La Sábana Santa de Turín es Auténtica

Libro del Padre Angel Peña O.A.R.

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LA SÁBANA DE TURÍN ES AUTÉNTICA

Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto

Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca (Perú)

ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN

La Sábana Santa. Historia de la Sábana Santa. La prueba del carbono 14. Más pruebas. Las monedas, el polen y las fotografías. El Santo Sudario de Oviedo. La pasión de Jesús. La resurrección.

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN

En este libro queremos aclarar muchas cosas que la mayor parte de la gente desconoce. Para muchos, hablar de la Sábana Santa es hablar de algo falso, que equivocadamente se había tenido por ser la sábana que había envuelto el cuerpo de Jesús y cuya imagen había sido grabada milagrosamente en ella. Así se había creído durante siglos hasta que la "ciencia” descubrió en 1988 por la prueba del carbono 14 que era una falsificación del siglo XIV y no podía ser la Sábana Santa de Cristo.

Así lo publicaron y lo repitieron hasta la saciedad los periódicos y medios de comunicación del mundo entero, como queriendo ridiculizar las supersticiones de la Iglesia católica una vez más. Pero las cosas no son así de fáciles. El método del carbono 14 es un método científico, por supuesto, pero esto no significa que sus datos sean siempre válidos. Está comprobado que no es muy fiable en bastantes casos, al estar influenciado por distintas variables extrínsecas, y que dan lugar a una gran cantidad de errores en los resultados. Los mismos laboratorios que hicieron las pruebas daban un margen de error del 5%.

Además, la datación por medio del carbono 14 no concuerda con las demás pruebas científicas que se han hecho durante los últimos cien años sobre la sábana, realizadas por prestigiosos científicos de distintas ramas de la ciencia, cuyos resultados indiscutibles no se pueden negar.

Buscando aclarar estas cosas, este libro presenta una visión global e integral de todos los estudios científicos realizados sobre la Sábana Santa. Daremos razones convincentes de por qué la datación que se hizo utilizando el método del carbono 14 no tiene validez, como aseguran muchos sindonólogos (científicos expertos en la Sábana Santa). Presentaremos todos los estudios que demuestran que la sábana es auténtica, es del siglo I y es la misma sábana que envolvió el cuerpo de Cristo. La importancia de este hecho es transcendental. En ella podemos apreciar hoy día el mismo rostro de Jesús, tal como lo vieron los apóstoles y la misma Virgen María. Es un auténtico retrato que el mismo Jesucristo nos ha querido dejar de todo lo que hizo por nosotros.

LA SÁBANA SANTA

La Sábana Santa es un lienzo rectangular de lino de 436 por 110 centímetros. Es lino puro, como ha confirmado el investigador italiano Baima Bollone, analizando el tejido al microscopio óptico y electrónico, tiene diseño de espina de pescado y en él, sobre un mismo lado de la tela, están impresas tenuemente las imágenes frontal y dorsal de un hombre de tamaño natural. Para verlas mejor hay que situarse a unos tres metros o más de distancia. La tradición afirma que está sábana es la misma en que fue envuelto Jesús después de muerto, siguiendo las costumbres de los judíos. Estuvo colocado en ella desde que fue colocado en el sepulcro hasta su resurrección. El tiempo suficiente para que el cadáver no se corrompiera y no se distorsionara la imagen que tiene impresa. En la Sábana Santa aparecen además muchas manchas de sangre.

La sábana, en italiano, se denomina síndone, de ahí que la ciencia que lo estudia se conoce como sindonología. Lo que más impresiona al ver la imagen durante las ostensiones públicas es que la imagen está en negativo. Por eso, al sacar fotografías, salen en positivo. Por otra parte, la imagen del hombre de la Sábana Santa o síndone es como un reportaje gráfico de la pasión de Jesús tal como es narrada en los Evangelios. Y algo asombroso, tal imagen es tridimensional, algo que no tiene ninguna fotografía, pues la intensidad de la luz está en proporción inversa al contacto que tuvo el cuerpo del crucificado con la sábana. De ahí que las fotografías tridimensionales, que se han tomado con los modernos aparatos, dan la impresión de un hombre vivo con gran majestad y dignidad.

No hay en el mundo ningún tejido con huellas semejantes y, por más que se ha intentado hacer algo parecido, nunca se ha podido lograr. El hecho de que la imagen no sea una pintura, sino algo parecido a una quemadura causada por una radiación -tal como descubrieron los científicos de la NASA, Jackson y Jumper- y, además realizada en negativo y tridimensional, es algo inexplicable. De ahí el enorme interés de los científicos por conocer cómo se ha podido originar semejante imagen.

Unos dicen que la imagen se formó por el contacto del cuerpo del crucificado con la síndone y la mezcla de mirra, sudor, sangre y áloe de su cuerpo. Pero para que esto fuese factible, el contacto sólo habría podido ser de algunas horas. Si hubiesen sido más, el cuerpo se hubiera descompuesto y hubiera destruido la posible imagen.

Otros afirman que los vapores emanados del cadáver con la solución de mirra y áloe provocaron la imagen. Algunos dicen que se formó por la rápida deshidratación y oxidación de las fibras de la celulosa del tejido. Y hay quienes hablan de un tipo de energía térmica o electromagnética que la formó. Pero ¿cuándo?, ¿en el momento de la resurrección?...

La imagen posee una absoluta estabilidad química. El colorido pardusco amarillo que forma la imagen no puede disolverse, decolorarse o alterarse mediante reactivos químicos conocidos. Sólo puede destruirse. No hay rastro de pigmento en la imagen. No hay rastros de pintura, tinte, oxido, tierra…

Esta característica de ser indeleble (también la sangre) y que ha resistido tantas vicisitudes adversas, como incendios, durante dos milenios, además del desgaste natural producido por el continuo roce del lienzo consigo mismo, ha hecho que este lienzo sea cuando menos maravilloso y con características fuera de lo común.

El hombre de la síndone mide aproximadamente 1,80 m. de estatura. La sangre que mancha la tela en distintos lugares es humana, del grupo AB, muy común entre los judíos, pero rara en otros lugares del mundo; ya que en proporción mundial a los otros grupos sanguíneos, sólo constituye el 3,2%. Es el mismo grupo sanguíneo de la sangre del milagro eucarístico del siglo VIII de Lanciano en Italia, según las investigaciones realizadas en 1970 por el doctor Odoardo Linoli. El doctor Baima Bollone, después de exhaustivos estudios con hilos tomados de la síndone en 1978, determinó que la sangre era del grupo AB.

En agosto de 1981, el doctor Adler, en el Congreso de la Sociedad canadiense de ciencias médicas y forenses, afirmó que había llegado a los mismos resultados que el doctor Bollone sobre la sangre AB de la Sábana Santa.

Actualmente, la síndone se encuentra en Turín y es propiedad de la Santa Sede desde que en 1983 se la dejara en herencia al Papa el último rey de Italia Humberto II de Saboya.

HISTORIA DE LA SÁBANA SANTA

Dice el Evangelio que José de Arimatea se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús y bajándolo lo envolvió en una sábana y lo depositó en el sepulcro cavado en la roca (Lc 23, 52-53). Esta sábana, después de la resurrección de Cristo, fue conservada como una reliquia sagrada por los cristianos. Hay una tradición que afirma que san Judas Tadeo la llevó a Edessa, actual Urfa en Turquía, y la entregó al rey Abgar de Edessa, que había escrito una carta a Jesús para que fuera a sanarlo. En 1878, se descubrió en San Petersburgo, Rusia, un manuscrito siríaco del siglo VI que aseguraba explícitamente ser una copia fiel de un original antiguo, que se encontraba en los archivos reales de Edessa. Este documento es conocido como Doctrina de Addai. Según el relato contenido en él, el rey Abgar V Ukhamn (9-46 d.c.) recibió de un tal Tadeo (Judas Tadeo) un lienzo traído de Jerusalén con la imagen del Señor. La tradición cristiana confirma que el apóstol Tadeo fue a Edessa.

Una religiosa española, la famosa Egeria, que peregrinó a Palestina en el siglo III, cuenta en su Diario que en su visita a Edessa tuvo en sus manos una carta del rey Abgar a Jesús, pidiéndole que lo sanase de lepra.

San Eusebio de Cesarea, el mejor historiador de los primeros años del cristianismo, considerado como el padre de la historia eclesiástica, dice haber visto una carta de Abgar a Jesucristo, pidiéndole que fuera a curarle de la lepra. Jesús le contesta que no puede ir, pero que enviará más adelante a un discípulo suyo que lo curará. Estas cartas, asegura san Eusebio, haberlas visto personalmente en los archivos de Edessa y dice que él las tradujo al griego.

Al morir el rey Abgar V, le sucedió su hijo que, a los pocos años fue destronado por su hermano o primo, que apostató del cristianismo y volvió a la idolatría, comenzando una persecución contra los cristianos. Entonces, el obispo de Edessa mando ocultar el Mandylion (síndone) en un hueco de las murallas. Con el tiempo, desapareció el conocimiento de dónde estaba hasta el año 525 en que vino una enorme riada que causó más de 30.000 víctimas y destruyó casi todos los edificios de la ciudad. Durante la restauración, apareció en la muralla el nicho con la urna de Mandylion, tras permanecer oculto más de 450 años. La noticia corrió por toda la cristiandad, y el emperador Justiniano de Constantinopla envió el año 527 el dinero necesario para que se construyese una catedral para conservar dignamente la reliquia. La catedral, en agradecimiento al monarca, se llamó santa Sofía, como la iglesia de santa Sofía de Constantinopla.

Un obispo de Edessa, relató años después que el Mandylion, llevado procesionalmente por las murallas de la ciudad el año 544, los libró del ataque de los persas del rey Cosroes. Al día siguiente, se declaró un incendio en el campamento persa, así como una epidemia de peste, y tuvieron que levantar el cerco.

Los árabes conquistaron Edessa el año 639. La catedral de santa Sofía de Edessa fue respetada con su Mandylion. El año 944, e1 emperador de Constantinopla Romano I Lecapeno logró adquirir el Mandylion pagando a los árabes doce mil denarios de plata y la entrega de 200 apreciados prisioneros sarracenos. Ese año 944 emprendió el Mandylion su camino hacia Constantinopla. Según el investigador Georges Gharib, profesor de Marianum de Roma, son varios los códices que existen en Bizancio que refieren este traslado así como la fiesta anual que se estableció para conmemorar la llegada de la reliquia a Constantinopla. Estos códices son ocho o nueve, unos en griego y otros en traducciones al eslavo, árabe, etc. La fiesta se celebraba el 16 de agosto.

Según el códice Sinassarium, durante el trayecto de Edessa a Constantinopla, la síndone realizó muchos prodigios. Llegaron el 16 de agosto del 944 y fue recibida por el emperador con toda su corte y todas las autoridades principales, con el pueblo entero y el repicar de las 400 iglesias de la ciudad.

A partir de su estadía en Constantinopla, ya no se habla de ella como Mandylion sino como Sábana Santa. La fiesta, que se celebraba cada año el 16 de agosto para celebrar la llegada de la síndone a Constantinopla, nunca tuvo detractores. Y, desde ese momento, es mencionada en muchos códices antiguos. En el año 958, el emperador Constantino VI anunció a sus tropas el envió de agua consagrada por el contacto de varias reliquias, entre las que estaba “la sábana que ha llevado Dios”.

En Constantinopla permaneció la síndone hasta 1204. En una carta del año 1095, escrita por el emperador bizantino Alejo I Comneno (1080-1118) a su amigo Roberto de Flandes, le habla del lienzo de lino que estaba en la tumba de Cristo después de la resurrección.

En el año 1147, el rey de Francia Luis VII venera la Sábana Santa en su visita oficial a Constantinopla, camino de Tierra Santa.

El Papa Inocencio III hizo un llamado para la IV cruzada y los cruzados se reunieron en Venecia el año 1202. Querían servirse de la flota veneciana para llegar hasta Egipto, pero no podían pagar el precio. Entonces, se llegó a un acuerdo, los cruzados serían transportados a Egipto, pero primero realizarían algunos servicios a la República de Venecia. Entre estos servicios, estaba la toma de la rebelde ciudad cristiana de Zara y el restablecimiento en el trono de Constantinopla del emperador Isaac II, amigo de los venecianos, que había sido expulsado por un usurpador. Una vez que fuera emperador, sería él quien pagase el transporte de los cruzados.

Pero las cosas se complicaron y, después de ocupar el trono Isaac II, no pudo pagar el precio convenido. Entonces, el 12 de abril de 1204, los cruzados, apoyados por los venecianos, tomaron y saquearon la ciudad de Constantinopla y se llevaron entre otras reliquias la Sábana Santa. El imperio bizantino se lo repartieron entre los principales jefes de la Cruzada y así constituyeron un reino latino que apenas duró 57 años, entre 1204 y 1261. Uno de los principales jefes, Otto de la Roche, tomó posesión de Atenas y parece que allí se llevó la Sábana Santa.

El 1 de agosto de 1205, Teodoro, nieto del emperador destronado Isaac II, escribió una carta al Papa Inocencio III, donde lamenta los robos hechos por los cruzados y dice: A Inocencio, señor y pontífice de la antigua Roma, larga vida. Teodoro Angelo, hermano de Miguel, señor del Egipto, y en su nombre propio.

En el año en curso, en el mes de abril, el ejército cruzado partido con el falso intento de liberar Tierra Santa, vino a saquear la ciudad de Constantinopla. Durante el saqueo, los soldados venecianos y francos hicieron presa también en los lugares sagrados. Los venecianos tomaron en el reparto los tesoros de oro, plata y marfil; los francos, las reliquias de los santos y la más sagrada de ellas, el lienzo con el cual fue envuelto después de la muerte y antes de la resurrección Nuestro Señor Jesucristo. Sabemos que las cosas sagradas están conservadas en Venecia, en Francia y en otros lugares. El sagrado lienzo está en Atenas.

Quédense con el oro y la plata los expoliadores, pero devuélvannos lo que consideramos sagrado, para lo cual mi hermano y señor ha puesto la máxima confianza en la intervención de la autoridad. A través de esta autoridad, la restitución no puede faltar. El pueblo espera con fe que tú influyas y tú seguramente lo escucharás. Roma, 1 de agosto de 1205.

Esta carta fue hallada por el doctor Pasquale Rinaldi en el archivo eclesiástico de santa Catalina de Formiello en Nápoles, en un antiguo legajo de unas antiquísimas cartas que habían formado parte del Chartularium culisanense.

Monseñor Benedetto d'Acquisto, arzobispo de Monreale, gran historiador y de crédito científico indudable, mandó en 1858 hacer copia de los folios más importantes del Chartularium. Y estas copias de Monseñor D'Acquisto, firmadas por él, son las que fueron encontradas. La que hemos anotado, que le escribió al Papa Inocencio III el nieto del emperador, está fechada el año 1205 y en ella se dice que el lienzo sagrado fue llevado a Atenas. Quizás los caballeros templarios, según algunos autores, la guardaron en secreto, llevándola después a Chipre; pues, según el palinólogo Max Frei, se ha encontrado en la síndone polen exclusivo de plantas de la isla de Chipre.

Pero la Orden de los templarios fue disuelta en 1312. El rey de Francia, Felipe IV el Hermoso, se apoderó de sus tesoros, entre los que estaría la síndone. En 1349, e1 rey Felipe VI de Valois, le regala la Sábana Santa a Godofredo II de Charny. El acta real de cesión firmada por el propio rey, existe todavía en la biblioteca nacional de París y dice: El conde Godofredo de Charny, señor de Lirey, recibió en recompensa de su valor del rey Felipe VI de Valois la Sábana Santa de Nuestro Señor Jesucristo junto con un notable trozo de la verdadera cruz y muchas otras reliquias para ser conservadas en la iglesia que espera construir en honor de la gloriosa Virgen María, fechado en 1349.

Así aparece la síndone en Lirey, Francia, teniendo como primer propietario documentado a Godofredo de Charny, quien en Lirey hizo construir una iglesia bajo el título de la Anunciación de la Virgen María y que se terminó en 1353. Parece ser que su hijo cedió la Sábana Santa a la colegiata de Lirey, donde estuvo durante 50 años, pero hubo conflictos sobre la posesión de la reliquia entre los canónigos y la familia de Charny.

Margarita de Charny se llevó la Sábana Santa por distintos lugares de Francia, perseguida por los canónigos que consideraban suya la santa reliquia. Al final, para solucionar el problema, se la regaló o vendió en 1453 a los duques de Saboya en Ginebra. Los canónigos de Lirey se contentaron con recibir una pensión anual, según consta en un documento redactado en París el 6 de febrero de 1464. Entonces la Sábana Santa fue colocada en el castillo de Chambéry, capital de Saboya, el 11 de junio de 1502.

En 1509, Margarita de Austria regaló una urna de plata para que fuera conservada la Sábana Santa. En la noche del 3 al 4 de diciembre de 1532 se declaró un incendio en la sacristía de la santa capilla. El calor llegó a los 900 grados, que es el punto de fusión de la plata, y ésta comenzó a fundirse. El canónigo Philibert Lambert, ayudado por dos franciscanos de Santa María Egipciaca y un herrero, rompió a golpes de martillo el enrejado de hierro ya incandescente que protegía la hornacina, y lograron rescatar el relicario donde se guardaba la síndone, cuya plata se estaba empezando a derrretir. El calor había chamuscado fuertemente los bordes de los 48 pliegues en que estaba doblada y unas gotas de plata derretida taladraron, quemaron y agujerearon, uno de los ángulos de todos y cada uno de los dobleces del lienzo, haciendo dieciséis orificios y destruyendo la parte de la imagen de los brazos, desde el codo hasta la parte de los hombros de ambas figuras de la síndone. Además, los cubos de agua que echaron sobre la urna dejaron sobre el lienzo unas figuras romboidales, pero la parte principal de la imagen se salvó.

Del 15 de abril al 2 de mayo de 1534, las religiosas clarisas de Chambéry, por encargo del duque de Saboya Carlos III (1504-1553), remendaron con triángulos de lino blanco los orificios que había hecho la plata fundida. Lo hicieron bajo la guía de la abadesa Louise de Vargin y remendaron la Sábana Santa con agujas de oro, de rodillas, y a la luz de las velas.

El 14 de setiembre de 1578, Manuel Filiberto de Saboya la transportó a Turín, nueva capital de Saboya, para acortar el viaje que hacía a pie san Carlos Borromeo, cardenal de Milán, para venerar la santa reliquia según un voto que había hecho, si se retiraba la peste de la ciudad de Milán, como así ocurrió.

Los duques de Saboya pidieron al religioso teatino Guarino Guarini (1624-1683) la construcción de una capilla donde estaría la síndone. Guarini construyó una capilla, considerada en ese tiempo como la creación arquitectónica barroca más extraordinaria. Esta fantástica capilla fue destruida en el incendio de la noche del 11 al 12 de abril de 1997. Allí estuvo la síndone desde 1694 hasta 1997; más de 300 años. En el último incendio, un bombero, Mario Trematore, pudo quebrar con un hacha el vidrio antibalas de la urna que tenía 40 milímetros de grosor y sacó a hombros el cofre que contenía la síndone, momentos antes de que se derrumbase el techo de la capilla.

A lo largo de los siglos ha habido muchas ostensiones públicas de la Sábana Santa, especialmente con ocasión de acontecimientos importantes como las de bodas o subidas al trono de los reyes. Así ocurrió en 1898 con ocasión de las bodas del rey Víctor Manuel II con Elena de Montenegro. La ostensión fue del 25 de mayo hasta el 2 de junio y, en esta oportunidad, el abogado Secondo Pia pudo sacar sus famosas fotografías y comprobar que la imagen original de la síndone estaba en negativo.

Otra ostensión tuvo lugar del 3 al 24 de mayo de 1931. En esta oportunidad, fue fotografiada por el famoso fotógrafo italiano José Enrie. Otra ostensión ocurrió en 1933 por el Año Santo. Otra muy importante tuvo lugar en 1978. En esta ocasión, fue investigada por 40 científicos, especialmente por el grupo norteamericano formado por 32 científicos, llamado STURP (Shroud of Turin Research Project: Proyecto de investigación sobre la Sábana Santa de Turín). Otra ostensión tuvo lugar del 18 de abril al l4 de junio de 1998 y otra del 12 de agosto al 22 de octubre del año 2000 con ocasión del jubileo.

Actualmente, se encuentra desde abril de 1998 debajo de la tribuna real de la catedral de Turín. La síndone está dentro de una urna, especie de conteiner de alta tecnología con todas las condiciones apropiadas para evitar accidentes como los ya sufridos. En la parte exterior, están las palabras latinas: Tuam sindonem veneramur, Domine, et tuam recolimus Passionem (Veneramos tu sábana, Señor, y a través de ella meditamos en tu pasión). Es propiedad desde 1983 de la Santa Sede, aunque el cardenal de Turín es el custodio pontificio de la síndone.

LA PRUEBA DEL CARBONO 14

El 13 de octubre de 1988, el cardenal arzobispo de Turín Anastasio Ballestrero, en rueda de prensa, dio a conocer los resultados del estudio de la Sábana Santa realizado por el método del carbono l4 en los laboratorios de Zúrich (Suiza), de Oxford (Inglaterra) y de Tucson (USA). Los tres coincidieron en lo fundamental y determinaron que la imagen de la Sábana Santa había sido impresa entre los años 1260 y 1390. Si eso era cierto, quería decir que la Sábana Santa no era la sábana con que cubrieron el cuerpo de Jesús en el sepulcro y, por tanto, que era una falsificación del siglo XIV. De ahí que la mayor parte de los medios de comunicación masivos, orquestados por los ateos y anticlericales, informaron abiertamente que la Iglesia católica, una vez más, había fomentado una superstición que se demostraba científicamente falsa.

Para la mayor parte de la gente, el asunto quedaba ya cerrado y con la declaración del cardenal de Turín, parecía que la misma Iglesia aceptaba los resultados y todo quedaba solucionado. Pero debemos aclarar varias cosas. En primer lugar, el método del carbono 14 no es totalmente fiable y, por tanto, aunque sea “científico” entre comillas, no quiere decir que sus resultados sean necesariamente verdaderos. Los mismos laboratorios, al dar la noticia, hablaban de una probabilidad de un 95%, reconociendo un posible error de 5%.

Ha habido demasiados errores y demasiado grandes para que este método no se pueda poner en duda. Por ejemplo, el director del laboratorio de Zúrich, que fue uno de los que intervinieron en la datación, manifestó que aplicó este mismo método a un mantel de lino que había pertenecido a su suegra. El mantel tenía una edad aproximada de 50 años y el método del carbono 14 le dio una datación de 350 años.

El laboratorio de Tucson, otro de los que intervino en la datación, aplicó el método a un mantel actual y dictaminó que tenía varios siglos de existencia. Al laboratorio de Zúrich se le dio un cuerno de la época vikinga y determinó que pertenecía a un animal que moriría el año 2006. ¡Gravísimo error! La revista Science de diciembre de 1988 hablaba de la datación por este método de unos caracoles vivos como si tuvieran 26.000 años de antigüedad.

En el museo de Manchester, en Inglaterra, se conserva una momia envuelta en lino y, al ser sometidos a la radiodatación, resultó que la tela que lo envolvía era 1.000 años más reciente que la momia, lo que evidentemente era imposible. Para unas muestras de una foca que acababa de morir, dieron una antigüedad de 1.300 años; y 7 rocas de la era terciaria resultaron, según este método, ser mucho más antiguas que la misma tierra.

Por eso y por mucho más, el doctor Willard Frank Libby (1908-1980), premio Nóbel de 1960, por la invención de este método de datación del carbono 14, ya había anunciado que los resultados de este método no podían aplicarse a la Sábana Santa, pues había muchos factores que debían tenerse en cuenta a riesgo de que los resultados fueran equivocados, como sucedió. Por ejemplo, al datar arboles vivos al borde de una carretera, pueden dar que tienen millones de años, porque el humo de los escapes de los coches ha introducido carbono fósil de millones de años (los del petróleo) y así los datos que aportan resultan erróneos.

Por ello, los doctores Gove y Hardbottle escribieron al Papa para aconsejarle que no se hiciera esa prueba. El doctor Gove es nada menos que el coinventor de la variante AMS (Accelerator Mass spectrometer) del método del carbono 14, que fue la única prueba que realizaron los tres laboratorios; por lo que al realizar las mismas pruebas con el mismo método, es como si hubieran hecho una sola prueba. Además, una sola prueba no puede invalidar las miles de pruebas que cientos de científicos prestigiosos han realizado durante más de un siglo de estudio y que certifican que la Sábana Santa es auténtica y es del siglo I.

Veamos en qué consiste el método del carbono 14. Las plantas absorben el anhídrido carbónico del aire y de él sacan el carbono necesario para vivir. Una parte infinitesimal del carbono del aire no es el carbono normal de peso atómico 12, sino carbono 14, un isótopo radiactivo formado en la alta atmósfera por efecto de los rayos cósmicos. El carbono 14 se desintegra pasando a carbono 12. Esta transformación es muy lenta. Para que la cantidad de carbono 14 se reduzca a la mitad, deben pasar 5.730 años.

Cuando la planta muere, deja de absorber carbono, quedándose con el que tenía, pero cada día, por desintegración radioactiva, va teniendo menos carbono 14. De ahí que, midiendo la cantidad de carbono 14 que tiene un tejido y comparándola con la de carbono 12, se puede conocer su edad. Esto mismo ocurre con cualquier ser vivo. Al morir, cesan los cambios metabólicos y el carbono 14 va disminuyendo progresivamente con el tiempo. Conociendo la cantidad inicial que tenía y midiendo la que tiene actualmente se puede calcular el tiempo transcurrido desde la muerte del organismo a la fecha actual.

Pero este método tiene sus límites como han dicho claramente sus inventores. Para que este método sea fiable, hace falta que la muestra haya estado aislada de todo ambiente contaminante desde el principio hasta el momento en que se hace la prueba. Estas condiciones se darían, por ejemplo, con una momia que ha estado encerrada en un sepulcro y, al sacarla se le hace la prueba. Pero la Sábana Santa ha estado durante siglos expuesta el aire libre y a que la tocaran con las manos muchos devotos, habiendo recibido el impacto negativo de tres incendios y de muchos hongos y bacterias.

Veamos cómo se realizaron las pruebas. Las muestras para la datación fueron tomadas en la sacristía de la catedral de Turín por un equipo constituido por los profesores Testore, Gonella y Riggi en presencia del cardenal Anastasio Ballestrero, arzobispo de Turín y custodio de la síndone. Estaban presentes algunos sacerdotes y representantes del Ministerio de los bienes culturales de Italia. También estaba el doctor Tite, director del British museum, supervisor y garante de las operaciones a realizarse. El doctor Tite estaba acompañado de los responsables de los laboratorios encargados de la ejecución de los exámenes del C-14. Eran el Profesor Hall y Hedges de la universidad de Oxford; Woelfli de Zúrich, y Damon y Donahue de la universidad de Tucson, de Estados Unidos.

Las muestras fueron sacadas del ángulo superior izquierdo. A cada uno de los tres laboratorios se les dio una muestra de unos 50 miligramos de tejido. Pero hubo graves irregularidades. Los laboratorios impusieron como obligatorio estar presentes en el acto de sacar las muestras, pero se negaron a que ningún representante del cardenal o científicos de otros lugares estuvieran presentes en las pruebas de laboratorio. Este secretismo a la hora de hacer las pruebas es simplemente incomprensible, porque no hay ningún motivo para que tengan que ocultar nada; más bien deberían haber estado los trabajos a la vista de cualquiera, por el bien de la ciencia, para que otros científicos pudieran repetir la prueba y confirmar los resultados.

Por otra parte, se habían comprometido a no divulgar los resultados antes de comunicárselos al cardenal de Turín, sin embargo, llegaron a los periódicos antes de tiempo. El 26 de agosto de ese año, ya se hablaba de fraude. El periódico The Sunday times publicaba en primera página el 18 de septiembre de 1988: «Oficial, la Sábana Santa de Turín es un fraude». Esto ocurrió antes de que se le comunicasen los resultados al cardenal, quien los dio a conocer al público el 13 de octubre.

Además los tres laboratorios intercambiaron información en contra de lo pactado, pues se quería que cada laboratorio hiciera las pruebas de modo independiente. Por estos motivos, a los sindonólogos les disgustó tremendamente la falta de transparencia en las pruebas realizadas y que no hubiesen querido aceptar ningún observador externo. El Papa Juan Pablo II, refiriéndose a este asunto, en una entrevista concedida a los periodistas, mientras viajaba en el avión que lo llevaba a Madagascar el 28 de abril de 1989, declaró lo siguiente: La cuestión está abierta a todos los que quieran demostrar la autenticidad. Yo creo que es una reliquia. En 1990, la Santa Sede afirmó que los resultados de datación eran, cuando menos, extraños.

Así que la cuestión queda abierta y diversos científicos, expertos en la materia, ya han objetado serias razones sobre la validez de tales pruebas. El gran experto ruso en radiodatación, doctor Dimitri Kouznetzov, afirmó que los tejidos de lino, sometidos a altas temperaturas por tiempos suficientemente largos, dan lugar a un rejuvenecimiento del radiocarbono del tejido. En el Congreso sobre la síndone realizado en San Marino en 1996, expuso sus investigaciones. Y para confirmar su teoría, envió a los tres laboratorios citados una tela de lino del siglo I procedente de Palestina. Los resultados del carbono 14 dieron que tenía una edad entre el año 100 a.C. y el 100 d.C. Pero ese mismo trozo de tela lo metió en un cofre de plata y reprodujo las condiciones del incendio de Chambery de 1532 y, al hacer la nueva datación, los mismos laboratorios contestaron que era un tejido del siglo XIV, con lo que comprobó claramente la equivocación de los tres laboratorios, ya que el incendio sufrido en Chambery (aparte del de Constantinopla hacia el año 1.200) había influido en el rejuvenecimiento de la Sábana Santa, dando resultados erróneos.

El mismo doctor Kouznetzov, en unión con el doctor Andrei Ivanov del centro de investigaciones Sedov de Moscú, siguieron haciendo otros experimentos con tejidos provenientes del Mar Muerto, cuya datación mediante el C-14 daba 2.175 años; los sometieron al calor y a las mismas condiciones del incendio de Chambery, y la nueva datación se redujo entonces a 800 años, es decir, había rejuvenecido la tela 1.375 años.

Por otra parte, el doctor L. Garza-Valdés, microbiólogo de la universidad de San Antonio (Texas), ha descubierto que la presencia de microorganismos vivientes tales como la lichenothelia, puede disminuir la radiodatación.

¿Cómo se explica esto? Se da el nombre de patina bacteriana a la capa compuesta de hongos y bacterias que se adhiere a un objeto, resultante de su uso normal y de su exposición a la atmósfera durante mucho tiempo. Pues bien, el doctor Garza-Valdés estudió la patina bacteriana de siete objetos precolombinos, a los que aplicó 12 métodos diferentes de datación. Pudo así comprobar como la presencia en ellos del hongo lichenothelia y de la bacteria Rhodococcus, producían un rejuvenecimiento de la radiodatación.

También estudió una muestra de la Sábana Santa, que recibió del famoso investigador y sindonólogo padre Giovanni Ricci, encontrando los mismos microorganismos que en los objetos mayas, lo que explicaría la datación errónea realizada mediante el C-14. Según él, la limpieza que hicieron los laboratorios no era eficaz contra el hongo y la bacteria citados.

Efectivamente, en 1993 el profesor L. Garza-Valdes dio cuenta del descubrimiento de una patina bacteriana de 1 a 500 micrones sobre las fibras del lino, que hizo variar los resultados de la edad carbónica atribuida a la sábana. Este revestimiento bioplástico, que a través de los siglos se fue transformando en un barniz continuo, pudo hacer variar la fecha de la sábana, incluso en mil años. El testimonio más elocuente al respecto, es el de Harry Gove: «la técnica usada para fechar con el radiocarbono la Sábana Santa de Turín, en 1988, la inventé yo en mi laboratorio con algunos colegas. Yo fui el responsable del acuerdo de que se utilizara este método en los tres laboratorios de Tucson, Oxford y Zurich (...). Durante muchos años después de estos exámenes he seguido convencido del resultado. Sin embargo, recientemente el doctor Garza-Valdés de San Antonio, Texas, ha ofrecido pruebas consistentes respecto a un tipo de contaminación de carbono producida en los hilos del Santo Sudario, por cierto tipo de bacterias, que los métodos de limpieza usados en los tres laboratorios pueden no haber eliminado. Este revestimiento, según su espesor, puede haber falseado la fecha que dieron los tres laboratorios».

El rejuvenecimiento de la datación por la presencia del hongo lichenotheclia explicaría también la datación mediante el C-14 de una momia egipcia de Ibis, en la que las vendas resultaban 800 años más jóvenes que los huesos. El doctor L. Garza-Valdés pudo comprobar que las vendas contenían lichenothelia. Limpió las vendas con una enzima especial, que elimina los productos bacterianos y los hongos, y la nueva datación de las vendas concordó con la de los huesos.

Por todas estar razones, el doctor L. Garza-Valdés ha llegado a la siguiente conclusión: Mis investigaciones indican que la Sábana Santa es muy anterior a la fecha dada en la datación del carbono 14.

Hasta ahora, nadie ha estudiado de modo completo las bacterias y hongos de la Sábana Santa. Algunos de estos hongos y bacterias pueden dañar el tejido, ya que absorben mucho anhídrido carbónico del aire y lo introducen en su organismo, pero no siendo capaces de hacer la fotosíntesis (ningún hongo puede hacerla), podrían dañar el tejido y alterar la datación del radio carbono, dado que se introduce anhídrido carbónico en el tejido. Y no olvidemos que los hongos comprenden alrededor de 80.000 especies. En cuanto a las bacterias, son organismos pequeños de menos de 10 milésimas de milímetro y son capaces de destruir la celulosa del tejido. Algunas causan enfermedades al hombre, animales y plantas. Otras viven en la tierra o en el agua, destruyendo sustancias diversas. Algunas bacterias, en vez de destruir la celulosa, la producen en gran cantidad, lo que podría alterar la datación del carbono 14.

Por eso, el doctor Gove, uno de los que firmaron la fecha de datación del carbono 14, reconoció en un documental de Discovery channel que los laboratorios no habían tenido la posibilidad de determinar correctamente la fecha exacta por desconocer la contaminación orgánica y no haber hecho bien la descontaminación.

El biofísico francés Jean Bautiste Rinaudo, investigador de medicina nuclear del laboratorio de biofísica de Montpellier, irradió durante 20 minutos, con un acelerador de partículas del Centro de estudios nucleares de Grenoble, una tela de lino perteneciente a una momia egipcia del año 3.400, según datos de la prueba del carbono 14. El resultado fue espectacular, la tela había rejuvenecido 500 siglos, unos 46.000 años. A partir de esta prueba pudo determinar la cantidad de neutrones necesarios para provocar un rejuvenecimiento de 13 siglos, como ocurrió con la Sábana Santa. Según Rinaudo, la irradiación instantánea de los protones emitidos sobre la tela que cubría al crucificado, fue debida a una energía desconocida. Los neutrones habrían irradiado el tejido, enriqueciéndolo con carbono 14 y falseando la datación. Algunos autores, como el doctor Jackson de la NASA y otros científicos alemanes e italianos, están convencidos de que esa irradiación instantánea tuvo lugar en el momento de la resurrección de Jesús.

Por todo esto, los sindonólogos y expertos, reunidos en el Congreso internacional de París al año siguiente, en setiembre de 1989, afirmaron sin lugar a dudas que la Sábana Santa no era una falsificación. María Claire van Oosterwyck-Gastuche afirmó: Ningún arqueólogo serio acepta como un dato de fe los resultados del carbono 14, especialmente si contradice otras dataciones. En los siguientes Congresos internacionales, especialmente del año 2000 en Turín, los sindonólogos de todo el mundo descartaron científicamente que la síndone fuese una falsificación, desacreditando de este modo la autoridad científica que pudiese tener la datación obtenida mediante el método del carbono 14 del año 1988.

Además, según el doctor Hector Morano, director del Centro de microscopía electrónica del hospital de San Andrés de Vercelli, comprobó que la tela de la Sábana Santa tiene una antigüedad de dos mil años, al compararla, mediante el microscopio electrónico, con tejidos egipcios de antigüedad parecida. ¿Acaso sus investigaciones son menos válidas o menos científicas que las de los laboratorios citados anteriormente?

En 1993, en el Simposio científico de Roma, los investigadores concluyeron sin dudar que el hombre de la Sábana Santa, no sólo era un crucificado del siglo I, sino que era Jesús de Nazaret, porque la Sábana Santa es como una fotografía de la pasión tal como se narra en los Evangelios.

 

MÁS PRUEBAS

En 1995 los norteamericanos Alan Whanger y su esposa descubrieron un icono del siglo VI en el monasterio de santa Catalina del Monte Sinaí, conteniendo 168 coincidencias con la imagen de la Sábana Santa; lo que obligaba a admitir que el pintor tomó necesariamente como modelo al hombre de la síndone, llamada mandylion hasta la llegada a Constantinopla.

Ian Wilson de Oxford, en su libro sobre la síndone, publica una fotografía de un cáliz siríaco del siglo VI, que se conserva en el museo de Louvre de París. En este cáliz hay una grabación del rostro de la Sábana Santa. En la crónica escrita por Evagrio el escolástico, hacia el año 594, cuenta que los persas asediaron la ciudad de Edessa el año 544 y habla de que en esa ciudad estaba la imagen de Jesús “no hecha por mano humana”. Por eso, a Edessa se le llamó la ciudad de la Aqueiropoieta, es decir, la ciudad de la imagen no pintada por manos humanas.

En el siglo VII, san Braulio, obispo de Zaragoza, habla de la Sábana Santa en una carta del año 632 a Samuel Tajón. El Papa Esteban III habló en 769 del mandylion en ocasión del sínodo Laterano.

El historiador egipcio Teofilacto, que escribió a principios del siglo VII, dice que durante el asedio de los persas a Edessa, se descubrió el mandylion y fue desplegado totalmente para que lo vieran y diera coraje a los soldados para la lucha. En el concilio II de Nicea del año 787, se acaba con el problema de los iconoclastas y se aprueba la legitimidad del culto a las imágenes. El concilio alude al mandylion como una prueba fundamental contra los iconoclastas.

El doctor Mark Guscin, en el año 2001 y 2002, estudió manuscritos relativos a la síndone custodiados en los monasterios ortodoxos del Monte Athos. Y dice haber tenido en sus manos y haber visto con sus ojos documentos guardados celosamente desde el sirio X y en los que aparece el mandylion del que hablan, que tenía el rostro de Jesús y que dicho lienzo era de cuerpo entero y tenía sangre.

Gino Zaninotto, en 1993, encontró en los archivos del Vaticano un manuscrito griego de un sermón del archidiácono Gregorio de santa Sofía en Constantinopla, del 16 de agosto del año 944, con ocasión de la llegada de la Sábana Santa de Edessa a Constantinopla. En este sermón se habla con lujo de detalles de esta reliquia. En la biblioteca nacional de Madrid se puede ver una miniatura de Skylitres (1081-1118), que reproduce una escena histórica. El emperador Lecapeno (922-944) besa la Sábana Santa que llegaba de Edessa a Constantinopla.

Roberto de Clary afirmaba haber visto la Sábana Santa en Constantinopla antes del saqueo de la ciudad en 1204 por los cruzados.

Existe una carta del año 1095, escrita por el emperador bizantino Alexis I Comneno (1081-1118) a su amigo Roberto de Frisia, conde de Flemings, en la que habla de que en Constantinopla se conserva el lienzo de lino encontrado en el sepulcro de Cristo después de la resurrección.

En el Chartularium Culisanense, folio CXXVI, cuya copia se encuentra en el archivo eclesiástico de santa Catalina de Formiello, está la carta que escribió al Papa Inocencio III el nieto del emperador bizantino, pidiendo la entrega de la Sábana Santa. Esta carta está escrita el 1 de agosto del año 1205.

El rey de Francia Felipe VI de Valois regaló, en 1349 la Sábana Santa a Godofredo de Charny, señor de Lirey, en Francia, según acta firmada por el propio rey y que se halla en la biblioteca nacional de París.

Antoine de Laling (1480-1540) en su libro Relación de viaje escribió que el viernes santo de 1503 la sídone fue sometida a la ordalía o juicio de Dios. Esta era una costumbre muy arraigada en la Edad Media para determinar la inocencia o culpabilidad de un acusado. A veces, se hacían pruebas irracionales como pasar por el fuego o meter la mano en un caldero en ebullición para extraer una piedra del fondo. A continuación, se vendaba el brazo y, si a los tres días, la herida había empezado a curar, al acusado se le declaraba inocente. En caso contrario, era considerado culpable. Otra prueba era atar al acusado de manos y pies, y arrojarlo al río. Si flotaba, era declarado inocente. Pues bien, según Antoine de Laling, algo parecido hicieron con la síndone. Aquel viernes santo de 1503 fue hervida en aceite, puesta al fuego, lavada y blanqueada con lejía y, aun así, no se borró la imagen. Si esto ocurrió realmente, sería una gran prueba de su autenticidad.

De hecho, el científico Ray Rogers, especialista en química explosiva, analizó las huellas destructivas del incendio de Chambery de 1532 y calculó que la temperatura dentro de la urna debió llegar a 900 grados, punto de fusión de la plata con lo cual el tejido debería haber sido totalmente carbonizado, pero eso no ocurrió. ¿Fue un milagro?

Los científicos norteamericanos del grupo STURP han estudiado la síndone durante más de 150.000 horas y siempre han concluido que es auténtica. El doctor John Heller, una de las principales autoridades del mundo en bioquímica y consejero de la Presidencia de Estados Unidos, publicó en 1983 un libro titulado Report on the shroud (Informe sobre la Sábana Santa) donde afirma estar convencido de su autenticidad, después de haber hecho personalmente más de mil experimentos químicos para determinar la naturaleza de la imagen y de las manchas de sangre, así como de la textura del lino y de las manchas de agua (del incendio de Chambery), de pigmentos orgánicos e inorgánicos, etc.

El grupo STURP ha sacado más de 5.000 fotografías con rayos infrarrojos y ultravioleta, con ampliación computarizada; ha hecho análisis multiespectrales, análisis matemáticos de la imagen, pruebas de absorción atómica con espectroscopio, espectrofotometría visible y con infrarrojos, estudios de física radioactiva, cromatografía, fluorescencia, estudios con rayos X... Y todo ello con los mejores especialistas.

La conclusión unánime es que es auténtica y que un posible falsificador debería haber conocido todos las disciplinas científicas antedichas y otras más, cosa imposible en el siglo XIV.

LAS MONEDAS, EL POLEN Y LAS FOTOGRAFIAS

En 1979 el padre Francis Filas descubrió sobre el ojo derecho del crucificado una moneda. El experto en numismática Mario Moroni la identificó como dilepton lituus, acuñada por Poncio Pilato el año 29 d.C. En 1996, e1 doctor Baima Bollone y el doctor Balossino encontraron también en el ojo izquierdo huellas de otra moneda, un lepton simpulum, acuñada también por Pilato en esa misma época.

El canadiense Jean Philippe Fontanille hizo sus investigaciones y descubrió que efectivamente había dos monedas en ambos ojos y que habían sido acuñadas por Pilato, según él, hacia el año 30 de nuestra Era. Los investigadores esposos Whanger con fotografías ampliadas observaron las monedas. La del ojo izquierdo parecía coincidir con la moneda de Pilatos llamada julia (en honor del emperador Tiberio), algo diferente del leptón del ojo derecho, llegando a comprobar que eran monedas acuñadas en el año 16 de emperador Tiberio, es decir, hacia el 29 ó 30 después de Cristo. De esta manera, estaríamos de nuevo comprobando que se trata de Jesús de Nazaret, a quien colocaron monedas que circulaban en el momento de su muerte, como era costumbre tal como se ha encontrado en otros lugares. Así lo ha afirmado el doctor Kindler, director del museo de Ha-arez (Tel Aviv), pues encontró junto al Mar Muerto un esqueleto con monedas en las órbitas de sus ojos (Revista CRC No. 257, octubre 1989)

Por otra parte, en octubre de 1978 Ray Rogers y Ronald London comunicaron que habían encontrado pequeñas y extrañas marcas en la sábana. En Italia, Piero Hugolotti consultó con Aldo Marastoni, profesor de literatura antigua de la universidad católica de Milán, y el resultado fue que se encontraron en la ceja derecha tres letras hebreas seguidas de un signo que podía ser la letra lamed. Supusieron que era el fragmento de una palabra escrita en arameo o hebreo. En el centro de la frente hay letras latinas que dicen IB e IBER más arriba. Podrían ser parte de Tiberius.

En la parte izquierda del rostro aparecen claramente las palabras IN NECE, probablemente parte de la inscripción latina IN NECEM IBIS (a la muerte irás). Finalmente, la foto tridimensional del rostro muestra otras letras mayúsculas latinas: Una S, un espacio vacío, una N, un espacio vacío con rastro de una E; luego una A, una Z y, por fin, las letras ARE. La interpretación es que son parte de la palabra NAZARENUS o NEAZARENUS. Si esto se comprobara, estaría aclarado por la misma sábana que el hombre es Jesús nazareno, pues llevaría su propio nombre.

En cuanto al polen de la Sábana Santa, podemos decir que hay huellas de polen de distintas plantas según estudió el botánico y criminólogo suizo Max Frei. El polen tiene dimensiones mínimas, de pocas milésimas de milímetro de diámetro. Tiene formas diferentes según las plantas y son los elementos masculinos que garantizan la reproducción sexual de las plantas. Una parte del polen estudiado por Frei, corresponde a Palestina y Turquía; como el polen de pino de Alepo, tamarisco del Nilo, cedro del Líbano, etc. Otra parte, corresponde a la vegetación centroeuropea y corresponde perfectamente a la vegetación de áreas montañosas alpinas y, concretamente, a Saboya y el Piamonte.

Max Frei encontró polen de plantas exclusivas de Edessa y Constantinopla, prueba irrefutable de que la Sábana Santa estuvo allí. El mismo Frei encontró polen de plantas exclusivas de Palestina, desaparecidas después del siglo I, y que se encuentran en estratos sedimentarios de Palestina del siglo I. Por esto, Frei pudo decir sin temor en el Congreso internacional de 1978: Para mí es indiscutible que la Sábana Santa estuvo en Palestina.

El palinólogo israelí Uri Baruch analizó la mayor parte de las muestras recogidas por Frei de la Sábana Santa y de 165 granos de polen, 45 correspondían a la planta gundelia tournefortii, una planta que sólo florece en Palestina desde febrero hasta mayo, lo que nos da una idea del período en que fue sepultado el hombre de la síndone. Otro botánico israelí, el doctor Avinoam Danin, encontró polen de la planta zygophyllum dumosum boiss, que, según Danin, en el único lugar del mundo en que crece es a 30 kilómetros alrededor entre Jerusalén y Jericó en Palestina. Por eso, pudo atestiguar en el III Congreso internacional de sindonología del 5 al 8 de junio de 1998: Mi investigación demuestra que, cuando se comparan los tipos de plantas que aparecen en la síndone con el mapa de las mismas plantas en la naturaleza, se ve que el 70% de esas especies se encuentran en un radio de 10 kilómetros, cuyo centro se halla en la zona de Jerusalén a Jericó. Por tanto, confirmo, sin ningún tipo de dudas, que la tela fue expuesta en Israel en la época de Jesús de Nazaret, ya que las plantas y flores depositadas sobre la sábana sólo crecen en el desierto del Sinaí, en Jericó y en Jerusalén.

Además, estas plantas sólo producen polen en primavera, lo cual coincide con la época en que, según la tradición católica, fue crucificado y enterrado el que los cristianos consideran el Cristo. Pero, sobre todo, he identificado en la síndone hasta 28 especies de plantas, entre ellas la “zhigophillum dumosum”, que sólo existe en los alrededores de Jerusalén.

Max Frei estudió plantas ya extinguidas, cuyo polen estaba en la Sábana Santa y se trasladó a Palestina para encontrar esas plantas que no figuraban en los libros de botánica. Examinó el lodo del mar muerto y el fondo del lago de Genesaret y descubrió abundante polen de plantas ya extinguidas, pero cuyo polen fósil estaba en estratos del mar Muerto y del lago de Genesaret, confirmando así la existencia de la Sábana Santa hace dos mil años.

Esto mismo confirmaron los esposos Whanger, que estudiaron las plantas de la Sábana Santa con el procesamiento digital de imágenes, confirmando la existencia de plantas exclusivas de Palestina, tal como había descubierto el botánico israelí Avinoam Danin.

En cuanto a las fotografías, recordemos que en 1898 hubo una ostensión de la sábana santa como motivo de la boda del príncipe heredero de la casa reinante en Italia. La ostensión duró 8 días y desfilaron ante ella unas 800.000 personas. En esta oportunidad, el abogado turinés Secondo Pia, de 43 años, fotógrafo aficionado, pudo fotografiar la Sábana Santa. El 28 de mayo, hacia medianoche, en la catedral de Turín, realizó las dos primeras fotografías. Una con exposición de 14 minutos y la otra con 20 minutos.

Inmediatamente, fue a su casa, llevando los presuntos negativos (de vidrio) que había que revelar. Introdujo las placas de 60 por 50 centímetros cada una en una solución de oxalato de hierro y esperó a que la solución disolviera la sal de plata. Cuando vio la placa de los 20 minutos, Secondo Pia quedó paraliza­do por la emoción. La imagen en negativo aparecía como positivo, con extraordinaria claridad y detalle. Estaba viendo al hombre de la sábana como un retrato. La imagen impresa en la tela era un verdadero negativo, un negativo fotográfico de tamaño natural por partida doble sobre el antiguo tejido de lino. Algo insólito, pues no se conocía y no se conoce hoy en día en la historia de la iconografía anterior al siglo XX, ningún otro caso de una imagen en negativo.

Era el mismo rostro de Jesús. Inexplicablemente, su rostro se había grabado en una tela de lino muchos siglos antes de que se inventara la fotografía. Secondo Pia fue el primer hombre que, después de casi 1.900 años, podía ver el auténtico rostro de Jesús tal como lo vieron su madre y los apóstoles.

Muchos no lo podían creer y dijeron que sus fotografías eran falsificaciones; pero, para su suerte, un teniente de la policía, Felice Fino, también había tomado fotografías y, aunque fueran de peor calidad, también se veía, en positivo, lo que debía ser negativo. Ante este descubrimiento asombroso, el Papa Pío XI encargó a la Academia de Ciencias de París que hiciera una investigación. La conclusión fue: El lienzo que hoy se conserva en Turín es el mismo que cubrió el cadáver de Jesús de Nazaret.

Yves Delage, eminente médico de fama internacional, estudió la Sábana Santa a través de las copias tomadas por Secondo Pia y el 2 de abril de 1902 en la Academia de Ciencias de París dio una conferencia. Delage era ateo y no creía en las supersticiones de la religión, pero era sincero y ante la sala llena de gente declaró: El hombre de la síndone es Cristo. Yo reconozco a Cristo como personaje histórico y no entiendo por qué hay personas que consideran escandaloso el hecho de que sigan existiendo huellas materiales de su vida. Pero sus palabras cayeron como agua fría sobre el auditorio. Todos aquellos que esperaban escuchar que todo era superchería se exaltaron y tuvo que salir a escondidas por la puerta trasera para evitar una agresión.

Años más tarde, el fotógrafo Enrie fotografió la sábana en 1931 y dijo: Estoy seguro que las huellas de la sábana no están hechas por mano de hombre, porque en este tejido de cuatro metros cuadrados de superficie no se advierte el más pequeño error de imagen negativa. No ha existido en el mundo ningún pintor en condiciones de hacer una cosa semejante. Todas las ampliaciones demuestran que el tejido está intacto, que debajo de la sangre no existe diseño ni cabe la menor sospecha de que haya en él hechura alguna de mano humana.

El padre salesiano José Luis Carreño, en su libro El retrato de Cristo, afirma que hablar de un falsificador del siglo XIV, que hubiera pintado en negativo el rostro de Cristo, es tan imposible como para nosotros leer un libro al revés. ¿Hay alguien que sea capaz de entender algo así como: Sanirdnolog sarucso sal nárevlov ragloc a sodin sus nóclab ut ed? Y, sin embargo, son dos famosos versos de Bécquer: Volverán las oscuras golondrinas de tu balcón sus nidos a colgar.

Por tanto, podemos concluir que hay demasiadas pruebas para afirmar la autenticidad de la Sábana Santa y, apenas una, la de los tres laboratorios en contra. Una prueba negativa ¿podría invalidar tantas pruebas a favor?

EL SANTO SUDARIO DE OVIEDO

Del Santo Sudario se nos habla en el evangelio, cuando se dice: Llegó Pedro al sepulcro, entró y vio las fajas allí colocadas y el sudario que había estado sobre su cabeza, no puesto con las fajas, sino envuelto en un sitio aparte (Jn 20, 6-7).

El sudario de Oviedo es una tela originalmente blanca de lino, con textura de tafetán. Está manchada, sucia y arrugada. Tiene forma rectangular y mide 83 por 53 centímetros. Presenta numerosas manchas de diversos tonos de marrón, que parecen ser de sangre. Se le denomina tradicionalmente Santo Sudario. Es venerado en la catedral de Oviedo (Asturias-España) desde la época medieval. Según la tradición, este pañolón o sudario fue colocado sobre el rostro de Cristo en el descendimiento de la cruz y lo tuvo puesto hasta su sepultura, o sea, una hora como máximo. Los datos que de él se han extraído son mucho menos espectaculares que los de la sábana, pero los refuerzan y complementan.

El sudario de Oviedo llegó dentro de un arcón (arca santa) junto con otras reliquias. Para albergar en un lugar digno el tesoro, el rey Alfonso II El Casto mandó construir el recinto denominado Cámara santa, que hoy se halla incorporado a la catedral gótica de Oviedo que se edificó posteriormente. Desde tiempo inmemorial se da la bendición con el Santo Sudario en algunos días señalados como el Viernes santo, el 21 de setiembre fiesta de san Mateo, y en la octava del jubileo de la santa cruz. En estos días puede verse la reliquia.

En 1075 se produjo un hecho importante ante la visita del rey Alfonso VI; se procedió a la apertura del arca santa y se realizó un inventario de los distintos objetos guardados en el arca. No se ha encontrado el documento original, pero se conserva una copia del siglo XIII con el acto correspondiente. El año 718 el arca llegó a Toledo, huyendo de la invasión musulmana y llega a Asturias entre el año 812 y 842.

La similitud entre el sudario de Oviedo y la Sábana Santa es muy grande. Según Monseñor Giulio Ricci, presidente del centro romano de sindonología en su libro L'uomo della Sindone è Gesù, podemos anotar: Hay una compatibilidad casi total entre las manchas del sudario y el rostro de Jesús impreso en la Sábana Santa. Esas manchas de sangre también corresponden al grupo AB, el igual que la síndone. Max Frei estudió el polen del sudario y encontró polen de plantas que se hallan en la Sábana Santa y algunas son características de Palestina, pero no halló de otras especies de Turquía o del resto de Europa, porque el sudario, seguramente, no estuvo en Constantinopla ni en otras partes de Europa, excepto en España. Actualmente, se están celebrando Congresos internacionales para estudiar el Santo Sudario y ver la correspondencia con la Sábana Santa.

Un estudio muy especial, realizado por el Instituto nacional de toxicología de España, entidad de prestigio internacional, es haber analizado el ADN en los restos de sangre del sudario de Oviedo. Jorge Manuel Rodríguez, presidente del centro español de sindonología, ha confirmado que es la primera vez que alguien posee un fragmento de ADN de una reliquia tan importante, que se atribuye a Jesús. Al estudiar los hilos impregnados en sangre, los expertos descubrieron una pequeña parte de ADN mitocondrial, una sección de ADN que se hereda de la madre. En este caso, estaríamos ante el hallazgo de una parte del ADN de la Virgen María.

Este Santo Sudario sería el que cubrió la cabeza del crucificado, siguiendo la costumbre judía, mientras se trasladaba el cadáver, hasta el sepulcro, donde recibía la sábana que lo envolvía junto con mezcla de mirra, áloe y otras cosas.

Los esposos Whanger estudiaron en 1979 la Sábana Santa y el sudario de Oviedo y pudieron comprobar que ambos son auténticos. Comparando el sudario de Oviedo y la síndone (en las partes de rostro y nuca) comprobaron que hay 70 manchas de sangre coincidentes en el rostro, y 50 en la nuca y el cuello. Sólo en la frente derecha, no hay manchas en el sudario y sí las hay, copiosas, en la síndone. ¿Por qué? Porque la corona de espinas pudo haber estado parcialmente en la frente, cuando se colocó el sudario, impidiendo que éste se manchara. Las manchas del sudario son más intensas y mucho más extensas que las de la síndone, porque el sudario envolvió la cabeza al descender Jesús de la cruz; en cambio, la síndone lo recibió, cuando parte de la sangre había sido limpiada por el sudario o coagulada.

LA PASIÓN DE DE JESÚS

Podemos leer en el Evangelio todos los detalles de la Pasión que nos dan los evangelistas. La Sábana Santa es como una película permanente de los sufrimientos del crucificado. Sobre la Sábana Santa nos habla el Evangelio, cuando nos dice con claridad: José de Arimatea se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús y bajándolo lo envolvió en una sábana y lo depositó en el sepulcro cavado en la roca, donde ninguno había sido sepultado (Lc 23, 52-53).

El doctor Pierre Barbet, cirujano jefe del hospital de París, en el Congreso internacional de la síndone, tenido en Roma, en 1950, dijo: Las llagas de la Sábana Santa son de tal realismo que para un cirujano son una evidencia. Jamás un falsario hubiera podido ni siquiera en nuestra época, con todo lo que ahora se sabe sobre la coagulación de la sangre, imaginar todos esos cuajarones de sangre con la infinita variedad de sus detalles, todos conformes con lo que nosotros vemos todos los días y sin que se pueda encontrar un solo error entre ellos. Incluso, si alguien hubiera podido imaginarlos, le habría sido imposible realizarlos sobre una tela de lino como es el lienzo ni con pintura ni con tintura ni siguiera con sangre misma. Todas esas huellas que forman la imagen se alejan, plenamente, de forma extraña y se puede decir con tranquila desenvoltura, de la tradición iconográfica, pero todas sin excepción coinciden estrictamente con la realidad.

Todo el cuerpo del hombre de la síndone está lleno por delante y por detrás de heridas, iguales, formadas por dos pequeños círculos sanguinolentos de unos 12 milímetros de diámetro, separados por una línea sanguinolenta. Se trata de las huellas del flagrum romano, azote descubierto en excavaciones posteriores al hallazgo de sus efectos en la Sábana Santa. Era un azote usado por los romanos. A Jesús lo azotaron romanos. Jumper y Jackson, americanos que estudiaron estas heridas con ayuda de computadores, afirman que los flagelantes eran dos, uno a cada lado de la víctima, a un metro de distancia y algo detrás de él. Según el doctor Barbet que ha descubierto lo mismo, el flagelante de la derecha era más alto que el de la izquierda. El doctor Baima Bollone ha llegado a contar más de 600 heridas.

El doctor Judica Cordiglia estudió la herida de la nariz: Precisamente allí donde confina el cartílago con el hueso nasal, la nariz inicia una ligera desviación hacia la izquierda. Se trata evidentemente de un bastonazo propinado por un palo más bien corto y redondo, de un diámetro máximo de 4 a 5 centímetros. El golpe lo descargó un sujeto que se encontraba a la derecha y empuñaba el bastón con la izquierda.

Sobre la coronación de espinas, hay gotas de sangre en las regiones frontal, temporal y occipital, es decir, en la nuca. Están causadas por objetos puntiagudos, clavados sobre la cabeza, en forma de gorro o casco. Las coronas reales en oriente eran a manera de mitras o casquetes preciosos y no un aro en torno a la cabeza como en occidente. El doctor Barbet estudió el recorrido de es­ta sangre de la cabeza hasta que se coaguló.

Según el doctor Rodante, la sangre de las heridas de las manos, pies y corona de espinas, se coaguló como sangre de hombre vivo, mientras que la sangre del costado se coaguló como sangre de hombre muerto, pues es sangre venosa. Esta distinción es impensable en un falsificador, pues la circulación de la sangre se descubrió en 1593 (Rodante Sebastián: La Sicilia. Attualità,15-X-1988).

Por otra parte, es interesante anotar que los reos solían llevar al lugar del suplicio el patibulum o palo horizontal de la cruz. Si el reo caía de cara, no podía usar las manos para amortiguar el golpe: lo amortiguaba con el rostro y las rodillas. Se ha demostrado que el hombre de la síndone tenía las rodillas muy desolladas y el rostro tumefacto y herido. La parte superior de la espalda muestra las escoriaciones producidas por el roce del palo con la cruz.

Cuando fue clavado, no lo hicieron en la palma de la mano sino en las muñecas, pues de otro modo no hubiera podido aguantar el peso del cuerpo.

Los pies fueron clavados con un solo clavo, el izquierdo sobre el derecho. El cabello, tal como se ve en la síndone, está lleno de regueros de sangre; unos finos y otros gruesos. Toda la cabeza está llena de pequeñas heridas punzantes, hechas por la corona de espinas. Los hombros presentan muestras inequívocas de haber soportado un gran peso. Y hay que señalar que en la zona de la nariz, rodillas y plantas de los pies (en la síndone) se ha encontrado tierra caliza como la de Palestina, porque no lavaron el cadáver; hay huellas de la tierra del camino por las caídas.

La herida del corazón tiene un largo de 6 cm por 15 cm de alto. Es la herida que le causó el centurión romano con la lanza. En ese lugar del corazón, se nota abundancia de sangre. La herida va del costado izquierdo al derecho.

En la Sábana Santa hay muchos detalles que difieren de lo que sucedía a la mayoría de crucificados. A pocos crucificados se les coronaba de espinas. Normalmente, se les quebraba las piernas. A la mayoría de ellos, por ser esclavos o delincuentes, no se les enterraba de modo individual y menos en finas prendas de lino como a Jesús.

Veamos algunos datos que hacen casi imposible que el crucificado de la síndone no sea Jesús:

Fue coronado de espinas, Fue azotado cruelmente. Fue golpeado en la nariz. Fue crucificado con clavos. No le quebraron las piernas. Le abrieron el costado con una lanza. Fue amortajado con lino. Este lino no sufrió la descomposición del cadáver. Fue enterrado de modo provisional durante unas horas.

Por todo ello podemos preguntar:

¿Por qué se grabó su imagen en negativo, siglos antes de inventarse la fotografía? ¿Por qué es el único lienzo del mundo con la imagen en negativo de la totalidad de un cuerpo humano? ¿Por qué es la única fotografía humana con imágenes tridimensionales perfectas? ¿Por qué el cadáver cubierto con el lienzo emitió en un instante una energía capaz de chamuscar e imprimir la imagen de modo tridimensional? ¿Por qué se imprimieron en los ojos del crucificado de la síndone las dos monedas romanas? ¿Por qué se ha encontrado polen de plantas que sólo existieron en la zona de Jerusalén hace dos mil años y ya han desaparecido? ¿Por qué las manchas de sangre se imprimieron de forma distinta que las huellas del cuerpo? ¿Por qué permanecieron las huellas de la imagen y no se destruyó después del baño total de agua hirviendo y de un fuego de más de 900 grados, que hasta derritió la plata de la urna, en el incendio de Chambery en 1532? ¿Por qué la imagen está grabada de modo uniforme cuando lo lógico hubiera sido que las huellas del dorso hubieran estado más marcadas por estar en mayor contacto con el cuerpo? ¿Por qué no se destrozaron las manchas de sangre al salir el crucificado del lienzo? ¿Por qué al salir el cuerpo del lienzo no alteró la posición de la Sábana Santa? ¿Por qué el lienzo no tiene ninguna señal de descomposición del cadáver? ¿Por qué nunca se ha conseguido que un cadáver produzca huellas parecidas en miles de experimentos con todos los medios de la ciencia actual? ¿Por qué todo coincide con el entierro provisional de Jesús? ¿Por qué todas las huellas de la síndone coinciden exactamente con la pasión de Jesús?

Según los investigadores Stevenson y Habernas, la posibilidad de que el hombre de la síndone no sea Jesús es de una contra 85 mil millones. El doctor Bruno Barberis y el matemático Tino Zeuli, haciendo cálculos matemáticos en la facultad de ciencias de la universidad de Turín, llegaron a la conclusión de que sólo habría una posibilidad entre 200 mil millones de que el hombre de la Síndone no sea Jesús. El ingeniero francés Paul de Gail hizo un cálculo matemático y dijo que, en su opinión, la posibilidad era de una contra 225 mil millones.

En el III Congreso internacional de sindonología de 1998 la profesora Emanuela Marinelli y el profesor Fanti afirmaron que las probabilidades de que no sea Jesús es como que en una ruleta saliera 154 veces seguidas el mismo número. Algo prácticamente imposible. Por tanto, podemos concluir que el hombre de la Sábana Santa es realmente el mismo Jesús de Nazaret.

LA RESURRECCIÓN

El Evangelio nos dice que Jesús resucitó la mañana del domingo. María Magdalena que lo vio resucitado fue a anunciar a los apóstoles: He visto al Señor. Y en la tarde del primer día de la semana (domingo), estando cerradas las puertas del lugar por temor a los judíos, vino Jesús (Jn 20, 18-19). Jesús podía atravesar las paredes con su cuerpo resucitado y glorioso. Por eso, no tuvo necesidad de quitarse la sábana que lo cubría al resucitar, sino que traspasó la sábana. Según algunos científicos, ese fue el momento clave en el que con la energía extraordinaria de su cuerpo glorioso chamuscó (aunque en realidad no hay vestigios de ninguna quemadura) superficialmente las fibras de la sábana y así quedo impresa la imagen de su cuerpo en forma tridimensional, es decir, en relación inversa a la distancia entre la tela y la piel.

Por este motivo, los doctores en ciencias físicas de la NASA. John Jackson y Erick Jumper, con las fotos sacas en 1931 por Enrie y analizadas con el analizador de imagen VP-8, pudieron crear una imagen tridimensional del hombre de la Sábana Santa, algo que nunca puede hacerse con una fotografía normal cualquiera. Esto los llevó a concluir que la imagen no fue realizada por contacto del cadáver con la tela, sino por una fuente de radiación, no exterior, sino interior a la misma tela.

John Jackson y William Mottern, físico especialista de la SADYA, empresa norteamericana dedicada a la creación y fabricación de los aparatos secretos de investigación espacial , quedaron asombrados al darse cuenta de que la imagen de la Sábana Santa era tridimensional y tan distinta a una fotografía como una estatua a una pintura. Se dieron cuenta de que el grado de luminosidad de la imagen de la síndone estaba matemáticamente relacionada con la distancia del cuerpo al lienzo. Es decir, la imagen alcanza el máximo de brillantez en aquellas zonas donde el cuerpo toca el tejido: nariz, frente, cejas… En cambio, la imagen es menos intensa allí donde el cuerpo y el tejido no se tocan: hueco de la órbita de los ojos, ambos lados de las mejillas. Este descubrimiento ya implicaba que la imagen de la síndone había sido formada por un objeto tridimensional. También indicaba que la imagen no había podido producirse por contacto directo como, por ejemplo, colocando una tela sobre el cadáver.

Los doctores Jackson y Jumper afirmaron: Una fuerza desconocida produjo con carácter instantáneo una transformación físico-química del cadáver que lo convirtió en una radiación lumínico-térmica, que dejó esas inexplicables huellas en el lienzo que lo envolvía y lo hizo con una sensibilidad tan fina que el VP-8 fue capaz de apreciar dos discos de unos tres milímetros de grosor y con unas letras grabadas en los mismos, correspondientes a dos monedas en los ojos del hombre de la síndone. Este hallazgo conseguido al estudiar la tridimensionalidad de la imagen hace que sea prácticamente imposible negar que la síndone sea del siglo I al igual que las dos monedas.

Para explicar la tridimensionalidad de la imagen, debió existir una radiación que brotando del cuerpo envuelto, produjera un efecto semejante al de los fotones de las radiaciones captadas por el espectrofotómetro y con cualidades muy parecidas. El lienzo quedó impresionado a modo de placa o cliché y el resultado son las huellas; no son sombras ni contactos, sino quemaduras ligerísimas en relación inversa a la distancia del lienzo al foco de esa radiación. Ray Rogers, especialista en termografía nuclear, dice que la fuente de energía brotó de todos los puntos del cuerpo, en el mismo instante y con la misma intensidad; con una sensibilidad tan fina como para ser capaz de apreciar la diferencia de relieve que existe por ejemplo entre el borde de los labios y el valle anterior a la barbilla.

Surgió en forma de radiación lumínico-térmica, pero controlada. A pesar de la asombrosa energía, no desintegró ni el cuerpo ni el lienzo que lo envolvía. Esta radiación no vino de fuera, sino de dentro del cuerpo, pues las huellas están en lo que fue el interior del lienzo envuelto. ¿Cómo pudo ser esto? ¿Cómo es posible que exista radioactividad entre un cuerpo muerto y la tela inerte que lo envuelve? ¿Cómo esta radiación no destruyó el cuerpo ni el lienzo? ¿Quién la produjo y la controló?

En el Congreso científico internacional sobre la Sábana Santa de París, celebrado los días 7 y 8 de septiembre de 1989, el doctor Jackson de la NASA afirmó que la radiación que grabó la imagen tuvo que producirse en el momento de la resurrección de Cristo (Löring Jorge, La Sábana Santa de Turín su autenticidad, Ed.Edibesa ,Madrid, 2004, p.212)

En el Congreso de sindonología de Roma de 1993, el profesor Lindner dijo textualmente: Esta radiación del cuerpo de Cristo no se puede explicar por causas naturales. Es sólo una consecuencia del hecho sobrenatural de la resurrección. (ib. p. 235).

La empresa HAL 9000, especialista en fotografía del arte, el 22 de enero del año 2008 tomó 1649 fotos a la Sábana Santa de 12800 millones de pixeles, la reproducción más detallada de la Sábana Santa obtenida hasta ahora con fotografías de alta definición. De esta manera, esperan sacar conclusiones todavía inéditas que pueden dar mucha luz sobre los problemas planteados.

CONCLUSIÓN

Después de haber visto la historia de la síndone y haber dado razones más que suficientes para explicar que la radiodatación realizada en 1988 por los tres laboratorios con la prueba del carbono 14 estaba equivocada, hemos visto también muchas pruebas como las del polen, las monedas, las fotografías, la tridimensionalidad de la imagen etc., que nos llevan a concluir como lo han hecho, a partir de 1989, todos los Congresos internacionales de sindonología que la Sábana Santa es realmente auténtica y con toda probabilidad el hombre de la sábana es Jesús de Nazaret.

Incluso, como hemos anotado, muchos científicos ya han apuntado la idea de que el momento en que la imagen quedó grabada fue el momento de la resurrección, ya que la fuente de energía que hizo la grabación no puede explicarse de otra manera, al menos por ahora.

Concluyendo, podemos decir con el famoso convertido Paul Claudel en su libro “El esplendor de la verdad”: Más que ante una imagen, estamos ante una presencia. Sí, por encima de la fotografía misma del cuerpo de Jesús, más allá de poder observar el mismo rostro de Jesús, estamos ante una presencia, pues la Sábana Santa es como un film siempre vivo y actual de lo que realmente fue la pasión y nos recuerda cuánto nos amó Jesús para dejarse matar de esa manera por salvarnos.

Por eso, como decía la Madre Teresa de Calcuta: Cuando mires un crucifijo, piensa en cuánto te amó Jesús; pero, cuando vayas a visitarlo a la Eucaristía, piensa cuánto te sigue amando. Por amor se ha quedado para siempre como un amigo que te espera en este sacramento. Por amor ha sufrido tanto por ti. Por amor te ha creado y te sigue conservando la vida, y por amor te sigue perdonando. ¿Cómo responderás a su amor con tu amor?

Que Jesús te bendiga por María. Saludos de mi ángel. Tu hermano y amigo del Perú.

P. Ángel Peña O.A.R. Parroquia La Caridad Pueblo Libre LIMA - PERÚ BIBLIOGRAFÍA

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