I. El tiempo de Cuaresma
6. "La celebración anual de la cuaresma es un tiempo
favorable, durante el cual se asciende a la santa montaña de la
Pascua".
"El tiempo de cuaresma, con su doble carácter, prepara
tanto a los catecúmenos como a los fieles en orden a la
celebración del misterio pascual. Los catecúmenos se encaminan
hacia los sacramentos de la iniciación cristiana, tanto por la
"elección" y los "escrutinios", como por la
catequesis; los fieles, por su parte, dedicándose con más
asiduidad a escuchar la Palabra de Dios y a la oración, y mediante
la penitencia, se preparan a renovar sus promesas bautismales"
(6).
a) Cuestiones relativas a la iniciación cristiana
7. Toda la iniciación cristiana comporta un carácter eminente
pascual en cuanto es la primera participación sacramental en la
Muerte y la Resurrección de Cristo. Por esta razón conviene que la
cuaresma obtenga su carácter pleno de tiempo de purificación y de
iluminación, especialmente por medio de los escrutinios y las
entregas; la misma Vigilia pascual ha de ser el momento adecuado
para celebrar los sacramentos de la iniciación (7).
8. Las comunidades que no tienen catecúmenos no dejen, sin
embargo, de orar por aquellos que en otros lugares recibirán los
sacramentos de la iniciación cristiana en la próxima Vigilia
pascual. Los pastores recuerden a los fieles la importancia que
tiene para fomentar su vida espiritual la profesión de la fe
bautismal, que, "terminado el ejercicio de la cuaresma"
(8) son invitados a renovar públicamente en la Vigilia pascual.
9. Durante la Cuaresma hay que organizar la catequesis para
aquellos adultos que, bautizados, siendo niños, no la hayan
recibido, y que tampoco hayan recibido aún la Confirmación y la
Eucaristía. Al mismo tiempo establézcanse celebraciones
penitenciales, que los lleven a recibir el sacramento de la
reconciliación (9).
10. El tiempo de Cuaresma es también tiempo apropiado para
llevar a acabo los ritos penitenciales, a modo de escrutinios para
aquellos niños no bautizados que han llegado a una edad adecuada
para la catequesis, y también para aquellos niños, ya bautizados,
antes de que se acerquen por primera vez al sacramento de la
Penitencia (10).
El obispo tenga sumo interés en promover la formación de los
catecúmenos, tanto adultos como niños, y según las
circunstancias, presida los ritos prescritos, con la asidua
participación de la comunidad local (11).
b) Las celebraciones propias del tiempo de Cuaresma
11. Los domingos de Cuaresma tienen precedencia sobre todas las
fiestas del Señor y sobre todas las solemnidades. Las solemnidades
que coincidan en estos domingos han de anticiparse al sábado (12).
Las ferias de Cuaresma tienen preferencia sobre las memorias
obligatorias (13).
12. Debe darse, sobre todo en las homilías del domingo, la
catequesis del misterio pascual y de los sacramentos, explicando con
mayor profundidad los textos del leccionario y, de modo especial,
las perícopas evangélicas, que aclaran los diversos aspectos del
Bautismo y de los demás sacramentos, así como la misericordia de
Dios.
13. Los pastores expondrán la Palabra de Dios, más a menudo y
con mayor empeño, ya en las homilías de los días de feria, ya en
las celebraciones de la Palabra de Dios, ya en las celebraciones
penitenciales (14), ya en las predicaciones especiales propias de
este tiempo, ya en las visitas que hagan a las familias o grupos de
familias para su bendición anual. Los fieles participen
frecuentemente a las Misas feriales, y, si no les es posible, se les
invitará al menos a leer, en familia o privadamente las lecturas
del día.
14. "El tiempo de Cuaresma conserva su carácter
penitencial" (15). "Incúlquese a los fieles por medio de
la catequesis la naturaleza propia de la penitencia, que junto con
las consecuencias sociales del pecado, detesta el mismo pecado en
cuanto es ofensa a Dios" (16).
La virtud de la penitencia y su práctica son siempre elementos
necesarios de la preparación pascual: la práctica externa de la
penitencia, tanto de los individuos como de toda la comunidad ha de
ser el resultado de la conversión del corazón. Esta práctica, si
bien debe acomodarse a las circunstancias y exigencias de nuestro
tiempo, sin embargo no puede prescindir del espíritu de la
penitencia evangélica, y ha de orientarse también al bien de los
hermanos.
No se olvide tampoco de la participación de la Iglesia en la
acción penitencial, e insístase en la oración por los pecadores,
introduciéndola frecuentemente en la oración universal (17).
15. Recomiéndase a los fieles una participación más intensa y
más fructuosa en la liturgia cuaresmal y en las celebraciones
penitenciales. Exhórteseles, sobre todo, para que, según la ley y
las tradiciones de la Iglesia, se acerquen en este tiempo al
sacramento de la Penitencia, y puedan así participar con el alma
purificada en los misterios pascuales. Es muy conveniente que el
sacramento de la Penitencia se celebre, durante el tiempo de
Cuaresma, según el rito para reconciliar varios penitentes con la
confesión y absolución individual, tal como viene indicado en el
Ritual Romano (18).
Los pastores estarán más disponibles para el ejercicio del
ministerio de la reconciliación, y darán facilidades para celebrar
el sacramento de la Penitencia ampliando los horarios para las
confesiones individuales.
16. Todas las diversas manifestaciones de la observancia
cuaresmal han de contribuir a mostrar y fomentar la vida de la
Iglesia local. Por esta razón se recomienda que se mantengan y
renueven las asambleas de la Iglesia local según el modelo de las
antiguas "Estaciones" romanas. Estas asambleas de fieles
pueden ser convocadas, especialmente presididas por el Pastor de
diócesis, o junto a los sepulcros de los santos, o en las
principales iglesias de la ciudad, o en los santuarios, o en otros
lugares tradicionales de peregrinación que sean más frecuentados
en la diócesis (19).
17. "En tiempo de Cuaresma queda prohibido adornar con
flores el altar, y se permiten los instrumentos musicales sólo para
sostener el canto" (20), como corresponde al carácter
penitencial de este tiempo.
18. Asimismo desde el comienzo de la Cuaresma hasta la Vigilia
pascual no se dice Aleluya en ninguna celebración, incluidas las
solemnidades y las fiestas (21).
19. Los cantos de las celebraciones, y especialmente de la Misa,
así como los de los ejercicios piadosos, han de ser conformes al
espíritu de este tiempo y corresponder lo más posible a los textos
litúrgicos.
Foméntense los ejercicios piadosos que responden mejor al
carácter del tiempo de Cuaresma, como es el "Via Crucis",
y sean imbuidos del espíritu de la liturgia, de suerte que
conduzcan a los fieles a la celebración del misterio pascual de
Cristo.
c) Elementos propios para determinados días de la Cuaresma
21. El miércoles que precede al primer domingo de Cuaresma, los
fieles cristianos inician con la imposición de la ceniza el tiempo
establecido para la purificación del espíritu. Con este signo
penitencial, que viene de la tradición bíblica y se ha mantenido
hasta hoy en la costumbre de la Iglesia, se quiere significar la
condición del hombre pecador, que confiesa externamente su culpa
ante el Señor y expresa su voluntad interior de conversión,
confiando en que el Señor se muestre compasivo para con él. Con
este mismo signo comienza el camino de su conversión que culminará
con la celebración del sacramento de la Penitencia, en los días
que preceden a la Pascua (22).
La bendición e imposición de la ceniza se puede hacer o durante
la Misa o fuera de la misma. En este caso se inicia con la liturgia
de la Palabra y se concluye en la oración de los fieles (23).
22. El miércoles de ceniza es un día penitencial obligatorio
para toda la Iglesia y que comporta la abstinencia y el ayuno (24).
23. El Domingo I de Cuaresma es el comienzo del venerable
sacramento de la observancia cuaresmal anual (25). En la Misa de
este día utilícense elementos que subrayen su importancia, por
ejemplo la procesión de entrada con el canto de las letanías de
los Santos (26) . Es conveniente que el Obispo celebre dentro de la
Misa del Domingo I de Cuaresma el rito de la elección de los
catecúmenos en la iglesia catedral o en otra iglesia, de acuerdo
con las exigencias pastorales (27).
24. Las perícopas evangélicas de la samaritana, del ciego de
nacimiento y de la resurrección de Lázaro, propias de los domingos
III, IV y V de Cuaresma del año A, dada su importancia en relación
con la iniciación cristiana, pueden leerse también en los años B
y C, especialmente allí donde hay catecúmenos (28).
25. En el IV domingo de Cuaresma ("Laetare"), así como
en las solemnidades y fiestas, se permiten los instrumentos
musicales y adornar el altar con flores. En el mencionado domingo se
pueden usar ornamentos de color rosado (29).
26. La costumbre de cubrir las cruces y las imágenes de las
iglesias, a partir del domingo V de Cuaresma, puede conservarse, a
juicio de la Conferencia de los Obispos. Las cruces permanecen
cubiertas hasta después de la celebración de la Pasión del
Señor, el Viernes santo, y las imágenes hasta el comienzo de la
Vigilia Pascual (30).