel y de sus compañeros en el exilio. La segunda (caps. 7 - 12) es la parte estrictamente "apocalíptica", que tiene sus antecedentes en los escritos proféticos, sobre todo, en las visiones de Ezequiel y Zacarías. A esta obra original, escrita en hebreo y arameo, se le agregaron posteriormente algunos fragmentos en griego, que figuran entre los Libros "deuterocanónicos".

A pesar del cambio de situaciones históricas, el libro de Daniel no ha perdido nada de su actualidad, porque las fuerzas hostiles al Reino de Dios resurgen constantemente bajo nuevas formas. Frente al orgullo, al odio, a la opresión y la injusticia, su mensaje continúa alentando la fe y la esperanza de "los que son perseguidos por practicar la justicia" y "trabajan por la paz" (Mt. 5. 9-10). Hasta que llegue "la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías" (Apoc. 12. 10).

 

PARTE NARRATIVA

En los seis primeros capítulos, el Libro relata una serie de aventuras "edificantes", cuyo personaje central es Daniel, un joven judío deportado a Babilonia, que se hizo célebre, como José en Egipto, por la interpretación de los sueños. A través de estas narraciones, originariamente independientes unas de otras, el autor trata de inculcar una misma enseñanza fundamental: la fe de Israel es superior a la sabiduría de los paganos, y Dios es capaz de salvar a sus fieles de todos los peligros.

Esta lección adquiría especial importancia frente a la encarnizada persecución desencadenada por Antíoco IV. Las víctimas de la misma se encontraban en una situación similar a la de Daniel y sus amigos, que se negaron a apostatar de su fe comiendo manjares impuros y rindiendo culto al ídolo erigido por Nabucodonosor. De la misma manera, los judíos perseguidos por el paganismo griego debían estar dispuestos a cualquier sacrificio, incluso el de su propia vida, antes que ser infieles a la Ley de Dios. La alegoría de la estatua fabricada con diversos metales (2. 29-45), anticipándose a las visiones de la segunda parte del Libro, confirma aquella enseñanza y hace ver cómo los imperios de este mundo están destinados a desaparecer, para dar lugar al Reino eterno de Dios.

Daniel y sus compañeros en la corte de Nabucodonosor

1 1 El tercer año del reinado de Joaquím, rey de Judá, llegó a Jerusalén Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la sitió. 2 El Señor entregó en sus manos a Joaquím, rey de Judá, y una parte de los objetos de la Casa de Dios. Nabucodonosor los llevó al país de Senaar, y depositó los objetos en el tesoro de su dios.

3 El rey ordenó a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que seleccionara entre los israelitas de estirpe real o de familia noble, 4 a algunos jóvenes sin ningún defecto físico, de buena presencia, versados en toda clase de sabiduría, dotados de conocimiento, inteligentes y aptos para servir en el palacio del rey, a fin de que se los instruyera en la literatura y en la lengua de los caldeos. 5 El rey les asignó para cada día una porción de sus propios manjares y del vino que él bebía. Ellos debían ser educados durante tres años, y al cabo de esos años se pondrían al servicio del rey. 6 Entre ellos se encontraban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, que eran judíos. 7 Pero el jefe de los eunucos les puso otros nombres: a Daniel lo llamó Beltasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac, y a Azarías, Abed Negó.

8 Daniel estaba decidido a no contaminarse con los manjares del rey y con el vino que él bebía, y rogó al jefe de los eunucos que no lo obligara a contaminarse. 9 Dios hizo que él se ganara el afecto y la simpatía del jefe de los eunucos. 10 Pero este dijo a Daniel: "Yo temo a mi señor el rey, que les ha asignado la comida y la bebida; si él llega a ver el rostro de ustedes más demacrado que el de los jóvenes de su misma edad, ustedes harían peligrar mi cabeza delante del rey". 11 Daniel dijo al guardia a quien el jefe de los eunucos había confiado el cuidado de Daniel, Ananías, Misael y Azarías: 12 "Por favor, pon a prueba a tus servidores durante diez días; que nos den legumbres para comer y agua para beber; 13 compara luego nuestros rostros con el de los jóvenes que comen los manjares del rey, y actúa con tus servidores conforme a lo que veas". 14 Él aceptó la propuesta, y los puso a prueba durante diez días. 15 Al cabo de esos días, se vio que ellos tenían mejor semblante y estaban más rozagantes que todos los jóvenes que comían los manjares del rey.16 Desde entonces, el guardia les retiró los manjares y el vino que debían tomar, y les dio legumbres.

17 Dios concedió a estos cuatro jóvenes ciencia e inteligencia en todo lo referente a la literatura y la sabiduría, y Daniel podía entender visiones y sueños de toda índole. 18 Al cabo de los días que el rey había fijado para que le fueran presentados los jóvenes, el jefe de los eunucos los llevó ante Nabucodonosor. 19 El rey conversó con ellos, y entre todos no se encontró ningún otro como Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Ellos permanecieron al servicio del rey, 20 y en todo lo que el rey les preguntó sobre cuestiones de sabiduría y discernimiento, los encontró diez veces superiores a todos los magos y adivinos que había en todo su reino. 21 Así continuó Daniel hasta el primer año del rey Ciro.

El sueño de Nabucodonosor y su recurso a los magos

2 1 El segundo año del reinado de Nabucodonosor, este tuvo unos sueños, y su espíritu quedó tan perturbado que no pudo seguir durmiendo. 2 El rey mandó llamar a los magos, los adivinos, los hechiceros y los caldeos, para que le explicaran sus sueños. Ellos fueron a presentarse delante del rey, 3 y él les dijo: "He tenido un sueño, y mi espíritu está ansioso por conocer ese sueño". 4 Los caldeos respondieron al rey: "¡Viva el rey eternamente! Di a tus servidores lo que has soñado, y nosotros expondremos la interpretación". 5 Pero el rey tomó la palabra y dijo a los caldeos: "Mi decisión ya está tomada: si no me dan a conocer el sueño y su interpretación, ustedes serán cortados en pedazos y sus casas quedarán reducidas a un basural. 6 En cambio, si me exponen el sueño y su interpretación, recibirán de mí obsequios, regalos y grandes honores. Por lo tanto, expónganme el sueño y su interpretación".

7 Ellos respondieron por segunda vez, diciendo: "Que el rey diga a sus servidores lo que ha soñado, y nosotros expondremos la interpretación". 8 El rey replicó: "Yo sé ciertamente que ustedes están tratando de ganar tiempo, porque han visto que mi decisión está tomada. 9 Pero si no me dan a conocer el sueño, habrá para ustedes una sola sentencia. Ustedes se han confabulado para entretenerme con palabras engañosas y perversas, hasta que los tiempos cambien. Por eso, díganme el sueño, y así sabré que pueden exponerme su interpretación". 10 Los caldeos respondieron delante del rey, diciendo: "No hay ningún hombre sobre la tierra que pueda exponer lo que pide el rey, ya que ningún rey, por grande y poderoso que sea, ha pedido jamás una cosa semejante a un mago, adivino o caldeo. 11 Lo que pide el rey es excesivo, y no hay nadie que pueda exponerlo ante el rey, fuera de los dioses, cuya morada no está con los mortales". 12 El rey se enfureció terriblemente a causa de esto, y ordenó ejecutar a todos los sabios de Babilonia. 13 Se promulgó el decreto de hacer morir a los sabios, y también se buscó a Daniel y a sus compañeros para darles muerte.

La intervención de Daniel

14 Entonces Daniel se dirigió con cautela y discreción a Arioc, capitán de guardias del rey, que había salido para matar a los sabios de Babilonia. 15 Él tomó la palabra y dijo a Arioc, comandante del rey: "¿Por qué este decreto tan perentorio de parte del rey?". Arioc informó del asunto a Daniel, 16 y este fue a pedir al rey que le concediera un plazo para exponerle la interpretación. 17 Daniel se fue a su casa e informó del asunto a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, 18 instándolos a implorar misericordia ante el Dios del cielo acerca de aquel misterio, a fin de que no los hicieran perecer, a ellos y a él, con el resto de los sabios de Babilonia. 19 Entonces el misterio fue revelado a Daniel en una visión nocturna, y él bendijo al Dios del cielo. 20 Daniel tomó la palabra y exclamó:

"Bendito sea el nombre de Dios,

desde siempre y para siempre,

porque a él pertenecen la sabiduría y la fuerza.

21 Él hace alternar los tiempos y las estaciones,

él depone y entroniza a los reyes,

da la sabiduría a los sabios

y el conocimiento a los que saben discernir.

22 Él revela las cosas profundas y ocultas,

conoce lo que está en las tinieblas

y la luz habita junto a él.

23 A ti, Dios de mis padres, yo te alabo y glorifico,

porque me has dado la sabiduría y la fuerza;

y ahora me has manifestado lo que te habíamos pedido,

porque nos has hecho conocer lo concerniente al rey".

24 A causa de esto, Daniel se presentó a Arioc, a quien el rey había encargado ejecutar a los sabios de Babilonia, y le habló de esta manera: "No hagas morir a los sabios de Babilonia. Llévame ante la presencia del rey, y yo le expondré la interpretación". 25 Arioc llevó rápidamente a Daniel ante la presencia del rey, y le dijo: "He hallado entre los deportados de Judá a un hombre que hará conocer al rey la interpretación". 26 El rey tomó la palabra y dijo a Daniel, llamado Beltsasar: "¿Eres tú capaz de darme a conocer el sueño que tuve y su interpretación?". 27 Daniel respondió ante el rey, diciendo: "El rey interroga sobre un misterio que no se lo puede aclarar ningún sabio, adivino, mago o astrólogo. 28 Sin embargo, hay en el cielo un Dios que revela los misterios, y que ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá en los días venideros. Tu sueño y las visiones de tu imaginación, cuando estabas en tu lecho, fueron estos:

La interpretación del sueño de Nabucodonosor

29 A ti, rey, mientras estabas en tu lecho, te sobrevinieron pensamientos acerca de lo que va a suceder en adelante, y el que revela los misterios te ha hecho conocer lo que va a suceder. 30 En cuanto a mí, este misterio me ha sido revelado no porque yo tenga una sabiduría superior a la de todos los vivientes, sino para que se ponga de manifiesto al rey la interpretación, y así conozcas los pensamientos de tu corazón.

31 Tú, rey, estabas mirando, y viste una gran estatua. Esa estatua, enorme y de un brillo extraordinario, se alzaba delante de ti, y su aspecto era impresionante. 32 Su cabeza era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus caderas, de bronce; 33 sus piernas, de hierro, y sus pies, parte de hierro y parte de arcilla. 34 Tú estabas mirando, y de pronto se desprendió una piedra, sin que interviniera ninguna mano: ella golpeó la estatua sobre sus pies de hierro y de arcilla, y los pulverizó. 35 Entonces fueron pulverizados al mismo tiempo el hierro, la arcilla, el bronce, la plata y el oro; fueron como la paja en la era durante el verano: el viento se los llevó y no quedó ningún rastro. En cuanto a la piedra que había golpeado la estatua, se convirtió en una gran montaña, y llenó toda la tierra.

36 Este fue el sueño; ahora diremos su interpretación en presencia del rey. 37 Tú, rey, eres el rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha conferido la realeza, el poder, la fuerza y la gloria; 38 él ha puesto en tus manos a los hombres, los animales del campo y las aves del cielo, cualquiera sea el lugar donde habitan, y te ha hecho dominar sobre todos ellos: por eso la cabeza de oro eres tú. 39 Después de ti surgirá otro reino inferior a ti, y luego aparecerá un tercer reino, que será de bronce y dominará sobre toda la tierra. 40 Y un cuarto reino será duro como el hierro: así como el hierro tritura y pulveriza todo –como el hierro que destroza– él los triturará y destrozará a todos ellos. 41 También has visto los pies y los dedos, en parte de arcilla de alfarero y en parte del hierro, porque ese será un reino dividido: habrá en él algo de la solidez del hierro, conforme a lo que has visto del hierro mezclado con la masa de arcilla; 42 pero como los dedos de los pies son en parte de hierro y en parte de arcilla, una parte del reino será fuerte, y una parte frágil. 43 Tú has visto el hierro mezclado con la masa de arcilla, porque ellos se mezclarán entre sí por lazos matrimoniales, pero no llegarán a adherirse mutuamente, como el hierro no se mezcla con la arcilla. 44 Y en los días de estos reyes, el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido y cuya realeza no pasará a otro pueblo: él pulverizará y aniquilará a todos esos reinos, y él mismo subsistirá para siempre, 45 porque tú has visto, que una piedra se desprendía de la montaña, sin la intervención de ninguna mano, y ella pulverizó el hierro, el bronce, la arcilla, la plata y el oro. El Dios grande hace conocer al rey lo que va a suceder en adelante. El sueño es cierto y su interpretación digna de fe".

Profesión de fe de Nabucodonosor

46 Entonces el rey Nabucodonosor cayó con el rostro en tierra, se postró delante de Daniel y ordenó que le ofrecieran oblaciones y perfumes de aroma agradable. 47 El rey se dirigió a Daniel y le dijo: "Realmente, el Dios de ustedes es el Dios de los dioses, el Señor de los reyes, y el que revela los misterios, porque tú has podido revelarme este misterio". 48 Luego el rey confirió a Daniel un alto rango y le otorgó numerosos y magníficos regalos. Le dio autoridad sobre toda la provincia de Babilonia y lo hizo jefe de todos los sabios de Babilonia. 49 Daniel rogó al rey que pusiera al frente de la administración de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed Negó, y él permaneció en la corte del rey.

La adoración de la estatua de oro

3 1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alto y tres de ancho, y la erigió en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia. 2 Luego mandó reunir a los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, juristas, magistrados y a todos los jefes de provincia, para que asistieran a la dedicación de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor. 3 Entonces se reunieron los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, juristas, magistrados y todos los jefes de provincia, para la dedicación de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor. Y se pusieron de pie ante la estatua erigida por el rey.

4 El heraldo proclamó con fuerza: "A todos ustedes, pueblos, naciones y lenguas, se les ordena lo siguiente: 5 Apenas escuchen el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, ustedes deberán postrarse y adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor. 6 El que no se postre para adorarla será arrojado inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente". 7 Por tal motivo, apenas todos los pueblos oyeron el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron para adorar la estatua de oro que había erigido el rey Nabucodonosor.

8 En ese mismo momento, se acercaron unos caldeos y acusaron a los judíos. 9 Tomando la palabra, dijeron al rey Nabucodonosor: "¡Viva el rey eternamente! 10 Tú, rey, has ordenado que todo el que oiga el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, tiene que postrarse y adorar la estatua de oro; 11 y que todo el que no se postre para adorarla, debe ser arrojado dentro de un horno de fuego ardiente. 12 Pero hay unos judíos, Sadrac, Mesac y Abed Negó, a quienes tú has encomendado la administración de la provincia de Babilonia: esos hombres no te han hecho caso, rey; ellos no sirven a tus dioses ni adoran la estatua de oro que tú has erigido".

Los tres jóvenes arrojados al horno

13 Entonces Nabucodonosor, lleno de indignación y de furor, mandó traer a Sadrac, Mesac y Abed Negó. Cuando esos hombres fueron traídos ante la presencia del rey, 14 Nabucodonosor tomó la palabra y les dijo: "¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí? 15 ¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué dios podrá salvarlos de mi mano?".

16 Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: "No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. 17 Nuestro Dios, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos. 18 Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido".

19 Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno siete veces más de lo habitual. 20 Luego ordenó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de fuego ardiente.

21 Entonces estos tres, con sus mantos, sus calzados, sus gorros y toda su ropa, fueron atados y arrojados dentro del horno de fuego ardiente. 22 Como la orden del rey era perentoria y el horno estaba muy encendido, la llamarada mató a los hombres que habían llevado a Sadrac, Mesac y Abed Negó. 23 En cuanto a estos tres, Sadrac, Mesac y Abed Negó, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiente.

Reconocimiento de la intervenciónde Dios en favor de los jóvenes

24 El rey Nabucodonosor quedó estupefacto y se levantó rápidamente. Y tomando la palabra, dijo a sus cortesanos: "¿No eran tres los hombres que fueron atados y arrojados dentro del fuego?". Ellos le respondieron, diciendo: "Así es, rey". 25 Él replicó: "Sin embargo, yo veo cuatro hombres que caminan libremente por el fuego sin sufrir ningún daño, y el aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de los dioses". 26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiente y, tomando la palabra, dijo: "Sadrac, Mesac y Abed Negó, servidores del Dios Altísimo, salgan y vengan". Y Sadrac, Mesac y Abed Negó salieron de en medio del fuego.

27 Una vez reunidos los prefectos, los gobernadores y los cortesanos del rey, comprobaron que el fuego no había tenido poder sobre el cuerpo de aquellos hombres, que sus cabellos no se habían quemado, que sus mantos estaban intactos y que ni siquiera el olor del fuego se había adherido a ellos. 28 Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: "Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, porque ha enviado a su Ángel y ha salvado a sus servidores, que confiaron en él y, quebrantando la orden del rey, entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a cualquier otro dios que no fuera su Dios. 29 Por eso, yo doy este decreto: ‘Todo pueblo, nación o lengua que hable irreverentemente contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, será cortado en pedazos y su casa quedará reducida a un basural,porque no hay otro dios que pueda librar de esa manera’". 30 Entonces Nabucodonosor hizo prosperar a Sadrac, Mesac y Abed Negó en la provincia de Babilonia.

Otro sueño de Nabucodonosor:el árbol gigantesco

31 "El rey Nabucodonosor, a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan sobre toda la tierra: ¡Tengan ustedes paz en abundancia! 32 Me ha parecido bien publicar los signos y prodigios que ha realizado en mi favor el Dios Altísimo:

33 ¡Qué grandes son sus signos!

¡Qué poderosos sus prodigios!

¡Su reino es un reino eterno

y su dominio dura de generación en generación!

4 1 Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa y floreciente en mi palacio, 2 cuando tuve un sueño que me horrorizó: las obsesiones que me asaltaron en mi lecho y las visiones de mi imaginación me llenaron de espanto. 3 Entonces ordené que hicieran comparecer en mi presencia a todos los sabios de Babilonia, para que me dieran a conocer la interpretación del sueño. 4 Se presentaron los magos, los adivinos, los caldeos y los astrólogos, y yo conté el sueño delante de ellos, pero ellos no me hicieron conocer la interpretación.

5 Finalmente, se presentó ante mí Daniel –llamado Beltsasar, según el nombre de mi dios– en quien reside el espíritu de los dioses santos, y yo conté el sueño delante de él: 6 "Beltsasar, jefe de los magos, yo sé que en ti reside el espíritu de los dioses santos y que ningún misterio te desconcierta: escucha las visiones del sueño que he tenido y dime su interpretación. 7 Yo contemplaba en mi lecho las visiones de mi imaginación:

Vi un árbol gigantesco

en el centro de la tierra.

8 El árbol creció y se volvió corpulento;

su altura llegaba hasta el cielo

y se lo veía desde los extremos de toda la tierra.

9 Su follaje era hermoso y su fruto abundante:

había en él comida para todos.

Debajo de él se guarecían los animales de los campos,

y en sus ramas anidaban los pájaros del cielo;

de él se alimentaban todos los vivientes.

10 Yo contemplaba recostado en mi lecho las visiones de mi imaginación, y vi que un Guardián, un Santo, descendía del cielo. 11 Él gritaba con fuerza y decía:

‘Derriben el árbol y corten sus ramas,

arranquen sus hojas y dispersen sus frutos;

que huyan los animales de debajo de él

y los pájaros, de sus ramas.

12 Pero dejen en la tierra el tronco con sus raíces,

sujeto con cadenas de hierro y bronce,

entre la hierba de los campos.

Que sea empapado por el rocío del cielo

y comparta con los animales la hierba de la tierra;

13 que sea cambiado su corazón de hombre

y adquiera instintos de animal,

y que siete tiempos pasen sobre él.

14 Por un decreto de los Guardianesse pronuncia esta sentencia,

y por una orden de los Santos, esta decisión,

para que los vivientes reconozcan

que el Altísimo domina sobre la realeza de los hombres,

que él la da a quien quiere

y eleva al más humilde de los hombres’.

15 Este es el sueño que tuve, yo, el rey Nabucodonosor; y tú, Beltsasar, dame su interpretación, porque ninguno de los sabios de mi reino ha podido hacérmela conocer. Tú sí que eres capaz de hacerlo, porque en ti reside el espíritu de los dioses santos".

La interpretación del sueño

16 Daniel, llamado Beltsasar, quedó aturdido por un instante y sus pensamientos lo llenaron de espanto. Pero el rey tomó la palabra y dijo: "Beltsasar, que no te espanten el sueño y su interpretación". Beltsasar respondió, diciendo: "Señor mío, ¡que este sueño sea para tus enemigos, y su interpretación para tus adversarios! 17 El árbol que tú viste, que creció y se volvió corpulento, cuya altura llegaba hasta el cielo y se lo veía desde toda la tierra, 18 que tenía un hermoso follaje y fruto abundante, en el que había alimentos para todos, bajo el cual habitaban los animales de los campos y en cuyas ramas anidaban los pájaros del cielo, 19 ese árbol eres tú, rey. Porque tú has crecido y te has hecho poderoso; ha crecido tu grandeza y ha llegado hasta el cielo, y tu dominio se extiende hasta los extremos de la tierra. 20 El rey ha visto además a un Guardián, un Santo, que descendía del cielo y decía: "Derriben el árbol y destrúyanlo. Pero dejen en la tierra el tronco con sus raíces, sujeto con cadenas de hierro y bronce, entre la hierba de los campos. Que sea empapado por el rocío del cielo y que tenga su parte con los animales de los campos, hasta que pasen sobre él siete tiempos". 21 Esta es la interpretación, rey, y es el decreto del Altísimo que alcanza a mi señor el rey. 22 Tú serás arrojado de entre los hombres, y convivirás con los animales de los campos; te alimentarás de hierba como los bueyes y serás empapado por el rocío del cielo; siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre la realeza de los hombres y que él la da a quien quiere. 23 Y si se ha ordenado dejar el tronco con las raíces del árbol, es porque conservarás tu realeza, apenas hayas reconocido que es el Cielo el que domina. 24 Por eso, rey, acepta mi consejo: redime tus pecados con la justicia y tus faltas con la misericordia hacia los pobres; tal vez así tu prosperidad será duradera".

El cumplimiento del sueño:la locura de Nabucodonosor

25 Todo esto le sucedió al rey Nabucodonosor. 26 Al cabo de doce meses, mientras se paseaba por la terraza del palacio real de Babilonia, 27 el rey tomó la palabra y dijo: "¿No es esta la gran Babilonia, que yo edifiqué como residencia real gracias a mi poderío y para gloria de mi majestad?". 28 La palabra estaba todavía en la boca del rey, cuando cayó del cielo una voz: "A ti, rey Nabucodonosor, se dirige esta palabra: La realeza te será retirada. 29 Te arrojarán de entre los hombres y convivirás con los animales de los campos; te alimentarás de hierba como los bueyes, y pasarán sobre ti siete tiempos, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre la realeza de los hombres y él la da a quien quiere". 30 En ese mismo instante, la palabra se cumplió en Nabucodonosor: él fue arrojado de entre los hombres; empezó a comer hierba como los bueyes y su cuerpo fue empapado por el rocío, hasta que sus cabellos crecieron como plumas de águila y sus uñas, como las de los pájaros.

La curación de Nabucodonosor

31 Al cabo de los días fijados, yo, Nabucodonosor, levanté mis ojos hacia el cielo, y recobré la razón. Entonces bendije al Altísimo, glorifiqué y celebré al que vive eternamente,

cuyo dominio es un dominio eterno

y cuyo reino dura de generación en generación.

32 Todos los habitantes de la tierra no cuentan para nada ante él;

él hace lo que le agrada con el Ejército de los cielos

y con los habitantes de la tierra,

y no hay nadie que pueda tomarle la mano

y decirle: "¿Qué haces?".

33 En ese momento, recobré la razón; y para gloria de mi realeza, también recuperé la majestad y el esplendor. Mis familiares y mis dignatarios acudieron a mí; yo fui restablecido en mi reino y mi grandeza se acrecentó extraordinariamente. 34 Ahora yo, Nabucodonosor, glorifico, exalto y celebro al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad y sus caminos son justicia. Y él tiene poder para humillar a los que caminan con arrogancia.

El banquete de Baltasar

5 1 El rey Baltasar ofreció un gran banquete a mil de sus dignatarios, y bebió vino en la presencia de esos mil. 2 Estimulado por el vino, Baltasar mandó traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor, su padre, había sacado del Templo de Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey y sus dignatarios, sus mujeres y sus concubinas. 3 Entonces trajeron los vasos de oro que habían sido sacados del Templo, de la Casa de Dios en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus dignatarios, sus mujeres y sus concubinas. 4 Mientras bebían vino, glorificaban a los dioses de oro y plata, de bronce, hierro, madera y piedra.

La inscripción misteriosa

5 De pronto, aparecieron unos dedos de mano humana, que escribían sobre el estuco del muro del palacio real, frente al candelabro, y el rey veía el extremo de esa mano que escribía.

6 Entonces el rey cambió de color y sus pensamientos lo llenaron de espanto; se le aflojaron todos los miembros y se entrechocaban sus rodillas. 7 El rey gritó con fuerza que hicieran venir a los adivinos, a los caldeos y los astrólogos. Y tomando la palabra, dijo a los sabios de Babilonia: "Cualquiera que lea la inscripción y me la interprete, se vestirá de púrpura, llevará un collar de oro en su cuello, y ocupará el tercer puesto en el reino". 8 Pero cuando entraron todos los sabios del rey, no fueron capaces de leer la inscripción ni de hacer conocer al rey su interpretación. 9 El rey Baltasar sintió un gran temor, cambió de color, y sus dignatarios quedaron consternados.

La intervención de Daniel

10 La reina, enterada de las palabras del rey y de sus dignatarios, entró en la sala del banquete y, tomando la palabra, dijo: "¡Viva el rey eternamente! Que tus pensamientos no te llenen de espanto y no cambies de color. 11 En tu reino hay un hombre que posee el espíritu de los dioses santos; mientras vivía tu padre, se encontró en él una clarividencia, una perspicacia y una sabiduría igual a la sabiduría de los dioses; y el rey Nabucodonosor, tu padre, lo constituyó jefe de los magos, los adivinos, los caldeos y los astrólogos. 12 Ahora bien, ya que en este Daniel, a quien el rey dio el nombre de Beltsasar, se ha encontrado un espíritu superior, así como también ciencia, inteligencia, y el arte de interpretar sueños, resolver enigmas y solucionar problemas, que se llame a Daniel y él expondrá la interpretación".

13 Daniel fue introducido en la presencia del rey, y este, tomando la palabra, le dijo: "¿Así que tú eres Daniel, uno de los deportados judíos que el rey, mi padre, hizo venir de Judá? 14 Yo he oído decir que en ti reside el espíritu de los dioses, y que se han hallado en ti clarividencia, perspicacia y una sabiduría superior. 15 Acaban de ser traídos a mi presencia los sabios y los adivinos, para que lean esta inscripción y me la interpreten, pero ellos no han sido capaces de interpretar la cosa. 16 Yo he oído de ti que puedes dar interpretaciones y resolver problemas. Si tú ahora puedes leer la inscripción y me haces conocer su interpretación, te vestirás de púrpura, llevarás un collar de oro en tu cuello y ocuparás el tercer puesto en el reino".

Lectura e interpretación de la inscripción

17 Daniel tomó la palabra y dijo en presencia del rey: "Puedes guardar para ti tus dones y dar a otros tus regalos; de todas maneras, yo leeré al rey la inscripción y le haré conocer su interpretación. 18 Escucha, rey: El Dios Altísimo dio a tu padre Nabucodonosor la realeza, y también magnificencia, gloria y majestad. 19 Y a causa de la magnificencia que le concedió, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban de temor delante de él: él mataba y hacía vivir a quien quería, exaltaba y humillaba a quien quería. 20 Pero cuando se ensoberbeció su corazón y su espíritu se obstinó hasta la arrogancia, fue depuesto de su trono real y le fue retirada la gloria. 21 Él fue expulsado de entre los hombres y adquirió instintos de bestia; convivió con los asnos salvajes, se alimentó de hierba como los bueyes y su cuerpo fue empapado por el rocío, hasta que supo que el Dios Altísimo domina sobre la realeza de los hombres y entroniza a quien él quiere.

22 Pero tú, su hijo Baltasar, no has querido humillarte, aunque sabías todo esto. 23 Te has exaltado contra el Señor del cielo: han traído a tu presencia los vasos de su Casa, y han bebido vino en ellos, tú y tus dignatarios, tus mujeres y tus concubinas; has glorificado a los dioses de plata y oro, de bronce, hierro, madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni entienden, pero no has celebrado al Dios que tiene en su mano tu aliento y a quien pertenecen todos tus caminos. 24 Por eso ha sido enviada esta mano de parte de él, y ha sido trazada esta inscripción. 25 Esta es la inscripción que ha sido trazada: Mené, Tequel, Parsín. 26 Y esta es la interpretación de las palabras: Mené: Dios ha contado los días de tu reinado y les ha puesto fin; 27 Tequel: tú has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso; 28 Parsín: tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y a los persas".

29 Entonces Baltasar mandó revestir de púrpura a Daniel e hizo poner en su cuello el collar de oro y proclamar que ocuparía el tercer puesto en el reino.

30 Esa misma noche, mataron a Baltasar, rey de los caldeos.

6 1 Y Darío, el medo, lo sucedió en el trono a los sesenta y dos años de edad.

Daniel en el foso de los leones

2 Darío consideró oportuno poner al frente del reino a ciento veinte sátrapas, distribuidos por todo el reino, 3 y establecer sobre ellos a tres ministros –entre los cuales estaba Daniel– a quienes esos sátrapas debían rendir cuenta, a fin de que no se atentara contra los intereses del rey. 4 Ahora bien, este Daniel sobresalía entre los ministros y sátrapas, porque había en él un espíritu superior, y el rey pensaba ponerlo al frente de todo el reino. 5 Por eso los ministros y los sátrapas trataron de encontrar un pretexto para acusar a Daniel en lo referente a los asuntos del reino. Pero no pudieron encontrar ningún pretexto ni falta, porque él era fiel y no se le descubrió ninguna negligencia ni falta.

6 Esos hombres dijeron: "No encontraremos ningún motivo de acusación contra Daniel, sino es en la Ley de su Dios". 7 Los ministros y los sátrapas acudieron precipitadamente al rey y le hablaron así: "¡Viva eternamente el rey Darío! 8 Todos los ministros del reino, los prefectos y los sátrapas, los familiares y los gobernadores, se han puesto de acuerdo para que el rey promulgue un edicto y ponga en vigencia una prohibición, a saber: Todo el que dentro de los próximos treinta días dirija una plegaria a cualquier dios u hombre que no seas tú, rey, será arrojado en el foso de los leones. 9 Por lo tanto, rey, promulga la prohibición y consígnala por escrito, para que no sea modificada, conforme a la ley de los medos y de los persas, que es irrevocable". 10 A causa de esto, el rey Darío puso por escrito la prohibición.

11 Cuando Daniel supo que el documento había sido firmado, entró en su casa. Esta tenía en el piso superior unas ventanas que se abrían en dirección a Jerusalén, y tres veces por día, él se ponía de rodillas, invocando y alabando a su Dios, como lo había hecho antes.12 Aquellos hombres acudieron precipitadamente y encontraron a Daniel orando y suplicando a su Dios. 13 Entonces se presentaron ante el rey y, refiriéndose a la prohibición real, le dijeron: "¿Acaso no has escrito una prohibición según la cual todo el que dirija una oración dentro de los próximos treinta días, a cualquier dios u hombre que no seas tú, rey, debe ser arrojado al foso de los leones?". El rey tomó la palabra y dijo: "Así es, en efecto, según la ley de los medos y de los persas, que es irrevocable".

14 Entonces ellos tomaron la palabra y dijeron en presencia del rey: "Daniel, uno de los deportados de Judá, no te ha hecho caso, rey, ni a ti ni a la prohibición que tú has escrito, y tres veces al día hace su oración". 15 Al oír esto, el rey se apenó profundamente y puso todo su empeño por salvar a Daniel: hasta el atardecer se esforzó por librarlo. 16 Pero esos hombres acudieron precipitadamente al rey y le dijeron: "Tienes que saber, rey, que según la ley de los medos y de los persas, ninguna prohibición o edicto promulgado por el rey puede ser modificado".

17 Entonces el rey mandó traer a Daniel y arrojarlo al foso de los leones. El rey tomó la palabra y dijo a Daniel: "Tu Dios, al que sirves con tanta constancia, te salvará". 18 Luego trajeron una piedra y la pusieron sobre la abertura del foso; el rey la selló con su anillo y con el anillo de sus dignatarios, para que no se cambiara nada en lo concerniente a Daniel.

La liberación de Daniel

19 El rey se retiró a su palacio; ayunó toda la noche, no hizo venir a sus concubinas y se le fue el sueño. 20 Al amanecer, apenas despuntado el día, el rey se levantó y fue rápidamente al foso de los leones. 21 Cuando se acercó a él, llamó a Daniel con voz angustiosa. El rey tomó la palabra y dijo a Daniel: "Daniel, servidor del Dios viviente, ¿ha podido tu Dios, al que sirves con tanta constancia, salvarte de los leones?". 22 Daniel dijo al rey: "¡Viva el rey eternamente! 23 Mi Dios ha enviado a su Ángel y ha cerrado las fauces de los leones, y ellos no me han hecho ningún mal, porque yo he sido hallado inocente en su presencia; tampoco ante ti, rey, había cometido ningún mal". 24 El rey sintió una gran alegría a causa de Daniel, y ordenó que lo sacaran del foso. Daniel fue sacado del foso, y no se le encontró ni un rasguño, porque había confiado en su Dios. 25 Luego el rey mandó traer a los hombres que habían acusado a Daniel y los hizo arrojar al foso de los leones, con sus hijos y sus mujeres. Y no habían llegado aún al fondo del foso, cuando ya los leones se apoderaron de ellos y les trituraron todos los huesos.

Profesión de fe del rey

26 Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan sobre la tierra: "¡Tengan ustedes paz en abundancia! 27 Yo ordeno que en todo el dominio de mi reino se tiemble y se sienta temor ante el Dios de Daniel,

porque él es el Dios viviente

y subsiste para siempre;

su reino no será destruido

y su dominio durará hasta el fin.

28 Él salva y libera,

realiza signos y prodigios

en el cielo y sobre la tierra.

Él ha salvado a Daniel

del poder de los leones".

29 Así este Daniel estuvo en auge bajo el reinado de Darío y bajo el reinado de Ciro el persa.

VISIONES APOCALÍPTICAS

La segunda parte del Libro contiene el "Apocalipsis" de Daniel propiamente dicho. Como en todos los escritos apocalípticos, el tema central de estas visiones simbólicas son las diversas etapas de la historia humana y su desenlace final. El autor quiere mostrar que nada de lo que sucede en el mundo es fruto del azar, sino la realización del designio oculto de Dios, revelado a sus elegidos. Los Imperios aparecen, luchan entre sí y se suceden unos a otros. Los reyes se atribuyen prerrogativas divinas y pretenden usurpar el lugar de Dios. Cada nuevo Imperio supera en crueldad al precedente. Pero el Señor dirige el curso de los acontecimientos y va disponiendo misteriosamente los "tiempos y momentos" hacia el establecimiento definitivo de su Reino.

A pesar de la oscuridad que caracteriza a las visiones alegóricas de esta parte, el sentido general de las mismas es bien claro. Los perseguidores -personificados sobre todo en Antíoco IV- no tendrán la última palabra. Más allá del creciente auge del mal, se vislumbra la venida misteriosa de un "Hijo de hombre" que trasciende la mera condición humana: a él se le dará "el dominio, la gloria y el reino" y todos lo servirán (7. 13-14). A esa venida se agrega el anuncio de la resurrección final de los justos, que "brillarán como las estrellas por los siglos de los siglos" (12. 2-3). Así, los sueños de una victoria terrestre y nacional, por medio de la lucha armada, se desvanecen completamente ante la promesa de un mundo transfigurado por el poder divino.

La visión de los cuatro animales y del Hijo de hombre

7 1 El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño y unas visiones en su imaginación, mientras se hallaba en su lecho. Él escribió el sueño. Este es el comienzo del relato. 2 Daniel tomó la palabra y dijo: Yo miraba en mis visiones nocturnas, y vi los cuatro vientos del cielo que agitaban el gran mar. 3 Y cuatro animales enormes, diferentes entre sí, emergieron del mar. 4 El primero era como un león y tenía alas de águila. Yo estuve mirando hasta que fueron arrancadas sus alas; él fue levantado de la tierra y puesto de pie sobre dos patas como un hombre, y le fue dado un corazón de hombre. 5 Luego vi otro animal, el segundo, semejante a un oso; él estaba medio erguido y tenía tres costillas en su boca, entre sus dientes. Y le hablaban así: "¡Levántate, devora carne en abundancia!". 6 Después de esto, yo estaba mirando y vi otro animal como un leopardo; tenía cuatro alas de pájaro sobre el dorso y también cuatro cabezas, y le fue dado el dominio. 7 Después de esto, yo estaba mirando en las visiones nocturnas y vi un cuarto animal, terrible, espantoso y extremadamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro, comía, trituraba y el resto lo pisoteaba con las patas. Era diferente de todos los animales que lo habían precedido, y tenía diez cuernos. 8 Yo observaba los cuernos, y vi otro cuerno, pequeño, que se elevaba entre ellos. Tres de los cuernos anteriores fueron arrancados delante de él, y sobre este cuerno había unos ojos como de hombre y una boca que hablaba con insolencia.

9 Yo estuve mirando

hasta que fueron colocados unos tronos

y un Anciano se sentó.

Su vestidura era blanca como la nieve

y los cabellos de su cabeza como la lana pura;

su trono, llamas de fuego,

con ruedas de fuego ardiente.

10 Un río de fuego brotaba

y corría delante de él.

Miles de millares lo servían,

y centenares de miles estaban de pie en su presencia.

El tribunal se sentó

y fueron abiertos unos libros.

11 Yo miraba a causa de las insolencias que decía el cuerno: estuve mirando hasta que el animal fue muerto, y su cuerpo destrozado y entregado al ardor del fuego. 12 También a los otros animales les fue retirado el dominio, pero se les permitió seguir viviendo por un momento y un tiempo.

13 Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas,

y vi que venía sobre las nubes del cielo

como un Hijo de hombre;

él avanzó hacia el Anciano

y lo hicieron acercar hasta él.

14 Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino,

y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas.

Su dominio es un dominio eterno que no pasará,

y su reino no será destruido.

Interpretación de la visión

15 Yo, Daniel, quedé profundamente turbado en mi espíritu, y las visiones de mi imaginación me llenaron de espanto. 16 Me acerqué a uno de los que estaban de pie y le pregunté la verdad acerca de todo aquello. Él me habló y me hizo conocer la interpretación de las cosas. 17 "Esos cuatro animales enormes son cuatro reyes que se alzarán de la tierra; 18 y los Santos del Altísimo recibirán la realeza, y la poseerán para siempre, por los siglos de los siglos".

19 Entonces quise saber la verdad acerca del cuarto animal, que era diferente de todos los demás, extremadamente terrible, y que tenía dientes de hierro y garras de bronce: el que devoraba, trituraba y pisoteaba el resto con las patas; 20 y también acerca de los diez cuernos de su cabeza, y del otro cuerno que se había elevado y ante el cual habían caído tres; es decir, el cuerno que tenía ojos y una boca que hablaba con insolencia, y que parecía más grande que los otros. 21 Yo miraba, y este cuerno hacía la guerra a los Santos del Altísimo y prevalecía sobre ellos, 22 hasta que vino el Anciano, se hizo justicia a los Santos del Altísimo y llegó el momento en que los Santos entraron en posesión de la realeza.

23 Él habló así: "En lo que respecta al cuarto animal,

habrá sobre la tierra un cuarto reino,

diferente de todos los reinos:

él devorará toda la tierra,

la pisoteará y la triturará.

24 En cuanto a los diez cuernos,

de este reino surgirán diez reyes,

y otro surgirá después de ellos:

será diferente de los anteriores

y abatirá a tres reyes.

25 Hablará contra el Altísimo

y maltratará a los Santos del Altísimo.

Tratará de cambiar los tiempos festivos y la Ley,

y los Santos serán puestos en sus manos

por un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo.

26 Pero luego se sentará el tribunal,

y a ese rey se le quitará el dominio,

para que sea destruidoy aniquilado definitivamente.

27 Y la realeza, el dominio y

la grandeza de todos los reinos bajo el cielo

serán entregados al pueblo de los Santos del Altísimo.

Su reino es un reino eterno,

y todos los imperios lo servirán y le obedecerán".

28 Aquí termina el relato. En cuanto a mí, Daniel, mis pensamientos me llenaron de espanto y cambié de color. Y yo conservé estas cosas en mi corazón.

La visión del carnero y el chivo

8 1 El tercer año del reinado del rey Baltasar, se me presentó una visión, a mí, Daniel, después de aquella que se me había presentado anteriormente. 2 En esa visión, yo estaba mirando; y mientras miraba, estaba en Susa, la ciudadela que está en la provincia de Elám. En esa visión, yo estaba mirando, y me encontraba junto al río Ulai. 3 Alcé mis ojos, miré, y vi un carnero que estaba parado ante el río. Tenía dos cuernos; los dos cuernos eran altos, pero uno era más alto que el otro, y el más alto se elevó en último término. 4 Yo vi al carnero que embestía hacia el oeste, hacia el norte y hacia el sur. Ningún animal podía resistir ante él, y nadie podía librar de su poder; él obraba a su arbitrio y se engrandecía.

5 Presté atención, y vi un chivo que venía del occidente, sobre la faz de toda la tierra, sin tocar el suelo; ese chivo tenía un cuerno imponente entre sus ojos. 6 Llegó hasta el carnero de los dos cuernos, que yo había visto parado ante el río, y corrió hacia él con todo el ardor de su fuerza. 7 Lo vi avanzar hacia el carnero, hecho una furia contra él; lo golpeó y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no tuvo fuerza para resistir ante él: lo arrojó por tierra y lo pisoteó, y no hubo nadie que librara al carnero de su poder. 8 Así el chivo se engrandeció enormemente; pero una vez que se hizo fuerte, el cuerno grande se quebró, y cuatro cuernos imponentes se elevaron en lugar de él, hacia los cuatro vientos del cielo.

9 De uno de ellos salió otro cuerno pequeño, que se agrandó mucho hacia el sur, hacia el oriente y hacia la Hermosura. 10 Se agrandó hasta el Ejército del cielo, hizo caer por tierra a una parte de este Ejército y de las estrellas, y las pisoteó. 11 Se agrandó hasta llegar al Jefe del Ejército y le suprimió el sacrificio perpetuo; el lugar de su Santuario fue avasallado, 12 lo mismo que su Ejército. Sobre el sacrificio perpetuo fue instalada la iniquidad, y se echó por tierra la verdad. Él tuvo éxito en todo lo que emprendió.

13 Entonces oí a un Santo que hablaba, y otro Santo dijo al que hablaba: "¿Hasta cuándo se verá el sacrificio perpetuo suprimido, la iniquidad desoladora instalada, el Lugar santo y el Ejército pisoteados?". 14 Él respondió: "Hasta que pasen dos mil trescientas tardes y mañanas: entonces el Lugar santo será reivindicado".

Interpretación del ángel Gabriel

15 Mientras yo, Daniel, miraba la visión y trataba de comprender, vi que estaba de pie frente a mí alguien con aspecto de hombre. 16 Y oí una voz de hombre en medio del río Ulai, que gritaba, diciendo: "Gabriel, explícale la aparición a este hombre". 17 Él llegó hasta donde yo estaba, y cuando llegó, sentí un gran temor y caí sobre mi rostro. Él me dijo: "Entiende, hijo de hombre, que la visión se refiere al tiempo del Fin". 18 Mientras él me hablaba, yo caí en trance con el rostro en tierra. Él me tocó y me hizo poner de pie en el lugar donde estaba. 19 Luego añadió: "Voy a hacerte saber lo que sucederá al término de la Indignación, porque el Fin llegará en el momento fijado. 20 El carnero que viste con dos cuernos representa a los reyes de los medos y de los persas; 21 el chivo velludo es el rey de Javán, y el gran cuerno que estaba entre sus ojos es el primer rey. 22 Una vez quebrado este, los cuatro que surgieron en lugar de él son los cuatro reinos que surgirán de su nación, pero no con su misma fuerza. 23 Al fin de su reinado,

cuando los pecadores hayan colmado la medida,

surgirá un rey atrevido y astuto.

24 Su poderío se acrecentará, pero no por su propia fuerza;

causará destrucciones inauditas

y tendrá éxito en lo que emprenda,

destruirá a los poderosos,

al pueblo de los Santos.

25 Gracias a su astucia,

el engaño triunfará por medio de él,

su corazón se ensoberbecerá

y destruirá tranquilamente a muchos.

Se alzará contra el Jefe de los jefes,

pero luego será destrozado sin que intervenga ninguna mano.

26 La visión de las tardes y las mañanas,

tal como ha sido expuesta, es verdad.

En cuanto a ti, oculta la visión,

porque es para días lejanos".

27 Yo, Daniel, me desvanecí y estuve enfermo varios días. Luego me levanté y me dediqué a los asuntos del rey. La visión me dejó perplejo, y no atinaba a comprender.

La profecía de Jeremías sobre los setenta años

9 1 El primer año de Darío, hijo de Asuero, de la raza de los medos, que fue constituido rey sobre el reino de los caldeos, 2 el primer año de su reinado, yo, Daniel, investigaba en los Libros el número de años que, según la palabra del Señor al profeta Jeremías, debían cumplirse sobre las ruinas de Jerusalén: eran setenta años. 3 Yo volví mi rostro hacia el Señor Dios para obtener una respuesta, con oraciones y súplicas, mediante el ayuno, el cilicio y las cenizas. 4 Oré al Señor, mi Dios, y le hice esta confesión:

La oración de Daniel

"¡Ah, Señor, Dios, el Grande, el Temible, el que mantiene la alianza y la fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos! 5 Nosotros hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos. 6 No hemos escuchado a tus servidores los profetas, que hablaron en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país. 7 ¡A ti, Señor, la justicia! A nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro, como les sucede en este día a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los que están cerca y a los que están lejos, en todos los países adonde tú los expulsaste, a causa de la infidelidad que cometieron contra ti. 8 ¡A nosotros, Señor, la vergüenza reflejada en el rostro, y también a nuestros reyes, a nuestros jefes y a nuestros padres, porque hemos pecado contra ti! 9 ¡Al Señor, nuestro Dios, la misericordia y el perdón, porque nos hemos rebelado contra él! 10 Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, para seguir sus leyes, que él puso delante de nosotros por medio de sus servidores los profetas. 11 Todo Israel ha transgredido tu Ley y se ha apartado para no escuchar tu voz. Entonces se descargaron sobre nosotros la imprecación y el juramento que están escritos en la Ley de Moisés, servidor de Dios, porque nosotros pecamos contra el Señor. 12 Y él cumplió la palabra que había pronunciado contra nosotros y contra los jueces que nos juzgaban, haciendo recaer sobre nosotros una gran desgracia, porque nunca ha sucedido bajo el cielo lo que sucedió en Jerusalén. 13 Toda esa desgracia nos sobrevino según lo que está escrito en la Ley de Moisés. Pero nosotros no hemos aplacado la ira del Señor, nuestro Dios, convirtiéndonos de nuestra iniquidad y reconociendo tu fidelidad. 14 El Señor estuvo atento a estas calamidades y las descargó sobre nosotros, porque el Señor, nuestro Dios, es justo en todas las obras que hizo; pero nosotros no hemos escuchado su voz.

15 Y ahora, Señor, Dios nuestro, que hiciste salir a tu pueblo del país de Egipto con mano poderosa, y así te ganaste un renombre que perdura hasta el día de hoy, nosotros hemos pecado y hemos hecho el mal. 16 Señor, por todas tus obras de justicia, que tu ira y tu furor se aparten de tu Ciudad, de Jerusalén, tu santa Montaña. Porque a causa de nuestros pecados y de las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el escarnio de todos los que nos rodean. 17 Y ahora, Dios nuestro, escucha la oración y las súplicas de tu servidor, y a causa de ti mismo, Señor, que brille tu rostro sobre tu Santuario desolado. 18 Inclina tu oído, Dios mío, y escucha; abre tus ojos y mira nuestras ruinas y la ciudad que es llamada con tu Nombre, porque no presentamos nuestras súplicas delante de ti a causa de nuestros actos de justicia, sino a causa de tu gran misericordia. 19 ¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, presta atención y obra! ¡No tardes más, a causa de ti, Dios mío, porque tu Ciudad y tu pueblo son llamados con tu Nombre!".

Las setenta semanas

20 Yo hablaba todavía, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y presentando mi súplica delante del Señor, mi Dios, en favor de la Montaña santa de mi Dios; 21 yo hablaba todavía en oración, cuando Gabriel, ese hombre al que había visto al comienzo en la visión, se acercó a mí en rápido vuelo, a la hora de la oblación de la tarde. 22 Él me instruyó y me habló, diciendo: "Daniel, yo he salido para abrirte la inteligencia. 23 Cuando tú comenzabas tus súplicas, salió una palabra, y yo he venido a anunciártela, porque tú eres objeto de predilección. Discierne la palabra y entiende la visión.

24 Setenta semanas han sido fijadas

sobre tu pueblo y tu Ciudad santa,

para poner fin a la transgresión,

para sellar el pecado,

para expiar la iniquidad,

para instaurar la justicia eterna,

para sellar la visión y al profeta,

y para ungir el Santo de los santos.

25 Tienes que saber y comprender esto:

Desde que salió la orden de reconstruir a Jerusalén,

hasta que aparezca un Jefe ungido,

pasarán siete semanas;

luego, durante sesenta y dos semanas,

ella será reconstruida con la plaza y el foso,

pero en tiempos de angustia.

26 Y después de las sesenta y dos semanas,

será suprimido un ungido inocente;

en la Ciudad y en el Lugar santo,

hará estragos el pueblode un jefe invasor;

pero su fin sobrevendrá en un cataclismo,

y hasta el fin habrá guerra

y las devastaciones decretadas.

27 Él impondrá una alianza a muchos

durante una semana;

y durante la mitad de la semana

hará cesar el sacrificio y la oblación.

Y sobre un ala del Templo

estará la Abominación de la desolación,

hasta que el exterminio decretado

se derrame sobre el devastador".

La visión del hombre vestido de lino

10 1 El año tercero de Ciro, rey de Persia, una palabra fue revelada a Daniel, que había recibido el nombre de Beltsasar. Esta palabra es verdadera y se refiere a un gran combate. Él prestó atención a la palabra y le fue dada la inteligencia en el transcurso de la visión.

2 En aquellos días, yo, Daniel, estuve de duelo tres semanas enteras: 3 no comí ningún manjar exquisito; ni la carne ni el vino entraron en mi boca, ni me hice ninguna unción, hasta que se cumplieron tres semanas enteras.

4 Y el día veinticuatro del primer mes, yo estaba a orillas del Gran Río, es decir, el Tigris. 5 Alcé mis ojos y vi a un hombre vestido de lino y ceñido con un cinturón de oro fino de Ufaz. 6 Su cuerpo brillaba como el crisólito, su rostro tenía el aspecto del relámpago, sus ojos eran como antorchas de fuego, sus brazos y sus piernas como el fulgor del bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. 7 Sólo yo, Daniel, veía la aparición; los hombres que estaban conmigo no la vieron, sino que los invadió un gran temor y huyeron a esconderse. 8 Así quedé yo solo contemplando esta gran aparición, y me sentí desfallecer; mi semblante se demudó hasta desfigurarse, y no pude sobreponerme. 9 Yo oí el sonido de sus palabras y, al oírlo, caí en trance con el rostro en tierra.

La aparición y el anuncio profético del Ángel

10 De pronto, una mano me tocó y me hizo poner, temblando, sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. 11 Luego me dijo: "Daniel, hombre predilecto, fíjate en las palabras que voy a decirte, y ponte de pie en el lugar donde estás, porque ahora yo he sido enviado a ti". Y mientras me decía estas palabras, yo me puse de pie, temblando. 12 Él me dijo: "No temas, Daniel, porque desde el primer día en que te empeñaste en comprender y en humillarte delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y yo he venido a causa de ellas. 13 El Príncipe del reino de Persia me opuso resistencia durante veintiún días, pero Miguel, uno de los primeros Príncipes, ha venido en mi ayuda. Yo lo dejé allí, junto al Príncipe de los reyes de Persia, 14 y vine para hacerte comprender lo que sucederá a tu pueblo en los días venideros, porque también esta es una visión para aquellos días".

15 Mientras él me dirigía estas palabras, volví mi rostro hacia el suelo y me quedé mudo. 16 De pronto, una figura como la de un hijo de hombre tocó mis labios. Yo abrí mi boca y me puse a hablar, y dije al que estaba de pie frente a mí: "Mi Señor, ante esta aparición, yo me estremecí de dolor y no pude sobreponerme. 17 ¿Y cómo podría este servidor hablar con mi Señor, aquí presente, si ahora me faltan las fuerzas y ya me he quedado sin aliento?". 18 Aquel que parecía un hombre me volvió a tocar y me fortaleció. 19 Luego me dijo: "No temas, hombre predilecto. ¡La paz esté contigo! ¡Sé fuerte y valeroso!". Mientras él me hablaba, recobré las fuerzas y le dije: "Que hable mi Señor, ya que me has fortalecido". 20 Él respondió: "¿Sabes por qué he venido hasta ti? Ahora vuelvo a combatir contra el Príncipe de Persia, y una vez que haya concluido, vendrá el Príncipe de Javán. 21 Pero yo te voy a indicar lo que está consignado en el Libro de la Verdad. No hay nadie para fortalecerme contra ellos, fuera de Miguel, el Príncipe de ustedes.

11 1 Yo, por mi parte, estuve apostado para darle fuerza y apoyo, durante el primer año de Darío el medo.

2 Y ahora voy a anunciarte la verdad.

La división del reino de Alejandro Magno

Todavía surgirán tres reyes en Persia, y el cuarto poseerá riquezas más grandes que todos los demás. Y cuando este se haya hecho poderoso por su riqueza, movilizará todo contra el reino de Javán. 3 Luego surgirá un rey guerrero, que ejercerá un dominio inmenso y hará lo que le parezca. 4 Sin embargo, apenas logre afianzarse, su reino será dividido y repartido a los cuatro vientos del cielo, pero no en provecho de sus descendientes, y sin el dominio que él había ejercido. Porque su reino será arrancado de raíz y pasará a otros, distintos de aquellos.

Las primeras luchas entre Seléucidas y Lágidas

5 El rey del Sur se hará poderoso, pero uno de sus jefes será más fuerte que él, y ejercerá un dominio más grande que el suyo. 6 Al cabo de algunos años, ellos se aliarán, y la hija del rey del Sur se presentará al rey del Norte para concertar un acuerdo equitativo. Pero ella no conservará la fuerza de su brazo, y su descendencia no subsistirá: ella misma será entregada, y junto con ella, los que la habían llevado, así como su hijo y el que la había sostenido. En aquellos tiempos, 7 surgirá en lugar de su padre un retoño de las mismas raíces que ella: él atacará al ejército y penetrará en la fortaleza del rey del Norte, luchará contra ellos y vencerá. 8 Hasta a sus dioses, con sus estatuas de metal fundido y sus objetos de plata y oro, los llevará cautivos a Egipto; y él, durante algunos años, se mantendrá alejado del rey del Norte. 9 Este último penetrará entonces en el reino del rey del Sur, y luego regresará a su país.

Antíoco III el Grande

10 Los hijos del rey del Norte reanudarán las hostilidades y reunirán una gran multitud de tropas. Uno de ellos irrumpirá como un río desbordado, inundará y llevará las hostilidades hasta su fortaleza. 11 El rey del Sur se irritará y saldrá a combatir contra el rey del Norte. Este pondrá en pie de guerra una gran multitud, pero ella caerá en manos del rey del Sur. 12 La multitud será aniquilada; entonces se ensoberbecerá su corazón y abatirá a millares de hombres, pero ya no será el más fuerte. 13 El rey del Norte pondrá otra vez en pie de guerra una multitud más grande que la primera y, al cabo de algunos años, irrumpirá con un gran ejército y muy bien pertrechado. 14 En aquellos tiempos, se alzarán muchos contra el rey del Sur, y unos hombres violentos de tu pueblo se levantarán para dar cumplimiento a una visión, pero fracasarán. 15 El rey del Norte vendrá, levantará terraplenes y tomará una ciudad fortificada. Las fuerzas del Sur no resistirán, y ni siquiera sus tropas escogidas tendrán vigor para resistir. 16 El invasor hará lo que le parezca y nadie se le opondrá; se instalará en el país de la Hermosura, y el país entero caerá en sus manos. 17 Entonces se dispondrá a someter todo el reino del Sur, y concertará un acuerdo con él: le dará una mujer excepcional para destruirlo, pero eso no perdurará ni le dará resultado. 18 Se volverá hacia las regiones costeras, y conquistará un buen número de ellas; pero un magistrado acabará con el ultraje, sin que él pueda devolverle la afrenta. 19 Luego se volverá hacia las fortalezas de su país, pero tropezará, caerá y no se lo encontrará más.

20 En lugar de él, surgirá uno que hará pasar a un recaudador de tributos por la tierra más hermosa del reino, pero en unos días será destrozado, aunque no de frente ni en la guerra.

Antíoco IV Epífanes

21 En lugar de él, surgirá un plebeyo, que no estará investido de la dignidad real. Él llegará tranquilamente y se adueñará de la realeza por medio de intrigas. 22 Las fuerzas opositoras serán barridas ante él y quedarán destrozadas, así como también el príncipe de la Alianza. 23 Se valdrá de los pactos concertados con él para actuar dolosamente: así se encumbrará y se hará fuerte con poca gente. 24 Entrará tranquilamente en las regiones más fértiles de la provincia, y hará lo que no habían hecho ni sus padres ni los padres de sus padres: distribuirá entre su gente botín, despojos y riquezas, y hará planes contra las fortalezas, pero sólo por un tiempo. 25 Al frente de un gran ejército, excitará su fuerza y su coraje contra el rey del Sur, y este entrará en guerra con un gran ejército, extremadamente fuerte, pero no resistirá, porque se confabularán contra él. 26 Los mismos que comían de sus manjares lo destrozarán, su ejército será barrido y caerán muchas víctimas. 27 Los dos reyes, llenos de malas intenciones, se dirán mentiras sentados a la misma mesa; pero no se logrará nada, porque el tiempo fijado todavía está por venir. 28 Él regresará a su país con grandes riquezas y lleno de aversión contra la Alianza santa: actuará y luego regresará a su país.

29 En el tiempo fijado, retornará al Sur, pero esta última vez no será como la primera. 30 Naves de Quitím vendrán contra él, y se desanimará; se volverá atrás y desahogará su furor contra la Alianza santa; a su regreso, llegará a un entendimiento con aquellos que abandonen la Alianza santa. 31 Fuerzas enviadas por él atacarán, profanarán el Santuario y la Ciudadela, abolirán el sacrificio perpetuo e instalarán la Abominación de la desolación. 32 Por medio de intrigas, él hará apostatar a los transgresores de la Alianza, pero el pueblo de los que conocen a Dios se mantendrá firme y entrará en acción. 33 Hombres prudentes del pueblo instruirán a muchos, pero serán víctimas de la espada y del fuego, del cautiverio y del saqueo, durante algunos días. 34 Mientras ellos caigan, recibirán un poco de ayuda, y muchos se unirán a ellos, pero hipócritamente. 35 Algunos de los hombres prudentes caerán, a fin de ser purificados, acrisolados y blanqueados, hasta el tiempo del Fin, porque el plazo está fijado.

36 El rey obrará a su arbitrio, se exaltará y engrandecerá por encima de todo dios, y dirá cosas monstruosas contra el Dios de los dioses. Y tendrá éxito hasta que se agote la Ira, porque lo que está decretado se ejecutará. 37 Él no respetará a los dioses de sus padres, ni al dios favorito de las mujeres; no respetará a ninguna divinidad, porque se engrandecerá por encima de todo. 38 En su lugar honrará al dios de las fortalezas: honrará a un dios que no conocieron sus padres, con oro, plata, piedras preciosas y objetos de valor. 39 Utilizará como defensores de la fortaleza al pueblo de un dios extranjero; y a todo el que lo reconozca lo colmará de honores, le dará autoridad sobre muchos y le distribuirá parcelas de tierra.

Fin de Antíoco IV Epífanes

40 En el tiempo del Fin, el rey del Sur acometerá contra él. El rey del Norte lo atacará como un torbellino, con carros de guerra, caballería y numerosas naves; penetrará en los países como un río desbordado y los inundará. 41 Entrará en el país de la Hermosura, y caerán millares de hombres, pero se librarán de su mano Edóm, Moab y el resto de los amonitas. 42 Extenderá su mano sobre los países, y el país de Egipto no escapará. 43 Se adueñará de los tesoros de oro y plata, y de todos los objetos preciosos de Egipto; los libios y los cusitas marcharán en su séquito. 44 Pero noticias llegadas de Oriente y del Norte lo llenarán de espanto; entonces partirá lleno de furor para destruir y exterminar a mucha gente. 45 Plantará los pabellones de su palacio entre el mar y la montaña santa de la Hermosura, y luego llegará a su fin, sin que nadie venga en su ayuda.

La resurrección y la retribución final

12 1 En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran

Príncipe,

que está de pie junto a los hijos de tu pueblo.

Será un tiempo de tribulación,

como no lo hubo jamás, desde que existe una nación

hasta el tiempo presente.

En aquel tiempo,

será liberado tu pueblo:

todo el que se encuentre inscrito en el Libro.

2 Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento

se despertarán, unos para la vida eterna,

y otros para la ignominia, para el horror eterno.

3 Los hombres prudentes resplandecerán

como el resplandor del firmamento,

y los que hayan enseñado a muchos la justicia

brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos.

4 En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento".

Última revelación y epílogo

5 Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. 6 Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". 7 Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas".

8 Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". 9 Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. 10 Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. 11 A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. 12 ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días!13 En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días".

1 1. Ver 2 Rey. 24. 1.

2. Ver 2 Crón. 36. 5-7.

12, 14. Ver Apoc. 2. 10.

2 2. La palabra "caldeos" no designa aquí a los habitantes de Caldea o Babilonia, sino a todos los expertos en astrología y ciencias ocultas.

4b. Desde aquí y hasta 7. 28, el texto original está escrito en arameo.

28. Ver Apoc. 1. 1, 19; 4. 1; 22. 6. Los "misterios" son los designios secretos de Dios que se realizan en el curso de la historia humana. Esta expresión anticipa el sentido que tendrá la palabra "misterio" en el Nuevo Testamento.

31-45. La "estatua" formada por elementos diversos, cada vez menos valiosos, representa alegóricamente a los Imperios que se fueron sucediendo en el Antiguo Oriente, desde Nabucodonosor hasta Antíoco IV Epífanes. El "oro" simboliza a Babilonia; la "plata" al reino de los medos; el "bronce" al Imperio persa; el "hierro" al gran Imperio griego fundado por Alejandro Magno. Por último el "hierro" mezclado con "arcilla" representa a los Lágidas de Egipto y a los Seléucidas de Siria, que se repartieron una parte del Imperio de Alejandro. La alegoría culmina con el Juicio de Dios, que derriba todos los imperios humanos y establece su Reino eterno, el Reino mesiánico. Ver Lc. 20. 17-18.

3 1. La "estatua de oro" representaba una divinidad vinculada con el culto imperial.

6. Ver Apoc. 13. 15.

4 7. El símbolo del "árbol" de dimensiones cósmicas aparece con cierta frecuencia en los escritos de la antigüedad. Ezequiel lo emplea para evocar la grandeza del Faraón y su humillante derrota (Ez. 31). Aquí representa a todos los poderes de este mundo, cuya soberbia será abatida en el Juicio de Dios.

9. Ver Mt. 13. 32.

10. El ángel que anuncia el Juicio es llamado "Guardián", porque está siempre alerta para servir al Señor, y "Santo", a causa de su proximidad con Dios.

27. "La gran Babilonia": el nombre de esta ciudad llegó a ser el símbolo del orgullo humano, en oposición a la Jerusalén celestial, la Ciudad de Dios. Ver Apoc. 14. 8; 16. 19; 17. 5; 18. 2, 10, 21.

31. Ver Apoc. 4. 9.

5 1. En la figura de "Baltasar" se perciben los rasgos de Antíoco IV Epífanes, el prototipo del rey impío, que saquea los templos, profana las cosas santas y se hace venerar como un dios. Ver 1 Mac. 1 . 16-64; 6. 1-13; 2 Mac. 3. 1-40; 5. 11-26; 6. 1-9; 9. 2.

4. Ver Apoc. 9. 20.

7 3. Ver Apoc. 13. 1. Estos "cuatro animales" tienen el mismo valor simbólico que los cuatro metales de la estatua del sueño de Nabucodonosor. Ver nota 2. 31-45.

4-6. Ver Apoc. 13. 2,7.

7. Los "diez cuernos" representan a los reyes de la dinastía seléucida, que reinaron en Siria después de la muerte de Alejandro Magno. El número "diez" es una cifra redonda, que sugiere la idea de totalidad.

8. Ver Apoc. 13. 5. El "pequeño cuerno" es Antíoco IV Epífanes.

9. Ver Apoc. 1. 14. El "Anciano" representa a Dios, que se sienta en el trono para el Juicio.

10. Ver Apoc. 5. 11; 20. 12.

13. "Hijo de hombre", tanto en hebreo como en arameo, significa simplemente "hombre" o "ser humano". Pero en este contexto la expresión adquiere un nuevo sentido. Así como los cuatro animales (v. 3) representan a los reinos paganos, así también la figura de este "Hijo de hombre" parece ser la personificación del pueblo de "los Santos del Altisimo" (v. 18), es decir, de los israelitas fieles al Señor. A ellos, Dios les hará justicia después de las tribulaciones padecidas y los hará entrar en posesión de su Reino (vs. 22, 27). Más tarde, la figura de este "Hijo de hombre" fue adquiriendo rasgos individuales, hasta identificarse con la persona del Rey mesiánico y del Juez de los últimos tiempos. Jesús usó preferentemente este título para designarse a sí mismo. Ver nota Mt. 8. 20.

21. Ver Apoc. 11. 7; 13. 7.

22. Ver Apoc. 20. 4.

24. Ver Apoc. 17. 12.

25. Ver Apoc. 12. 14. "Un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo", es decir, tres años y medio, ya que cada "tiempo" corresponde a un año. Este es el tiempo que va a durar la persecución de Antíoco IV.

8 En esta nueva visión de animales simbólicos se completa el cuadro de las visiones anteriores referentes a los diversos reinos, especialmente el de Antíoco IV, el perseguidor típico del Pueblo de Dios. La explicación de los vs. 19-26 facilita la comprensión de todo el capítulo.

8. Este versiculo alude a la muerte de Alejandro Magno y a la división de su gran Imperio.

9. "La Hermosura" es un nombre simbólico de Judea, y aquí se alude a su conquista por parte de Antíoco Epífanes.

10. Ver Apoc. 12. 4. Las "estrellas" son "los Santos del Altísimo" (7. 18), el "pueblo de los Santos" (v. 24); y el "Jefe del Ejército" (v. 11) es el mismo Dios.

14. Esta cantidad de "tardes y mañanas" corresponde a 1.150 días.

21. "Javán" es Grecia, y su "rey", Alejandro Magno.

9 2. El profeta Jeremías había anunciado la caída de Babilonia y la liberación de los exiliados al término de un período simbólico de "setenta años" (Jer. 25. 11 - 13). Siguiendo un procedimiento corriente dentro de los escritos apocalípticos, el libro de Daniel transforma esta cifra en setenta años sabáticos o "setenta semanas" de años (v. 24) –es decir, cuatrocientos noventa años– y reinterpreta la profecía como un anuncio del momento en que sobrevendrá el fin del "devastador", de Israel y la instauración del Reino de Dios (v. 27).

24-27. Estos versículos resumen los principales acontecimientos sucedidos en las "setenta semanas" de años, desde el momento en que Jeremías pronunció su profecía hasta el fin de Antíoco IV. La interpretación de este pasaje resulta particularmente difícil, porque no siempre es posible determinar con exactitud los hechos históricos a los que se hace alusión en él.

25. No se puede precisar la identidad de este "Jefe ungido".

26. El "ungido inocente" es probablemente el Sumo Sacerdote Onías III, asesinado en el 170 a. C. Ver 2 Mac. 4. 30-38. También él podría ser el "príncipe de la Alianza" de 11. 22.

27. "La Abominación de la desolacion": esta expresión se refiere a la profanación del Templo de Jerusalén por parte del rey Antíoco IV, en el 167 a. C. Dicha expresión evoca a la vez a los antiguos Baales cananeos y al Zeus Olímpico entronizado en el Templo. Ver Mt. 24. 15.

10 Los caps. 10 y 12 son como la introducción y la conclusión de la visión del cap. 11. El conjunto describe en forma velada las luchas de los Seléucidas en Siria ("el rey del Norte") y los Lágidas en Egipto ("el rey del Sur").

6. Ver Apoc. 1. 15.

13. La misteriosa lucha de los ángeles es una alegoría de la oposición entre los reinos, de los que esos ángeles son los protectores. Según la tradición bíblica, "Miguel" es el ángel que se opone al Adversario (Zac. 3. 1-2; Jds. 9; Apoc. 12. 7) y protege al Pueblo de Dios (v. 21; 12. 1). El "Príncipe de Persia" es uno de los ángeles protectores de las naciones enemigas.

11 36. Ver 2 Tes. 2. 4.

12 1. Ver Mt. 24. 21; Apoc. 16. 18. "El Libro": se trata del "Libro de la Vida". Ver Sal. 69. 29; Apoc. 20. 12.

2. "Se despertarán", es decir, volverán a la vida. Este es el primer pasaje del Antiguo Testamento donde se afirma con toda claridad la fe en la resurrección de los muertos. Ver 2 Mac. 7. 9; Jn. 5. 29.

3. Ver Mt. 13. 43.

7. Ver Apoc. 10. 5-6.

12. El libro de Daniel propone cuatro cifras distintas para referirse a la llegada del tiempo final. En el v. 7 y en 7. 25, habla de tres años y medio, mientras que en el v. 11, en 8. 14 y en este versículo, menciona 1.290, 1.150 y 1.335 días respectivamente. Es evidente que estas cifras tienen un valor simbólico, cuyo significado aún no se ha logrado descifrar satisfactoriamente. Ver nota Apoc. 11. 2.

 

 

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