¿Desapareció el Limbo?

Libro del Padre Angel Peña O.A.R.

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¿DESAPARECIÓ EL LIMBO?

Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto

Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca (Perú)

ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ

ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN

Millones de muertos. El limbo. Hay esperanza. ¿Salvación inmediata? ¿Qué dicen los santos? Más testimonios. Solidaridad humana. Necesidad de reparación. Maternidad espiritual. Nicolás Cusano, b) Wilhelm Ketteler Alexandrina da Costa, d) Giovanni Salerno Ejemplos concretos. Poner un nombre. Niños sin amor. Reflexiones

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA INTRODUCCIÓN

En este librito queremos hablar sobre el destino de los niños muertos sin bautismo. El asunto es muy importante, pues hay millones y millones de estos niños que mueren cada año sin bautismo por diferentes razones, como veremos. Hasta mediados del siglo XX, la opinión general era que estos niños iban al limbo eternamente. Actualmente, sobre todo a partir de la declaración de la Comisión teológica internacional, ya se ve más claro que estos niños pueden salvarse y ser felices eternamente en el cielo.

Sin embargo, aunque la Iglesia no se ha manifestado formalmente sobre este tema, es muy probable que estos niños no vayan directamente al cielo al morir, sino que deberán pasar un tiempo más o menos largo en un estado intermedio de espera hasta que sean salvados.

Para que vayan al cielo lo antes posible, podemos ayudarlos con nuestras oraciones. De esta manera, nos convertiremos en sus padres espirituales y ellos nos lo agradecerán. Serán nuestros hijos espirituales eternamente y nos bendecirán desde el cielo.

A las personas que quieran ayudarlos con misas y oraciones les dedico este libro con mi admiración y agradecimiento.

MILLONES DE MUERTOS

En el mundo mueren cada año muchísimos millones de niños sin bautismo antes de tener el uso de razón. Se habla de unos 70 millones de abortos voluntarios, pero ¿cuántos millones hay de abortos espontáneos? Algunos afirman que hasta el 50% de todos los embarazos serían abortos espontáneos. Otros afirman que son el 15% de todos los abortos. Pero veamos más datos.

En el mundo mueren cada año unos 15 millones de embriones en el proceso de fecundación in vitro. Para realizarla, se induce una ovulación múltiple. Luego se colectan unos 7 ó 8 óvulos y, en una probeta, en el laboratorio, se ponen en contacto con los espermatozoides. Algunos embriones son descartados por malformaciones. Unos tres o cuatro suelen implantarse en el útero. Y después, hay que hacer una reducción embrionaria, es decir, matar algunos para que el embarazo múltiple no sea un riesgo. Y los que sobran de este proceso, se congelan. De los embriones congelados, que son muchos miles, al descongelarlos, muere del 30 al 35%. Del 70% restante, al implantarlos en el útero, mueren 35 a 40%, sobreviviendo sólo entre el 30 y el 35% de los congelados. Como se ve, para que una mujer pueda tener un hijo por fecundación in vitro deben morir varios, lo que es una inmoralidad, porque nadie tiene derecho a tener un hijo, matando a otros. Pero esto es un gran negocio para muchos laboratorios. Sólo en Estados Unidos en 1998 hubo por este concepto unos ingresos anuales de unos dos mil millones de dólares. Evidentemente que hay grandes transnacionales interesadas en todo este asunto, que tratan de convencer a los clientes que el aborto no existe antes de la implantación del embrión en el útero y dicen que el ser concebido es tan pequeñito que no es una persona con todos su derechos humanos. La industria del sexo, de los anticonceptivos, de los abortos, de la fecundación in vitro y de las investigaciones con células madre están involucradas en este negocio millonario.

Por otra parte, muchos miles de niños mueren por selección embrionaria en diagnósticos prenatales que, en algunos países, son casi obligatorios con el fin de descartar a todos los posibles enfermos. Como estas técnicas de diagnóstico no son perfectas, hay muchísimos casos de falsos diagnósticos y matan así a muchos niños sanos. Además, el proceso de diagnóstico tiene sus riesgos. En la amniocentesis, que es el menos peligroso, hay que saber que, si se hace en época tardía, produce al menos un 1% de abortos y, si se hace entre las 11 y 12 semanas, el riesgo de aborto puede ser del 5%. Otros diagnósticos como la embrioscopia produce al menos un 8 a 9% de abortos.

Algunos niños son concebidos con el único propósito de ser bebés medicamento, es decir, con la finalidad de ser usados como medicina para otros; con frecuencia, sus hermanos. Son concebidos para sacarles las células madre u otros órganos compatibles con sus hermanos para que puedan ser curados. O sea, matar para curar. ¿Es esto ético y moral? ¿Se pueden usar niños, comprados o raptados o concebidos a propósito, para transplantar sus órganos a otros niños enfermos? Eso ocurre con niños pobres para curar niños de países ricos.

¡Y en cuántos casos se aplica la eutanasia a esos niños que nacen con minusvalía, malformaciones o enfermedades diversas, como si fueran seres sin valor!

Normalmente, nacen 102 niños por 100 niñas, pero en la India, en el año 2001, nacieron 927 niñas por cada 1000 niños. En 1991, la proporción era de 945 niñas por 1000 niños; pero en Nueva Delhi la proporción era, en 1991, de 915 niñas por 1000 niños; y en el 2001 de 865 niñas por 1000 niños. Esto se debe a que prefieren niños que puedan velar por sus padres en la vejez, ya que las niñas deben llevar su dote al matrimonio y pasan a ser parte de la familia del esposo.

Pensemos también en cuántos millones de embriones humanos mueren por efecto de los anticonceptivos. El 50% de las mujeres en edad fértil en el mundo (entre 15-49 años), usan algún anticonceptivo. Hay píldoras directamente abortivas como la RU-486, nordette, microgynon…

También son abortivas la vacuna HCG, las inyecciones intramusculares o los contenidos de cápsulas que son implantadas debajo de la piel (implantes subcutáneos), cuyo efecto es que el óvulo fecundado no se implante en el útero. También es abortiva la famosa píldora del día siguiente, llamada postinor, postinol o norlevo según distintos lugares. Esta píldora, a base de levonorgestrel, impide la implantación del óvulo fecundado en el útero, como afirman los mismos laboratorios que la producen. Sin embargo, la OMS (Organización Mundial de la Salud), desde el año 1964, habla de que el aborto sucede solamente desde el momento de la implantación y no, como dice la Iglesia, desde el momento de la concepción. De esta manera, lo que nosotros llamamos embrión humano, ellos lo llaman célula embrionaria o feto, sin vida humana y sin derechos humanos.

Y ¡cuántos niños mueren por clonación para sacarles las células madre y hacer investigaciones!

La píldora RU-486 produce el 95% de abortos en embriones ya implantados. En 1997, se estimaba que un millón de mujeres había recurrido a esta píldora. Hoy el mayor usuario es China, donde en los últimos años, por este producto, se habrían realizado unos 20 millones de abortos. Las vacunas anti-embarazo anti-TBA y anti-HCG son también abortivas. Los productos misoprostol por vía oral y gemeporst por vía vaginal producen un aborto precoz. Los implantes norplant o los anticonceptivos en inyección mensual o cada tres meses, como depo-provera, son también abortivos. Los dispositivos intrauterinos (DIU) son los más usados en países en vías de desarrollo. Los usan el 19% de las mujeres en edad fértil en el mundo. Y el 46% de las mujeres chinas. Hay distintos modelos: de plástico, de cobre o de plata; y con distintas formas: espiral, en forma de T…

En los países en que el aborto no está legalizado, los abortistas recurren a subterfugios durante el primer mes de embarazo como recoger muestras del tejido, hacer extracciones menstruales o regularizar la menstruación para así realizar el aborto, como si fuera un simple diagnóstico prenatal.

Pero lo peor de todo esto es que la misma ONU propicia el aborto y la matanza indiscriminada de millones de seres humanos por el aborto. En 1966, UNICEF gastó 700.000 dólares en programas de planificación familiar o para la salud reproductiva, como ahora dicen. En 1980, gastó 5 millones de dólares en 30 países.

Y cada año gasta más dinero en programas anticonceptivos; especialmente, en países pobres y en campos de refugiados. En 1996, la Iglesia católica se retiró de UNICEF, porque su misión no era ayudar a la niñez necesitada como se suponía, sino promover el aborto en todas sus formas y en todos los países posibles. Hoy día se quiere lavar la cara de UNICEF, vendiendo tarjetas navideñas a través de instituciones de Correo, equipos de fútbol u otras empresas que promocionan a UNICEF y piden ayuda, como si fuera una entidad benefactora de la niñez.

Incluso, la Organización Amnistía internacional que es la mayor organización promotora de los derechos humanos, decidió en el 2007 apoyar decididamente el aborto en todas sus formas como si eso fuera defender los derechos de las mujeres. ¿Derecho a abortar? ¿Derecho a matar?

En otro campo, cada año mueren en el mundo 10 millones de niños menores de 5 años en países pobres por falta de medidas de higiene elementales o de vacunas o mosquiteras. Esto sucede, especialmente, en el África subsahariana. La tuberculosis o la peste blanca, mata a un niño cada 15 segundos; el paludismo y la malaria matan un niño cada 30 segundos, pese a que estas enfermedades pueden curarse. Pero los medicamentos son demasiado caros para muchas familias pobres.

Algo especialmente grave es el caso de los niños comprados a familias pobres, con engaños de darles una vida mejor, o que son raptados para sacrificarlos en reuniones satánicas. Muchos de estos niños son hijos de los mismos miembros de la secta. Dice Aldo Buonaiuto, que ha estudiado este tema: El número de crímenes de fondo satánico llegados a conocimiento del público son alrededor de 1.500 cada año en el mundo occidental, pero los casos que permanecen ocultos pueden ser diez veces más, unos 15.000. En total, puede haber unos 20.000 crímenes satánicos cada año en Occidente. Los puntos principales son Turín, Praga y Lión. Los abusos de niños son considerados por los satanistas de fundamental importancia para complacer al demonio. El abuso ritual de niños ha sido definido como un abuso sistemático, físico, mental y sexual con el fin de implantar en ellos el mal. Muchos satanistas son pedófilos y abusan de niños. El número de niños que desaparece, aumenta cada año. Frecuentemente, son casos de recién nacidos, cuyo nacimiento no ha sido notificado o de fetos abortivos para prácticas satánicas aberrantes.

En conclusión, son millones de millones de niños pequeños que no han alcanzado el uso de la razón y mueren sin bautismo cada año. Muchos mueren por causa de enfermedades o accidentes, pero muchísimos más son concebidos sin amor y asesinados sin piedad. ¿Hay salvación para todos estos niños?

EL LIMBO

Hasta mediados del siglo XX, prevalecía la idea entre los teólogos de que los niños muertos sin bautismo no podían ir al cielo, porque tenían el pecado original. Iban al limbo eternamente. El limbo se consideraba, desde los tiempos de Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII, como un lugar donde estos niños serían felices con una felicidad puramente natural. En el concilio Vaticano II (1962-1965), ni siquiera se trató el tema del limbo, pero ya desde principios del siglo XX eran cada vez más las voces de quienes creían en la salvación de estos niños muertos sin bautismo. Después del concilio Vaticano II, se multiplicaron las opiniones a favor de la salvación de estos niños.

En el nuevo ritual de Exequias, aprobado en 1971, ya hay misas para los niños muertos sin bautismo, lo cual quiere decir que podría aprovecharles en alguna medida. En el Catecismo de la Iglesia católica se dice con claridad: En cuanto a los niños muertos sin bautismo, la liturgia de la Iglesia nos invita a tener confianza en la misericordia divina y a orar por su salvación (Cat 1283).

Como vemos, se fue abriendo paso, poco a poco, la idea de la salvación de estos niños, aunque la Iglesia no lo ha afirmado todavía con claridad. Por eso, el documento de la Comisión teológica internacional, aprobado por el Papa el 19 de enero del 2007, no niega la posibilidad del limbo, sino que abre el camino a la esperanza, como hablando de la posibilidad de su salvación sin dar un veredicto definitivo y, mucho menos, como dogma de fe.

El título del documento de la Comisión teológica internacional es significativo: La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo. Pero no niega la posibilidad del limbo, como apareció en tantas noticias periodísticas que decían más o menos: Se cerró el limbo; el limbo ha desaparecido… En el documento de la Comisión se dice literalmente: Además de la teoría del limbo (que continúa siendo una opinión teológica posible) puede haber otros caminos que integren y salvaguarden los principios de fe fundados en la Eucaristía.

El asunto es que, aunque podemos suponer que todos estos niños se salvarán sin excepción; sin embargo, no necesariamente tienen que hacerlo inmediatamente después de su muerte. Puede haber un tiempo de espera, al que se puede seguir llamando limbo, pero temporal. No sería un estado definitivo y eterno como se creía en siglos pasados, sino un estado temporal, ya que un día, tarde o temprano, se salvarán.

HAY ESPERANZA

Los papás de los niños muertos sin bautismo, especialmente de los que han sido rechazados a propósito por el aborto, pueden respirar tranquilos, porque estos niños podrán salvarse. ¿Por qué? Porque Cristo ha muerto por todos los seres humanos sin excepción. Y Dios quiere que todos los hombres se salven (1 Tim 2, 4). Además, la ternura de Jesús con los niños le hizo decir: Dejad que los niños se acerquen a mí y no se lo impidáis (Mc 10, 14). Todo eso, contando con la misericordia de Dios que es más grande que todos nuestros pecados, nos hacen confiar en la salvación de estos niños.

El mismo concilio Vaticano II afirmó: Cristo murió por todos y la vocación definitiva del hombre es, en realidad, una sola, la divina. En consecuencia, debemos sostener que el Espíritu Santo da a todos la posibilidad de que, del modo que Dios conoce, sean asociados al misterio pascual.

Por otra parte, es importante subrayar la solidaridad de todos los hombres en Cristo. Por un hombre vino la muerte y por un hombre vino la resurrección de los muertos. Y así como por Adán hemos muerto todos, así también en Cristo todos somos vivificados (1 Co 15, 21-22).

Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia; para que como reinó el pecado por la muerte, así también reine la gracia por la justicia para la vida eterna por Jesucristo nuestro Señor (Rom 5, 15.21). Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y ahora son justificados gratuitamente por su gracia por la redención de Cristo Jesús (Rom 3, 23). La voluntad de vuestro Padre, que está en los cielos, es que no se pierda ninguno de estos pequeñitos (Mt 18, 14).

Por eso, debemos subrayar que la solidaridad de la humanidad con Cristo (o más precisamente la solidaridad de Cristo con la humanidad) debe tener prioridad sobre la solidaridad con Adán y que es en esta óptica en la que hay que abordar el problema del destino de los niños que mueren sin bautizar.

Dios puede dar la gracia del bautismo sin que el sacramento sea administrado; un hecho que debería ser especialmente recordado, cuando la administración del bautismo fuera imposible. La necesidad de los sacramentos no es absoluta. Lo que es absoluto es la necesidad para la humanidad del sacramento primordial, que es Cristo mismo. Toda la salvación viene de él y, por tanto, de alguna manera, a través de la Iglesia.

La Iglesia es el sacramento universal de salvación (Vaticano II, Lumen gentium 48). La Iglesia incluye en su oración a los adultos no cristianos y a los niños no bautizados que mueren. Es significativo que, después del concilio Vaticano II, se haya puesto remedio a la carencia de plegarias litúrgicas por los niños que mueren sin bautizar que existía antes del concilio.

Con estas plegarias, la Iglesia nos da una pista de que estos niños pueden salvarse y que todavía, aun después de muertos, pueden servirles nuestras oraciones. Lo cual puede significar que todavía no están definitivamente en el cielo y que tienen un tiempo de espera hasta que, por los méritos de Cristo, la misericordia de Dios y la intercesión de la Iglesia, estos niños puedan salvarse e ir al cielo para siempre.

Dicen los teólogos: Nuestra conclusión es que los muchos factores que hemos considerado, ofrecen serias razones teológicas y litúrgicas para esperar que los niños que mueren sin bautismo serán salvados y podrán gozar de la visión beatífica. Subrayamos que se trata de motivos de esperanza en la oración más que de conocimiento cierto. Hay muchas cosas que simplemente no nos han sido reveladas. Vivimos en la fe y en la esperanza en el Dios de misericordia y de amor, que nos ha sido revelado en Cristo, y el Espíritu nos mueve a orar en acción de gracias y alegría constantes.

Lo que nos ha sido revelado es que el camino de salvación ordinaria pasa a través del sacramento del bautismo. Ninguna de las consideraciones arriba expuestas puede ser aducida para minimizar la necesidad del bautismo ni para retrasar su administración. Más bien, como queremos confirmar en esta conclusión, nos ofrecen razones para esperar que Dios salvará a estos niños, cuando nosotros no hemos podido hacer por ellos lo que hubiéramos deseado hacer, es decir, bautizarlos en la fe y en la vida de la Iglesia.

¿SALVACIÓN INMEDIATA?

Una vez que hemos considerado la posibilidad de salvación de estos niños y que hay una esperanza fundada de que se pueden salvar, como dicen los teólogos, el problema es si se salvan inmediatamente después de su muerte o después de un tiempo. La Comisión teológica internacional no habla de su salvación inmediata. Es muy precavida y cita el caso de la encíclica Evangelium vitae. Dice textualmente: Es notable que la editio typica de la encíclica del Papa Juan Pablo II “Evangelium vitae” haya sustituido el texto del número 99: Os daréis cuenta de que nada se ha perdido y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor (una formulación que podía prestarse a una interpretación errónea), por este texto definitivo: (AAS 87, 1995, 515). Podéis confiar con esperanza a vuestro hijo a este mismo Padre y a su misericordia.

En el primer texto de la encíclica, tal como se publicó, da a entender que esos niños abortados ya están en el cielo, como si fueran al cielo inmediatamente. Por eso, se cambió la formulación del texto para indicar que se los puede confiar a la misericordia de Dios, pero sin decir que vayan al cielo de inmediato. Por eso, todos los textos de la Escritura que puedan citarse para reafirmar la voluntad salvífica universal de Dios sobre todos los hombres no pueden confirmar en ningún caso que vayan al cielo de inmediato. ¿No podrían ir al limbo temporalmente?

¿QUÉ DICEN LOS SANTOS?

Hay algunos santos que han tenido especiales revelaciones sobre estos niños muertos sin bautismo y que nos pueden orientar en este caso.

En las Actas del proceso de canonización de san Nicolás de Tolentino (1245-1305) se habla de un niño muerto sin bautismo. Los padres estaban angustiados, porque no se iba a salvar y no podían enterrarlo en la iglesia por estar sin bautismo. Habían hecho ya una fosa en su casa, cuando san Nicolás fue a la casa y le contó a la mamá: Estaba durmiendo esta noche y vi el alma de tu hijo que estaba entre mis manos. En torno a mí se colocaron los demonios que decían: “Esta alma es nuestra, porque cuando ha muerto no estaba bautizada”. Yo le supliqué al Señor por aquel alma que me habían confiado. Y el Señor envió un ángel fuerte que rechazó a todos los demonios y tomó de mis manos el alma del niño destinada al cielo. Así que consuélate y no te lamentes.

El padre del niño, Berardo Appillaterra, afirmó en el Proceso de canonización de san Nicolás que el santo les dijo que lo llevaran a enterrar a la iglesia como si hubiera muerto bautizado.

Para entender esto hay que tener en cuenta que en aquel tiempo, fines del siglo XIII, algunos creían que los niños muertos sin bautismo iban al infierno donde sufrirían penas levísimas. Otros creían, siguiendo a santo Tomás de Aquino, que iban a un limbo eternamente. Aquí vemos cómo las oraciones de san Nicolás hacen que el niño sea como bautizado espiritualmente y pueda ser enterrado en la iglesia, es decir, que vaya al cielo, adonde no había ido directamente al morir. Estaba en el limbo y podía estar más tiempo, pero salió de ese estado temporal por las oraciones del santo.

La beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824), gran mística alemana de la Orden de san Agustín, dice en sus escritos Visiones y Revelaciones sobre una mujer que abortó a su hijo: Al poco tiempo, murió arrepentida también esta mujer, pero deberá pasar en expiación todos los años que la providencia divina tenía destinados de vida a su hijo hasta que el niño con el transcurrir del tiempo, haya alcanzado el momento de gozar de la luz eterna.

Yo he sentido verdadera solicitud por ese pobre niño muerto antes del bautismo y me he ofrecido a Dios para satisfacer y expiar por él… Y hace mucho tiempo que he tenido revelación sobre el estado de estos niños que mueren antes del bautismo. No puedo explicar con palabras aquello en lo que veo consistir su pérdida, pero me siento tan conmovida que siempre que vengo a saber de un caso semejante me ofrezco a Dios con la oración y el sufrimiento para satisfacer y expiar aquello que otros han descuidado a fin de que el pensamiento y el acto de caridad que yo hago puedan compensar lo que falta en virtud de la comunión de los santos. Se debe orar especialmente para que ningún niño muera sin bautismo.

Un día, se me presentó un niño de tres años de edad que había fallecido sin bautismo. Me dijo que no podía ser sepultado y que yo debía ayudarlo. También me dijo lo que debía hacer para su aprovechamiento con continuas plegarias… Al día siguiente, vino a verme una pobre mujer de Dülmen, pidiendo ayuda para cubrir los gastos de la sepultura de su hijo muerto. Era el mismo que yo había visto la noche anterior. Lo hicimos sepultar. Y todo esto lo hicimos en sufragio y mérito del alma del niño. Después de haber sepultado al niño, lo vi de nuevo. Y ahora estaba radiante y se iba a una fiesta donde muchos niñitos estaban reunidos en alegre diversión.

Es interesante anotar lo que escribió Clemente Brentano, el que escribía las revelaciones y visiones de Ana Catalina Emmerick y a quien ella llamaba el Peregrino. Dice: En la primera semana de julio de 1821, una mujer de Dülmen se encontraba en un parto difícil. Mandó rogar a Ana Catalina para que la ayudase con sus oraciones. Ana Catalina pidió y rogó insistentemente a Dios para que el niño pudiera ser bautizado. La nodriza, hasta el momento indecisa, bautizó a esa criatura que aún vivía y que al día siguiente vino al mundo ya muerta. La madre vivió hasta el 13 de julio, pero el niño, nacido muerto, se apareció el día ocho a Ana Catalina alegre y luminoso por el bautismo y le dijo: “Sin tu ayuda, hubiera tenido que estar con los paganos”.

El niño regresó a agradecer el haberlo bautizado, pues de otro modo, estaría como los paganos, sin la luz y la alegría de Dios.

La beta Rosa Gattorno, gran mística italiana y fundadora de las hermanas hijas de santa Ana, dice que el 6 de junio de 1889 vino a verme el alma de un niño. Su alma no era negra, sino ahumada, y había otras alrededor de estos pobres angelitos, que también eran ahumados. Pregunté por qué y se me respondió: No están bautizados y estas otras almas van a su encuentro. ¡Oh amor mío!, ¡qué pena tuve! ¡Oh madres crueles que tratan tan mal a sus criaturas, ay, ay, de ustedes! ¡Oh si les pudiese hacer ver lo que sufren!.

Estos niños aparecen con el alma, no negra o en pecado, sino ahumada, sin la plenitud de la luz y del amor de Dios de los niños bautizados y felices.

El padre Esteban Gobi, un santo sacerdote, fundador del Movimiento sacerdotal mariano, aprobado por la Iglesia, y que recibe locuciones interiores de la Virgen María, afirma que el 8 de setiembre de 1983, estando en Montreal (Canadá), recibió el siguiente mensaje:

Estoy recogiendo de todas partes del mundo a mis niños más pequeños para reunirlos en mi escuadrón y depositarlos en lo profundo de mi Corazón Inmaculado.

Escuchen su voz, que invoca su ayuda, corran a su encuentro, tómenlos en sus brazos y llévenlos a todos a su Madre celestial. Pequeños son para mí todos los niños ya concebidos cuyas vidas son voluntariamente destrozadas desde las entrañas de sus madres. El amor y el ansia de su madre celestial y de la Iglesia por su salvación, así como su sangre inocente derramada por los que desprecian y desobedecen la ley de Dios, es ya un bautismo de deseo y de sangre que los salva a todos. La Virgen María nos dice que escuchemos su voz que pide nuestra ayuda.

La mística austríaca María Simma, a quien escribí personalmente antes de su muerte, me confirmó en la idea de salvación de estos niños después de orar por ellos. Me decía en una carta que conservo: Todos los niños, que mueren sin estar bautizados, van al limbo. Allí son felices y no tienen conocimiento de la posibilidad de ver a Dios. Pero pueden ir al cielo, si nosotros oramos por ellos y les damos el bautismo por los no nacidos, del cual supongo que Ud. ha oído hablar.

En una entrevista con Nicky Eltz, dice: Las almas santas me dicen que los niños nacidos muertos o abortados no van al paraíso ni al purgatorio. Van a un lugar intermedio que se puede llamar limbo o cielo infantil. Las almas de estos niños no saben que exista algo mejor que eso, no saben que no están en el cielo. La responsabilidad de llevarlos al cielo está en nosotros. Lo podemos hacer, bautizándolos espiritualmente o mandando celebrar una misa por ellos.

MÁS TESTIMONIOS

El doctor Kenneth McAll, eminente cirujano y siquiatra inglés, miembro del Royal College of Psychiatrists del Reino Unido, habla de la importancia de orar y mandar celebrar una misa por los niños muertos sin bautismo. Por experiencia afirma que, al hacerlo, se solucionan muchos problemas familiares e, incluso, son sanados algunos miembros de la familia. Dice así: En el caso de niños que hayan nacido muertos o de abortos, resulta conveniente darles un nombre (Is 49, 1). Según mis experiencias, normalmente sólo hace falta la celebración de una Eucaristía para liberar a un niño nacido muerto.

Tengo registrados más de 600 casos de curaciones directas producidas tras la celebración de una Eucaristía por fetos, víctimas de abortos, voluntarios o involuntarios, niños que nacieron muertos o fueron abandonados inmediatamente después de su nacimiento y que nunca fueron debidamente amados ni consagrados a Jesucristo en una ceremonia de entierro. Cuando se ha celebrado una Eucaristía por esta clase de seres, los resultados son impresionantes. Muchos han experimentado los beneficios del poder curativo que se generó, incluyendo pacientes que estaban participando en la Eucaristía, pero también otros que se encontraban a muchos kilómetros en hospitales e instituciones mentales y no sabían nada acerca de dichas ceremonias; incluso, parientes mentalmente perturbados que vivían en países lejanos.

Las personas más afectadas por estos niños (abortados) no consagrados al Señor y que necesitan que se ore por ellos, son los propios padres, un hermano o hermana gemelo, el niño que nace a continuación, un niño adoptado en su lugar o, incluso, el niño más sensible de la familia.

Algunas personas creen que todos los niños van directamente al cielo, cuando mueren. Pero eso, sólo ocurriría así en caso de haber sido amados y de haber rezado por ellos en la tierra. He sido testigo de más de 600 casos de niños fallecidos que habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de haber seguido con vida. Cada uno llevaba al lado a su propio ángel de la guarda, esperando ese momento de amor y de consagración a Dios.

Los sacerdotes jesuitas, hermanos Matthew y Dennis Linn, líderes de la Renovación carismática católica, han estudiado mucho este tema de los niños muertos sin bautismo y dicen:

Tal vez la sorpresa más grande de nuestro ministerio es la curación física y emocional que puede ocurrir muy rápido y profundamente a otras personas cuando oramos por bebés nacidos muertos y por abortos espontáneos o provocados. Por ejemplo, después de rezar por sus tres traumáticos abortos, Sandy retornó a casa para encontrar a su hijo de siete años que había sido hiperactivo desde su nacimiento. Ese día fue capaz de dormir por primera vez durante toda la noche y de portarse normalmente en la escuela a partir del día siguiente... Casi cada familia puede beneficiarse, orando por abortos y bebés nacidos muertos, ya que estas pérdidas son tan comunes. Estos bebés constituyen el grupo más importante en nuestras oraciones por los muertos. Pero ¿cómo sabemos que ellos necesitan de nuestras oraciones? A veces, se nos ha dicho que no podemos rezar por ellos, porque están en el limbo eternamente. Otras, que no necesitan de nuestras oraciones, porque están ya en el cielo... La historia de las oraciones de santa Perpetua por Dinócrates, su hermano muerto no bautizado, es un ejemplo proveniente de la tradición cristiana de cómo la gracia del bautismo puede ser concedida a los niños muertos por medio de las oraciones de un miembro de la familia.

Pidiéndole a Jesús que bautice a un niño muerto le estamos pidiendo hacer todo lo que todavía necesita hacer por esa criatura, ya sea que esto se inicie con un bautismo de deseo o renovándolo con una celebración más profunda de amor de Jesús ofrecida a través de nosotros. Idealmente, la oración debería ser completada con una Eucaristía en la cual recibamos la comunión y nos unamos a Jesús, orando por nosotros y por el bebé muerto para llevarlo más cerca de Él para siempre.

En la misa se habilita a los fallecidos con el perdón total de Cristo en el calvario. Recibiendo para sí mismos el perdón de Cristo y extendiendo ese perdón hacia todos los que les hicieron daño, los muertos están habilitados para entrar en el cielo y alcanzar el estado de amar para siempre dentro del Cuerpo místico de Cristo.

Y ellos recomiendan: Si eres católico, manda celebrar una misa por el bebé. Mientras recibes la comunión, deja que la sangre sanadora de Jesús entre en ti y en todos los difuntos de la familia por medio del bebé.

El padre Roberto DeGrandis, otro líder carismático, dice: Cuando consideramos el problema de los abortos, niños malogrados o que han nacido muertos, uno de los principios básicos es que estos niños deben ser recibidos con amor. Una de las formas en que amamos y aceptamos a un niño es dándole un nombre. Esto les da un sentido de pertenencia y de que ocupan un lugar verdadero en la familia.

Otro líder carismático, el padre Marcelino Iragui, afirma: Una práctica recomendable es ofrecer una misa y comulgar por ellos, sobre todo, cuando se hace en familia. En esa misa se pide a Dios que acoja en su seno a todos los difuntos de la familia. A veces, los resultados son sorprendentes. En caso de aborto provocado o involuntario, que no fueron bautizados, se pide al Señor que inspire un nombre para cada uno de ellos, se les acepta como miembros de la familia y se les presenta por su nombre al Señor, arropados en el amor de la Virgen María.

Para bautizarlos espiritualmente basta con hacer la señal de la cruz simbólicamente sobre su frente o esparcir agua bendita en distintas direcciones, diciendo al mismo tiempo: N.N. (decir el nombre) Yo te bautizo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

SOLIDARIDAD HUMANA

Es algo bien sabido que Dios no hace milagros sin necesidad y que permite que normalmente actúen las fuerzas de la naturaleza. Pues bien, la vida de cada persona no es una isla, está enraizada al resto de la humanidad y muy concretamente a su propia familia humana. De ahí que la influencia de los antepasados sobre sus descendientes es muy poderosa para el bien o para el mal. Todos somos solidarios, uno con otros, en alguna medida. Como lo fuimos con el pecado de Adán y Eva. Esto lo dice muy bien Monseñor Milivoj Bolobanic: Existe una herencia espiritual negativa que se nos transmite de nuestros antepasados en el momento de la concepción. Si nuestros antepasados hicieron el mal en sus vidas, la maldición de sus malas vidas pasa a sus hijos, porque estamos espiritualmente ligados como los anillos de una cadena.

Los problemas espirituales se transmiten como las enfermedades físicas. El problema es mayor, si nuestros antepasados no se arrepintieron de sus malas acciones. Resulta un problema especial, si hay suicidios o asesinatos, abortos, adulterios, robos, alcoholismo, drogodependencia. Es especialmente fuerte la influencia que ejerce el pecado de odio. Cuando los antepasados han estado involucrados en prácticas de magia y ocultismo, la acción diabólica se percibe muy fuerte en la vida de sus descendientes.

Dice otro sacerdote que trabaja en la curación del árbol familiar, el padre Beppino: Algunas veces, he orado y he bendecido a personas con la santa cruz, rechazando en el Nombre de Jesús todo mal o toda influencia maléfica en la primera generación y así hasta la cuarta y, a veces, en un determinado momento de una generación, el paciente se volvía violento, cambiaba de voz, revelando alguna cosa ocurrida en aquella generación, de la cual recibía alguna influencia maléfica en su vida, quedando sanado en el Nombre de Jesús.

El doctor Koch ha estudiado más de 10.000 casos de dependencia o influencia del ocultismo y ha tropezado con modelos de desastres heredados que se transmiten a través de generaciones y generaciones. Él dice: En una familia de encantadores y hechiceros, pude rastrear, hasta tres o cuatro generaciones, efectos tales como muerte en un hospital para enfermos mentales, casos de melancolía, suicidios y accidentes fatales, que se repetían de manera regular y siguen por tanto un modelo determinado... Los síntomas de este tipo se dan prácticamente en todas las familias de hechiceros, lo que me pone en alerta y me permite conocer la implicación de algunos miembros de las mismas en fenómenos ocultistas.

Algo especialmente grave es la maldición de los padres a los hijos. Las consecuencias pueden ser diversas como enfermedades permanentes o dificultades en el trabajo, que acompañan a la persona por toda su vida o desgracias familiares o enfermedades en los hijos... Algunas madres tienen la mala costumbre de maldecir a sus hijos y los mandan al diablo fácilmente sin darse cuenta de lo que hacen y sin pensarlo seriamente. Y el maligno, que oye que se le abre la puerta, entra pronto para salir con dificultad.

Pero,de la misma manera que se puede transmitir una herencia negativa, también se puede transmitir una herencia positiva por medio de bendiciones.¡Qué hermosa es la costumbre de algunos padres de bendecir diariamente a sus hijos! ¡Qué hermoso es saludar diciendo: ¡Que el Señor te bendiga! Que el Señor los bendiga. Los bendecimos en el nombre del Señor (Sal 129, 8). Las bendiciones de tu padre son mejores que las eternas montañas, superan las delicias de las colinas eternas (Gen 49, 26).

Por eso, el Señor recomienda: Honra a tu padre de palabra y de obra para que venga sobre ti su bendición, porque la bendición del padre afianza su familia (Eclo 3, 9-10). Dios nos ha llamado a ser herederos de la bendición (1 Pe 3, 9). Esto quiere decir que debemos bendecir siempre a todos y nunca maldecir a nadie. Hay familias en que el bendecir a los hijos es una tradición familiar. Los bendicen al ir al colegio o al ir a acostarse por la noche. Y, de modo especial, en algunos días como el cumpleaños, el día de la madre o del padre, el día de Navidad, etc. El papá puede bendecir a la mamá y ambos a sus hijos y también los hijos a sus padres.

Dios pone en su Palabra una fórmula de bendición optativa: Que Dios te bendiga y te guarde. Que haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor. Que el Señor vuelva su rostro hacia ti y te conceda la paz (Num 6, 24-27). Si los padres bendicen a su hijos y a sus antepasados en el Nombre del Señor, ellos recibirán abundantes bendiciones.

Yo, personalmente, tengo la costumbre de orar en todas las misas que celebro por todos mis antepasados y por todos los que vivirán a través de mis sobrinos hasta el fin del mundo. Estoy convencido de que mis antepasados recibieron en su día muchas bendiciones, porque Dios sabía que yo iba a rezar por ellos después de cientos o miles de años.

Y así como hay familias de delincuentes, también hay familias de santos como la familia de san Basilio Magno (siglo IV). Su padre fue san Basilio y su madre santa Amelia. También fueron santos sus hermanos: san Pedro, obispo de Sebate, san Gregorio Niceno y santa Macrina. Su abuelo murió mártir y su abuela fue también una santa: santa Macrina. Y su mejor amigo: san Gregorio Nacianceno. La familia de san Leandro (siglo VI), arzobispo de Sevilla, también fue ejemplar. Los cuatro hermanos fueron santos: san Leandro, san Fulgencio, san Isidoro y santa Florentina.

Otro caso es el de la familia de san Bernardo Abad (1090-1153). Su padre fue el venerable Tescelín, su madre beata Alicia y beatos fueron sus hermanos Guy, Gerardo, Humbelina, Andrés Bartolomé y Nivardo. La venerable María Concepción Cabrera de Armida, mexicana, tuvo 9 hijos y a todos y cada uno los consagraba a Jesús por María al nacer. Rezaba mucho por los sacerdotes y Dios le concedió un hijo sacerdote, el padre Manuel, que murió a los 66 años con fama de santo.

Eliza Vaughan se casó en 1830 con John Francis. La familia de Francis había sido una de las familias inglesas que había soportado las persecuciones cuando el rey Enrique VIII se apartó de la Iglesia católica. Habían perdido sus bienes y habían sido encarcelados, pero habían conservado su fe católica. Su residencia había sido refugio y salvación para muchos sacerdotes en los primeros tiempos de persecución.

Cuando se casaron, tenían en su casa una capilla en la que se celebraba la misa todos los días y a la que asistía toda la familia unida. Eliza se pasaba todos los días una hora de adoración ante Jesús sacramentado, pidiendo una familia numerosa y muchas vocaciones. El Señor la escuchó y tuvo 14 hijos. Uno murió al poco tiempo de nacer. De los otros 13, ocho se hicieron sacerdotes y cuatro religiosas. ¡Cuántas bendiciones para toda la familia!.

En 1881, en el pueblo de Lu de Monferrato, pequeña ciudad del norte de Italia, se reunió un grupo de madres de familia con su párroco y tomaron la decisión de orar para que uno de sus hijos llegara a ser sacerdote o religiosa. Se reunían todos los martes para estar una hora en adoración ante Jesús sacramentado. Lo hicieron durante varios años. En 1946, de ese pueblo eran ya 152 sacerdotes y 171 religiosas; en total, 323 vocaciones obtenidas por las oraciones de las madres. La familia más especial fue la familia Rinaldi. Tenía cinco hijos sacerdotes salesianos y dos hijas salesianas. El más conocido, Philipo Rinaldi, tercer sucesor de Don Bosco en la Congregación salesiana, fue beatificado por Juan Pablo II el 29 de abril de 1990.

La conclusión es que muchos niños muertos sin bautismo, aunque no tengan pecado alguno, sufren las consecuencias de la culpa de sus padres. Y deben esperar hasta que alguien pueda reparar por ese pecado y ellos puedan ser liberados por alguna mano amiga o por la fe de la Iglesia para entrar en el cielo.

NECESIDAD DE REPARACIÓN

Una de las razones que podemos suponer para la existencia del limbo temporal es la necesidad de reparación. Todos nosotros sufrimos las consecuencias del pecado de Adán y Eva, y tuvo que venir Cristo para repararlo y obtenerlos la salvación. Pero es preciso el bautismo para que podamos liberarnos de las consecuencias del pecado original. Somos concebidos en estado natural, como criaturas de Dios, sin la presencia de Dios y sin amor. Y es preciso que para ser plenamente felices, es decir, para disfrutar del cielo, seamos elevados al orden sobrenatural y seamos hechos hijos de Dios. En el momento del bautismo, nuestra alma se transforma y, al igual que un gusano que se arrastra por la tierra y se convierte en mariposa y puede volar, así nuestra alma terrena se hace celestial, y puede volar al reino de la luz, del amor y de la paz total.

Estos niños que no han sido bautizados y son todavía criaturas de Dios, con su alma vacía, sin luz y sin amor, necesitan de alguien que los ayude a liberarse de esas limitaciones del pecado original y puedan elevarse a Dios en la plenitud del amor y de la felicidad. Si sus padres no lo hacen, alguien debe hacerlo. Si son pocos los que rezan por estos niños, porque la mayoría cree que no lo necesitan, Dios les aplicará los méritos y oraciones de las almas víctimas o de tanta gente buena que reza por los necesitados. Dios, en su misericordia, los ama y por los méritos de Jesucristo y la fe de la Iglesia (de las almas buenas) los llevará un día al cielo.

Pero ¡qué hermoso poder ayudarlos y ponerles un nombre y reparar el pecado de sus padres o de quienes los hayan asesinado! San Pablo decía: Me alegro de mis padecimientos por vosotros y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia (Col 1, 24). Sobre la necesidad de reparación, veamos lo que dice santa Faustina Kowalska: Un día me dijo Jesús que iba a mandar un castigo sobre la ciudad más bella de nuestra patria (Varsovia). Vi la gran cólera de Dios y un escalofrío me sacudió y me traspasó el corazón. Yo oré en silencio. Y Dios libró a su ciudad en virtud de sus oraciones.

Muchas veces Jesús le pedía sufrir para reparar por los pecados del aborto. Dice: Hoy (16 de setiembre de 1937) he sentido unos dolores tan intensos que he debido acostarme. He estado retorciéndome con estos dolores durante tres horas. Ningún remedio me ayudaba y todo lo vomitaba. Jesús me ha hecho entender que lo había permitido en reparación de los pecados cometidos contra los niños asesinados en el vientre de las malas madres. Jesús me ha hecho conocer cuánto le agrada la oración reparadora y me ha dicho: La oración de un alma humilde aplaca la ira de mi Padre y atrae un mar de bendiciones.

Es grande el poder de la oración ante Dios. En el capítulo 18 del libro del Génesis se nos dice que Dios le habló a Abraham como a un amigo, diciéndole que había decidido destruir a Sodoma por sus pecados; especialmente, por el pecado de sodomía (práctica homosexual). Y Abraham intercede ante Dios y le pregunta: Si hubiera 50 justos, en atención a esos 50, ¿también la destruirías? ¿Y si faltaran cinco a estos cincuenta? ¿Y si hubiera cuarenta? ¿Y si hubiera treinta? ¿Y si hubiera veinte? Y contestó Dios: no la destruiría por los veinte. Y Abraham dijo: No se incomode mi Señor. ¿Y si se hallasen diez justos? Y le contestó Dios: Por los diez no la destruiría. Pero no había ni siquiera diez justos que orasen y reparasen por los demás y Dios la destruyó.

La conclusión es clara: Nosotros debemos orar y reparar por estos pecados para que Dios perdone a los que los han cometido y puedan ser sanadas las consecuencias de estos pecados en sus descendientes; especialmente, en estos niños muertos sin bautismo, sin nombre y sin amor.

Nosotros podemos darles ese amor que nunca han tenido, ponerles un nombre, ofrecerlos a Dios en una misa, en una comunión, bautizarlos espiritualmente, consagrarlos a Jesús por María o simplemente orar por ellos.

Pensemos en esos niños que han sido concebidos en un laboratorio como tantos miles y miles. Nadie lo ha amado. Sus padres biológicos ni saben que existen. Los científicos, que los han creado, lo han hecho por rutina para que sean sus esclavos, pues miles de estos niños son producidos para sacarles sus células madre con el fin de hacer experimentos. Muchos miles son congelados y son propiedad de laboratorios privados o estatales. Son los nuevos esclavos del siglo XXI, que nunca han sabido lo que es amor y han sido asesinados en nombre de la ciencia.

Imaginemos algo peor. Niños que son concebidos por padres de sectas satánicas o que recién nacidos son comprados o raptados, y son ofrecidos a Satanás en sus reuniones. Cada año, según la Organización Childwatch, son más de 4.000 los niños sacrificados a Satanás. Pensemos en estos niños pequeñitos, ¿podrían ir al cielo de inmediato? Dios puede hacerlo. Ellos no tienen culpa, pero Dios actúa normalmente de acuerdo a la ley de solidaridad universal en el bien como en el mal. Y de ahí que sean necesarias muchas almas que reparen los pecados de otros. Y, en este caso, que les den a estos niños el amor que necesitan para que sean de alguna manera bautizados con un bautismo de amor por medio de las oraciones, sacrificios, obras buenas y, especialmente, de una misa, que es el mejor medio de liberación. Todo esto puede necesitar un tiempo más o menos largo durante el cual estos niños estarán en el limbo hasta que una mano amiga los ayude a salvarse.

MATERNIDAD ESPIRITUAL

Después de haber visto la necesidad que hay de reparación de estos pecados cometidos con estos niños inocentes, los más pequeños de la familia humana, los más indefensos, es preciso que haya muchas personas que se ofrezcan con amor para adoptar a estos niños como sus hijos espirituales. La maternidad espiritual es algo, no sólo para religiosas, sino para todas las personas buenas que, además, serán enormemente bendecidas por estos niños una vez que vayan al cielo y sean como ángeles o santos de Dios. Veamos ahora algunos ejemplos de maternidad espiritual.

Nicolás Cusano

El cardenal Nicolás Cusano (1401-1454) fue un gran reformador de la vida espiritual del clero en el siglo XV y Dios le mostró en un sueño el poder de la oración de las religiosas en el silencio de sus conventos.

Dice: Un día soñé que en una pequeña iglesia, muy antigua, adornada con mosaicos de los primeros siglos, había millares de religiosas orando. Estaban muy recogidas en oración. Estaban de pie con la mirada fija en un punto lejano. Sus brazos estaban abiertos y las manos dirigidas hacia lo alto en señal de ofrecimiento. Pero estas religiosas tenían en sus manos hombres y mujeres, emperadores y reyes, ciudades y países. A veces, sus manos se cerraban sobre una ciudad o país, pero la mayoría sostenía en su mano un solo hermano o hermana. En las manos de una joven religiosa, casi niña, vi al Papa. Su rostro irradiaba alegría y oraba por el Papa. En las manos de una religiosa anciana estaba yo mismo, cardenal de la Iglesia.

De pronto, en compañía de mi guía o ángel, me encontré en la cripta de esa iglesia donde rezaban millares de hermanas. Pero, mientras en la anterior visión las religiosas tenían a las personas en sus manos, estas de la cripta las tenían en sus corazones. Se trataba de almas cuya salvación estaba en peligro.

El ángel me dijo: Así tienen estas hermanas a quienes han dejado de amar. A veces, sucede que se calientan al calor de sus corazones, pero no siempre. En ocasiones pasan de las manos de quienes las quieren salvar a las del juez divino a quien deberán dar cuenta de las oraciones y sacrificios ofrecidos por ellos sin fruto.

Fijé la mirada sobre aquellas almas víctimas. Siempre había sabido de su existencia, pero nunca había tenido claro lo que significaban para la Iglesia, para el mundo o para los pueblos. Sólo ahora comprendía su significado profundo. Y me incliné con reverencia ante aquellas mártires del amor.

Wilhelm Ketteler

El obispo alemán Wilhelm Ketteler (1811-1877) contaba que, cuando ya había recibido el título de abogado y pensaba dedicarse a esta profesión y fundar una familia, un día tuvo un sueño divino: Cristo estaba sobre mí en una nube de luz y me mostraba su Sagrado Corazón. Delante de él se encontraba de rodillas una monjita que levantaba sus manos en señal de oración. Y Jesús me dijo: “Ella reza por ti ininterrumpidamente”. Vi claramente su figura y no pude nunca olvidarme de su rostro.

Esta experiencia fue tan fuerte que me decidí a dejarlo todo y hacerme sacerdote. Y comencé mis estudios de teología a los 30 años. Estoy convencido de que hay alguien que ora por mí y yo rezo para que Dios también bendiga a esa religiosa desconocida.

Pero un día el obispo Ketteler fue a celebrar misa a un convento de religiosas y, al dar la comunión a la última de ellas, se quedó como inmóvil al reconocer a la religiosa de su sueño. Pidió a la Superiora que hiciera venir a todas las religiosas para conversar con ellas. Pero faltaba ella. ¿Por qué? Porque era la última hermana, la que se dedicaba a las tareas de la huerta y de la cocina. Pidió que la hiciera venir y después, pudo conversar con ella a solas. Ella le confesó que todo lo que hacía y sufría lo ofrecía por un alma necesitada. El Señor sabrá a quién le ofrece mis oraciones. Siempre he orado como me enseñaba mi párroco por las personas más necesitadas de oración. El obispo se dio cuenta de que el día de su sueño y de su conversión era exactamente el día del nacimiento de esa religiosa. Dios le había concedido su conversión en virtud de los méritos y oraciones que en su providencia sabía que iba a ofrecer esa religiosa por un alma necesitada y Dios lo escogió a él como beneficiario. El obispo bendijo a la hermana y la animó a seguir orando por esa intención. A ella no le descubrió el secreto. Pero sí a la Madre Priora, a quien dijo que su vocación se la debía a esa pobre religiosa que rezaba todos los días por un alma necesitada. Y el obispo le dijo: Si alguna vez me siento tentado de enorgullecerme de mis obras o de mis éxitos, no quiero olvidarme que todo se debe, no a mis méritos, sino a las oraciones de esa simple hermana que trabaja en la cocina, en el gallinero y en las cosas más humildes del convento. Y esas cosas pequeñas tienen tanto valor ante Dios que han podido dar un obispo a la Iglesia.

Alexandrina da Costa

La beata Alexandrina da Costa (1904-1955) fue beatificada el 25 de abril del 2004. Vivió los últimos 13 años de su vida sin comer ni beber. Sólo recibía la comunión cada día. Fue sometida a una observación exhaustiva en un hospital de Oporto (Portugal), vigilada las 24 horas del día por testigos imparciales. Y, al final de los 40 días de prueba, ella había mantenido su peso, temperatura y presión arterial. Los médicos no pudieron encontrar explicación científica o médica a estos hechos.

Ella vivió muchos años enferma en cama. Un día de 1941, le escribió a su padre espiritual padre Mariano Pinho que Jesús le había dicho: En Lisboa hay un sacerdote que está en peligro de condenación eterna. Él me ofende gravemente. Llama a tu padre espiritual y pídele permiso para sufrir de modo particular por esa alma.

Recibido el permiso de su director espiritual, Dios le mandó sufrimientos para reparar por aquel sacerdote pecador. Y ella le decía a Jesús: No, que no vaya al infierno. Me ofrezco como holocausto hasta que Tú quieras, Señor. Jesús le reveló el nombre y apellido de aquel sacerdote. Y su director quiso investigar quién era ese sacerdote y le preguntó al cardenal de Lisboa si lo conocía. Y le confirmó que sí lo conocía y que era un sacerdote que le daba muchas preocupaciones por su mal comportamiento.

Poco tiempo después, el padre David de Novais le contó al padre Pinho, director de Alexandrina, que había dado ejercicios espirituales en Fátima y había participado un señor muy reservado, que había tenido un comportamiento ejemplar. La última tarde de los ejercicios tuvo un ataque al corazón, pero hubo tiempo de llamar a un sacerdote, que lo confesó y le dio la comunión. Al poco rato, murió reconciliado con Dios. Y se descubrió que ese señor, vestido de laico, era el sacerdote por el cual tanto había rezado y sufrido Alexandrina.

Giovanni Salerno

El padre Giovanni Salerno, fundador de la Congregación Siervos de los pobres del tercer mundo, cuenta: Tenía 17 años, cuando tres oftalmólogos de Viterbo, donde estaba cursando el liceo, me dieron su veredicto: “A los 20 años quedarás ciego”. El Superior me instó a interrumpir mis estudios (era seminarista de la Orden agustiniana) y a casarme cuanto antes para tener así a mi lado una esposa que pudiera acompañarme en mi ceguera. Pero yo creí firmemente en mi vocación y con lágrimas en los ojos pedía al Señor que viniera a socorrerme. Escribí al monasterio de Casia. En seguida, la abadesa me contestó que una joven hermana se había ofrecido víctima por la salud de mis ojos. Después de algunos días, llegó a Viterbo el padre Hector Selippene. No lo conocía, pero cuando supo mi caso, convenció a mi Superior para que me llevara a Roma con un célebre oftalmólogo, el profesor Lazzantini. Éste me salvó la vista y se despidió de mí, diciéndome: “Debes retomar tus estudios”. Resultado: fui ordenado sacerdote un año antes que mis compañeros de curso.

¿Hace falta más para poder comprender el poder de la oración y del valor que Dios da a quienes se ofrecen a orar y sacrificarse por los demás? Pues bien, ahí están esos millones de niños que esperan nuestra ayuda y esperan unas manos maternas o paternas que les den amor y los lleven en sus brazos al cielo, desde donde los bendecirán más de lo que pueden imaginar.

EJEMPLOS CONCRETOS

La mística María Simma dice: Conocí a una enfermera que trabajaba en un hospital. Ella no dejaba de bautizar a los niños abortados o nacidos muertos. Cuando estaba para morir, exclamó: “Oh, he aquí a todos mis niños en el cielo. ¡Cuántos niños!”. Y aquellos niños a quienes había bautizado después de muertos, agradecidos, la acompañaron al paraíso donde ya vivían.

Hace pocos años murió una religiosa en un convento de Alemania. Cuando estaba agonizando, su rostro se iluminó y mirando a lo lejos, maravillada, exclamó: ¡Oh, tantos niños negritos, tantos niños negritos, me están buscando para llevarme al cielo! Las otras hermanas, que presenciaron el hecho, no vieron nada, pero después recordaron que la ancianita tenía la costumbre de echar todas las noches antes de acostarse el agua bendita a los niños negritos de África para bautizarlos. Ahora vinieron estos niños bautizados desde lejos a buscar a su bienhechora (www.catholicprayers.com).

El padre James Manjackal, famoso predicador carismático con un fuerte ministerio de sanación, que viaja por todo el mundo, me escribió una carta y varios mails. En uno de estos me decía literalmente:

Yo he oído a muchas personas que me han dicho que han visto a los niños muertos sin bautismo como ángeles y santos después de haberlos bautizado espiritualmente. Algunos de ellos me dicen que, cuando necesitan algo, lo piden a Dios por intercesión de estos niños ya salvados.

Normalmente, cuando las personas que han abortado vienen a hablar conmigo con sentimiento de culpa y de tristeza, les digo que les pidan perdón y que los bauticen en la fe y en el amor en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Algunas madres han tenido la experiencia de verlos o de sentir su perdón y consuelo.

Yo, personalmente, rezo por estos niños y los bautizo espiritualmente. Y tengo maravillosas experiencias de su entrada en el cielo y sus oraciones son de gran ayuda para mi ministerio.

Una religiosa contemplativa me escribió el 25 de marzo del 2001 sobre su experiencia. Uno de sus familiares le contó que una persona muy querida había atravesado una situación difícil y había abortado. Ella sintió una fuerza poderosa de Dios para encomendar a ese niño. Le puso por nombre Giusi-Mar (Giusi de Giuseppe y Mar de Maria). Ella me escribió:

Lo único que puedo decir es que me ha venido como un impulso de hacer algo por esa criatura que, de cierto, está viva. Y le digo al Señor: “Jesús, tu amor divino viene a mi corazón en la santa comunión. Nutre a este niño con tu pan de vida cada día en nuestro encuentro eucarístico. ¿Te he pedido demasiado? Perdóname, pero ya me siento madre de esa criatura. Soy feliz como una joven madre, aunque tengo ya ochenta años. Pero sé que no cuentan los años a los ojos de tu amor omnipotente”.

En otra carta del 21 de mayo del 2002 me decía: Continúo pensando en él en la comunión de cada día y lo siento muy cerquita de mí y me ayuda en tantas pequeñas dificultades. Me basta llamarlo para que venga en mi ayuda. ¡Si supieras cuánto me ayuda espiritualmente esta tarea de sentirme mamá de Giusi-Mar! Siempre he querido ser madre de una inmensa multitud de hijos. Por eso, los adoptaré a esos niños y los nutriré con el pan de vida de la Eucaristía en unión con María, la madre del cielo, que también es Madre de todos ellos.

Me escribo con muchas religiosas que me han dicho que ellas aprendieron a bautizar espiritualmente a estos niños y a orar por ellos todos los días, teniéndolos como hijos espirituales. Algunas recibieron esta enseñanza de algún sacerdote, pero otras lo hacían por intuición o inspiración de Dios.

PONER UN NOMBRE

Algo muy importante para estos niños es ponerles un nombre para que no sean unos desconocidos N.N., sino seres humanos con dignidad, con nombre y con derechos propios en el más allá. Por supuesto que millones de estos niños son concebidos de modo totalmente frío y mecánico en un laboratorio y son esclavizados por empresas o laboratorios que los consideran de su propiedad y los congelan o los asesinan para extraerles sus células madre o sus órganos útiles. Pero ante Dios son tan seres humanos como cualquiera.

Por otra parte, no olvidemos que, como dicen algunos investigadores, como la doctora Elizabeth Kübler-Ross o el siquiatra Kenneth McAll, también tienen sus ángeles custodios. No por ser tan pequeñitos dejan de ser tan humanos y necesitados como nosotros. Estos niños, como se ha demostrado científicamente en pruebas de ultrasonido también sufren en el vientre de su madre, especialmente en el momento en que sienten su vida amenazada por el aborto. Ellos sienten, oyen, viven y necesitan amor. Pero ¡qué tristeza para ellos al sentirse rechazados por su misma madre! ¡Qué tristeza no tener nombre, porque son excluidos hasta de su propia familia! Ellos también necesitan sentirse queridos y ser parte de una familia. Y, si sus padres los han rechazado, al menos desean que alguien los quiera y los ame y los adopte como parte de su familia.

El padre John Hampsch nos transmite el testimonio de un hombre que le dijo: Entre 1958 y 1963 mi mujer tuvo cinco abortos. Yo tenía un gran sentimiento de culpa. Ayer, cuando Ud. dijo que debíamos poder un nombre a estos niños, nosotros nos sentamos y lo hicimos. Mi esposa puso nombre a tres y yo a dos. Durante la misa (en visión interior) vi a Jesús delante de mí y me dijo que no me preocupara, que no me sintiera mal, porque ya esos cinco niños estaban en sus brazos y a salvo en el cielo. A partir de ese día, nuestro amor mutuo ha crecido inmensamente.

La doctora Elisabeth Kübler-Ross, doctora honoris causa por 20 universidades y que ha estudiado 20.000 casos de personas que han sido dadas por muertas dice: En el umbral de la muerte, nuestros guías espirituales, nuestros ángeles de la guarda y los seres queridos que se fueron antes que nosotros, estarán cerca de nosotros y nos ayudarán. Esto nos ha sido confirmado siempre, así que ya no dudamos nunca de esta afirmación. ¡Notad bien que hago esta afirmación como un hecho científico!.

El siquiatra Kenneth McAll afirma: He sido testigo de más de 600 casos de niños fallecidos, que habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de haber seguido con vida. Cada uno llevaba al lado a su propio ángel de la guarda, esperando ese momento de amor y de consagración a Dios; y en esos casos, el ángel de la guarda tiene permiso para actuar.

Todos los seres humanos tienen un ángel puesto por Dios para ayudarlos. El ángel de estos niños los acompañará en el estado de limbo temporal en el más allá hasta que alguien los pueda liberar con sus oraciones y puedan ir al cielo. Seguramente que su ángel intervendrá para que cuanto antes alguien pueda rezar por ellos o interceder ante Dios para que les aplique las oraciones que alguien ofrece por su salvación de modo general.

Estos niños, ya en el cielo, serán como ángeles que intercederán por sus padres espirituales y les obtendrán inmensas bendiciones de Dios.

NIÑOS SIN AMOR

Carlo Carretto en su libro Un camino sin fin escribe: He viajado mucho durante mi vida. Lo que voy a contar podría haber sucedido en Nueva York, en Tokio o en Río de Janeiro. No me preguntes los detalles. No soy policía. Sé que me encontraba en las proximidades de un hospital. Había salido de una iglesia, en la que había pasado la noche con unos amigos, adorando a Jesús Eucaristía. Hacía bastante frío y la aurora comenzaba a despuntar. Vi la masa gris de un gran contenedor galvanizado y cerrado con dos escotillones redondos...

Un amigo enfermero me dijo: “Ven. Te voy a enseñar lo que sucede en nuestros días. Es triste, tristísimo, pero es así”. Se acercó al contenedor, abrió la tapa como si fuera técnico en la materia, sacó la linterna del bolsillo y con el bastón que llevo siempre, comenzó a revolver el contenido del contenedor. “Mira”, me dijo. “Tenía interés en que lo vieras. Son los abortos realizados hoy en el hospital”. Miré y, a la pálida luz de la linterna, descubrí entre vendas sanguinolentas y sucias, un trozo de carne rosácea en la posición característica de los fetos humanos.

Las palabras se negaban a salir de mi boca. No tenía ganas de decir nada. Era como si el inverosímil horror del mal con cara de normalidad banal se hubiera derrumbado sobre mí...

Abrí la Biblia y leí: “Cuando naciste, el día en que viniste al mundo, no se te cortó el cordón, no se te lavó con agua para limpiarte, no se te frotó con sal ni se te envolvió en pañales. Nadie se apiadó de ti para brindarte alguno de esos menesteres por compasión a ti, sino que, como un ser despreciable, fuiste expuesta en pleno campo el día de tu nacimiento. Yo pasé junto a ti y te vi agitándote en tu sangre, y te dije, cuando estabas en tu sangre: ¡Vive! Y te hice crecer como la hierba de los campos” (Ez 16, 4-7).

En aquel instante, vi con claridad que sobre mi rodilla había un angelito, y aquel angelito era precisamente el que yo había visto en el contenedor del hospital. Y nos pusimos a conversar como viejos amigos...

Me dijo: “Por las noticias que tengo, mi padre es un pobre hombre, un irresponsable. Puede servirle como atenuante todo lo que ve cada día en la televisión. ¿Mi madre? Siento una ternura profunda por mi madre... No estoy solo ¿sabes? Si supieras lo numerosos que somos. Ni siquiera cabemos en la catedral.... Ahora voy a la catedral. Debo recitar las preces matinales con todos aquellos que han sido asesinados como yo en estas noches”.

Dime una cosa. ¿Qué nombre tienes, cómo te llamas? De momento, me llamo Nonato (no nacido). Es un nombre genérico. Lo llevo hasta que mi madre me dé un nombre, tan pronto como tome conciencia de mí. Cierto que me recordará... La catedral era un hervidero de vida y de luz... Tomó la palabra uno de aquellos abortos clandestinos, ocasionado por un alfilerazo dado por una “bruja”. Y dijo:

Nosotros somos víctimas de egoísmos infinitos, pero no podemos acusar a nadie. No estamos aquí para eso. Yo no me atrevo a acusar a mi madre, que era tan pobre. La quiero y, pensando en ella, me siento en paz. Nos hemos reunido aquí en esta catedral para orar y, sobre todo, para amar a quienes nos han hecho daño... La asamblea terminó sus trabajos con un canto muy armonioso que parecía el eco del juramento de Siquén: “Serviremos sólo al Señor, nuestro Dios, y seremos testigos de la vida y obedeceremos su voz” (Jos 24, 24).

Y aquellos pequeñines cansados se durmieron en paz.

Aunque aquí podamos ver mucho de la fantasía del autor, lo cierto es que estos niños necesitan amor, necesitan un nombre y necesitan ser parte de una familia que los ame.

REFLEXIONES

Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2, 4). Su voluntad es que no se pierda ninguno de estos pequeñitos (Mt 18, 14). Esto quiere decir que tenemos esperanza firme de que estos niños muertos sin bautismo se van a salvar. Ahora bien, sus vidas desde su concepción están vacías de amor. En primer lugar, tienen el pecado original. ¿Qué es el pecado original? Es el vacío de Dios en su alma. Cuando Dios decidió crear a Adán y Eva quiso crearlos inmaculados como a la Virgen María. Su alma estaba llena de Dios y de amor desde el primer instante de su existencia. Eran puros, bellos e inmaculados espiritualmente. Su alma irradiaba la luz de Dios por todo su ser. Pero pecaron, desobedecieron a Dios y sus consecuencias las estamos sufriendo hasta ahora. Todos los sufrimientos de todos los hombres de todos los tiempos tienen su origen en el pecado de Adán y Eva.

Pero Cristo nos salvó con su pasión y muerte y nos concedió la salvación que habíamos pedido. Sin embargo, quedaron las consecuencias. Perdimos los dones preternaturales. Éramos inmortales, impasibles, con ciencia infusa y con un equilibrio interior que hemos perdido. Ahora, cuando somos concebidos en el seno de nuestra madre, estamos sin luz y sin amor. Nuestra alma está vacía, a oscuras, sin la presencia de Dios y sin su amor. Para recuperar esto es preciso el bautismo, aunque sea de sangre o de deseo.

Estos niños muertos sin bautismo antes del uso de razón, si es que no han sido consagrados a Dios por sus padres siguen en la oscuridad y necesitan amor para llegar a la luz de Dios y a la felicidad plena del cielo. Es por esto que algunos santos, como hemos visto y otras personas inspiradas por Dios, recomiendan mandar celebrar una misa por ellos, bautizarlos espiritualmente o consagrarlos conscientemente a Jesús por María. De esta manera, podrían ir al cielo.

Estoy pensando en este momento en muchos niños nacidos muertos, pero cuyas madres han comulgado o rezado mucho por ellos o los han consagrado a Dios antes de nacer. En este caso, en virtud de la fe de sus padres o de su familia, pueden ir directamente al cielo. Pero, en la mayoría de los casos, especialmente de abortos provocados y de tantos millones de niños asesinados en sectas satánicas o en investigaciones científicas, necesitan un tiempo de espera hasta que alguien rece por ellos y los ofrezca con fe y con amor a Dios.

Necesitan ser bautizados por el amor, recibir un bautismo de amor, o dicho con otras palabras, necesitan del amor de alguien para ser liberados de la esclavitud de la oscuridad y del vacío en que los han abandonado sus padres.

Es por esto que hemos dicho desde el principio que estos niños necesitan ayuda y ojalá que hubiera muchas almas con corazón materno que quieran recibirlos como hijos adoptivos y conseguirles cuanto antes la salvación eterna. Vale la pena amarlos y salvarlos. Vale la pena echarles una mano. Vale la pena adoptarlos como hijos.

Estos niños son seres humanos pequeñitos en cuanto al cuerpo, pero de alma grande. No han sido queridos por nadie, han sido maltratados y asesinados sin piedad en muchísimos casos, pero valió la pena haber sido concebidos; porque, al final, en virtud de la misericordia de Dios, que es más grande que todos los pecados del mundo entero, y en virtud de los méritos de Jesucristo, serán salvados y serán eternamente felices.

Una religiosa me escribía: Mi gran deseo es abrazar a todos los niños del mundo, incluso antes de nacer, y bautizarlos con el bautismo de deseo y presentárselos a Dios como mis hijos. Me siento madre de todos, pero especialmente de los que están por nacer. A todos los acaricio y abrazo bajo mi manto maternal y los lleno del amor de Dios. ¡Qué alegría! Me siento la madre más dichosa del mundo y esto significa mucha responsabilidad de orar y trabajar por ellos. ¿No puedes tú hacer lo mismo? ¿No quieres ser un padre o una madre para ellos? Ellos te tienden su corazón hambriento de amor. ¿Qué les responderás?

De vez en cuando, sería bueno mandar celebrar una misa por todos los niños muertos sin bautismo de la propia familia o de otras conocidas. O mandar celebrar una misa por todos los difuntos de la familia. O también mandar celebrar una misa en honor de todos los ángeles custodios de la familia. Estos pequeños detalles nos traerán muchas bendiciones, porque las oraciones por los difuntos nunca quedan vacías y ellos son agradecidos. De la misma manera, los ángeles custodios, aunque no necesitan ayuda, se sentirán contentos de que les agradezcamos su ayuda y nos obtendrán más bendiciones de Dios.

Recordemos que formamos una familia en la tierra y en el cielo. La familia humana permanecerá por toda la eternidad. Porque lo que Dios unió no lo puede separar el hombre. Pero también formamos parte de otra familia espiritual, cuyos lazos pueden ser más fuertes que los de la carne. Y en esta familia espiritual están quienes nos han ayudado a crecer espiritualmente y aquellos a quienes nosotros hemos ayudado con nuestras oraciones y sacrificios en su camino hacia Dios. CONCLUSIÓN

Después de haber visto de un modo panorámico el tema de los niños muertos sin bautismo, podemos esperar que estos niños no estarán definitivamente y eternamente en el limbo, sino que un día serán salvados en virtud de los méritos de Cristo, y por la misericordia de Dios y la fe de la Iglesia.

Son millones los niños que son abortados o que mueren antes de nacer o que mueren antes del uso de razón sin que hayan sido queridos verdaderamente por nadie y es por ello que se encuentran tristes y en la oscuridad. Y necesitan de nuestra ayuda para que sientan que alguien los ama y, al sentirse amados y acogidos como hijos dentro de una familia espiritual, puedan despertar las capacidades que tienen dentro de sí y Dios les devuelva la luz, la alegría y el amor que no tenían por el pecado original.

Tú y yo podemos ser sus padres espirituales. Tú y yo podemos ayudarlos a salvarse cuanto antes. Tú y yo podemos sentirnos orgullosos de estos hijos pequeñitos, pero que tienen un alma grande.

Que Dios los bendiga y que no se olviden de encomendar todos los días en sus oraciones a estos niños tan queridos de Dios.

Que Jesús te bendiga por María. Saludos de mi ángel y saludos a tu ángel. Tu hermano y amigo del Perú para siempre.

P. Ángel Peña O.A.R. Agustino recoleto

BIBLIOGRAFÍA

Beppino, Liberazione e guarigione, Ed. Villadiseriane, 2003. Bolobanic Milivoj, Come riconoscere le trappole del demonio, Ed. Segno, 2002. Buonaiuto Aldo, Le mani occulte, Ed. Cittá Nuova, Roma, 2005. Carretto Carlo, Un camino sin fin, Ed. Paulinas, Madrid, 1987. Comisión teológica internacional, La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo, Ed. BAC, Madrid, 2007. Congregación para el clero, Adorazione, riparazione, maternità spirituale per i sacerdoti, Roma, 2007. DeGrandis Roberto, Curación intergenérica, Ed. Minuto de Dios, Miami, 1989. Emmerick Ana Catalina, Visiones y revelaciones, tomo 3, México, 1944. Gattorno Rosa, Memorias, Ed. Hijas de santa Ana, Roma, 2004. Iragui Marcelino, Jesús sana hoy, Ed. El Carmen, Vitoria, 1987. Linn Matthew y Dennis, Sanando la herida más profunda, Ed. Minuto de Dios, Bogotá, 2000. McAll Kenneth, La curación esotérica, Ed. Queenship, Santa Bárbara, 1998. Nicky Eltz, Fateci uscire da qui, Ed. Segno, Udine, 1997. Peña Ángel, ¿Dónde están los niños muertos sin bautismo?, Lima, 2003. Salerno Giovanni, Misión andina con Dios, segunda edición, Edibesa, Madrid, 2004.

 

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