MADRE DE NUESTRO PUEBLO
De: DIVERSOS AUTORES|
LA MI LA
Fuiste una
chica humilde, creyente y pura, Sim MI
fuiste la que
esperaba el Salvador, RE MI RE LA
fuiste el surco
abierto, fuiste el Sí a Dios, Sim SI7 MI
cuando el amor
divino te fecundó.
(Anunciación,
Lc. 1, 26-38)
LA Do#m Fa#m LA
Santa María,
Madre de Dios, Sim LA SI7 MI
junto a tu Hijo
reúnenos. LA Do#m RE MI
Madre y Patrona
de nuestro pueblo, RE Do#m Sim MI
/¡Virgen María,
bendícenos!/ (bis)
Fuiste la que
llevaste con tu visita
esa feliz
noticia del Salvador.
Fuiste la que
anunciaste la nueva creación,
cuando, a tu
voz, la vida se estremeció.
(Visitación,
Lc.1, 39-45)
Fuiste el canto
nuevo de mundo nuevo,
a toda voz
gritaste: “Dios es amor,
levanta a los
humildes, derriba al poderoso.
El salva a los
que esperan liberación”.
(Cántico, Lc.
1, 45-55)
Fuiste a Belén
madura del fruto santo,
y por ser de
los pobres, nadie te abrió.
Fuiste la que
alumbraste nuestra noche y
cuando la Luz
del mundo de Ti nació.
(Nacimiento,
Lc. 2, 1-20)
Fuiste a
ofrecer al Niño en el Templo santo,
Dios te confió
el destino del Salvador:
“Luz para
las naciones, signo de división,
y el filo de
una espada en tu corazón”.
(Presentación,
Lc. 2, 22-36)
Fuiste la que comiste el pan del destierro,
la que buscaste al Niño en Jerusalén.
Fuiste la que guardaste todo en tu corazón;
fuiste la que creíste sin comprender.
(Huida a Egipto, Mt. 2, 13-15)
(Búsqueda y hallazgo del Niño, Lc. 2,41-50)
Fuiste la dulce esposa del Carpintero,
fuerte, trabajadora, mujer de hogar,
madre y educadora, ejemplo de piedad,
la amiga, la vecina más servicial.
(La vida en Nazaret, Lc. 2, 39-40 y 51-52)
Fuiste la que estuviste junto a los novios,
Tú la que les brindaste gracia y amor;
Tú la que adelantaste “la hora del Señor”
cuando el agua en vino, Jesús cambió.
(Las bodas de Caná, Jn. 2, 1-11)
Fuiste la que subiste hasta el Calvario,
la que, de pie, estuviste junto a Jesús.
Tú la que, aceptando nueva fecundidad,
te hiciste Madre nuestra al pie de la Cruz.
(La hora de la cruz, Jn. 19, 25-27)
Fuiste la que estuviste con los Apóstoles
esperando al Espíritu en oración,
fuiste la que animaste la evangelización
cuando la Iglesia al mundo se propagó. (Pentecostés, He. 1, 12-14) |
