La Biblia de Jerusalén (Católica)
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Salmos
SAL  18: -1 
= Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh, David, que dirigió a Yahveh las palabras de este cántico el día en que Yahveh le libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl. =
SAL  18: -2 
= Dijo: =
SAL  18: 1 
Yo te amo, Yahveh, mi fortaleza, (mi salvador, que de la violencia me has salvado).
SAL  18: 2 
Yahveh, mi roca y mi baluarte, mi liberador, mi Dios; la peña en que me amparo, mi escudo y fuerza de mi salvación, mi ciudadela y mi refugio.
SAL  18: 3 
Invoco a Yahveh, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos.
SAL  18: 4 
Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban las trombas de Belial,
SAL  18: 5 
los lazos del seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la Muerte.
SAL  18: 6 
Clamé a Yahveh en mi angustia, a mi Dios invoqué; y escuchó mi voz desde su Templo, resonó mi llamada en sus oídos.
SAL  18: 7 
La tierra fue sacudida y vaciló, retemblaron las bases de los montes, (vacilaron bajo su furor);
SAL  18: 8 
una humareda subió de sus narices, y de su boca un fuego que abrasaba, (de él salían carbones encendidos).
SAL  18: 9 
El inclinó los cielos y bajó, un espeso nublado debajo de sus pies;
SAL  18: 10 
cabalgó sobre un querube, emprendió el vuelo, sobre las alas de los vientos planeó.
SAL  18: 11 
Se puso como tienda un cerco de tinieblas, tinieblas de las aguas, espesos nubarrones;
SAL  18: 12 
del fulgor que le precedía se encendieron granizo y ascuas de fuego.
SAL  18: 13 
Tronó Yahveh en los cielos, lanzó el Altísimo su voz;
SAL  18: 14 
arrojó saetas, y los puso en fuga, rayos fulminó y sembró derrota.
SAL  18: 15 
El fondo del mar quedó a la vista, los cimientos del orbe aparecieron, ante tu imprecación, Yahveh, al resollar el aliento en tus narices.
SAL  18: 16 
El extiende su mano de lo alto para asirme, para sacarme de las profundas aguas;
SAL  18: 17 
me libera de un enemigo poderoso, de mis adversarios más fuertes que yo.
SAL  18: 18 
Me aguardaban el día de mi ruina, más Yahveh fue un apoyo para mí;
SAL  18: 19 
me sacó a espacio abierto, me salvó porque me amaba.
SAL  18: 20 
Yahveh me recompensa conforme a mi justicia, me paga conforme a la pureza de mis manos;
SAL  18: 21 
porque he guardado los caminos de Yahveh, y no he hecho el mal lejos de mi Dios.
SAL  18: 22 
Porque tengo ante mí todos sus juicios, y sus preceptos no aparto de mi lado;
SAL  18: 23 
he sido ante él irreprochable, y de incurrir en culpa me he guardado.
SAL  18: 24 
Y Yahveh me devuelve según mi justicia, según la pureza de mis manos que tiene ante sus ojos.
SAL  18: 25 
Con el piadoso eres piadoso, intachable con el hombre sin tacha;
SAL  18: 26 
con el puro eres puro, con el ladino, sagaz;
SAL  18: 27 
tú que salvas al pueblo humilde, y abates los ojos altaneros.
SAL  18: 28 
Tú eres, Yahveh, mi lámpara, mi Dios que alumbra mis tinieblas;
SAL  18: 29 
con tu ayuda las hordas acometo, con mi Dios escalo la muralla.
SAL  18: 30 
Dios es perfecto en sus caminos, la palabra de Yahveh acrisolada.El es el escudo de cuantos a él se acogen.
SAL  18: 31 
Pues ¿quién es Dios fuera de Yahveh? ¿Quién Roca, sino sólo nuestro Dios?
SAL  18: 32 
El Dios que me ciñe de fuerza, y hace mi camino irreprochable,
SAL  18: 33 
que hace mis pies como de ciervas, y en las alturas me sostiene en pie,
SAL  18: 34 
el que mis manos para el combate adiestra y mis brazos para tensar arco de bronce.
SAL  18: 35 
Tú me das tu escudo salvador, (tu diestra me sostiene), tu cuidado me exalta,
SAL  18: 36 
mis pasos ensanchas ante mí, no se tuercen mis tobillos.
SAL  18: 37 
Persigo a mis enemigos, les doy caza, no vuelvo hasta haberlos acabado;
SAL  18: 38 
los quebranto, no pueden levantarse, sucumben debajo de mis pies.
SAL  18: 39 
Para el combate de fuerza me ciñes, doblegas bajo mí a mis agresores,
SAL  18: 40 
a mis enemigos haces dar la espalda, extermino a los que me odian.
SAL  18: 41 
Claman, mas no hay salvador, a Yahveh, y no les responde.
SAL  18: 42 
Los machaco como polvo al viento, como al barro de las calles los piso.
SAL  18: 43 
De las querellas de mi pueblo tú me libras, me pones a la cabeza de las gentes; pueblos que no conocía me sirven;
SAL  18: 44 
los hijos de extranjeros me adulan, son todo oídos, me obedecen,
SAL  18: 45 
los hijos de extranjeros desmayan, y dejan temblando sus refugios.
SAL  18: 46 
¡Viva Yahveh, bendita sea mi roca, el Dios de mi salvación sea ensalzado,
SAL  18: 47 
el Dios que la venganza me concede y abate los pueblos a mis plantas!
SAL  18: 48 
Tú me libras de mis enemigos, me exaltas sobre mis agresores, del hombre violento me salvas.
SAL  18: 49 
Por eso he de alabarte entre los pueblos, a tu nombre, Yahveh, salmodiaré.
SAL  18: 50 
El hace grandes las victorias de su rey y muestra su amor a su ungido, a David y a su linaje para siempre.

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