¿Dónde Están los Niños Muertos Sin Bautismo?

Libro del Padre Angel Peña O.A.R.

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¿ DÓNDE ESTÁN LOS NIÑOS MUERTOS SIN BAUTISMO ?

Nihil Obstat P. Fortunato Pablo Prior Provincial Agustino Recoleto

Imprimatur Mons. Carmelo Martinez Obispo de Chota (Perú)

P. ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2003 ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN

PRIMERA PARTE: SALVACIÓN DE ESTOS NIÑOS Historia de la cuestión Importancia del bautismo Salvación de estos niños Sagrada Escritura Motivos de salvación. Iluminación y Martirio La fe de los padres La fe de la Iglesia

SEGUNDA PARTE: SALVACIÓN INMEDIATA O NO INMEDIATA Salvación inmediata Salvación no inmediata Sagrada Escritura La Iglesia y los teólogos Opinión de Santo Tomás Opinión de Partemio Minges Reflexión ¿Qué dicen algunos santos? Místicos actuales Santa Perpetua

TERCERA PARTE: MEDIOS DE SALVACIÓN La misa Bautismo espiritual Caminos de salvación Adopción espiritual Adopción espiritual de un niño abortado

CUARTA PARTE: TESTIMONIOS Y EXPERIENCIAS Experiencias reales La Siquiatría La Siquiatría y el budismo Renovación carismática católica Sobre el bautismo espiritual Poner un nombre Consideraciones finales Palabras de un niño abortado. Carta de una madre a Dios Mensaje a los padres de los niños muertos sin bautismo

CONCLUSIÓN GENERAL

BIBLIOGRAFÍA INTRODUCCIÓN

El tema del destino eterno de los niños muertos sin bautismo ha sido uno de los problemas que más dolores de cabeza ha dado a los teólogos de todos los tiempos. Este tema es muy importante, pues comprende a millones y millones de seres humanos. Y hay que tratarlo con la debida mesura, porque, sobre este punto, no hay ninguna definición dogmática. Por otra parte, ciertamente, hay que reconocer que la mayoría de los teólogos y sacerdotes actuales creen que estos niños van directamente al cielo y no se hacen más preguntas ni problemas.

El tema del limbo eterno de los niños, que fue una opinión teológica común durante varios siglos, parece estar descartado definitivamente, pues ya no se habla de él en el concilio Vaticano II ni en el nuevo Catecismo de la Iglesia católica. Sin embargo, hay que reconocer también que la idea de que estos niños sean salvados inmediatamente después de su muerte, es también una opinión teológica, al igual que la de que estos niños son salvados después de estar un tiempo en un limbo temporal. Estas son las dos alternativas posibles que se barajan en la actualidad.

En resumidas cuentas, nuestro estudio trata de estas dos alternativas para ver cuál es la más aceptable. Para ello, estudiaremos textos de la Escritura, del Magisterio de la Iglesia y muchos testimonios de personas dignas de fe, que nos pueden llevar a tomar una opción probable en este tema tan controvertido, pero, a la vez, tan importante.

Podríamos resumir el tema, preguntando: ¿Dónde están los niños muertos sin bautismo? ¿Son salvados inmediatamente después de su muerte o después de un tiempo? ¿Existe o no existe un limbo temporal para ellos? ¿Están todos ya en el cielo o pueden estar muchos de ellos todavía en espera, en camino hacia Dios?

El presente libro es un resumen de otro más amplio y teológico, que he titulado “El destino de los niños muertos sin bautismo”. Quiero dedicarlo a todas las religiosas del mundo y a todos aquellos que deseen orar por la salvación de estos niños, especialmente, por los millones de niños abortados. A estas personas mi admiración y agradecimiento.

PRIMERA PARTE

SALVACIÓN DE ESTOS NIÑOS

En esta primera parte, vamos a considerar la cuestión de la salvación de estos niños muertos sin bautismo. En caso de que puedan ser salvados, analizaremos los motivos de su salvación y expondremos diferentes opiniones de los teólogos y, muy especialmente, la que considera que son salvados por la fe de la Iglesia Pero, primero, veamos un poco de historia sobre este controvertido tema.

HISTORIA DE LA CUESTIÓN

San Gregorio Nacianceno (+389) dice, sobre los niños que mueren sin bautismo, que “sus almas no serán recompensadas ni castigadas”, dando a entender que, en su opinión, irían a un lugar intermedio entre el cielo y el infierno (Orat 40, 23; PL 36, 398). San Gregorio Niseno dice que “están llamados a alegrarse en un conocimiento de acuerdo con su naturaleza”, es decir, que vivirían con una felicidad puramente natural, pero no con la felicidad sobrenatural del cielo y tampoco serían castigados con el infierno (“De infantibus qui praemature moriuntur”: PG 46, 161).

San Agustín (354-430) es el primero de los Padres latinos que se plantea esta cuestión en profundidad. Antes de la controversia con los pelagianos, que negaban la existencia del pecado original, creía que iban también a un lugar intermedio entre el cielo y el infierno (De libero arbitrio 3, 226). Pero los pelagianos, al negar la existencia del pecado original, decían que estos niños no necesitaban el bautismo salvarse y que iban directamente a un lugar intermedio o “vida eterna”. No todos los autores están de acuerdo en saber qué entendía Pelagio por este lugar intermedio o vida eterna ¿Era solamente un paso previo para llegar al reino de los cielos?

Lo cierto es que San Agustín arremetió contra Pelagio por negar la necesidad del bautismo para ser liberados del pecado original y cambió su posición, afirmando en diferentes textos que estos niños iban al infierno, donde padecerían penas suavísimas. Para confirmar esto, cita, especialmente, el texto del juicio final de Mat, 25, 31- 46, donde sólo se habla de cielo o infierno, de derecha o izquierda. No se habla aquí, ni en ningún otro lugar del Evangelio, de un lugar intermedio y, por eso, lo rechaza.

Siguiendo a San Agustín, muchos otros teólogos hablaron también de que el destino eterno de estos niños era el infierno con penas muy leves.

En el siglo XII, Santo Tomás pensó que estos niños inocentes no podían ir al cielo, pero tampoco podían padecer ninguna clase de penas en el infierno, por muy leves que fueran. Así habló del limbo eterno, donde estos niños serían felices con una felicidad puramente natural por toda la eternidad.

Observemos que la palabra limbo viene del latín limbus y significa la orla del vestido, su reborde o límite final. Se llamaba así al limbo de los niños, porque se creía que estaba al borde o en los límites del infierno. No se sabe quién fue primero en usar esta palabra.

San Alberto Magno (+ 1280), maestro de Santo Tomás de Aquino, fue uno de los primeros en usar esta expresión (Lib IV Sent, dist, 1, art 20).

Guillermo de Auvernia usó esta palabra en su obra “De vitiis et peccatis”, escrita en 1230. Y, a partir de Santo Tomás, esta palabra se usa normal y universalmente para designar al lugar o estado al que iban los niños muertos sin bautismo y que no era el cielo ni el infierno y en el cual serían felices con una felicidad puramente natural.

A partir de Santo Tomás, la mayoría de los teólogos aceptaron la idea del limbo eterno para estos niños, excepto algunos teólogos que siguieron con la opinión de San Agustín. Solamente, a partir de finales de siglo XIX, empezaron algunos teólogos a plantear, tímidamente al principio, la idea de la salvación de estos niños, ya que la idea del limbo eterno había sido siempre una opinión teológica, pues nunca la Iglesia se había manifestado dogmáticamente a favor ni en contra.

Hasta mediados del siglo XX, prevaleció en los teólogos la opinión común del limbo de los niños. En el concilio Vaticano II (1962-1965) no se quiso tratar a propósito este tema ni tampoco en el nuevo Catecismo de la Iglesia católica. Pero, después del concilio, se multiplicaron las opiniones a favor de la salvación de estos niños. Citaremos a algunos de los teólogos que aceptaban su salvación, incluso antes del concilio: Baum-Gartmer, Rondet, Boudes, Martelet, Paul Tihon, Jean Galot, Labourdette, Nicolas, Moliné, Richard…

Roberto Masi resumía, en 1964, la opinión de muchos teólogos diciendo: “Es siempre posible admitir que Dios provea a la salvación de tantos y tantos niños muertos sin bautismo a través de vías extraordinarias, que sólo Él conoce… Ciertamente, Dios ama a estos niños mucho más que nosotros” (Revista Euntes docete, XVIII, 1964).

A partir de 1971, en el nuevo ritual de Exequias, se mencionan las misas por los niños muertos sin bautismo, lo que quiere decir que les pueden aprovechar para su salvación. Y en el Catecismo de la Iglesia católica se nos habla de “orar por su salvación” (Cat 1283). Parece descartarse definitivamente la idea del limbo eterno para estos niños, pero ¿existirá un limbo temporal antes de conseguir la salvación eterna?

No pensemos que hablar del limbo en la actualidad es hablar de cosas irreales. Ciertamente, la palabra limbo esta desprestigiada. Cuando decimos que una persona está fuera de la realidad, decimos que está en el “limbo”. Pero ¿existirá un tiempo en el que los niños, muertos sin bautismo, no estén todavía en el cielo? ¿Dónde estarían? ¿En un estado de cielo natural, cielo infantil o limbo temporal? Lo de menos es la palabra que usemos. Lo importante es la posibilidad de un tiempo de espera antes de “entrar”en el cielo.

IMPORTANCIA DEL BAUTISMO

Debemos partir del hecho del pecado original, que es un dogma de fe. El pecado de Adán y Eva fue el mayor desastre de la humanidad. Ellos perdieron la gracia de Dios, es decir, el don sobrenatural que les daba la capacidad para ir al cielo y disfrutar de la plena felicidad de su padre Dios. Ellos lo rechazaron por el pecado y quedaron privados de la vida de Dios en su alma y de su derecho al cielo. Además, perdieron también los dones preternaturales de inmortalidad, impasibilidad (no sufrir), integridad (equilibrio interior) y ciencia infusa. El problema fue que Adán perdió estos dones, no sólo para él, sino también para todos sus descendientes por ser el padre de toda la humanidad. Dice Sto. Tomás: “Todos los nacidos de Adán pueden considerarse como un hombre por razón de participar de la naturaleza recibida del primer padre” (S. Th. q. 81, a. 1). Por otra parte, el alma quedó con cuatro heridas, según Sto. Tomás: ignorancia (dificultad para conocer la verdad), malicia (debilitación de la voluntad), fragilidad (cobardía ante las dificultades para obrar el bien) y concupiscencia (apetito desordenado de satisfacer los sentidos).

Al pecar Adán y Eva, quedaron reducidos al estado puramente natural y, desde entonces, todos los seres humanos son concebidos en estado natural, sin poder por sí mismos conseguir el estado sobrenatural y la capacidad y el derecho de ir al cielo. De ahí que los niños que mueren sin bautismo y con el pecado original, es decir, en estado natural, no pueden ir directamente al cielo al morir, aunque sigan disfrutando de los bienes naturales de su naturaleza humana, que Dios no se los ha quitado.

Pero Dios, en su infinita bondad y misericordia, ha pensado en darnos un medio fácil de solucionar el problema del pecado original y llevarnos al cielo: el bautismo, al igual que en el Antiguo Testamento lo era la circuncisión para los judíos.

El bautismo es una obra maravillosa de la gracia divina, que nos eleva al orden sobrenatural y nos incorpora a Cristo en la Iglesia. El bautismo nos hace “una nueva criatura, un hijo adoptivo de Dios, partícipes de la naturaleza divina, miembros de Cristo, coherederos con Él y templos del Espíritu Santo” (Cat 1265). Además, imprime en el alma una marca o sello indeleble, llamado carácter. En virtud de este carácter se establece una distinción invisible, pero real, entre cristianos y no cristianos. En virtud del carácter bautismal, el bautizado recibe la facultad y el derecho de participar del sacerdocio de Cristo (sacerdocio de los fieles) y el poder de recibir otros sacramentos con los dones y gracias que Cristo confió a su Iglesia. El carácter es como una consagración del bautizado a Jesucristo, lo que le impone la obligación de llevar una vida verdaderamente cristiana.

En resumen, el bautismo nos incorpora al cuerpo místico de Cristo en la Iglesia, nos hace hijos de Dios y cristianos, y nos da la santificación interior, al infundir la gracia divina, con la remisión del pecado original y de todos los pecados personales y de las penas debidas a estos pecados.

Como sabemos, se distinguen tres clases de bautismo: de agua, de sangre y de deseo. De estos tres, solamente el primero es sacramento y marca al alma con el sello indeleble, llamado carácter. El bautismo de agua, en la Iglesia católica, produce su efecto pleno; en las iglesias cristianas no católicas, tiene una eficacia limitada, pues no entran a formar parte de la Iglesia de Cristo en plenitud.

El bautismo de sangre es el que reciben los que mueren por Cristo. El bautismo de deseo es el que reciben los que, sin conocer a Cristo ni a su Evangelio, viven de acuerdo a su conciencia y hacen la voluntad de Dios, pues se supone que, si conocieran a Cristo y su Evangelio de verdad, desearían bautizarse. Ciertamente que “todo hombre que, ignorando el Evangelio de Cristo y su Iglesia, busca la verdad y hace la voluntad de Dios según él la conoce, puede ser salvado. Se puede suponer que semejantes personas habrían deseado explícitamente el bautismo, si hubiesen conocido su necesidad”(Cat 1260).

Ahora bien, recordemos que el bautismo es el sacramento de la fe y produce su efecto en virtud de la fe de la Iglesia y no en virtud de la fe del niño, que es incapaz de hacer actos de fe. Incluso, aunque falte la fe al ministro que bautiza, a los padres, a los padrinos y a todos los presentes a la ceremonia, el bautismo producirá su efecto en virtud de la fe de la Iglesia, que suplirá la falta de fe de los presentes, siempre que el rito se haga conforme a la práctica de la Iglesia y se haga con la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Por este motivo, en casos especiales, también pueden bautizar los no cristianos.

Dice el Catecismo que “los niños son bautizados en la fe de la Iglesia” (Cat 1282). Y en el rito del bautismo, se pregunta a los padres: “¿Quieren que su hijo sea bautizado en esta fe de la Iglesia que todos juntos acabamos de profesar?”

Agradezcamos a Dios el don de nuestro bautismo, recordemos ese día con agradecimiento y vivamos nuestro bautismo, siendo verdaderos cristianos e hijos de Dios. Recordemos las palabras del Papa Juan Pablo II el día del Bautismo del Señor (13-1-2002), al celebrar algunos bautismos en el Vaticano:

“Estos niños, al recibir en la Iglesia el sacramento del bautismo, se transforman en hijos de Dios, hijos en el Hijo. Es el misterio del segundo nacimiento... La gracia de Cristo transformará su existencia de mortal en inmortal, libertándola del pecado original. Dad gracias al Señor por el don de su nacimiento y de su renacimiento espiritual hoy. Estos niños reciben hoy el bautismo sobre la base de vuestra fe... ¿Pero podrán abrirse a la fe, si no reciben un buen testimonio de ella de parte de los adultos que los rodean? Estos niños os necesitan, en primer lugar, a vosotros, queridos padres; también os necesitan a vosotros, queridos padrinos y madrinas, para aprender a conocer al Dios verdadero, que es amor misericordioso. A vosotros, corresponde introducirlos en ese conocimiento, en primer lugar, mediante el testimonio de vuestra conducta...

¿Qué fuerza permite a estos niños, inocentes e inconscientes, realizar un “paso” espiritual tan profundo? Es la fe, la fe de la Iglesia, profesada en especial por vosotros, queridos padres, padrinos y madrinas. Precisamente, en esta fe son bautizados vuestros pequeños. Cristo no realiza el milagro de regenerar al hombre sin la colaboración del mismo hombre y la primera colaboración de la criatura es la fe con que ésta, interiormente atraída por Dios, se encomienda libremente a sus manos. Estos niños reciben hoy el bautismo sobre la base de vuestra fe, que dentro de poco os pediré que profeséis. ¡Cuánto amor, amadísimos hermanos, cuánta responsabilidad en el gesto que haréis en nombre de vuestros hijos!”. (Revista Ecclesia N° 3,085 del 26-1-2002, p.32).

El bautismo es una obra maestra de la gracia divina. Es un regalo maravilloso de la misericordia de Dios y una manifestación gloriosa de la gratuidad de la gracia. Somos justificados y participamos de la vida divina en virtud de los méritos de Cristo por pura gracia y misericordia. Por eso, san Gregorio Nacianceno decía que “ el bautismo es el don más grande y magnífico de los dones de Dios”(Or 40,3-4)

SALVACIÓN DE ESTOS NIÑOS

La Iglesia habla frecuentemente de la posibilidad de salvación de estos niños. Dice el concilio Vaticano II:

“ Debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que en en la forma de sólo Dios conocida, se asocien al misterio pascual” (GS 22, LG 16; AG 7).

Y el Catecismo de la Iglesia católica:

“La Iglesia ve la razón de esta posibilidad en la voluntad salvífica universal de Dios y en la necesidad del bautismo para la salvación” (Cat 1256). “Dios ha vinculado la salvación al sacramento del bautismo, pero su intervención salvífica no queda reducida a los sacramentos” (Cat 1257).

“En cuanto a los niños muertos sin bautismo la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven, y la ternura de Jesús con los niños... nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin bautismo” (Cat 1261).

“En cuanto a los niños muertos sin bautismo, la liturgia de la Iglesia nos invita a tener confianza en la misericordia divina y a orar por su salvación” (Cat 1283).

En estos textos, se habla de la posibilidad de salvación y de tener confianza en la misericordia de Dios, pero hay algunos textos más claros. Por ejemplo:

“La vocación suprema del hombre en realidad es una sola, la divina” (Vat II, GS 22; Cat 1260). Lo que quiere decir que no puede hablarse de una vocación natural en un limbo eterno para estos niños y otra sobrenatural para los que van al cielo. Todos estamos llamados al cielo y todos estamos comprendidos en el mismo plan de salvación de Dios en Cristo.

La Iglesia es “instrumento de la redención universal” (Vat II, LG 9). Por eso, decía Juan Pablo II en la declaración Dominus Jesus del 6-8-2000:

“Es necesario mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación de Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación” (No. 20).

Y en la encíclica Redemptor hominis:

“Mediante la encarnación, el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre... Se trata de cada hombre, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno se ha unido Cristo para siempre, por medio de este ministerio. El hombre tal como ha sido querido por Dios, tal como Él lo ha elegido eternamente y ha sido llamado y destinado a la gracia y a la gloria, tal es precisamente cada hombre. Es el hombre en toda la plenitud del misterio, del que se ha hecho partícipe en Jesucristo, misterio del cual se hace partícipe cada uno de los cuatro mil millones de hombres vivientes sobre nuestro planeta, desde el momento en que es concebido en el seno de la madre” (III, 13).

Esto quiere decir que todo ser humano tiene una relación indisoluble con Cristo Redentor y, por tanto, con la salvación que vino a traernos. Todo hombre, pues, sin excepción, está incluido en el plan de salvación de Dios en Cristo, ya que la creación tuvo una finalidad cristocéntrica y nadie puede estar fuera del plan de salvación de Jesucristo.

El gran teólogo alemán Karl Rhaner decía:

“El niño aún sin bautizar, a pesar del pecado original, es ya objeto de la infinita misericordia de Dios. Dios lo ve unido a su unigénito Hijo. Este niño tiene ya, por ello, con el Hijo, un derecho, si bien todavía no actualizado, por lo menos remoto a la herencia eterna”.

Por tanto, podemos creer que estos niños también se salvarán un día. Otro punto a estudiar es, si existen textos de la Escritura, que hablen de la salvación de estos niños.

SAGRADA ESCRITURA

Hay muchos textos bíblicos, que nos hablan de la salvación de estos niños en virtud de la voluntad salvífica universal de Dios y de la solidaridad de todos los hombres de Cristo. Si somos solidarios en el pecado con Adán, también lo somos en la gracia por Cristo. Veamos algunos textos:

“Por un hombre vino la muerte, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. Y así como por Adán hemos muerto todos, así también en Cristo todos somos vivificados” (1 Co 15,21-22).

“Como por la transgresión de uno solo llegó la condenación a todos, así también por la justicia de uno solo llega a todos la justificación de la vida. Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, para que como reinó el pecado por la muerte, así también reine la gracia por la justicia para la vida eterna por Jesucristo, nuestro Señor” (Rom 5,15,21).

“Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y ahora son justificados gratuitamente por su gracia, por la redención de Cristo Jesús” (Rom 3,23).

“Dios nos encerró a todos en la desobediencia para tener de todos misericordia” (Rom 11,32).

“Dios que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó... nos dio vida por Cristo y nos resucitó y nos sentó en los cielos en Cristo Jesús” (Ef 2,4-5).

“Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo” (1 Co 15,57).

“Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4).

“El hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,10).

“Cristo murió y resucitó para dominar sobre vivos y muertos” (Rom 14,9).

Y, hablando de los niños, Jesús nos dice con toda claridad:

“Dejad que los niños se acerquen a Mí y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios y abrazándolos los bendijo, imponiéndoles las manos” (Mc 10,14-16).

“Quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Lc 18,17).

“Mirad de no despreciar a ninguno de estos pequeños; porque, en verdad os digo, que sus ángeles ven de continuo en el cielo el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18,10).

“La voluntad de vuestro Padre, que está en los cielos, es que no se pierda ninguno de estos pequeñitos” (Mt 18,14).

Jesús tenía un amor especial por los niños “y los abrazaba y los bendecía, imponiéndoles las manos” (Mc 10,16).

En todos estos textos aparece claramente la voluntad salvífica de Dios sobre todos y cada uno de los hombres. Incluso, Jesús habla concretamente de los niños, pues el Padre no quiere que se pierda ninguno de estos pequeñitos (Mt 18,14). Si todos hemos sido solidarios en el pecado de Adán, también somos solidarios en la salvación que nos trae Jesucristo.

Jesús es “el Cordero que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29), es decir, el pecado de todos los hombres, ya que no se excluye ningún pecado; por tanto, también está incluido el pecado original. Jesús es “la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre”. Se dice con claridad a todo hombre sin excluir a ninguno. Por eso, el Padre celestial lo ha exaltado para que “toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre” (Fil 2, 11).

Jesús está llamado a ser Rey del universo. Y su realeza y su señorío alcanza a los cielos y a la tierra y a todo el Universo y a todo hombre sin excepción. Por eso, el Padre “ha querido reconciliar por Él todas las cosas, pacificando con la sangre de su cruz así las de la tierra como las del cielo” (Col 1,19-20).

Y este señorío universal y esta realeza de Jesús, sólo podrá realizarse en plenitud, si estos niños también se salvan y les alcanza a ellos también la voluntad salvífica universal de Dios en Jesucristo. Por consiguiente, creemos que estos textos bíblicos nos señalan que estos niños también pueden ser salvados para gloria de Dios.

Lo que sí debemos anotar es que, en ningún momento, se dice que sean salvados inmediatamente después de su muerte.

MOTIVOS DE SALVACIÓN

Vamos ahora a analizar los motivos que dan algunos teólogos para justificar la salvación de estos niños, ya que no han sido bautizados.

a) Iluminación y martirio

Algunos teólogos hablan de que estos niños al morir son iluminados con la luz de Dios, que les hace darse cuenta de quiénes son y para qué han sido creados, de modo que puedan hacer un acto plenamente consciente y libre de aceptar a Dios o desear el bautismo, con lo cual recibirían inmediatamente su salvación o irían directamente al cielo.

Sin embargo, esta opinión no puede probarse, pues estos niños mueren en estado natural por el pecado original. Normalmente, Dios quiere nuestra colaboración en la salvación de los demás y estos niños no pueden salvarse por sí mismos. Además, en esta teoría cabría la posibilidad de que algunos de estos niños rechazaran a Dios y fueran al infierno, lo que nos parece, en nuestra opinión, totalmente descartado.

Otros teólogos hablan de que su muerte prematura por enfermedad, aborto u otras causas, sería una especie de martirio que les daría el cielo de inmediato. Sin embargo, creemos que, si esto fuera así, la mayoría de los hombres recibirían este martirio. Pero para hablar de martirio se debe morir por Cristo y éste no es el caso. Lo mismo digamos de los sufrimientos: para que tengan valor redentor deben ser ofrecidos a Cristo, aunque sea por los familiares de los niños, ya que ellos no pueden hacer actos de fe y amor. Pero, en este caso, estaríamos hablando ya de que la fe de sus padres les puede obtener un bautismo de deseo para ellos.

b) La fe de los padres

Los seguidores de esta opinión afirman que la fe de los padres creyentes (cristianos o no), que aman a sus hijos y oran por ellos, sería para estos niños, que mueren sin bautismo, una especie de bautismo de deseo en su favor. El deseo del bautismo de sus padres obraría eficazmente para ellos. Algunos teólogos lo llaman bautismo vicario de deseo, es decir, bautismo de deseo de los padres a favor de sus hijos.

El Papa San Gregorio Magno (U604) afirma que antes de la circuncisión, los niños de los antiguos se salvaban en virtud de la fe de sus padres. Dice: “Lo que hace para nosotros el bautismo, lo hacía la fe sola de los antiguos a favor de los niños pequeños” (Mor 4, 3).

El teólogo Anselmo de Laón, en el siglo XII, hablaba ya de que si un niño muere en el camino a la Iglesia, donde va a ser bautizado, sin negligencia de sus padres, es salvado por la fe de sus padres.

Sto. Tomás afirma que los hombres antiguos se salvaban por la fe en Cristo, que iba a venir, así como nosotros nos salvamos por la fe en Cristo, que ya vino y sufrió. Ahora bien, para los antiguos, dice, bastaba con la manifestación exterior de la fe en Dios (De malo q.4, a.8 ad 12). Y considera que los niños no nacidos o recién nacidos se salvaban por la fe de sus padres. Dice:

“Parece verosímil que los padres dirigirían ciertas oraciones a Dios por los neonatos sobre todo cuando estaban en peligro de muerte, y les darían alguna bendición como testimonio de su fe. Y, por su parte, los adultos ofrecerían ellos mismos algunos sacrificios y oraciones” (III q.70,a.4 ad 2).

Algunos teólogos, a partir de Sto. Tomás, hablan de sacramentos de la naturaleza, a través de los cuales Dios salvaría a los hombres antiguos, incluidos los niños pequeños, y también a los niños judíos muertos antes del octavo día, en que se practicaba la circuncisión. Esos niños se salvarían en virtud de la fe de sus padres, y los adultos, por su fe manifestada en oraciones y sacrificios ofrecidos personalmente.

Gerson (U1429) parece ser el primero en proponer que las oraciones de los padres pueden suplir el bautismo de agua. Dice:

“Es deber de las mujeres embarazadas y también de sus esposos orar por ellos mismos y por los otros a Dios, a los santos y a los ángeles custodios de los hombres y también de sus hijos, todavía en el seno materno, para que si el niño llega a morir antes de recibir el bautismo de agua, Jesucristo se digne prevenir este bautismo y consagrarlo él mismo con el bautismo del Espíritu Santo... aunque sobre este punto, sin una revelación especial, no existe ninguna certeza”.

El teólogo Cayetano (siglo XVI) sigue a la Escuela de Laón del Siglo XII, a Gerson, Biel... (siglo XV), y dice que para los niños muertos en el vientre de la madre, Dios podría tener un remedio extraordinario de salvación como la santificación en el útero, algo así como lo hizo con S. Juan Bautista y Jeremías, tal como afirma Sto. Tomás (III q.68, a.2).

Parece que Cayetano generalizó esta idea, que había sido presentada anteriormente como simple posibilidad a título excepcional, y la pone como ley ordinaria prevista por Dios en su providencia. En sus comentarios a la Suma Teológica de Sto. Tomás dice:

“Los hijos de los fieles cristianos, cuando existe la imposibilidad de administrarles el bautismo, pueden ser salvados por los deseos y oraciones de sus padres y esto no solamente por un privilegio singular, sino en virtud de una ley común y ordinaria de Dios... El bautismo de deseo, manifestado por sus padres en nombre del niño, sería suficiente para salvarlos, si es imposible administrarles el bautismo de agua. En este caso, la madre debe hacerle al niño la señal de la cruz con la invocación de la Santísima Trinidad y ofrecer al niño moribundo a Dios en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo... El niño, que muere en el seno de la madre, puede ser salvado por el deseo de sus padres con una bendición del niño y el ofrecimiento del niño a Dios con la invocación de la S. Trinidad”. (In S. Theol. III, q.63, a.2 y 11).

Cuando Catarino y otros teólogos quisieron condenar como herética la opinión de Cayetano en el concilio de Trento, Seripando lo defendió diciendo que, si se condenaba a Cayetano, se seguiría que la fe sola era más eficaz entre los antiguos que entre nosotros.

Eusebio Amort (1692-1775) fue también de la opinión que era probable que estos niños todavía en el seno de su madre, podían ser justificados en virtud de la oración y de la fe de sus padres.

Ignacio Bianchi (U1768) dice que los niños que mueren en el vientre de su madre pueden ser salvados, si la madre tiene cuidado de profesar, a nombre del niño, que acepta la muerte como prueba de su deseo de bautismo. Para ello indica dos fórmulas de oraciones.

Esta opinión se refiere sólo a la salvación de los niños de padres creyentes (cristianos o no). Pero ¿qué ocurrirá si los padres no tienen fe en Dios? ¿Podrán salvarse estos niños? Creemos que sí. Por eso, consideramos que esta opinión es aceptable, pero está incluida en la que veremos a continuación: la fe de la Iglesia.

c) La fe de la Iglesia

Al hablar aquí de la Iglesia, nos referimos a la Iglesia católica, que ha sido constituida por Dios como “instrumento de redención universal” (Vat II, LG 9). “Es sacramento universal de salvación, porque siempre unida de modo misterioso y subordinada a Jesucristo, tiene una relación indispensable con la salvación de cada hombre. Y debe ser firmemente creído que la Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación, pues Cristo es el único mediador y el camino de salvación” (Juan Pablo II: Dominus Jesus N° 20). Por eso, “la plenitud del misterio salvífico de Cristo pertenece también a la Iglesia, inseparablemente unida a su Señor” (N°16).

Esto quiere decir que todos los hombres son salvados por Cristo en la Iglesia y por la Iglesia en Cristo, o, dicho de otro modo, en virtud de la fe y el amor de la Iglesia, que, como Madre de todos los hombres, comunica a todos la salvación de Jesucristo. Y esta salvación llega también a los niños muertos sin bautismo, aún en el caso de niños no cristianos o de padres no creyentes, que no tengan fe.

Y, si esto vale para los niños de padres no creyentes, mucho más para los niños no bautizados de padres católicos, que se han olvidado de orar por sus hijos o nunca supieron de su existencia, porque los perdieron a los pocos días de nacer, cuando quizás ni su madre se dio cuenta de estar embarazada. No importa cuál sea la situación de estos niños o de sus padres, todos pueden recibir la salvación por la Iglesia en Cristo o por Cristo en la Iglesia.

Ch. V. Heris es el principal exponente de esta opinión. Y dice que estos niños se salvan por la fe de la Iglesia, pues de otro modo, ¿cómo se salvarían los niños que no tienen padres creyentes?

Sobre esto, hay un caso concreto en el pueblo de Israel. Los niños judíos no fueron circuncidados (la circuncisión era para ellos como el bautismo para nosotros) durante 50 años. Dice el texto bíblico: “El pueblo que salió (de Egipto) estaba circuncidado, pero los nacidos en el desierto no habían sido circuncidados, pues los hijos de Israel estuvieron durante cuarenta años por el desierto hasta que perecieron todos los hombres de guerra, salidos de Egipto por no haber escuchado la voz de Yahvé” (Jos 5, 4-6).

El mismo Sto. Tomás de Aquino, al hablar de este hecho, explica que estos niños sin circuncisión, al igual que los que morían antes del octavo día en que los circuncidaban, se salvaban por la fe de sus padres (III, c. 70, a. 4). Aquí debemos entender la fe de sus padres en sentido amplio, es decir, la fe del pueblo de Dios, como ahora también se salvan por la fe del pueblo de Dios, que es la Iglesia.

Por consiguiente, podemos decir, que todos los niños muertos sin bautismo son salvados por Jesucristo Redentor de todos los hombres, a través de la fe de la Iglesia Católica, Madre de todos los hombres, por quienes ora cada día en la santa misa. Sin embargo, esto no quiere decir que sean salvados en el mismo momento de su muerte. Podrían ser salvados después de un tiempo.

SEGUNDA PARTE

SALVACIÓN INMEDIATA O NO INMEDIATA

En esta segunda parte, vamos a plantearnos la cuestión más controvertida, si estos niños son salvados inmediatamente después de su muerte o después de un tiempo más o menos largo. Si van directamente al cielo al morir, entonces no existiría ningún tiempo de espera o limbo temporal. Pero, si necesitan de nuestras oraciones después de su muerte para que sean salvados en virtud de la fe de la Iglesia, eso podría indicarnos que todavía no están en el cielo, sino en un estado de espera o limbo temporal.

SALVACIÓN INMEDIATA

La mayoría de los teólogos actuales niega la existencia del limbo temporal y acepta sin discusión que estos niños van directamente al cielo. Afirman que la Iglesia no habla ya del limbo ni en el concilio Vaticano II ni en el nuevo Catecismo de la Iglesia católica. Pero eso no quiere decir que la Iglesia niegue la existencia del limbo temporal ni condene a quienes lo afirmen. En el peor de los casos podría no hablar del limbo eterno, tal como tradicionalmente se ha hablado a lo largo de los siglos.

Anselmo de Laón habla del niño que muere sin negligencia de sus padres en el camino a la iglesia, donde va a ser bautizado. Este niño se salvaría en virtud de la fe y amor de sus padres, manifestado al llevarlo a bautizar. Sto. Tomás habla de la fe de los padres, que dirigirían ciertas oraciones a Dios por los neonatos, y le darían alguna bendición como testimonio de su fe. Gersón habla de que las mujeres embarazadas y sus esposos deben orar por sus hijos para que, si el niño muere antes de recibir el bautismo, Jesucristo lo consagre él mismo con el bautismo del Espíritu Santo.

Cayetano habla del deseo de bautismo de sus padres, manifestado a través de una bendición y del ofrecimiento del niño a Dios con la invocación de la Santísima Trinidad (In S. Th. III, q.63, a.2 y 11).

Y así otros teólogos hablan del bautismo de deseo concedido a estos niños en virtud del deseo de sus padres de que fueran bautizados o del ofrecimiento a Dios a través de sus oraciones y buenas obras en el caso, inclusive, de que sus padres no sean cristianos.

De modo especial, pensamos en aquellas madres católicas, que comulgan frecuentemente, y, al comulgar, hacen participar a su hijo, por nacer, de la comunión o común unión con Cristo. Y lo mismo podemos decir, cuando los padres van a misa con frecuencia, y consagran a su hijo a Jesús por María o lo bautizan espiritualmente. Algo que podemos hacer también por todos los niños, todavía vivos, que llegarán a morir sin bautismo.

En estos casos, la fe y amor de la Iglesia, manifestada a través de la fe y oración de sus padres, que han deseado su bautismo y han orado por el niño y lo han ofrecido a Dios, creemos, que los lleva directamente al cielo.

Sin embargo, no todos los niños podrían salvarse inmediatamente al morir. Hay millones de ellos, a quienes nadie ha querido nunca ni han orado por ellos y los han rechazado por el aborto. Para ellos ¿existe un tiempo de espera o limbo temporal antes de ser salvados?

SALVACIÓN NO INMEDIATA

Ya hemos anotado que la Iglesia no ha negado ni condenado la existencia del limbo (ni del limbo eterno ni mucho menos del temporal). Debemos tener en cuenta la existencia del pecado original, que es un dogma de fe, que no podemos eludir. Estos niños, al morir sin bautismo y con el pecado original, podrían quedar en un estado natural y podrían ir al limbo para disfrutar de una felicidad natural. ¿Podríamos admitir que, en el preciso momento de la muerte, estos niños fueran salvados por un milagro de la misericordia de Dios? Pudiera ser, pero no consta en absoluto. ¿Podría Dios iluminarlos con su luz divina para que puedan hacer un acto personal de aceptación de Dios? Podría, pero tampoco consta. Por eso, no se puede negar la posibilidad, al menos, de que exista este estado de limbo hasta que sean salvados.

a) Sagrada Escritura

Hay algunos teólogos que aceptan la posibilidad de un limbo temporal. Pero podemos preguntarnos: ¿Existen textos bíblicos que avalen esta posibilidad? Todos los textos citados en la primera parte sobre la voluntad salvífica universal de Dios y sobre la salvación de estos niños, pueden aplicarse a la posibilidad de existencia del limbo temporal o salvación no inmediata; pues, en ningún momento, ninguno de estos textos habla de salvación inmediata. Hablan de salvación, pero no dicen cuándo. Luego todos esos textos citados sirven para nuestro propósito. Citemos sólo dos:

“Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2, 4).

“La voluntad de vuestro Padre, que esta en los cielos, es que no se pierda ninguno de estos pequeñitos” (Mt 18, 14).

Pero ¿existe algún texto mas concreto, que pueda referirse al limbo temporal?

El texto al que más acuden los líderes carismáticos es el de 1 Co 15,29: "¿A qué viene bautizarse por los muertos? Si los muertos no resucitan, ¿para qué bautizarse por ellos?". Aquí se alude a una práctica del tiempo de San Pablo, de que los familiares vivos se hacían bautizar en representación de sus familiares muertos, que habían sido paganos y habían muerto sin bautismo, confiando en la misericordia de Dios de que, por este bautismo a favor de los muertos, éstos serían salvados.

Veamos lo que dicen algunos escrituristas:

“En cuanto al bautismo por los muertos, piensan algunos que se trata de cristianos ya bautizados, que se hacían bautizar con la idea de hacer llegar a sus muertos los efectos del bautismo, cual si se hubiesen bautizado en vida... Desde luego, San Pablo habla de un bautismo a favor (uper) de los muertos”.

Evidentemente, para los adultos (ya salvados o condenados) no les serviría. Ya que están decididos para siempre por Dios o contra Dios. Pero podría servirles a las almas del purgatorio como una oración en su favor y también, creemos, que podría servirles a estos niños muertos sin bautismo.

Sobre este texto, se han dado muchas interpretaciones distintas, alrededor de treinta y seis. Para muchos comentaristas, este texto no es claro, aunque trata de una práctica de los primeros cristianos, al menos en Corinto. Para otros comentaristas, se trata aquí de un bautismo a favor de los muertos, que puede ser aplicado directamente a los niños muertos sin bautismo, como hacen algunos líderes carismáticos, y entonces sería un bautismo espiritual de los muertos, que en la práctica resulta muy eficaz, como veremos en los apartados siguientes con ejemplos concretos.

Ya Tertuliano en el siglo III hablaba de este texto (1 Co 15,29), diciendo que se trataba de bautismo “por poder”, por procurador, como se hace también, a veces, en el matrimonio (Liber de resurrectione carnis 48; ML 2,912). Y, en este caso, es mejor dárselo al interesado, aunque sea espiritualmente.

Este texto de 1 Co 15,29, sobre la eficacia del bautismo a favor de los muertos, puede ser corroborado por otros textos:

“Obra santa y piadosa es orar por los muertos” (2 Mac 12,46).

“Hasta a los muertos se ha anunciado el Evangelio” (1 Pe 4,6).

Cristo “en el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados” (1 Pe 3,19).

Estos textos nos darían a entender que se puede ayudar a los muertos.

Por consiguiente, si esto es así, ¿sería posible ayudar a los niños muertos sin bautismo, porque todavía no estarían en el cielo, sino en un estado temporal de limbo hasta que se les ayude y puedan ser liberados, “predicándoles” el Evangelio o bautizándolos espiritualmente?

b) La Iglesia y los teólogos

La cuestión de si estos niños, que mueren sin bautismo, se salvan inmediata-mente o de si necesitan de nuestras oraciones, mientras esperan para ir al cielo, no es una cuestión sin importancia, pues afecta a millones de seres humanos.

La Iglesia nos dice que

“en cuanto a los niños muertos sin bautismo sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios que quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños... nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin bautismo” (Cat 1261). “En cuanto a los niños muertos sin bautismo la liturgia de la Iglesia nos invita a tener confianza en la misericordia divina y a orar por su salvación” (Cat 1283).

Con estas palabras, en las que la Iglesia nos habla de que podemos confiar en su salvación, no dice y ni siquiera lo sugiere, que sean salvados inmediatamente después de la muerte. Si estos niños estuvieran en el limbo eterno, como se ha dicho durante siglos, no tendría sentido orar por su salvación, porque nunca se podrían salvar.

Y, si son salvados todos inmediatamente después de la muerte, ¿qué sentido tendría orar por su salvación? Ninguno; pues, oremos o no, se salvarían. En cambio, las palabras del Catecismo nos sugieren la posibilidad de que necesiten nuestras oraciones para poder ser salvados, es decir, ir al cielo, porque todavía no lo están. Y, por esto, la Iglesia permite ritos de exequias por ellos. Luego, la misma doctrina de la Iglesia, según el Catecismo, sin decirlo con claridad, insinúa que puedan necesitar de nuestras oraciones para ir al cielo, porque pueden, después de la muerte, estar necesitados de ellas. Lo que significaría que están en un estado de limbo temporal en espera de nuestra ayuda.

Por otra parte, observemos lo que dice el Papa Juan Pablo II en el No.99 de la encíclica Evangelium vitae. En el texto original, publicado el 25 de marzo de 1995 se decía:

“El Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la reconciliación. Os daréis cuenta de que nada esta perdido y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor.”

Esto se lo dice el Papa a las mujeres que han abortado y, según el sentido normal del texto, parece indicar que estos niños abortados están todos en el cielo. De modo que la madre que lea estas palabras en el mismo momento de haber abortado, podría estar tranquila con relación a su hijo, pues podía suponer que ya estaba con el Señor, como si hubiera ido directamente al cielo.

Pero, al publicarse la encíclica, hubo algunos teólogos que hicieron oír su protesta; pues, si iban directamente al cielo, pareciera que quedaba a menos el dogma del pecado original, que fue el mayor desastre de la historia humana y que no podemos olvidar. Y estos niños mueren con el pecado original. Dios tiene caminos de salvación distintos del bautismo para liberarlos del pecado original, pero ¿quién asegura que esta salvación les viene inmediatamente después de la muerte? Por eso, el Papa, ante estas críticas, hizo un acto de verdadera humildad y rectificó el texto original, de modo que, al aparecer el texto oficial en el Acta Apostolicae Sedis el 5 de mayo, aparece precisamente la frase clave sustancialmente distinta.

Dice el texto oficial del No. 99 de la citada encíclica:

“El Padre de las misericordias os espera para daros el perdón y la paz en el sacramento de la reconciliación. Y a Él y a su misericordia podéis confiar con esperanza a vuestro hijo”.

Ya no se habla de que estos niños están en el Señor, sino que dice simplemente que “a Él y a su misericordia podéis confiar con esperanza a vuestro hijo”. Con lo cual deja abierto el camino para pensar en la posibilidad de un tiempo de espera para su salvación y que no es necesariamente inmediata después de su muerte. Luego puede existir un limbo temporal.

Por otra parte, algunos teólogos como Schuler dicen que estos niños estarán en el limbo hasta el día de la resurrección, pues solamente en ese momento podrán escoger entre el bien y el mal y hacer un acto de fe personal para ser salvados. Ellos hablan de un limbo temporal que durará hasta el fin del mundo.

Ésta es también la opinión del P. Bertrand de Margerie, escritor y teólogo francés, con quien he podido intercambiar ideas personalmente. Él me hablaba de su opinión de que estos niños se salvarán de acuerdo a la voluntad salvífica universal de Dios, pero que sería, probablemente, al fin de los tiempos. Sin embargo, afirmó que esto no era seguro y que no necesariamente debería ser así, podría ser antes.

OPINIÓN DE STO. TOMÁS

Santo Tomás de Aquino, habla del pecado original como de la raíz de todos los males de la humanidad. Lo que perdió Adán, lo perdió también para nosotros. Perdió los bienes sobrenaturales y el derecho y la capacidad de ir al cielo. Por eso, estos niños muertos sin bautismo estarán, según él, en un limbo eterno, donde serán felices, con una felicidad natural. Para él, el abismo entre el estado natural, en que son concebidos estos niños, y el estado sobrenatural es prácticamente insalvable. Ellos no pueden hacer nada por sí mismos. Por eso, permanecerán, en su opinión, en ese estado natural eternamente a causa del pecado original.

Pero podríamos preguntarnos, ¿qué diría Santo Tomás de Aquino, si hubiera vivido en estos tiempos en que la Iglesia acepta la salvación de estos niños? ¿Aceptaría su salvación inmediata? Creemos que la teoría de Sto. Tomás sobre el limbo de los niños, basada en la existencia del pecado original y en ese estado natural en que son concebidos, sigue siendo válida. Solamente, habría que añadirle la posibilidad de su salvación. Así tendríamos que la posibilidad de que estén en el limbo después de su muerte, no se contradice con su salvación eterna, sino se complementa. Para ellos, habría un limbo temporal hasta que sean salvados por la fe y el amor de la Iglesia. Por eso, aceptamos la opinión de Sto. Tomás sobre el limbo y, a la vez, también la doctrina de su salvación eterna.

Además, los que niegan la existencia de un limbo temporal, no pueden probarlo ni por textos de la Escritura, que no hablan en ningún momento de salvación inmediata, ni por textos del Magisterio. Luego, si no puede demostrarse su salvación inmediata, queda, al menos la posibilidad de que pueden ser salvados después de un tiempo de estar en el limbo temporalmente.

OPINIÓN DE PARTEMIO MINGES

Este teólogo franciscano dice que estos niños serán salvados por los méritos infinitos de Jesús por la intercesión de la Iglesia en su favor.

Afirma que estos niños, después de muertos, van al limbo temporalmente hasta que sean salvados por las oraciones de los justos, es decir, de la Iglesia, especialmente a través de la misa. Él hace la comparación de estos niños del limbo con las almas del purgatorio y dice que, así como ellas pueden ser liberadas después de un tiempo, así lo pueden ser estos niños. Dice:

“Nos desagrada que tantos niños, que personalmente no han cometido ningún pecado, no puedan ser justificados por el bautismo, recibido realmente o el de deseo, y sean eternamente privados de la visión beatífica. Creemos que es posible que ellos sean un día salvados si los justos de la tierra, ofrecen por ellos los méritos y la preciosa sangre de Jesucristo”.

Anotemos que está hablando en 1922, cuando todavía la idea de la salvación de estos niños, era considerada contraria a la doctrina común de los teólogos.

REFLEXIÓN

No se puede descartar la posibilidad de que exista un estado de limbo temporal para los niños, que mueren sin bautismo. Porque es posible que estos niños mueran con el pecado original. Es posible que mueran en un estado natural sin ser hijos de Dios, sin estar elevados al estado sobrenatural, y por tanto, incapaces de disfrutar del amor de Dios en el cielo. Por tanto, es posible que no vayan directamente al cielo, sino al limbo, temporalmente, hasta que por la misericordia de Dios y la oración y la fe y el amor de la Iglesia, puedan conseguir la salvación eterna.

Pongamos un ejemplo, que debemos tomar con las debidas limitaciones. El gusano de seda, mientras es gusano, sólo puede arrastrarse por la tierra y no podría llegar hasta un lugar que esté en una isla, por muy cercana que esté. Pero, cuando se convierte en mariposa, entonces sí podría llegar hasta ese lugar. Pues bien, de la misma manera, podemos imaginar que un niño, muerto en estado natural, con el pecado original, no puede llegar por sí mismo hasta el cielo, porque no tiene capacidad para ello. Necesita transformarse en hijo de Dios, es decir, ser elevado al orden sobrenatural (al igual que el gusano necesita transformarse en mariposa), para así poder disfrutar de la felicidad del cielo.

En el gusano de seda esta transformación necesita un tiempo de espera, estando en el capullo. En el niño muerto sin bautismo, normalmente, también se necesitaría un tiempo de espera para recibir el “bautismo de amor” a través de las oraciones y del amor de la Iglesia.

¿QUÉ DICEN ALGUNOS SANTOS?

Veamos lo que dicen algunos santos sobre la existencia del limbo temporal y la necesidad de orar y expiar en favor de estos niños muertos sin bautismo. Si estos niños después de muertos, están en un mundo de tinieblas que no es el cielo, donde esperan ser liberados por nuestras oraciones, esto podría indicarnos que están en un estado de espera o limbo temporal.

Santa Faustina Kowalska cuenta en su Diario:

“He visto cómo salían de una especie de abismo barroso almas de pequeños niños y otros más grandecitos como de nueve años. Estas almas eran repugnantes y horribles, semejantes a los monstruos más espantosos, a cadáveres en descomposición. Pero esos cadáveres estaban vivos y atestiguaban en voz alta contra un alma agonizante” (Cuaderno 5, Nº 177 del 12-5-1935).

Esta alma contra la que atestiguan, según su director espiritual, era el mariscal José Pilsudski, que había muerto ese día y cuyo juicio ante Dios fue muy severo, aunque consiguió salvarse, según conoció la santa.

Podemos preguntarnos: ¿Por qué las almas de esos niños, que pensamos serán puros e inocentes, son tan repugnantes y horribles? Porque un alma sin Dios, como lo es el alma de un niño muerto sin bautismo (es criatura de Dios, pero no templo de Dios ni hijo de Dios propiamente), está en tinieblas, sin luz y sin belleza, mientras que el alma de un niño bautizado es más bella que todas las bellezas humanas. Quizás esos niños sufrieron las consecuencias de la violencia del mariscal en medio de la guerra. No sabemos, pero atestiguan contra él como testigos de sus pecados. Felizmente para él, dice Santa Faustina, la intercesión de la Virgen lo salvó.

La beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824), la mística alemana, de la Orden de San Agustín, en sus escritos “Visiones y Revelaciones”, cuenta la historia real de una mujer que había matado al hombre que la había violado y también había matado al niño que había sido concebido. Dice así:

“Al poco tiempo murió arrepentida también esta mujer, pero deberá pasar en expiación todos los años que la Providencia divina tenía destinados de vida a su hijo hasta que el niño, con el transcurrir del tiempo, haya alcanzado el momento de gozar de la luz eterna” (tomo 3 del 31-12-1820).

Veamos otro caso real que ella misma nos relata sobre una joven campesina, que dio a luz a su hijo secretamente por temor a sus padres. El niño había muerto sin bautismo al poco tiempo.Y dice: “Yo he sentido verdadera solicitud por ese pobre niño muerto antes del bautismo y me he ofrecido a Dios para satisfacer y expiar por él... Ya hace mucho tiempo he tenido revelación sobre el estado de estos niños que mueren antes del bautismo. No puedo explicar con palabras aquello en lo que veo consistir su pérdida, pero me siento tan conmovida que siempre que vengo a saber de un caso semejante, me ofrezco a Dios con la oración y el sufrimiento para satisfacer y expiar por aquello que otros han descuidado a fin de que el pensamiento y el acto de caridad que yo hago puedan compensar lo que falta en virtud de la comunión de los santos” (ibid, 12-4-1820, p.499). "Se debe orar especialmente para que ningún niño muera sin bautismo" (ibid. 12-1-1820, p.489).

Otro caso:

“Un día se me presentó un niño de tres años de edad, que había fallecido sin bautismo. Me dijo que no podía ser sepultado y que yo debía ayudarlo. También me dijo lo que debía hacer para su aprovechamiento con continuas plegarias... Al día siguiente, vino a verme una pobre mujer de Dülmen, pidiendo ayuda para cubrir los gastos de la sepultura de su hijo muerto. Era el mismo que yo había visto la noche anterior. Lo hicimos sepultar. Y todo esto lo hicimos en sufragio y mérito del alma del niño” (29-6-1821, p.513). “Después de haber sepultado al niño lo vi de nuevo. Y ahora estaba radiante y se iba a una fiesta, donde muchos niñitos estaban reunidos en alegre diversión” (1-7-1821, p.514). La obra buena de sepultarlo y las oraciones de Ana Catalina consiguieron que fuera liberado y fuera al cielo, alegre y feliz.

Veamos lo que Nuestra Madre la Virgen le decía al Padre Esteban Gobi, fundador del Movimiento Sacerdotal Mariano, en la ciudad de Montreal (Canadá) el día ocho de setiembre de 1983:

“Estoy recogiendo de todas partes del mundo a mis niños más pequeños para reunirlos en mi escuadrón y depositarlos en lo profundo de mi Corazón Inmaculado.

Hijos predilectos, escuchen su voz que invoca su ayuda, corran a su encuentro, tómenlos en sus brazos y llévenlos todos a su Madre celestial. Pequeños son para Mí todos los niños ya concebidos, cuyas vidas son voluntariamente destrozadas desde las entrañas de sus madres.

El amor y el ansia de su Madre celestial y de la Iglesia por su salvación, así como su sangre inocente derramada por los que desprecian y desobedecen la ley de Dios, es ya un bautismo de deseo y de sangre, que los salva a todos” (8 setiembre 1983).

Vemos aquí dos puntos fundamentales. En primer lugar, que todos estos niños abortados y que, por tanto, mueren sin bautismo, son salvados por Dios. Y se habla del bautismo de sangre y del bautismo de deseo. Este bautismo de deseo es en virtud del amor y del deseo de la Virgen y de la Iglesia por su salvación, o, dicho en pocas palabras, en virtud de la fe y del amor de la Iglesia, en la que está incluida María.

Ahora bien, no dice que se salven de inmediato después de su muerte. Más bien, parece ser que deben esperar un tiempo, aunque sea corto, pues esperan que escuchemos su voz, que pide ayuda. Se dice que corramos a su encuentro, es decir que no dejemos pasar el tiempo, sino que cuanto antes los ayudemos. Se pide también que los tomemos en brazos, o sea, que los abracemos y los bauticemos con nuestro amor. Y, por último, se dice que los llevemos a la Madre celestial, lo que significaría que, ofreciéndolos y consagrándolos a María con todo nuestro amor, sería suficiente para que sean salvados. Dicho de otro modo, estos niños se salvan, pero estarían un tiempo en el limbo hasta que sean amados y ofrecidos a Dios en virtud de la comunión de los santos y de la fe y amor de la Iglesia y, en primer lugar, de María, que es la Madre amorosa y misericordiosa de todos estos niños.

MÍSTICOS ACTUALES

También hay místicos actuales que hablan del limbo temporal. Los místicos son personas extraordinarias, que viven intensamente su relación con Dios, a quien se han ofrecido como víctimas por la salvación del mundo. Muchos de estos místicos tienen fenómenos sobrenaturales como estigmas, bilocación, éxtasis, visiones, etc. Veamos algunos de ellos, que todavía viven, y que tienen el apoyo de sus obispos.

Natuzza Evolo, es reconocida a nivel mundial, italiana y madre de familia con cinco hijos, que, desde su más tierna infancia, tiene fenómenos extraordinarios de éxtasis, bilocación, estigmas de Cristo, y ve frecuentemente a su ángel y al ángel de la guarda de otras personas e, incluso, se le aparecen , además de Jesús, María y otros grandes santos, también las almas del purgatorio, que le dan mensajes para sus familiares.

Pues bien, Natuzza Evolo habla del limbo temporal y dice:

“Padres y madres de familia, pensad bien en la educación de vuestros hijos, educadlos en la religión. No rechacéis a los hijos (por el aborto), pues es un pecado grave. Bautizadlos, porque los niños muertos sin bautismo van al limbo, donde se sufre solamente por la falta de la visión beatífica”.

Julia Kim, otra gran mística, mundialmente conocida, es la Sra. Julia Kim, de Korea del Sur. En su casa, desde el 30 de junio de 1985, una pequeña imagen de María ha derramado lágrimas de agua y de sangre durante 700 días hasta el 24 de noviembre de 1992. Jesús y María se le han aparecido muchas veces y le han pedido que sea un alma víctima por los pecados, especialmente, del aborto. A veces, recibe los estigmas de la pasión de Cristo durante unos días y, después, desaparecen. Ha recibido varios milagros eucarísticos en la comunión y su obispo la apoya en todo, aceptando el carácter sobrenatural de estos hechos. Con frecuencia, el Señor le ha hecho experimentar los dolores y agonías que sufren los niños durante el aborto.

El 5 de noviembre de 1986 la Virgen le dijo:

“Hija mía, ¿quieres participar en mis sufrimientos por los niños abortados? A causa de los abortos sentirás intensos dolores en tu vientre. Estos pequeños vagan por el limbo (roaming about in limbo) después de haber sido abortados, privados de su dignidad y tratados como un pedazo de carne... Reza por ellos y calma sus heridas, y ofrece reparación por los pecados cometidos contra ellos”.

Pueden leer los mensajes de María a Julia Kim en Internet:

www.marys-touch.com/messages/abortion.htm

La mística austríaca María Simma, a quien se aparecen frecuentemente las almas del purgatorio, ha hablado muchas veces de la existencia del limbo. Le escribí personalmente una carta y me contestó por medio de Joachim Schlich lo siguiente: “Todos los niños (pequeñitos) que mueren sin estar bautizados van al limbo. Allí son felices y no tienen conocimiento de la posibilidad de ver a Dios. Pero pueden ir al cielo, si nosotros oramos por ellos y les damos el bautismo por los no nacidos, del cual supongo que Ud. ha oído hablar”. En una entrevista que concedió a Nicky Eltz y que él ha publicado en su libro “Hacednos salir de aquí”, dice:

“Las almas santas me dicen que los niños nacidos muertos o abortados no van al paraíso ni al purgatorio. Van a un lugar intermedio que se puede llamar limbo o ‘cielo infantil’. Las almas de estos niños no saben que exista algo mejor que eso, no saben que no están en el cielo. La responsabilidad de llevarlos al cielo está en nosotros. Lo podemos hacer, bautizándolos espiritualmente o mandando celebrar una misa por ellos”.

Dice de su experiencia personal:

“Conocí a una enfermera que trabajaba en un hospital. Ella no dejaba de bautizar a los niños abortados o nacidos muertos. Cuando estaba para morir, exclamó: Oh, he aquí todos mis niños en el cielo. ¡Cuántos niños! Y aquellos niños, a quienes había bautizado después de muertos, la acompañaron al paraíso, donde ya vivían”.

Este ejemplo nos habla del agradecimiento de estos niños bautizados espiritualmente, lo que significa que fue eficaz, luego lo necesitaban, porque estarían en el limbo, pues en el cielo no necesitan oraciones para ser felices.

SANTA PERPETUA

En el escrito “Passio SS. Perpetuae et Felicitatis” sobre el martirio de estas dos santas del Norte de África, ocurrido en Cartago el año 203 a los pocos días de haberse bautizado Perpetua (tenía apenas 22 años y criaba un niño de pecho, que era su hijo), se nos habla del hermano de Sta. Perpetua, Dinócrates, de apenas 7 años, que había muerto de cáncer en la cara. Algunos autores han visto en el relato de la visión de su hermano el estado del limbo de los niños. Veamos el relato que puede considerarse auténtico según la mayoría de los autores:

“Al cabo de unos días, estando todos en oración, súbitamente en medio de ella, se me escapó la voz y nombré a Dinócrates. Yo me quedé estupefacta de que nunca me hubiera venido a la mente, sino entonces y sentí pena al recordar cómo había muerto. Y me di inmediatamente cuenta de que yo era digna y que tenía obligación de rogar por él. Y empecé a hacer mucha oración por él y a gemir ante el Señor. Seguidamente, aquella misma noche se me mostró la siguiente visión.

Vi a Dinócrates, que salía de un lugar tenebroso, donde había también otros muchos, sofocado de calor y sediento, con vestido sucio y color pálido. Llevaba en la cara la herida de cuando murió. Este Dinócrates había sido hermano mío carnal, de siete años de edad, muerto tristemente de cáncer en la cara, enfermedad que infunde terror a todo el mundo. Por él hacía yo oración. Entre mí y él había una gran distancia, de manera que nos era imposible acercarnos el uno al otro. Además, en el mismo lugar en que estaba Dinócrates, había una piscina llena de agua, pero con brocal más alto que la estatura del niño. Dinócrates se estiraba como si quisiera beber. Yo sentía pena de que, por una parte, aquella piscina estaba llena de agua y, sin embargo, por la altura del brocal, no podía beber mi hermano.

Entonces, me desperté y me di cuenta de que mi hermano se hallaba en pena. Pero yo tenía confianza de que había de aliviarle de ella y no cesaba de orar por él todos los días, hasta que fuimos trasladados a la cárcel castrense, pues en espectáculo castrense teníamos que combatir con las fieras. E hice oración por él, gimiendo y llorando día y noche, a fin de que por intercesión mía fuera perdonado.

El día que permanecimos en el cepo, tuve la siguiente visión. Vi el lugar que había visto antes y a Dinócrates limpio de cuerpo, bien vestido y refrigerado, y donde tuvo la herida vi sólo una cicatriz. Y la piscina que viera antes, había abajado el brocal hasta el ombligo del niño. Éste sacaba de ella agua sin cesar. Sobre el brocal había una copa de oro llena de agua y se acercó Dinócrates y empezó a beber de ella. La copa no se agotaba nunca. Y saciada su sed se retiró del agua y se puso a jugar gozoso a la manera de los niños. Y me desperté. Entonces, entendí que mi hermano había pasado la pena”.

Uno de los autores que creía que se trataba aquí del limbo de los niños fue Vicente Víctor, contra quien San Agustín escribió el libro “De natura et origine animae”.

Hagamos aquí algunas aclaraciones sobre este caso. Lo más probable es que este niño murió sin bautizar, pues su hermana Santa Perpetua se bautiza pocos días antes del martirio y, además, su familia era pagana. Ciertamente, que un niño de siete años ya es capaz de hacer el bien y el mal y salvarse o condenarse por sus obras, a no ser que este niño, lo que no consta, fuera retrasado mental y pudiera considerarse como un bebé, o que por sus enfermedades y limitaciones sicológicas hubiera sido incapaz de hacer actos plenamente humanos para salvarse o condenarse. En el caso de que estuviera en el purgatorio, parece un poco extraño que estuviera tanto tiempo, pues dice Perpetua que “había sido hermano mío carnal y me quedé estupefacta de que nunca me hubiera venido a la mente, sino entonces, y sentí pena al recordar cómo había muerto”. Parece que hacía años que había muerto y ya no se acordaba de él, y parece un poco raro para un niño tan pequeño y que, además ha sufrido tanto, que pudiera tener un purgatorio tan largo. En cambio, si está en el limbo no es de extrañar, pues está esperando ayuda para poder ser liberado, ya que su familia, al ser pagana, se había olvidado totalmente de él y Perpetua se había bautizado pocos días antes.

De todos modos, es muy interesante observar en este relato que el niño tiene pena, está sediento. ¿Podríamos hablar de que en el más allá estos niños están sedientos de amor, como Cristo en la cruz? Cuando ella lo ve por segunda vez, ha pasado tiempo, su liberación no ha sido instantánea. Y saca agua abundante, que no se agota con la copa de oro. ¿Podemos hablar aquí de la copa de oro llena de perfume que son las oraciones de los santos como afirma el Ap 5,8?

Porque las oraciones y la fe de la Iglesia son las que les consiguen la salvación a estos niños muertos sin bautismo. Y este niño, al sentirse feliz, se pone a jugar gozoso “a la manera de los niños”, lleno de Dios y lleno de amor. Porque ¿no dice Jesús que, si alguno tiene sed, que venga a mí y beba? “El que cree en Mí, según dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su seno. Esto lo dijo del Espíritu Santo que habían de recibir los que creyeran en Él” (Jn 7,38-39). “Al que tiene sed le daré gratis de la fuente de agua viva. El que venciere heredará estas cosas y yo seré su Dios y él será mi hijo” (Ap 21,6-7).

Los jesuitas hermanos Linn consideran este ejemplo como típico del limbo y dicen:

“La historia de las oraciones de Santa Perpetua por Dinócrates, su hermano extinto no bautizado, es un ejemplo proveniente de la tradición cristiana de cómo la gracia del bautismo puede ser concedida a los niños muertos por medio de las oraciones de un miembro de la familia”.

Según ellos, podemos orar por estos niños para que puedan ser liberados de ese limbo temporal y llegar al cielo y allí ser felices en plenitud por toda la eternidad.

Lo cierto es que, como hemos visto, hay suficientes textos de la Escritura y de la Iglesia, y de algunos teólogos y santos, para que podamos pensar seriamente en la posibilidad de la existencia de un limbo para los niños muertos sin bautismo.

TERCERA PARTE

MEDIOS DE SALVACIÓN

En esta tercera parte, vamos a ver algunos medios posibles de salvación para estos niños, que podrían encontrarse en ese estado intermedio de cielo infantil o cielo natural o limbo de los niños. La Iglesia nos habla de confiarlos a la misericordia de Dios, y de "un camino de salvación" (Cat 1261) para ellos. Y nos pide "orar por su salvación" (Cat 1283). Toda oración por ellos sería, al menos en principio, un bautismo vicario de deseo, o un bautismo de deseo a favor de estos niños. Entre todas las oraciones, la más eficaz es la misa.

LA MISA

La oración más importante y que más les puede servir a estos niños es, evidentemente, la misa, que es la misa de Jesús, pues es Jesús mismo quien celebra la misa a través del sacerdote. Por eso, todos los actos de amor de todos los hombres que han existido, existen y existirán no son nada en comparación de una misa, que tiene un valor infinito de alabanza y glorificación a Dios. La misa, es “el memorial de la muerte y resurrección de Jesús”(Vat II, SC 47). Y, por eso, es el más poderoso sufragio para las almas del purgatorio y lo mismo podemos decir para estos niños.

Los que hablan de la salvación de estos niños, consideran que con una misa es suficiente para salvarlos y liberarlos del limbo. De esto hablaremos más ampliamente en la última parte.

En cada misa, Jesús nos envuelve y nos llena de su amor y nos limpia con su sangre bendita, por eso tiene tanto poder y eficacia la santa misa. Decía el Papa Pío XII:

“Cristo ha construido en el Calvario un estanque de purificación y salvación que llenó con la sangre vertida por Él; pero si los hombres no se bañan en sus ondas y no lavan en ellas las manchas de su iniquidad, no pueden ciertamente ser purificados y salvados” (Mediator Dei 2,2). Bañemos a estos niños con la sangre de Jesús en cada misa, y la fe y el amor de la Iglesia, manifestada en la Eucaristía, será para ellos un camino de salvación.

BAUTISMO ESPIRITUAL

Además de la misa, que es la oración más eficaz, se está difundiendo cada vez más en los grupos carismáticos el bautismo espiritual, como una forma de bautismo de deseo post mortem para así poder liberarlos del estado temporal del limbo. Algunos autores, justifican esta práctica, citando 1 Co 15,29, como ya hemos anotado.

El bautismo espiritual es un bautismo simbólico, en fe y espíritu, como dicen algunos. Lo llamamos espiritual, porque no es verdadero sacramento en sentido estricto, aunque tengamos delante el cuerpo del niño muerto, que es lo ideal. Este bautismo puede hacerse, echando simbólicamente agua bendita sobre el lugar donde estamos, imaginando que lo hacemos sobre la cabeza del niño, poniéndole un nombre y diciendo las palabras del bautismo: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Este bautismo espiritual sería un bautismo vicario de deseo. Un bautismo de deseo, hecho por otros a favor del niño. A mí me gusta llamarlo bautismo de amor.

El Padre Andrea D’Ascanio, en su libro “Il battesimo dei bimbi non nati”, afirma:

“Admitido que estos niños se encuentran en el limbo, como nosotros creemos, y suponiendo que el limbo pueda ser comparado con el purgatorio (sin las penas que hay allí), la conclusión sería que ellos no pueden hacer nada por sí mismos y que tienen necesidad de la ayuda de la Iglesia militante.

Pero, mientras la Iglesia nos enseña cómo ayudar a los hermanos del purgatorio con nuestros sufragios (misas, penitencias, limosnas...), no nos dice nada para ayudar a los hermanitos del limbo, cuya única culpa es no estar bautizados...

Por eso, basándonos en lo que dice San Pablo en 1 Co 15,29.

- Apoyándonos en la tesis de Cayetano sobre el deseo y la fe de los padres. - Considerando que la Iglesia es Padre y Madre y quiere la salvación de todos. - Teniendo presente que la Iglesia tiene el poder de actuar sobre los espíritus, aun cuando hayan sido liberados del cuerpo. - Sabiendo que el bautismo es un sacramento que todos podemos administrar en la fe de la Iglesia. - Cada uno de nosotros puede aplicar su deseo del bautismo a favor de estos niños muertos sin bautismo, como los primeros cristianos lo hacían por sus difuntos según dice San Pablo.

Por eso recomendamos la piadosa práctica que se está extendiendo de bautizar a estos niños espiritualmente. Para ello:

- Recita un Credo, toma agua bendita y échala en todas las direcciones diciendo:

TODOS VOSOTROS QUE HABÉIS NACIDO MUERTOS O QUE HABÉIS SIDO ASESINADOS EN EL SENO MATERNO, PARA QUE EN JESUCRISTO PODÁIS LLEGAR A POSEER LA VIDA ETERNA, YO OS BAUTIZO EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO Y OS CONFÍO AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA PARA QUE OS LLEVE AL PADRE.

Se termina con un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

María, acógelos en tu seno de Madre para purificarlos y ofrecerlos al Padre. Gracias, María”.

Si uno busca en Internet, encontrará algunas páginas Web, donde se habla también de bautizar a los niños muertos sin bautismo. Veamos lo que se dice en

www.catholicprayers.com

“Primero se reza un Credo. Después se rocía con agua bendita el lugar donde se está rezando, diciendo:

A todos vosotros nacidos muertos y a todos los que sois asesinados en el vientre de vuestras madres, a fin de que alcancéis por medio de Jesucristo la vida eterna (se puede decir aquí sus nombres), yo os bautizo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Si es posible, se hace la señal de la cruz con un crucifijo. Y Dios hará que el agua bautismal caiga sobre la cabeza de los que murieron sin recibirla y les dará a cada uno su nombre. Al final, se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Un ejemplo:

“Hace pocos años murió una religiosa en un convento de Alemania. Cuando estaba agonizando, su rostro se iluminó y mirando a lo lejos, maravillada, exclamó: ¡Oh, tantos niños negritos, tantos niños negritos me están buscando para llevarme al cielo! Las otras hermanas, que presenciaron el hecho, no vieron nada, pero después recordaron que la ancianita tenía la costumbre de echar todas las noches, antes de acostarse, el agua bendita a los niños negritos de África para bautizarlos. Ahora vinieron estos niños bautizados desde lejos, a buscar a su bienhechora”. (Cf www.catholicprayers.com).

Conozco a una religiosa que tiene la misma costumbre de echar agua bendita y bautizar todas las noches a los niños muertos sin bautismo. A los varones les pone el nombre de José y a las mujeres, María; y durante el día, en diversos momentos, los presenta al Padre, cubiertos con la sangre de Jesús para que los purifique y los transforme en sus hijos por el poder del Espíritu Santo. Pero hay otros caminos de salvación.

CAMINOS DE SALVACIÓN

Veamos otros posibles caminos de salvación para estos niños.

La Iglesia nos invita a “orar por su salvación” (Cat 1283). No especifica qué clase de oración, puede ser una comunión ofrecida por ellos, un rosario, el rezo de la liturgia de las horas o cualquier oración que hagamos en su favor. También creemos que puede servir la bendición del sacerdote y el ofrecimiento de nuestras buenas obras y sufrimientos en su favor.

Una cosa que podemos hacer es repetir continuamente las palabras que Jesús le enseñó a la Venerable Sor Consolata Betrone: "Jesús, María, os amo, salvad almas", y, al decir estas palabras, pensar especialmente en estos niños.

Otras acciones en su favor pueden ser dar limosna a los pobres, adoptar en su lugar a un niño, visitar enfermos y cualquier obra de caridad que podamos ofrecer por ellos. Algo muy hermoso puede ser consagrar a estos niños a Jesús por medio de María, incluso antes de nacer.

Al respecto, dice San Francisco de Sales en su “Introducción a la vida devota”:

“Es una gran enseñanza para las mujeres cristianas el ofrecer a la divina Majestad los frutos de sus vientres, aun antes de que hayan salido a luz. Porque Dios, que acepta las oblaciones de un corazón humilde y voluntario, fecunda de ordinario en tal tiempo las buenas aficiones de las madres. Testigos de esto son Samuel, Santo Tomás de Aquino, San Andrés de Fiésole y otros muchos. La madre de San Bernardo, madre digna de tal hijo, tomaba sus hijos en sus brazos luego de haber nacido y los ofrecía a Jesucristo y, desde entonces, los amaba con respeto como a cosa sagrada y que Dios se la había confiado”.

Pidamos a Jesús que, por su infinita misericordia y los méritos de su Pasión, estos niños muertos sin bautismo reciban el bautismo espiritual con su sangre bendita y el amor de su familia.

ADOPCIÓN ESPIRITUAL

Un medio práctico que podría ayudar y salvar a estos niños muertos sin bautismo, sería adoptarlos espiritualmente como hijos. No importa que no sean de nuestra propia familia, todos somos hijos del mismo Dios y somos hermanos en Cristo. Por eso, adoptarlos significaría amarlos y ayudarlos como hijos espirituales para la eternidad. Una madre y un padre de la tierra deben preocuparse de sus hijos y darles todo lo que les ayude a ser más y mejores como personas, para que puedan ser felices en el mejor sentido de la palabra. Pues bien, los padres espirituales deben preocuparse también de hacerlos felices, si no lo son, porque están en el limbo. Deben orar por ellos. ¿Por quiénes? Si no conocen casos concretos de abortos o pérdidas, pueden orar en general por todos los niños que están en el limbo o que son abortados ese mismo día o por todos los niños difuntos de tal familia (que todavía puedan estar en el limbo). Dios sabrá a quién les aplica sus oraciones. No importa que su padre o su madre espiritual no lo sepa. En el cielo lo sabrán, pues se lo agradecerán de corazón.

No digamos que esto es sólo para religiosas. Todos debemos amar a los demás y abrirnos a dimensiones universales y no cerrarnos en nuestra propia familia. Debemos amar sin fronteras y con un corazón total para hacer felices a los demás.

La Madre Teresa de Calcuta hablaba de orar por los niños en peligro de ser abortados y adoptarlos espiritualmente para conseguir su salvación. Ella publicó una oración para ser rezada por estos niños aún no nacidos.

“Padre celestial, que has creado a los hombres a tu propia imagen y no quieres que perezca ni el más pequeñito de nosotros. Por amor, tú confiaste a tu propio Hijo a la Virgen María. Ahora, confiando en tu amor, te pedimos que protejas de todo mal a los pequeñitos por nacer, a quienes tú has dado la vida. Amén”.

En muchas instituciones católicas y no católicas pro vida, que luchan contra el aborto a lo largo del mundo, han establecido programas de adopción espiritual para los niños no nacidos. Para ello, basta hacer un pequeño compromiso, escrito en una cédula, en la que uno se compromete a orar intensamente durante nueve meses por el niño que está en el vientre de su madre y a quien sus padres o familiares están pensando abortar. Se le pone un nombre y se ora a partir de la fecha del compromiso. En algunas cédulas dice así:

“Yo .............................. me comprometo a orar por mi hijo adoptado espiritualmente durante nueve meses. Yo sé que Dios hizo de modo especial a cada uno de nosotros. Yo lo adopto y lo llamaré a mi hijo espiritual N.N. (poner nombre y firmar con la fecha)”.

Y rezan la siguiente oración:

“Jesús, José y María. Yo os amo mucho. Y os pido conservar la vida de mi hijo adoptado espiritualmente y que está en peligro de ser abortado”.

Estas informaciones se encuentran en internet

www.simbahayan.org/B3-spiritualadoption.html

También se encuentra mucho sobre la adopción espiritual en

www.priestsforlife.org

Por supuesto que esta adopción espiritual está programada para orar primero y fundamentalmente para que estos niños por nacer no sean abortados, pero como, de hecho, muchos de estos niños, serán abortados, creemos que también les servirá esta oración antes de morir para que les sirva como bautismo de deseo y conseguir su salvación. Veamos otra oración, que mezcla las dos cosas: la adopción espiritual y la oración por los bebés ya abortados:

“Padre celestial, que nos has dado el don de la libertad para amar y seguir tus caminos y mandamientos. Perdona a aquellos padres que, abusando de esta libertad, destruyen el don de la vida que tú les has dado a sus hijos. Perdona a quienes destruyen la vida humana, abortando al bebé que esperan. Dales a estos niños la oportunidad de gozar de tu presencia por toda la eternidad. Y permíteme, Padre, adoptar espiritualmente a un bebé por nacer y ofrecer mis oraciones, trabajos y gozos y sufrimientos por ese pequeño, para que pueda nacer y vivir para tu mayor honor y gloria. Te lo pedimos en nombre de Cristo, en unión con el Espíritu Santo, que es Dios, por los siglos de los siglos. Amén”

Esta oración se encuentra en

www.vidahumana.org/vidafam/iglesia/bebés.html

ADOPCIÓN ESPIRITUAL DE UN NIÑO ABORTADO

Testimonio de una religiosa contemplativa italiana. Escrito el 25 de marzo de 2001 y cuyo original tengo en mi poder:

“Jesús, cuando uno de mis familiares me ha referido que una persona muy querida para mí había abortado a su criatura en un momento difícil de su vida, me he sentido muy apenada y triste. El pensamiento de ese niño no se me apartaba de mi mente. Por eso, lo he adoptado, le he puesto un nombre y, como no sabía su sexo, le he puesto Giusi-Mar, Giuseppe, si era varón, y María, si era mujer.

Hoy, fiesta de tu Encarnación en María, me ha venido una inspiración, que Tú has puesto en mi corazón. Lo único que puedo decir es que me ha venido como un impulso de hacer algo por esa criatura, que de cierto está viva.

Jesús, tu amor divino viene a mi corazón cada día en la santa comunión. Por eso, te pido que, a través de mi pobreza y miseria humana, puedas continuar haciendo crecer y formando a ese pequeño ser al cual Tú has dado la vida. Nútrelo con tu Pan de vida cada día en nuestro encuentro eucarístico. Te pido esta gracia y me ofrezco a Ti en cuerpo y alma para que, después de nueve meses de comunión eucarística, Giusi-Mar esté totalmente formado en el cielo y sea una alabanza de amor a tu potencia creadora.

Jesús, ¿te he pedido demasiado? Perdóname, pero ya me siento madre de esa criaturita, que nacerá a la vida plena en Navidad, como has nacido Tú del vientre purísimo de María, tu dulcísima Madre.

Jesús, soy feliz como una joven madre, aunque tengo ya ochenta años. Pero sé que no cuentan los años a los ojos del Omnipotente”.

Me escribe el 21 de mayo de 2002 y me dice:

“Padre, pienso que Giusi-Mar tiene ya cinco meses de nacido a la vida plena de Dios y siento que está bien. Continúo pensando en él en la comunión de cada día y lo siento muy cerquita de mí y me ayuda en tantas pequeñas dificultades, me basta llamarlo para que venga en mi ayuda. ¡Si tú supieras cuánto me ayuda espiritualmente esta tarea de sentirme mamá con Giusi-Mar! Siempre he querido ser madre de una inmensa multitud de hijos. Por eso, los adoptaré a esos niños y los nutriré con el pan de vida de la Eucaristía, en unión con María la madre del cielo, que también es Madre de todos ellos”.

Considero que con una sola comunión, bien recibida sería suficiente para que este niño abortado reciba su bautismo de amor y vaya al cielo. Lo interesante de este testimonio es que se siente madre de estos niños y que ofrece la comunión por ellos.

Por otra parte, se ve la utilidad de invocarlo, pues en el cielo no pueden ser indiferentes y desagradecidos. Por eso, ella nos dice: “Lo siento muy cerquita y me ayuda en las dificultades. Me basta llamarlo para que venga en mi ayuda. ¡Si supieras cuánto me ayuda espiritualmente!”.

Creemos que orar por ellos no es una devoción vacía y de pura imaginación, sino muy útil para estos niños y que les servirá como bautismo vicario de deseo para su salvación.

CUARTA PARTE

TESTIMONIOS Y EXPERIENCIAS

En esta cuarta parte vamos a analizar diferentes experiencias y testimonios de muchas personas que nos hablan de la necesidad de orar por estos niños muertos sin bautismo para poder "liberarlos" del limbo y llevarlos al cielo. Hay un dicho muy antiguo que dice "contra factum non valet argumentum" (contra un hecho real no valen argumentos). Y otro que dice: “la experiencia es madre de la ciencia”. Por supuesto que algunos de estos testimonios son muy personales o subjetivos; pero, tomados en conjunto, creemos que pueden servir de apoyo a nuestra opinión sobre el limbo temporal de estos niños.

EXPERIENCIAS REALES

Veamos ahora algunas experiencias de la vida diaria que nos indican que estos niños, muertos sin bautismo, a veces, se presentan y buscan el amor de su familia. Lo cual podría indicarnos también que están en un tiempo de espera (limbo) hasta poder llegar al cielo y disfrutar de la plena felicidad.

Un día una señora me decía: “Padre, tengo a mi hijo de tres años que ve constantemente a un amiguito que juega con él. ¿Qué es? ¿Es un ángel?”. Yo le pregunté: “¿Ha tenido alguna vez un aborto?” Sí, me dijo. Pues entonces, es posible que sea ese niño que se aparece a su hermanito, porque está buscando el amor de su familia. De hecho, se dan algunos casos de niños pequeños que ven, lo que suele llamarse como “duendes”, otros niños pequeños, que se les aparecen durante años y, en algunos casos, hasta envejecen con ellos, como para dar a entender que son sus mismos hermanos.

María Simma, la gran mística austríaca, dice que “a veces, los hermanos sienten la presencia de otro niño junto a ellos, aunque nada saben de aquel hermanito, nacido muerto o abortado”. Quizás a ello se deban tantas historias de duendes en todas las culturas, que no son más que estos niños que, con permiso, de Dios, se aparecen a sus familiares para llamar la atención para que los amen y oren por ellos, porque todavía están en el limbo y necesitan ser liberados. Algo parecido podemos decir de muchos “fantasmas”, que se aparecen y no son más que almas del purgatorio, que buscan las oraciones de sus familias.

La escritora Linda Bird Francke en su libro “The ambivalence of Abortion” habla de un “pequeño fantasma” que se le aparece después de haber abortado:

“Ahora tengo este pequeño fantasma. Un fantasma pequeñito que aparece únicamente, cuando estoy viendo algo hermoso, como la luna llena en el océano la semana pasada. Y el bebé me saluda con las manos y yo lo saludo a él”.

El Doctor Philip Ney cuenta que “un paciente reportó un sueño que había tenido a los siete años en el que tres gnomos (duendes) se fueron a jugar con él en un banco de arena. Mientras jugaba, los bancos de arena se derrumbaron y, por consiguiente, sus tres gnomos (duendes) quedaron enterrados. Él no pudo decirme quiénes eran ellos, pero sabía que eran sus hermanos. Su madre admitió tres abortos tempranos, pero insistió en que su hijo no podía haberse enterado”.

El Dr. McAll, dice que “un niño que no ha sido aceptado con amor por su familia y consagrado a Dios, clamará por el amor y las oraciones de un miembro vivo de la familia, a menudo un gemelo, el próximo niño en la familia o la persona más sensible de la familia”.

“Como aquella niña que me confesó que había contemplado a su hermana crecer todo el tiempo, pero que nunca se había atrevido a hablar de ello”.

“He sido testigo de más de seiscientos casos de niños fallecidos que habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de haber seguido con vida”.

Veamos algunos ejemplos:

Dos jóvenes de la India, de 17 y 24 años, oían voces por la noche, que decían: “Madre, ayúdame”. Cada día, al despertar, iban a la cocina y encontraban la jarra de agua y otras cosas en medio del piso. Cuando su madre reconoció que había tenido dos gemelos, que habían nacido muertos y los había enterrado sin ninguna oración en el patio de su casa, por consejo del Dr. McAll, les pusieron un nombre y los encomendaron a Jesús y, a partir de ese día, no se oyeron más voces.

En un pequeño pueblo de Inglaterra, todos sabían que, en determinada casa, se aparecía con frecuencia por la noche el fantasma de un niño pequeño. El Dr McAll preguntó a los miembros de la familia y le dijeron que hacía 11 años había nacido muerto un niño. Celebraron una misa por este niño y, durante la misa, el Dr McAll vio en visión al niño, que estaba sonriendo y corría hacia Jesús que lo esperaba y lo estrechaba entre sus brazos. A partir de ese día, no volvió a aparecerse más.

Una obstetriz, que comenzaba su nuevo trabajo en un hospital, se dio con la sorpresa de que cada noche se despertaba y veía junto a ella la figura de un hombre que la miraba insistentemente. Después de indagar, le dijeron que un médico se había suicidado en aquel lugar y que él había practicado muchos abortos.

Celebraron una misa por el médico suicida y también por los niños abortados. Después de orar por estos niños abortados, la madre de la obstetriz vio la habitación llena de niños sonriendo, que parecían muy felices, hasta que desaparecieron dentro de una luz que se alejó.

Pareciera que la oración, especialmente la misa, y la consagración de estos niños a Dios los hace ser felices y descansar en paz.

LA SIQUIATRÍA

La Siquiatría es una rama de la Medicina que trata de la curación de las enfermedades mentales. Muchas de ellas son curadas de modo asombroso al orar por estos niños muertos sin bautismo. Algunos de ellos, se aparecen a sus propios familiares, sobre todo a sus hermanos, y parecen crecer con ellos. ¿Quiere esto decir que no son felices hasta que se integren a su familia, les pongan un nombre y los ofrezcan a Dios por medio de una misa, de un bautismo espiritual, de una consagración a Dios o de oraciones por ellos?

En este caso, puede esto indicarnos que estarían todavía en un estado de limbo hasta que sean liberados por las oraciones, sobre todo, de su familia o de personas buenas. A este respecto, es muy importante el estudio científico que ha hecho de estos casos el Dr. McAll.

El Dr. Kenneth McAll es un eminente cirujano y siquiatra inglés, miembro del Royal College of Psychiatrists del Reino Unido. Durante varios años hasta 1945 trabajó en China, donde había nacido, y se ha convertido en un experto para curar muchas enfermedades siquiátricas. Ha escrito varios libros y artículos acerca de las enfermedades mentales y los poderes curativos de la Eucaristía.

Ha abierto un camino nuevo, al que están siguiendo algunos otros como el Dr. Kurt Koch en su libro Christian Counseling and occultism (Ed. Kregel, Grand Rapids, USA, 1972), John Fitzherbert en La fuente de las instituciones humanas de inmortalidad, publicado en el British journal of Psychiatry, 110, del año 1964.

El Dr. McAll, a pesar de ser de confesión anglicana, habla mucho en su libro Healing the family tree, que es un bestseller internacional, de la necesidad de orar por los niños muertos. Ha llegado a esta conclusión, debido a su gran experiencia de curación de enfermedades mentales y a la necesidad de curar, muchas veces, la raíz de la enfermedad, curando la relación con los antepasados por medio de la oración. Por eso, dice:

“Dado que tanto los vivos como los muertos son miembros del Cuerpo de Cristo (1 Co 15,29) podemos pedir a Cristo que ayude a los muertos a recibir su amor y su perdón, que les ofrece a través de la Eucaristía”.

“No soy teólogo. Soy un simple investigador, con una limitada comprensión de cómo funciona la capacidad curativa de Dios… En el caso de niños que hayan nacido muertos o de abortos, resulta conveniente darles un nombre (Is 49,1)… Aunque según mis experiencias normalmente solo hace falta una celebración de la Eucaristía para liberar a un niño nacido muerto, para liberar a un adulto, que necesite más amor y perdón, pueden hacer falta varias Eucaristías”.

Y lo más asombroso es que al “liberar” a estos niños (muertos sin bautismo) se sanan de modo admirable, muchos miembros de familia, porque se entabla una nueva relación familiar y hay más unión y amor entre ellos. Dice:

“Tengo registrados mas de seiscientos casos de curaciones directas, producidas tras la celebración de una Eucaristía por fetos, víctimas de abortos, voluntarios o involuntarios, niños que nacieron muertos o fueron abandonados inmediatamente después de su nacimiento, que nunca fueron debidamente amados o consagrados a Jesucristo en una ceremonia de entierro. Cuando se ha celebrado una Eucaristía por esta clase de seres, los resultados son impresionantes. Muchos han experimentado los beneficios del poder curativo que se generó, incluyendo pacientes que estaban participando en la Eucaristía, pero también otros que se encontraban a muchos kilómetros en hospitales e instituciones mentales y no sabían nada acerca de dichas ceremonias, e incluso parientes, mentalmente perturbados, que vivían en países lejanos”.

Veamos algunos ejemplos:

“Joan llegó hasta mí a través de un doctor en medicina general. Antes de mi primer encuentro con aquella niña de solo nueve años de edad, estudié atentamente las notas de su equipo de médicos y los informes de su profesora. A los cinco años, el carácter abierto y alegre de Joan cambió de repente. Empezó a resultar difícil de tratar y daba muestras de un comportamiento irracional, diagnosticándosele una epilepsia.

Su madre se quedó muy asustada y desconcertada. En una carta me decía: “Cuando Joan cae en uno de esos estados su rostro se descompone, parece tan lejos de ser ella que me da escalofríos”. La profesora me escribió: “Joan pierde fácilmente el control e incurre en estallidos emocionales. La presentación de las tareas escolares deja mucho que desear”.

Sus padres me dijeron que recientemente había empezado a correr delante de los coches, de modo que tenían que sujetarla con unas riendas para su propia seguridad…

Hablé con Joan, se sentó sobre mis rodillas y le pregunté cuántos hermanos tenía. Su respuesta me sorprendió: "Tengo tres hermanos y tres hermanas". Yo le dije que sólo tenía tres hermanos y dos hermanas. Joan, entonces, se mostró extremadamente airada, saltó de mis rodillas y empezó a dar patadas y gritos: Tengo tres hermanas y no dos. ¿Ves esa mujer sentada ahí?, gritó señalando a su madre. Es una asesina. Tiró a mi hermanita por el water (baño). Mi hermana es mi amiga. La conozco, se llama Melissa. Sus padres comenzaron a discutir y yo abracé a Joan y le dije: Oremos juntos a Jesucristo y pidámosle que cuide a Melissa. Y pronunciamos la siguiente oración: “Jesucristo, nuestro Señor, por favor cuida a Melissa y condúcela a tu reino”.

Su madre me contó que antes que Joan naciera y debido a la equivocación de un médico, había sufrido un aborto involuntario. A Joan nunca se le había mencionado el incidente y nadie conocía el nombre que la madre le hubiera gustado poner a la niña: Melissa…

Nada tiene de sorprendente que Joan supiera acerca de Melissa. De hecho, en mis ficheros, tengo alrededor de mil cuatrocientos casos parecidos. Parecía evidente que aquella niña, que no había llegado a nacer y que, por tanto, no había sido consagrada a Jesucristo, era la causa de las dificultades de Joan y quizá de las migrañas que la madre sufría desde hacía años.

Celebramos una Eucaristía por Melissa y los resultados modificaron totalmente la vida de la familia. Los estallidos emocionales de Joan, su comportamiento irracional y su incapacidad de concentrarse, desaparecieron de una vez por todas. Las pruebas realizadas demostraron que su epilepsia estaba totalmente curada y, poco después, dejó de tomar cualquier clase de medicamento. Las jaquecas de la madre pasaron a ser sólo un recuerdo… Un año después, Joan es una niña sana y feliz que va muy bien en los estudios y que es la alegría de la familia”.

Pareciera que la Eucaristía y la consagración de la niña abortada al Señor fueron para ella como un bautismo espiritual y, al sanarse la relación entre ella, su hermana y sus padres, al sentir el amor familiar, pudo encontrar la felicidad definitiva y eterna, que todavía no había conseguido.

Veamos otros casos en los que la misa no solo da paz al niño muerto sin bautismo, sino que también sana a sus hermanos de graves problemas de salud.

Una mujer de 50 años estaba preocupada por el extraño comportamiento de su hijo. Ella admitió que había tenido dos abortos durante su juventud. Durante la misa por estos niños abortados, ella sintió una extraña sensación en su abdomen por tres veces. Entonces, ella se acordó que había tenido también un niño que había nacido muerto y este tercero también fue incluido en la misa. Desde ese momento, la conducta de su hijo fue normal.

Un hombre profesional llevó a varios especialistas a su hija, porque era muy violenta. La hija, de 26 años, había sido promiscua sexualmente con hombres, treinta años mayores que ella. Buscando antecedentes, el Dr McAll encontró que su madre había tenido un aborto varios años antes de casarse con el padre de la joven. El comportamiento de la madre antes de casarse, había sido parecido al de la hija. Durante la misa por el aborto, el padre tuvo la visión interior de un niño y rezó por él. Los problemas de la hija desaparecieron a partir de ese día.

Por eso, afirma McAll:

“Las personas más afectadas por estos niños (abortados), no consagrados al Señor y que necesitan que se ore por ellos, son los propios padres, un hermano o hermana gemelo, el niño que nace a continuación, un niño adoptado en su lugar o, incluso, como en el caso de Joan, el niño más sensible de la familia”.

Veamos otro caso:

“El vicario de una iglesia local comprobó por sí mismo cómo una de las mujeres de su parroquia había logrado superar una enfermedad mental, aparentemente incurable, después de haber orado por uno de sus hijos que había abortado y de haberlo consagrado al Señor durante una Eucaristía. Animado por esta experiencia, acudió a visitar a otra mujer llamada Mildred, de algo más de sesenta años… Ella le contó algo que no había dicho a nadie en toda su vida. Cuando todavía era adolescente, tuvo un aborto. El vicario le sugirió que celebrasen una ceremonia en la iglesia para consagrar a su hijo abortado a Dios y Mildred accedió. Cuando terminó la ceremonia, habían desaparecido todos sus dolores y experimentó una sensación de liberación y alegría… Parece ser que el niño no nacido había intentado atraer su atención mediante los dolores de estómago. Era como si el propio niño se hubiera convertido en el dolor de estómago”.

“Los gemelos o mellizos muestran una sensibilidad especial hacia su hermano o hermana muertos. Durante la celebración de la Eucaristía, una madre me mencionó que una de sus hijas gemelas había fallecido en el momento del parto y que el hospital se había ocupado de enterrar sus restos. Cuando rezamos por primera vez para contrarrestar los efectos negativos de este incidente, brotaron lágrimas de alegría en la gemela, que había logrado sobrevivir. Me confesó que había “contemplado” a su hermana crecer todo el tiempo, pero que nunca se había atrevido a hablar de ello”.

Sigamos con otros ejemplos para ver la importancia de consagrar a Jesús a estos niños abortados, voluntaria o espontáneamente, muertos sin bautismo.

Un hombre de veintiocho años se encontraba en la cárcel y había llevado un comportamiento anormal y antisocial. Era un hijo adoptivo de una familia que lo había adoptado al perder a su propio hijo. Dice McAll:

“Durante la Eucaristía, aquellos padres, preocupados y angustiados, le dieron nombre al hijo que había fallecido en el momento del parto y, a través de sus oraciones lo consagraron a Jesucristo. Inmediatamente después, el hijo que habían adoptado salió de la prisión, convertido en un hombre totalmente reformado y actualmente desempeña un empleo de gran responsabilidad.

Durante una celebración por un niño nacido prematuramente y que había sobrevivido sólo cuatro horas, su madre intentó darle gracias a Jesucristo por habérselo llevado con él. Entonces, escuchó claramente: “Al niño tienes que ponerle un nombre y demostrarle que goza del amor de su madre y luego consagrármelo a Mí".

Una mujer había ejercido la prostitución y, a consecuencia de ello, había padecido varios abortos tanto voluntarios como involuntarios. Con gran respeto y cuidado, les puso nombre a todos, aceptó el perdón de Dios y continuó consagrándoselos al Señor todos los domingos, cada vez que iba a la iglesia. A partir de entonces, se vió libre de la depresión que padecía”.

Como vemos, esta consagración del niño a Jesús es una especie de bautismo espiritual, que les consigue la salvación y los libera del estado de limbo o tiempo de espera en que se encuentran.

“El matrimonio Lancaster vino a verme muy preocupado por tres de sus hijos. La hija mayor era drogadicta, tenían otra anormalmente obesa y el hijo menor mostraba, desde los siete años, una incontenible afición a robar. Elizabeth, la hija mayor, había nacido después de un aborto anterior; Evelyn, la hija obesa, tras un aborto involuntario, mientras que Charles, el hijo menor, lo adoptaron para reemplazar a uno que había muerto. Dado que en ninguno de los tres casos se había celebrado una ceremonia de consagración al Señor, decidimos celebrar una Eucaristía por los tres casos, tras la cual toda la familia se sintió liberada. Elizabeth no volvió a probar las drogas; Charles dejó de robar y el peso de Evelyn volvió a ser normal tan solo después de tres meses…

Mi experiencia de “haber visto” a esos niños con la edad que habrían tenido de no haber fallecido prematuramente, me demuestra que es cierta la palabra de Dios, cuando dice: “Antes de formarte en el vientre de tu madre te conocí” (Jer 1,5; Sal 139, 13). Estos niños son auténticos seres humanos, dotados de alma… Algunas personas creen que todos los niños van directamente al cielo, cuando mueren. Pero eso, sólo ocurriría así en caso de haber sido amados y de haber rezado por ellos en la tierra. He sido testigo de más de seiscientos casos de niños fallecidos que habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de haber seguido con vida. Cada uno llevaba al lado a su propio Ángel de la guarda, esperando ese momento de amor y de consagración a Dios”.

El Dr. McAll, después de sus investigaciones siquiátricas en cientos de casos, afirma claramente, a su manera, que existe el limbo temporal, pues cree que sólamente estos niños irán al cielo, directamente al morir, si han sido amados y han orado por ellos. Ellos están esperando que les pongan un nombre, les hagan sentir amor y los consagren a Dios. Mientras tanto, siguen esperando, como él dice, ese momento de amor y de consagración a Dios. Por eso, sugiere orar por ellos con las siguientes oraciones:

Oración por la salvación de los niños abortados

Señor Jesús, por medio de tu Madre bendita, te ofrezco todos mis pensamientos, palabras y obras de este día por todas las intenciones de tu Sagrado Corazón.

Especialmente, te ofrezco todos los actos de fe y de amor para obtener de tu Sagrado Corazón la gracia del bautismo para todos los niños inocentes, que serán asesinados hoy por el aborto.

Y, dado que sus propios padres y madres rechazarán su vida con violencia y rehúsan ser garantes de la fe de estos niños, te pido que me aceptes como padre y madre espiritual de estos niños.

Acéptame como garante del deseo de estos niños de estar contigo por siempre para que, habiendo sido asesinados cruelmente, ellos puedan ser admitidos a tu presencia como mártires inocentes y sean salvados por tu amor. Amén.

Oración por los abortos espontáneos

Señor Dios, confiamos a tu amor a este pequeñito, que ha dado alegría a sus padres por poco tiempo. Llévalo a la vida eterna.

Señor, tú has formado a este niño en el vientre materno. Tú lo has conocido por su nombre desde el principio del tiempo. Nosotros ahora deseamos ponerle el nombre de N., un nombre que guardaremos como un tesoro en nuestro corazón para siempre.

Oramos por estos padres, que están tristes por la pérdida de su hijo. Dales valor para soportar su pena y su dolor. Y que un día puedan encontrarse con su hijo en la alegría y en la paz de tu Reino. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

LA SIQUIATRÍA Y EL BUDISMO

Es muy interesante anotar aquí cómo muchos siquíatras y sicólogos, como el Dr. Dennis Eugene Klass, Joanne Angelo y otros, reconocen el gran efecto curativo, sicológico y espiritual, de los rituales budistas, llamados misuko kuyo a favor de los niños abortados.

En nuestros países cristianos, se reconocen los efectos negativos producidos por el aborto en los padres de los niños abortados, especialmente en la madre, y se recomienda tratamiento sicológico o psiquiátrico para curar los efectos de depresión, ansiedad, etc. Pero, entre los budistas, la solución está en orar por estos niños abortados y no por sus padres directamente. Y los efectos positivos de estas oraciones son reconocidos por teólogos católicos como el jesuita Gary L. Chamberlain o el Padre Anthony Zimmerman S. V. D., que han trabajado muchos años en Japón.

Hablando concretamente del Japón, digamos, en primer lugar, que legalizó el aborto en 1948 y, desde entonces, ha habido más de 128 millones de abortos provocados. Para estos niños abortados, incluso si son abortados espontáneamente, el budismo ofrece a los mizuko (niños del agua) o niños abortados, ceremonias de duelo, llamadas mizuko kuyo, donde se cantan “sutras”, queman incienso, tocan campanas y hacen otros ritos para dar sosiego a estos niños, que están en el país de las tinieblas, según ellos.

Los padres pueden alquilar pequeñas estatuas, talladas en piedra con caras redondas y ojos cerrados por 700 dólares o pueden mandar escribir mensajes en placas de madera para que los lean estos niños. En estos mensajes se dice, por ejemplo: “Tu padre y tu madre te aman”, “lo sentimos, pero no pudo evitarse, descansa en paz”, “tus padres y tus hermanos te saludan”. Y también les ponen un nombre y colocan flores, baberos, gorritos, juguetes, etc., en estas estatuas de piedra o placas de madera, que representan a sus almas. En ciertos templos budistas del Japón, hay colinas con miles y miles de estas estatuas, que no son propiamente tumbas, pues no están enterrados allí los cuerpos de los niños, sino son lugares, donde se supone que están sus almas y a donde van a rezar, especialmente las mujeres.

De esta manera, creen que estos niños se sienten queridos por sus familiares, descansan en paz, y no perturban a la familia. Salen del “país de las tinieblas” en el que estaban y tienen un lugar para descansar en paz. Los efectos sicológicos y espirituales de estas oraciones son evidentes. Lo cual nos puede indicar que estas oraciones van más allá de la pura sugestión de las madres, porque quizás, verdaderamente, estos niños, muertos sin bautismo, las necesitan para estar en paz. Nosotros diríamos para ir al cielo.

Quizás, influenciados por esta cultura budista japonesa, en algunas iglesias católicas del Japón, se celebran misas por estos niños abortados, como lo afirma el Padre jesuita japonés Akio Awamoto, quien celebra una misa por ellos los primeros domingos de cada mes a las cuatro de la tarde en la Iglesia de Yotsuya, uno de los centros católicos más grandes del Japón. El P. Anthony Zimmerman dice: “¿Cuándo celebrarán los sacerdotes católicos misas por estos niños abortados de su ciudad, de su región o de su país?”

RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA

La renovación carismática católica es un movimiento eclesial, apoyado por la Iglesia, que trata de renovar la vida cristiana por medio del poder del Espíritu Santo, que sigue derramando sus dones y carismas en la actualidad como en los primeros siglos. Este avivamiento espiritual comenzó en USA el año 1967 y, desde entonces, se ha extendido a todo el mundo. Está presente en 238 países y sigue renovando la vida de 120 millones de católicos a lo largo del mundo.

Algunos líderes carismáticos fomentan la oración por los niños muertos sin bautismo y recomiendan celebrar una misa por ellos o bautizarlos espiritualmente o consagrarlos a Jesús por María o sencillamente orar por ellos. Su experiencia en muchos casos, se parece a la del Dr. McAll, lo que significaría, igualmente, que estos niños necesitan ser liberados con nuestra ayuda para ser plenamente felices en el cielo. Mientras tanto, estarían en un estado intermedio, al que llamamos limbo.

Hermanos Matthew y Dennis Linn: Entre los líderes carismáticos católicos que más han estudiado este punto de los niños muertos sin bautismo, están los hermanos Linn, jesuitas. Veamos lo que dicen:

“Tal vez la sorpresa más grande de nuestro ministerio es la curación física y emocional, que puede ocurrir muy rápido y profundamente a otras personas, cuando oramos por bebés nacidos muertos y por abortos espontáneos y provocados. Por ejemplo, después de rezar por sus tres traumáticos abortos, Sandy retornó a casa para encontrar a su hijo de siete años que había sido hiperactivo desde su nacimiento, capaz de dormir por primera vez durante toda la noche y de portarse normalmente en la escuela al día siguiente.

Sandy se dio cuenta de que no solamente la hiperactividad de su hijo había cesado, sino también de que su incapacidad para aprender, diagnosticada como permanente, había desaparecido.

Casi cada familia puede beneficiarse... orando por abortos y bebés nacidos muertos, ya que estas pérdidas son tan comunes. Aproximadamente, de diez al veinte por ciento de todos los embarazos terminan en abortos espontáneos, sin contar con el cincuenta por ciento de óvulos fecundados, que nunca lograron implantarse. En USA hay un millón y medio de abortos provocados por año (cuatro abortos por cada diez nacimientos normales) y dos nacidos muertos por cada cien nacidos vivos. Por eso, los bebés constituyen el grupo más importante en nuestras oraciones por los muertos. Pero ¿cómo sabemos que ellos necesitan de nuestras oraciones? A veces, se nos ha dicho que no podemos rezar por ellos, porque están en el limbo (permanente). Otras, que no necesitan de nuestras oraciones, porque están ya en el cielo.

La historia de las oraciones de Santa Perpetua por Dinócrates, su hermano, muerto no bautizado, es un ejemplo, proveniente de la tradición cristiana, de cómo la gracia del bautismo puede ser concedida a los niños muertos por medio de las oraciones de un miembro de la familia”.

“Pidiéndole a Jesús que bautice a un niño muerto, le estamos pidiendo hacer todo lo que todavía se necesita hacer por esa criatura, ya sea que esto se inicie con un bautismo de deseo o renovándolo con una celebración más profunda de amor de Jesús, ofrecida a través de nosotros. Idealmente, esta oración debería ser completada con una Eucaristía en la cual recibamos la comunión y nos unamos a Jesús, orando por nosotros y por el bebé muerto para llevarlo más cerca de Él por siempre. La Eucaristía es también un momento ideal para dar el amor de Jesús a otros niños que podían haber sido olvidados, tales como los cuatro mil niños abortados diariamente en USA. Especialmente, en la Eucaristía se habilita a los fallecidos con el perdón total de Cristo en el Calvario. Recibiendo para sí mismos el perdón de Cristo y extendiendo ese perdón hacia todos los que les hicieron daño, los muertos están habilitados para entrar en el cielo y alcanzar el estado de amar para siempre dentro del Cuerpo místico de Cristo”.

Como vemos, ellos hablan de curaciones extraordinarias después de orar por estos niños, hablan de bautizarlos espiritualmente y ofrecer una misa por ellos para "entrar" en el cielo y alcanzar el estado de amar para siempre. Esto quiere decir que antes estaban en un estado de no-cielo, al que llamamos limbo.

Veamos un ejemplo:

“Sue tuvo seis abortos espontáneos y dos hijos vivos, Julie de cuatro y Jasón de dos. Durante un retiro, Sue asistió a una misa en la que se le invitó a rezar por sus seres queridos muertos. Al final de la misa, cuando fue invitada a permitir que Jesús le trajera a su corazón a quien Él quisiera, Sue se sorprendió de tener la siguiente experiencia:

Vi en mi espíritu a seis niños alegres que corrían a mis brazos. Yo me quedé allí de pie, pensando: ¿A quién voy a abrazar primero? Y sentí como si los abrazara a todos ellos en mi corazón. Supe que eran mis hijitos y me regocijé, especialmente, al ver cuánto los mayores querían al más pequeño. Los niños irradiaban amor, a Jesús, a mí y el uno al otro. Ésta fue la primera vez que los “había visto”, pero tuve y todavía tengo el sentimiento de que ellos me conocen bastante bien.

Sue y un amigo oraron juntos por los seis niños abortados. Simbólicamente, bautizaron a todos los niños y les dieron nombres. Sue describe los cambios que vio en su familia, cuando volvió a su casa.

Antes del retiro, Julie parecía una frágil flor. Era muy sensible y lloraba fácilmente. Tenía seis muñequitas (sorprendentemente, el mismo número de abortos). Cada una tenía un nombre y se las tenía que tomar en cuenta en todas las ocasiones. Ella parecía sentirse responsable y ansiosa por ellas. Desde mi regreso, su atadura a aquellas muñecas se hizo considerablemente menor. Ahora son juguetes con los cuales gusta jugar, pero no se preocupa de ellos. Es curiosa, vivaz y mucho menos sensible... Cuando volví del retiro, estaba inundada de amor por Jasón. Desde mi vuelta, el cambio en su personalidad fue casi inmediato. Se tranquilizó, es más sociable y parece adorar a su hermana Julie.

Otra cosa que también noté fue un efecto inmediato en mis relaciones con mi esposo... Ambos nos dimos cuenta de que mi frigidez había desaparecido”.

Los efectos reales de curaciones de que hablan los Hnos. Linn nos recuerdan lo que decía el Dr. McAll, luego hay que tomarlos en cuenta y decir que algo pasa, que no es inútil orar por estos niños, sino muy eficaz, porque lo necesitan y, si lo necesitan, es porque no están todavía en el cielo. Los Hnos. Linn creen que con una misa es suficiente para liberarlos:

"Si eres católico, manda celebrar una misa por el bebé. Mientras recibes la Eucaristía, deja que la sangre sanadora de Jesús entre en ti y en todos los difuntos de la familia, por medio del bebé".

El Padre Roberto DeGrandis tiene un libro titulado “Curación a través de la misa”, donde nos habla de la importancia de la misa y de que todas las misas tienen un especial poder de sanación para los enfermos y para todos los que están agobiados en su espíritu y concretamente para estos niños.

Él nos dice:

“Cuando consideramos el problema de los abortos, niños malogrados o que han nacido muertos, uno de los principios básicos es que estos niños deben ser recibidos con amor. Una de las formas en que amamos y aceptamos a un niño es dándole un nombre. Esto les da un sentido de pertenencia y de que ocupan un lugar verdadero en la familia… Una mujer compartió el siguiente testimonio.

Yo tengo 41 años de edad y toda mi vida mi madre ha estado contando la historia de que su madre (mi abuela) murió de parto y que perdió una niña pequeñita. Mi abuela era huérfana y también había perdido a otro niño antes de mi madre. Un día mi madre y yo oramos unidas y le dio nombre a los dos niños perdidos por su madre. Nosotras los ofrecimos al Padre en la luz de Cristo y oramos por estos dos niños y su madre. A partir de ese día, mi madre nunca más volvió a hablar de ese asunto. Sintió paz en su vida, después de darles nombre a estos niños y ofrecerlos a Dios”.

Para él es importante ponerles un nombre y orar por ellos ofreciéndolos a Dios para salvarlos.

El P. John Hampsch aconseja bautizar a estos niños espiritualmente, consagrarlos a Jesús por medio de María y celebrar una misa.

Dice:

“En la consagración total del niño al Señor, los padres deberían pedirle que llene con su amor todas las necesidades del niño como por ejemplo el bautismo de deseo o alguna otra forma desconocida de gracia, semejante al bautismo... Esto podría ser ratificado por una Eucaristía en la que, en el momento de la comunión, nosotros nos unimos a Jesús de la manera más íntima posible, orando por el niño... En la oración se debería incluir una petición al Señor para que ese niño sea un “santo privado” o un “intercesor” especial para la familia... Como epílogo de esta oración a Jesús, es muy recomendable poner al niño en los brazos de María (consagrarlo a Ella), recordando las palabras que Jesús dijo: “Ahí tienes a tu Madre”. A María se le ha encomendado ser la madre de todos y cada uno de los niños. Y Ella los ama mucho más intensamente que las madres de la tierra”.

El P. Marcelino Iragui también recomienda una misa y consagrarlos a Jesús por María. Escribe:

“Una práctica recomendable es el ofrecer la santa misa y comulgar por ellos, sobre todo, cuando se hace en familia. En esa Eucaristía, se pide a Dios que acoja en su seno a todos los difuntos de la familia... A veces, los resultados son sorprendentes. En caso de aborto provocado o involuntario, que no fueron bautizados, se pide al Señor que inspire un nombre para cada uno de ellos, se les acepta como miembros de la familia y se les presenta por su nombre al Señor, arropados en el amor de su Madre, la Virgen María”.

Así pues, de acuerdo a muchos líderes de la Renovación Carismática Católica, es necesario orar por los niños muertos sin bautismo, bautizarlos espiritualmente, ponerles nombre y, si es posible, mandar celebrar una misa por ellos.

Parece ser que estos niños necesitan oraciones y amor para ser liberados del estado de limbo y poder llegar al cielo para poder disfrutar de la plena felicidad de Dios, ya que las oraciones no aprovechan a quienes están ya en el cielo. Además, los efectos positivos y extraordinarios que ocurren, al darles ese “bautismo espiritual”, repercuten en toda la familia en hechos concretos y reales, que no dejan duda de que esta práctica es necesaria para ellos, pues la necesitan para ser felices.

SOBRE EL BAUTISMO ESPIRITUAL

En el periódico alemán “Rettende Macht” del 24 de setiembre de 1973, se habla de las revelaciones de Jesús a una mujer casada y madre de varios hijos. Entre otros mensajes Jesús le dice sobre los niños abortados:

“Estos pequeñitos pueden conseguir la visión beatífica. Transmite lo que voy a decirte a los sacerdotes, porque vosotros los podéis bautizar (espiritualmente).

Después de recitar el Credo, toma agua bendita y la esparces en todas las direcciones y di estas palabras: A todos vosotros, que habéis nacido muertos o que naceréis muertos, a todos los que fueron asesinados en el vientre de sus madres o que serán asesinados, para que podáis alcanzar la vida eterna por medio de Jesús. N. (aquí se dice el nombre). Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y el Espíritu Santo.

Al final, reza un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria. De esta manera, puedes bautizarlos a estos pequeñitos y ayudarlos a conseguir el cielo”.

El P. Roberto DeGrandis cita el testimonio de una mujer:

“Hace veinte años yo quedé embarazada en un momento inoportuno. Yo estaba enferma, bajo cuidado médico, y escasa de dinero. Yo no podía tener un niño. Yo luchaba contra esta idea por mi educación católica y deseaba tener una pérdida. Y tuve la pérdida. Cuando yo vi a esa pequeña vida humana muerta delante de mí en el hospital, me sentí muy apenada. Antes de llamar a la enfermera, tome un vaso de agua y lo derrame sobre la cabeza del niño bautizándolo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo… A través de los años, Dios me dio un amor especial por los niños pequeños rechazados y recogí en mi casa a muchos de esos niños pequeños, que habían sido rechazados por sus padres. Yo los amaba como si fueran míos y ellos me amaban a mí”.

Y escribe en la nota el P. DeGrandis:

“Esta misma mujer compartió que, un tiempo después, ella tuvo una visión de su hijo perdido. En la visión supo que era un niño y lo vió saludable y vivo con el Señor. Lo que le impresionó profundamente fue que todos los niños rechazados que ella había recibido en su casa, eran todos niños varones. Ellos eran un REGALO y la forma de sanar su corazón por la pérdida de su hijo”.

En Villavicencio (Colombia) el obispo Mons. Cabezas ha aprobado una misa de sanación post aborto y en ella se celebra el bautismo de deseo con las oraciones que pone el P. John Dillon en su libro y que veremos a continuación. Esta información con fotografías puede consultarse en internet

www.vidahumana.org/vidafam/aborto/misa.html

El Padre John J. Dillon sugiere hacer una paraliturgia y en ella hacer algunas oraciones, como bautismo de deseo, por el niño y ofrecer a los padres “la vestidura blanca y el cirio bautismal”. Entre las oraciones propone las siguientes:

“Tú, Señor, autor y defensor de la vida, tú eres nuestra morada final. Te encomendamos a este niño (decir nombre). Confiando en tu misericordia y en tu amor paternal, te pedimos le concedas la eterna felicidad. Señor Dios, bondadoso y solícito, confiamos a tu amor este pequeño (N). Acógelo en la vida eterna. También te pedimos por sus padres, afligidos por la pérdida de su hijo. Concédeles fortaleza y valor y ayúdalos en su pena para que puedan un día reunirse con su hijo en la paz de tu Reino. Te lo pedimos por Cristo, Nuestro Señor. Amén”.

En Lima, en algunos grupos de oración, oran por las madres que han abortado. Se les invita a pedir perdón a Dios por su pecado y se pide al Señor que las inunde con su amor divino. Después, se les motiva para que, en el futuro, sean defensoras de la vida y puedan salvar otros niños, que pudieran estar en peligro de ser abortados. Y, dentro de la oración, se les pide que se imaginen a Jesús con su niño, mientras los presentes oran a Dios, si es posible con el don de lenguas, para que les inspire el sexo de la criatura y ponerle un nombre adecuado. Y le piden que bauticen a su hijo diciendo:

N.N. (decir el nombre) YO TE BAUTIZO EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Después se pide a la mamá que le pida perdón a su hijo, que le diga que lo ama, que lo abrace espiritualmente con todo su amor, y que entregue a su hijo a Dios, como consagrándoselo a Él. Y, a continuación, se le pide que desde la oscuridad, vea a su hijo cómo va al reino de la luz y le diga: Descansa en paz.

El Padre James Manjackal, de la India, es uno de los líderes de la renovación carismática más conocidos por su poderoso ministerio de sanación de enfermos. Viaja constantemente por todo el mundo y me escribió desde Alemania una carta, contestando a mis inquietudes. Me dice así:

“De acuerdo a la enseñanza católica tradicional, los niños que mueren sin bautismo no pueden ir directamente al cielo. Estos niños van al limbo. Pero nosotros podemos bautizar a estos niños en fe y espíritu en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y así enviarlos al cielo.

Considero que esta es una de las tareas de nuestro ministerio (sacerdotal), del cual muchos no están enterados. Lee 1 Co 15, 29. Yo practico este ministerio (de bautizar a los niños abortados) en mi predicación. También les digo a los padres que han abortado que confiesen su pecado y, si es posible, que hagan obras de caridad como, por ejemplo, ayudar a niños huérfanos en nombre de los niños abortados.

Muchos padres han dado testimonio de que después de tal bautismo (espiritual) de los niños abortados, ellos se les han aparecido como ángeles y los han consolado. ¡Gloria a Dios!”.

En otra carta me dice:

“Yo he oído a mucha gente que me ha dicho que ha visto a los niños muertos sin bautismo como ángeles y santos después de haber sido bautizados en espíritu. Algunos dan testimonio de que, cuando necesitan algo, ellos lo piden por intercesión de estos niños ya salvados.

Normalmente, cuando la gente que ha abortado viene a mí con tristeza y sentimiento de culpabilidad, yo les digo que pidan perdón a sus niños antes de bautizarlos en fe y en espíritu. Varias madres han tenido la experiencia de que sus niños han venido a darles su perdón y a consolarlas. Yo conozco a mucha gente que tiene contacto con estos niños salvados.

Yo bautizo a los niños muertos sin bautismo, si alguno está presente como padrino. Muchos sacerdotes no lo hacen debido a su falta de fe o a su ignorancia. Yo paso dos horas diarias, orando por las almas de los que han muerto. Muchas almas vienen a mí y se identifican y me dicen sus pecados y yo los bautizo, si no están bautizados, y rezo para que se perdonen sus pecados y pido al Espíritu Santo que los llene de su amor. Yo tengo maravillosas experiencias de su entrada en el cielo y sus oraciones por mí son de gran poder para mi ministerio. Los he visto con las caras resplandecientes después de bautizarlos y me han prometido ayuda espiritual.

Reza por mí. Mañana voy a Rusia por 10 días. Fr. James”.

Conservo estas cartas como el testimonio de un hombre, que, según el parecer de los que lo conocen, transmite el poder de Dios y una evidente santidad de vida. Él habla de bautizar a estos niños para que vayan al cielo, pues mientras tanto están en el limbo. Y, cuando se les bautiza, en algunos casos, hasta se aparecen como ángeles o santos para demostrar la eficacia de esta oración de bautismo post mortem. Además, nos habla claramente del poder de intercesión de estos niños ya salvados y cómo algunos los invocan. Estos niños son un gran apoyo para su ministerio a lo largo y ancho del mundo.

El que quiera conocer más sobre la vida, ministerio, enseñanzas y programas de viajes del Padre James Manjackal, puede consultar su página Web

www.jmanjackal.net

Los hermanos Linn nos ofrecen una especie de rito para el bautismo espiritual:

“Lee San Marcos 10,13-16, donde Jesús pide que los niños vayan a Él. Cierra los ojos y respira profundamente. Recuerda un momento en tu vida, cuando te sentiste especialmente amado, un momento, cuando supiste cuánto te ama Dios. Respira dentro de ti mismo ese amor otra vez. Ahora piensa en el bebé que has perdido. Ponte en contacto con tus sentimientos hacia ese bebé (por ejemplo, amor, tristeza, deseo, dolor, culpa, etc.).

Comparte amor y perdón con el bebé. Ve a Jesús y María delante de ti. Ve cómo ellos tienen a tu bebé en sus brazos y te lo ofrecen. Abre tus brazos y recíbelo. Dile al bebé todo lo que has estado guardando en tu corazón hacia él. Escucha cómo tu bebé quiere contestarte y escucha todo lo que él ha guardado en su corazón hacia ti. Durante los próximos minutos, di y haz con tu bebé todo lo que quieras.

Con Jesús y con el bebé, perdona a cualquier otra persona que pudo haber lastimado al bebé (médicos, otros parientes, etc.), cualquiera que, aun sin saberlo, no cuidó de esta nueva vida. Quizás tú u otra persona todavía sienten rabia hacia Dios por haberles enviado al bebé en una época no deseada, o por quitárselo. En este caso, “perdona” a Dios también.

Bautízalo. Ve de qué sexo es el bebé y pídele que te diga qué nombre quiere él. Con Jesús, bautízalo simbólicamente con ese nombre, pidiendo que Jesús lo lave y expulse cualquier dolor u oscuridad que el bebé tenga. Haz el signo de la cruz en la frente del bebé, y di con Jesús: Yo te bautizo N.N. en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Siente cómo el agua lo limpia y renueva.

Entrega al bebé a Jesús y María. Pídeles a Jesús y al bebé que te muestren cómo tú y el bebé pueden continuar amándose mutuamente a través de Jesús. ¿Cómo quieres que el bebé ore por ti y tu familia? ¿Cómo quiere tu bebé que ores por él? Cuando estés listo, pon el bebé en brazos de María y de Jesús. Invítalos a todos a que entren en la luz de tu corazón. Aspira ese gran amor que hay en tu corazón y deja que recorra todo tu cuerpo.

Los católicos, que han estado involucrados en un aborto provocado, deben acudir al sacramento de la confesión... y mandar celebrar una misa por el bebé”.

En resumen, creemos que bautizar espiritualmente a estos niños es muy importante para su felicidad y la de su familia, lo que nos indicaría que necesitan ayuda, pues podrían estar, hasta que se les ayude, en un limbo temporal.

PONER UN NOMBRE

Algunos líderes carismáticos y María Simma y el Dr. McAll hablan de la importancia del ponerles un nombre a estos niños para poder identificarlos.

Pensemos que la mayoría de estos niños muertos sin bautismo son abortados, voluntaria o involuntariamente, y nadie se ha preocupado de ponerles un nombre. Normalmente, tampoco se acuerdan de ellos ni oran por ellos. Es por esto que son seres anónimos, N.N., que necesitan ser integrados en su propia familia y tener un nombre como señal de su identidad. Por eso, el ponerles un nombre dentro del marco de una misa celebrada para ellos o en el bautismo espiritual o al orar por ellos y ofrecerlos a Dios, tiene tan maravillosos efectos para toda la familia, que siente una influencia positiva de estos seres, que, a veces, se les aparecen para agradecérselo.

La Hna. Georgina Gamarra, líder del movimiento carismático, cuenta algunos casos, que se los he escuchado personalmente en una charla dada en nuestra Parroquia de la Caridad de Pueblo Libre, en Lima (Perú), y que los ha registrado en un cassette, que esta difundido en los grupos de oración carismática. Veamos:

Su secretaria le dijo que había tenido una pérdida y que nunca le había puesto un nombre a ese niño ni lo había bautizado espiritualmente. Entonces, durante la oración, junto con su esposo, decidieron ponerle un nombre y curiosamente los dos coincidieron en un mismo nombre, a pesar de que no sabían si había sido hombre o mujer. Otro caso es el de aquella pareja de esposos que estaba en una de sus charlas en primera fila, y que habían abortado a dos mellizos. También, de modo admirable, después de haber oído hablar de que debían ponerles nombre, ambos decidieron ponerles los mismos nombres a los dos. Pareciera, dice ella, que alguien guiaba sus mentes.

Otro caso extraordinario es el de aquella mujer que había tenido tres abortos y decidió que plantaría en su jardín tres rosales para no olvidarse nunca de estos niños, a quienes ya había puesto un nombre. Al llegar a su casa, ocurrió algo que la conmovió; su hijo mayor había comprado tres rosales de distintos colores para ella. ¿Quién le había comunicado sus pensamientos a su hijo mayor?

El P. John Hampsch afirma que es muy importante ponerles un nombre a estos niños muertos sin bautismo y ofrecerlos a Jesús. Y cuenta un caso que le ocurrió durante una misa en Canadá. Uno hombre dio el siguiente testimonio:

“Entre 1958 y 1963 mi mujer tuvo cinco abortos. Yo tenía un gran sentimiento de culpabilidad. Ayer cuando Ud. dijo que debíamos poner un nombre a estos niños, nosotros nos sentamos y lo hicimos. Mi esposa puso nombre a tres y yo a dos. Durante la misa (en visión interior) vi a Jesús delante de mí y me dijo que no me preocupara, que no me sintiera mal, porque ya esos cinco niños estaban en sus brazos y a salvo en el cielo. A partir de ese día, nuestro amor mutuo ha crecido inmensamente”.

Nosotros sugerimos una breve oración para estos casos:

"Padre celestial, Padre bueno, gracias por habernos regalado a (decir nombre) como nuestro hijo, que estará contigo para siempre. Perdónanos los errores que hemos cometido. Te lo entregamos en tus brazos divinos por medio de María. Jesús, divino Salvador, bautízalo en tu amor divino y gracias por haberlo salvado y habernos sanado y liberado de nuestra angustia y sentimiento de culpabilidad. Gracias, Espíritu Santo, ven sobre todos nosotros y haznos con nuestro hijo, una familia unida en tu amor, en el tiempo y para la eternidad”. Amén.

CONSIDERACIONES FINALES

Pensemos que cada año hay en el mundo más de sesenta millones de abortos provocados (más de 165.000 cada día) y muchos otros millones de niños muertos antes del uso de razón sin estar bautizados. Pensemos en tantos miles y miles, fecundados “in vitro”, “fabricados” en el laboratorio y después desechados como “material biológico sobrante” o que mueren en experimentos “científicos” o en prácticas de fecundación artificial o de clonación de embriones, y en tantos embriones (seres humanos ya) congelados en bancos de embriones, que no han tenido el calor y el amor de una madre...

Quizás el plan de Dios para ellos era de 80 años y les han cortado la posibilidad de realizarse humana y espiritualmente. Por eso, la Iglesia castiga con excomunión automática (Cat 2272 y canon 1398) a los que procuran el aborto. El aborto es uno de los pecados más graves que se pueden cometer.

Sobre el aborto, es interesante anotar el testimonio de Bernard Nathanson, considerado por muchos como el rey del aborto. En su libro autobiográfico “La mano de Dios”, nos habla de que era el director de la clínica abortista más grande del mundo en Nueva York. Personalmente, dirigió alrededor de 75,000 abortos y con sus propias manos realizó más de cinco mil. Cuenta cómo algunos de sus médicos sufrían pesadillas y gritaban por las noches, hablando de sangre y cuerpos de niños rotos. Algunos de ellos tuvieron que acudir al siquíatra, otros se volvieron alcohólicos, otros tomaban drogas o tuvieron que abandonar la clínica, porque no podían soportar aquella situación.

Él mismo cuenta:

“Me despertaba cada día a las cuatro o cinco de la mañana, mirando la oscuridad y esperando que se encendiera un mensaje declarándome inocente frente a un jurado invisible... Había realizado muchos miles de abortos en niños inocentes y había fallado a mis seres queridos... Cuando escribo esto, yo he pasado por toda la panoplia de remedios seculares: alcohol, tranquilizantes, libros de autoasistencia, consejeros. Incluso me he permitido cuatro años de psicoanálisis a principios de los sesenta... Yo me despreciaba a mí mismo. Quizás había llegado, por fin, al principio de la búsqueda de la dignidad humana”.

Su sufrimiento interior y su ateísmo práctico le llegó a ser insoportable. El peso de su conciencia y la sangre de estos niños que clamaban a Dios como la sangre de Abel (Gén 4,10) parecía que lo iban a volver loco. Y sólo el Amor podía sanarlo. Sí, el Amor con mayúscula, el Amor de Dios. El amor de Dios que salva también a estos niños que viven y mueren sin amor. Él tuvo la gracia de reconocer su error y, a través del video “El grito del silencio”, donde se ve el sufrimiento de estos niños, reconoció que eran seres humanos y que no podía seguir más por ese camino de sangre y violencia, y se convirtió. Él nos cuenta:

“El 9 de diciembre de 1996, a las 7,30 de un lunes, en la solemnidad de la Inmaculada Concepción, en la cripta de la catedral de San Patricio de Nueva York, la ciudad del hombre, el Dr. Bernard Nathanson se convirtió en hijo de Dios, incorporándose al Cuerpo Místico de Cristo en su única Iglesia. El cardenal John O’Connor le administró los sacramentos del bautismo, confirmación y comunión... fue un momento muy difícil. Estaba completamente emocionado. Y después cayó esa fría agua purificadora sobre mí y voces suaves y un inexpresable sentimiento de paz... No puedo decir lo agradecido que estoy ni la deuda tan impagable que tengo con todos aquellos que han rezado por mí durante todos estos años en los que proclamaba públicamente mi ateísmo y mi falta de fe. Han rezado tenaz y amorosamente por mí. Estoy convencido de que esas oraciones fueron escuchadas. Ahora estoy simplemente en las manos de Dios”.

¡Qué transformación tan radical! En el momento de su bautismo, Dios, compasivo y misericordioso, limpió su alma de todos sus pecados y la dejó limpia como la de un niño recién nacido. ¡Qué bella sería su alma en ese momento! ¡Qué grande es el bautismo! ¡Qué maravilloso es nuestro Dios, todo amor y misericordia!

La Madre Teresa de Calcuta, según relatan algunas religiosas de su Congregación, iba a algunas clínicas abortistas a pedir que le regalaran esos abortos, esperando que algunos estuvieran todavía vivos para que los pudieran mecer y acariciar y bautizar y así pudieran morir llenos de amor. Rezaba por todos estos niños abortados, considerándolos como sus hijos y dándoles todo su amor, aun después de muertos, esperando en la misericordia de Dios. Y estamos seguros de que Dios escucharía con agradecimiento su oración, porque creemos que estos niños también se salvan.

Ahora bien, ¿todos se salvan inmediatamente después de su muerte? Hemos dado algunas razones para pensar en la posibilidad de un tiempo de espera para estos niños antes de “entrar” al cielo. Lo de menos es el nombre que le demos a este estado de espera temporal. En él, no solamente hay niños, sino también adultos que, por diversas causas, carecieron del suficiente uso de razón para hacer actos plenamente humanos y, por tanto, para pecar mortalmente y murieron sin bautismo con el solo pecado original. Por ejemplo, muchos enfermos mentales o con graves problemas sicológicos.

Pero ¿cuánto tiempo podrían necesitar para llegar a la plenitud del amor de Dios y “entrar” en el cielo? Depende de cada caso. Los casos más dramáticos son aquellos en que estos niños son consagrados a Satanás y sacrificados por sus propios padres en reuniones satánicas.

La organización Childwatch de Inglaterra afirma que cada año son sacrificados cientos de niños en el mundo en reuniones satánicas, donde hasta beben su sangre y comen su carne (canibalismo). Muchos de estos niños son comprados a sus padres, muy pobres, con la falsa promesa de darles toda clase de comodidades para un futuro mejor.

El abate Florent Milumba Bwasa, vicario general de la diócesis de Libreville (Gabón), ha publicado testimonios de algunos padres de familia, que para conseguir poder, ofrecen y sacrifican a sus propios hijos a Satán (revista “La Lumiére” N° 23 del 4 de noviembre de 1992).

Y estos niños, ¿no sentirán un dolor profundo en su alma, cuando son descuartizados por el aborto? ¿Qué podrán sentir al ver que comen su cuerpo como un manjar delicioso en algunos restaurantes de Taiwán o que los usan como medicina en algunos laboratorios sin el menor respeto ni amor por su persona? Estos niños son tan seres humanos como nosotros y, si su cuerpo es pequeñito, su alma es tan grande como la nuestra. Hombres pequeñitos, pero de alma grande. En estos casos, en que no han sido queridos por nadie y hasta han sido maltratados y rechazados, probablemente necesitarán más tiempo de espera temporal hasta que encuentren alguien que ore por ellos o Dios, en su infinita misericordia, les aplique las oraciones de personas buenas en virtud de la fe y el amor de la Iglesia universal, por los méritos infinitos de Jesús. Por eso, es tan importante ponerles un nombre, celebrar una misa por ellos, bautizarlos espiritualmente, consagrarlos al Señor y orar por ellos.

Ya hemos visto anteriormente cómo, cuando esto ocurre, se produce una especie de “sanación” en su alma, descubren la luz y el amor y encuentran la felicidad del cielo. Y, en ese momento su felicidad pareciera que la contagiaran a sus propios familiares, pues hasta se sanan muchos de ellos de graves enfermedades. De esto hemos hablado ampliamente, al referirnos a las investigaciones del Dr. McAll y otros líderes carismáticos.

Por todo lo cual, creemos que puede existir ese estado temporal de limbo en el que estos niños todavía necesitan nuestra ayuda espiritual para ser liberados y llegar al cielo, donde serán ya plenamente felices por toda la eternidad. Y, desde el cielo, podrán interceder por nosotros y bendecir especialmente a su familia como ángeles y santos de Dios. PALABRAS DE UN NIÑO ABORTADO

“De momento me llamo Nonato (no nacido). Es un nombre genérico. Lo llevo hasta que mi madre me dé un nombre tan pronto como tome conciencia de mí. Por las noticias que tengo, mi padre es un pobre hombre, un irresponsable. Puede servirle como atenuante todo lo que ve cada día en la televisión. ¿Mi madre? Siento una ternura profunda por mi madre... No estoy solo ¿sabes? Si supieras lo numerosos que somos. Ni siquiera cabemos en la catedral... Nosotros somos víctimas de egoísmos infinitos, pero no podemos acusar a nadie. No estamos aquí para eso. Yo no me atrevo a acusar a mi madre, que era tan pobre. La quiero y, pensando en ella, me siento en paz. Nos hemos reunido aquí, en la catedral, para orar y, sobre todo, para amar a quienes nos han hecho daño...

(Y aquellos pequeñines, cansados, se durmieron en paz)”

CARTA DE UNA MADRE A DIOS

“Querido Dios:

He llegado a un momento de mi vida en que te necesito más que en cualquier otro. He abortado a mi hija. Y tengo que vivir con el remordimiento de que yo le quité la vida. Sé que amas, porque amaste a quienes le quitaron a vida a tu propio Hijo Jesús. Necesito creer en tu perdón y en el perdón de mi hija para perdonarme a mí misma.

Ayúdame a sentir tu perdón, Señor, a recuperar mi propia integridad. Estoy destrozada. No permitas que vuelva a alejarme de Ti. No importa las pruebas que me mandes, déjame sentir tu amor. Ayuda a todas las personas que comparten el dolor del pecado que hemos cometido. Cuídanos, Señor, y ayúdanos a sanarnos. Y, sobre todo, cuida a nuestros hijos. Los hemos puesto en tus manos divinas. Permite que María, madre de todos nosotros, los cuide hasta que podamos reunirnos con ellos. Cuéntale a nuestros hijos cuánto los amamos y cuánta falta nos hacen. Gracias, Señor”.

Cathy.

MENSAJE A LOS PADRES DE LOS NIÑOS MUERTOS SIN BAUTISMO

Queridos papás:

Dios les había regalado un hijo, pero en sus planes divinos lo recogió prematuramente. No importa ahora saber, si tuvieron alguna responsabilidad en su partida de este mundo. No importa tampoco saber quiénes tuvieron alguna responsabilidad o negligencia. Lo importante ahora es saber que ese niño, por no estar bautizado, está reclamando el amor y el cariño de sus padres y familiares. Dios quiso que ustedes fueran colaboradores suyos en darle la vida y ahora quiere que también sean sus colaboradores en darle ese amor que necesita para sentirse amado y abrirse al amor y así encontrar la paz y felicidad eterna.

Les recomiendo ponerle un nombre y mandar celebrar una misa por él. Y darle todo su cariño con sus oraciones y obras buenas. Y, cuando conozcan de alguien que perdió también a su hijo, háblenle de darle amor y “bautizarlo con su amor”. Nunca rechacen a los niños. Amen a todos los niños nacidos o por nacer, hagan felices a todos los niños.

Que Dios los bendiga. Que su hijo sea para ustedes como un ángel del cielo que los ayude en su caminar. Saludos del ángel de su hijo.

CONCLUSIÓN GENERAL

LOS NIÑOS MUERTOS SIN BAUTISMO SON SALVADOS POR LA MISERICORDIA DE DIOS Y LOS MÉRITOS INFINITOS DE JESÚS EN VIRTUD DE LA FE DE LA IGLESIA, PERO MUCHOS DE ELLOS PUEDEN NECESITAR DE NUESTRAS ORACIONES, MIENTRAS ESTÉN EN UN ESTADO DE LIMBO TEMPORAL HASTA QUE LLEGUEN DEFINITIVAMENTE AL CIELO.

Después de haber analizado los diferentes aspectos del tema de los niños muertos sin bautismo y, sabiendo que es un tema opinable, dado que la Iglesia no se ha definido todavía dogmáticamente sobre él, consideremos que la posibilidad de la existencia del limbo temporal para la inmensa mayoría de estos niños, es algo más que probable. La Iglesia sólo nos invita a “orar por su salvación” (Cat 1283), abriendo así la posibilidad de que estos niños necesiten realmente de nuestras oraciones.

Además, ya hemos dicho que los que afirman que estos niños son salvados inmediatamente después de su muerte, no pueden probarlo ni con textos de la Escritura ni con textos del Magisterio ni de otra manera. Por tanto, hablando de posibilidades, de ninguna manera se podría descartar la posibilidad de existencia del limbo de los niños temporalmente.

Ya hemos hablado de que, en el caso de algunos de estos niños, cuyos padres son buenos creyentes y han orado por ellos antes de morir, pueden haber ido directamente al cielo. El deseo de sus padres y su oración habría sido para ellos como un bautismo de deseo o un bautismo vicario de deseo, que los habría salvado.

Por otra parte, hemos presentado muchos testimonios de personas dignas de fe sobre la necesidad de oración que tienen estos niños, lo cual nos indicaría que están todavía en un estado de limbo temporal o cielo infantil o cielo natural. Lo de menos es el nombre. El gran misionero carismático P. James Manjackal habla de haberlos visto después de bautizarlos espiritualmente como ángeles o santos del cielo, que vienen a agradecérselo y a prometerle ayuda para su ministerio pastoral a lo largo del mundo.

Ciertamente, es muy consolador para los padres de estos niños, muertos sin bautismo, saber que con un bautismo espiritual o con una misa pueden llevar al cielo a sus hijos y poder contar con su ayuda espiritual, pues serán como angelitos, que bendecirán a toda su familia. Incluso, como dice el Dr. Kenneth Mcall, muchos familiares son sanados de enfermedades, que parecían incurables. Y esto mismo certifican los jesuitas Matthew y Dennis Linn, y otros líderes carismáticos.

Ojalá que los padres de lo niños abortados (voluntaria o involuntariamente) puedan ponerles un nombre, bautizarlos espiritualmente, mandar celebrar una misa por ellos y darles todo su amor, acogiéndolos como parte de su familia. Deben pensar que no es lo mismo haberles dado la vida que no haberlos tenido nunca. Un hijo es una bendición de Dios y, si este hijo está en el cielo, intercederá y obtendrá infinidad de bendiciones para toda familia. Ojalá que haya también muchos padres espirituales, que adopten a estos niños como hijos y oren por todos los niños del limbo.

¿Te imaginas la sonrisa de sus ángeles custodios el día en que estos niños sean salvados y entren en el cielo con su corazón lleno de amor? ¿Te imaginas la alegría del Padre Dios? ¿y de María, nuestra Madre?

Yo me imagino que el día en que entren al cielo y vean a su Padre Dios y a una multitud de hermanos que los esperan, se sentirán tan felices que sonreirán con toda su alegría y bendecirán a sus familiares y a sus padres adoptivos, si los hubiere. Y ¿qué puede haber más hermoso que la sonrisa de un niño pequeño que ríe feliz? Haz felices a estos niños y Dios te lo premiará y tendrás unos grandes amigos en el cielo.

“Ya hace mucho tiempo he tenido revelación sobre el estado de estos niños que mueren antes del bautismo. No puedo explicar con palabras aquello en lo que veo consistir su pérdida, pero me siento tan conmovida que siempre que vengo a saber de un caso semejante me ofrezco a Dios con la oración y el sufrimiento para satisfacer y expiar por aquello que otros han descuidado a fin de que el pensamiento y el acto de caridad que yo hago puedan compensar lo que falta en virtud de la comunión de los santos” (12-4-1820). “Se debe orar especialmente para que ningún niño muera sin bautismo” (12-1-1820).

(Beata Ana Catalina Emmerick)

“Las almas santas me dicen que los niños nacidos muertos o abortados no van al paraíso ni al purgatorio. Van a un lugar intermedio que se puede llamar limbo o cielo infantil. La responsabilidad de llevarlos al cielo está en nosotros. Lo podemos hacer, bautizándolos espiritualmente o mandando celebrar una misa por ellos”.

(María Simma)

“Yo he oído a mucha gente que me ha dicho que ha visto a los niños muertos sin bautismo como ángeles y santos después de haber sido bautizados en espíritu. Algunos dan testimonio de que, cuando necesitan algo, ellos lo piden por intercesión de estos niños ya salvados.

Varias madres han tenido la experiencia de que sus niños han venido a darles su perdón y a consolarlas. Yo conozco a mucha gente que tiene contacto con estos niños salvados.

Yo también los he visto, después de bautizarlos, con las caras resplandecientes y me han prometido ayuda espiritual".

(P. James Manjackal) “Estoy recogiendo de todas partes del mundo a mis niños más pequeños para reunirlos en mi escuadrón y depositarlos en lo profundo de mi Corazón Inmaculado. Hijos predilectos, escuchen su voz que invoca su ayuda, corran a su encuentro, tómenlos en sus brazos y llévenlos todos a su Madre celestial. Pequeños son para Mí todos los niños ya concebidos, cuyas vidas son voluntariamente destrozadas desde las entrañas de sus madres. El amor y el ansia de su Madre celestial y de la Iglesia por su salvación, así como su sangre inocente derramada por los que desprecian y desobedecen la ley de Dios, es ya un bautismo de deseo y de sangre, que los salva a todos” (8 setiembre 1983).

(La Virgen María al Padre Esteban Gobi) BIBLIOGRAFÍA

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