La Biblia de Jerusalén (Católica)
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Eclesiástico - Sirácides
ECL  4: 1 
A mí que soy vuestro padre escuchadme, hijos, y obrad así para salvaros.
ECL  4: 2 
Pues el Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole.
ECL  4: 3 
Quien honra a su padre expía sus pecados;
ECL  4: 4 
como el que atesora es quien da gloria a su madre.
ECL  4: 5 
Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado.
ECL  4: 6 
Quien da gloria al padre vivirá largos días, obedece al Señor quien da sosiego a su madre:
ECL  4: 7 
como a su Señor sirve a los que le engendraron.
ECL  4: 8 
En obra y palabra honra a tu padre, para que te alcance su bendición.
ECL  4: 9 
Pues la bendición del padre afianza la casa de los hijos, y la maldición de la madre destruye los cimientos.
ECL  4: 10 
No te gloríes en la deshonra de tu padre, que la deshonra de tu padre no es gloria para ti.
ECL  4: 11 
Pues la gloria del hombre procede de la honra de su padre, y baldón de los hijos es la madre en desdoro.
ECL  4: 12 
Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza.
ECL  4: 13 
Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor.
ECL  4: 14 
Pues el servicio hecho al padre no quedará en olvido, será para ti restauración en lugar de tus pecados.
ECL  4: 15 
El día de tu tribulación se acordará El de ti; como hielo en buen tiempo, se disolverán tus pecados.
ECL  4: 16 
Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre.
ECL  4: 17 
Haz, hijo, tus obras con dulzura, así serás amado por el acepto a Dios.
ECL  4: 18 
Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y ante el Señor hallarás gracia.
ECL  4: 20 
Pues grande es el poderío del Señor, y por los humildes es glorificado.
ECL  4: 21 
No busques lo que te sobrepasa, ni lo que excede tus fuerzas trates de escrutar.
ECL  4: 22 
Lo que se te encomienda, eso medita, que no te es menester lo que está oculto.
ECL  4: 23 
En lo que excede a tus obras no te fatigues, pues más de lo que alcanza la inteligencia humana se te ha mostrado ya.
ECL  4: 24 
Que a muchos descaminaron sus prejuicios, una falsa ilusión extravió sus pensamientos.
ECL  4: 26 
El corazón obstinado en mal acaba, y el que ama el peligro caerá en él.
ECL  4: 27 
El corazón obstinado se carga de fatigas, el pecador acumula pecado tras pecado.
ECL  4: 28 
Para la adversidad del orgulloso no hay remedio, pues la planta del mal ha echado en él raíces.
ECL  4: 29 
El corazón del prudente medita los enigmas. un oído que le escuche es el anhelo del sabio.
ECL  4: 30 
El agua apaga el fuego llameante, la limosma perdona los pecados.
ECL  4: 31 
Quien con favor responde prepara el porvenir, el día de su caída encontrará un apoyo.

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